25 de Junio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

Introducción

Este trabajo presenta la imagen que del rol docente tienen maestros y maestras de escuelas primarias entrevistados como parte de un estudio cuyo propósito era conocer el pensamiento de los maestros. Tanto el estudio original como los presentes análisis se apoyan en el supuesto de que “la conducta del maestro está guiada por sus pensamientos, juicios y decisiones”; los psicólogos cognitivos que han estudiado los comportamientos e interacciones en el aula nos muestran que la relación entre pensamiento y acción docente, aunque problemática, es crucial (Shavelson 1981).1

Si bien el estudio intenta abarcar en forma amplia las creencias e ideas de los docentes, en este artículo me referiré principalmente a la imagen del rol que parecen construir los entrevistados.2 Esta influye, suponemos, en su actividad docente, en sus actitudes y sus relaciones en la escuela, en su autoestima y en su búsqueda de profesionalización y perfeccionamiento.

Antecedentes del trabajo

Mi interés en algunas de las dimensiones del pensamiento de los maestros tiene antecedentes en una investigación anterior que consistió en estudiar varias escuelas primarias de Buenos Aires con la intención de observar la vida en el aula y comprender sus peculiaridades (Gibaja 1992; Gibaja 1993). Entrevistas intensivas a las maestras, sumadas a las observaciones de sus clases, me proporcionaron material para hacer conjeturas sobre su comportamiento en el aula, sus creencias y teorías implícitas y las actividades que privilegian en clase. Una versión reducida de los protocolos de esas entrevistas se convirtió en el cuestionario empleado en esta encuesta. Sus datos, que pondré a discusión seguidamente, amplían y ponen a prueba algunas de las conclusiones del estudio de observación anterior, tales como las referidas al mal aprovechamiento del tiempo instructivo, la prioridad dada por muchas maestras a los aspectos afectivos del aprendizaje en menoscabo de los cognitivos o su confianza en la propia experiencia como el factor más decisivo en su desempeño.

Los datos de la encuesta y su análisis

Los datos que analizaré en este trabajo son las respuestas a algunas de las preguntas del cuestionario ya citado. Este fue autoadministrado y lo contestaron maestros y maestras de la Capital Federal que ejercen en escuelas primarias de la Municipalidad o privadas, y en departamentos de aplicación de escuelas normales. También respondió un grupo de maestras de varias escuelas de una ciudad del interior del país.

Como grupos de control que permitieran hacer comparaciones, se entrevistó a maestras en ejercicio que estudiaban Ciencias de la Educación en la Universidad de Buenos Aires, y a estudiantes de la misma carrera que no eran maestros, a estos últimos por tratarse de un grupo no docente que podemos suponer interesado en los problemas de la educación.3 En total se entrevistaron 209 maestros y maestras y 113 estudiantes que no lo eran. Cuando pareció necesario algunos de los grupos de maestras se dividieron en 2 subgrupos de edad: 35 años y menos y 36 años y más.

Las maestras respondieron al cuestionario en forma voluntaria y anónima. Una breve descripción del trabajo de campo y de la aplicación del cuestionario, de los procedimientos de selección de los casos y de la composición de los grupos se presenta en el Apéndice.

No creo que en la elección de las escuelas y de los entrevistados se hayan introducido errores sistemáticos; sin embargo, al no haber utilizado procedimientos aleatorios, y no obstante haber reunido datos de un número respetable de docentes, los resultados del análisis deben mostrarse con parsimonia para no inducir a error. Mi estrategia de análisis es comparativa: en lugar de presentar datos generales correspondientes al total de casos, como si se tratara de una muestra global, trabajaré con cada grupo de maestras por separado, compararé los resultados obtenidos en cada uno de los grupos y, eventualmente, analizaré las tendencias que aparezcan en el conjunto. Aunque este manejo de los datos obliga a trabajar con algunos grupos muy pequeños en los que es desaconsejable usar porcentajes, entiendo que es el procedimiento más confiable: al no proporcionar datos globales, no sugiere que los resultados sean representativos de la población docente total. Además, como el análisis se basa en la comparación de los resultados obtenidos en cada uno de los grupos, permite observar tendencias y asociaciones entre variables.