15 de Diciembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

5. ¿Cómo se podrían resolver los problemas que aquejan a la educación?

Generalmente, cuando asistimos o participamos en reuniones o eventos de intercambio de conocimientos y experiencias sobre el estado de la educación en nuestro continente, observamos, con creciente preocupación, cómo el debate y la discusión se centran fundamentalmente en la presentación de una serie de indicadores que ilustran sobre el fracaso de los sistemas educativos públicos de la región y que dan cuenta del deterioro progresivo del nivel educativo, cultural y de capacitación de amplios sectores de la población. Este énfasis reiterado por demostrar y llamar la atención sobre las implicaciones de esta situación, así como los esfuerzos por conocer más y mejor la problemática y la “solucionática” de la educación, no ha sido suficiente para generalizar e internalizar en todos los estratos de la sociedad la preocupación y el interés por la educación, ni para que se comprenda y se entienda que toda intervención en este campo constituye la única salida posible para superar nuestras limitaciones de crecimiento, de desarrollo socioeconómico y de bienestar.

Frente a estas constataciones, e independientemente del justo reconocimiento que toca hacer por los esfuerzos que se han realizado —y que se realizan— en la región para enfrentar los problemas que la agobian, incluidos los educativos, me pregunto: ¿cómo se explica que si en la región se están invirtiendo enormes esfuerzos y cantidades importantes de recursos en educación, tal y como se desprende de los informes técnicos y oficiales de cada país, la situación de la educación sea altamente preocupante y alarmante y, lo que es más grave aún, que no haya contribuido con el objetivo estratégico de facilitar y promover el tan deseado crecimiento, el desarrollo y el bienestar de nuestros pueblos?

Por el contrario, la realidad nos demuestra que frente a la globalización nos hemos ubicado como una región con un gran potencial pero de una alta inestabilidad política, con una gran vulnerabilidad económica, con altos índices de corrupción y violación de derechos humanos, de una marcada fragilidad científico—técnica y, comparativamente, tal y como ha sido evidenciado en algunos estudios, con una situación educativa muy por debajo de regiones tradicionalmente consideradas más atrasadas que la región latinoamericana.
En definitiva, es a la luz de este panorama que podría concluir que el problema es político. Educación es más que la transmisión de buenos conocimientos e información, es más que buenas escuelas, buenos directores, maestros, profesores y niños rendidores, es más que buenos textos y técnicas de enseñanza y aprendizaje actualizadas y adecuadas, es más que buena pedagogía y buena supervisión; es también más que buenos presupuestos, que buena gestión y administración y que buena información estadística. La educación es política. El sistema educativo de un país es el mejor vehículo para formar ciudadanía e internalizar en los ciudadanos las normas y los valores éticos fundamentales de la sociedad. La educación es, hasta hoy, el instrumento más idóneo para viabilizar todo proyecto de sociedad. Es el único mecanismo para reproducir o transformar modelos de sociedad. Creo que de lo que se trata entonces es de producir respuestas de orden político a problemas y momentos que, como he afirmando, son esencialmente de naturaleza política.