20 de Enero de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

La feminización del rol

Datos internacionales de 1988 indican que la docencia en la enseñanza primaria (UNESCO 1991) está a cargo hoy, principalmente, de mujeres: el 62% en Canadá, el 70% en España, el 75% en Chile, el 84% en Suecia o el 90% en Italia, por ejemplo.

En la Argentina la proporción de mujeres, 91% en 1988, supera estas cifras. Las causas y consecuencias de esta situación —el carácter típicamente femenino de la docencia primaria— han sido frecuente motivo de discusión. Al progresivo predominio de las mujeres se lo ha hecho responsable por la “feminización” de la escuela y por sus efectos negativos en los alumnos. Por ejemplo, se le ha atribuido la presencia de rasgos del llamado carácter femenino en algunas de las formas predominantes en la vida escolar tales como conformidad, sumisión y orientación hacia los símbolos, en desmedro de otras consideradas “típicamente masculinas”: agresividad, orientación hacia la acción y la competencia, independencia, etc. (Lee 1973 :80).

En lugar de preguntar si los rasgos “femeninos” supuestamente observables en la escuela se deben a la presencia de una mayoría de maestras, Lee sugiere que sería más pertinente examinar “si la escuela socializa a su personal -hombres o mujeres- para adecuarlo al cumplimiento de sus funciones”: promover conductas quietas y cumplidoras en los alumnos que permitan satisfacer las exigencias de un curriculum complejo (Lee 1937:87).

Desde el punto de vista de este análisis importa considerar no sólo los rasgos asociados al carácter femenino que se atribuyen a la docencia sino también el “énfasis histórico que la escuela elemental ha puesto en la formación moral”, a la que asigna mayor relieve que al desarrollo intelectual (Feinman-Nemser y Floden 1986:519).

Nuestros datos muestran que en todos los grupos se afirman objetivos afines a los buscados tradicionalmente por la escuela: la mayoría de las entrevistadas otorga prioridad a las dimensiones expresivas del rol y a las que privilegian la formación de la personalidad y del carácter moral, por encima del desarrollo intelectual o de la adquisición de conocimientos.

Aquí no intento explicar si las tendencias reconocidas en los datos obedecen a las orientaciones pedagógicas o psicológicas predominantes hoy, a factores asociados con el pretendido “carácter femenino” o a la socialización de los docentes que supuestamente se impone en la escuela primaria o en las escuelas del magisterio. Comenzaré el análisis buscando las diferencias en las respuestas de hombres y mujeres y me limitaré a explorar la posible relación entre sexo y concepción del magisterio.