20 de Junio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

Implicancias del analfabetismo moderno

Como se ha visto, el analfabetismo no representa una situación crítica para algunos países de América Latina, aunque continúa siendo un problema en otros, ya que no afecta únicamente a los sectores de la población que nunca han asistido a la escuela —principalmente las personas de mayor edad—, sino a quienes lo han hecho pero han permanecido pocos años en el sistema y no han adquirido capacidades que la sociedad actual considera básicas; esto es, saber leer y escribir, operar apropiadamente con los números y poseer nociones de matemáticas, como así también la habilidad para seguir instrucciones, leer manuales y señales de advertencia y de tránsito (Progreso Económico y Social en América Latina 17).

Mucho más orientado a ese respecto, Ferraro cita un extracto de Drucker en el que se destaca las necesidades de educación por parte de los sectores económicos, para quienes el conocimiento es verdadero capital, exigiendo cambios y actualizaciones en los contenidos que se aprenden y que se enseñan, inclusive en el significado del conocimiento. De este modo se privilegia como intención el alcance del máximo nivel de alfabetización —en habilidades semejantes a las mencionadas en el trabajo de BID (17)—, poniéndose énfasis en capacidades informáticas y técnicas, como saber leer, escribir y aritmética, aunque con características y objetivos diferentes a los tradicionalmente asignados, orientados hacia una finalidad utilitaria de la instrucción, instando a las escuelas a enseñar sistemáticamente cómo transformar información en conocimientos útiles, ayudando a los estudiantes a desarrollar la voluntad, la capacidad y los conocimientos necesarios para seguir aprendiendo durante toda la vida, transmitiendo la necesidad de la responsabilidad, ahora que el conocimiento es, realmente, poder, y utilizando las computadoras, la TV y los videos para ampliar la educación, como los libros lo hicieron en el siglo XV (Ferraro, 188).

Estas últimas consideraciones, —que no sólo reflejan la postura del autor sino que se han convertido en expresión corriente del lenguaje cotidiano— son propias de las exigencias del progreso científico y tecnológico y también resultado de las demandas de las actuales sociedades desarrolladas. Éstas, al requerir de una nueva instrucción —desde su perspectiva particular y utilitaria— responsabilizan a las instituciones educativas por no capacitar —ni en cantidad, ni en calidad— a los individuos que necesita el mundo de la producción, de los servicios y de los negocios. Esto garantizaría que la educación posibilite el acceso al mundo del trabajo sin necesidad de que sean las empresas o instituciones que los contraten, las que deban dedicar tiempo y recursos en instruirlos para cubrir una actividad determinada.

Así planteada la cuestión, nos llevaría supuestamente a tener que redefinir la finalidad de la educación en el mundo actual, considerándola como medio para adquirir conocimientos útiles y una capacitación constante para incorporarse directamente en el mercado laboral; más que como un requerimiento que posee valor propio, que genere el placer por aprender y que por ello promueva una vida más digna.