15 de Julio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

La imagen del rol de los maestros

El escaso número de maestros incluidos en el estudio lamentablemente dificulta el análisis de las diferencias en la imagen del rol atribuibles al sexo del docente; si bien el número corresponde aproximadamente a su proporción en la población docente, trabajar con tan pocos casos limita la significación del tratamiento cuantitativo de sus respuestas.

En el cuadro 10 se comparan los datos correspondientes a dos grupos de maestras y al grupo de hombres. En primer lugar aparecen los datos correspondientes a 4 de las preguntas acerca de las preferencias por los aspectos vocacionales versus intelectuales del rol; luego están las opiniones sobre los rasgos profesionales de la ocupación y, finalmente, las que corresponden a la formación de los docentes.

Los datos indican que:
  • el 83% y el 80% de los grupos de maestras afirman el carácter vocacional del rol, pero sólo lo hacen 10 sobre 17 (59%) de los maestros;
  • entre las maestras el 27% y el 37% dan prioridad a los aspectos afectivos y morales en el aprendizaje, respuesta que sólo obtuvimos de 3 de los 15 maestros (20%);
  • el afecto es lo más importante en el aprendizaje para más del 80% de las maestras, pero opinan así sólo 8 de 13 maestros hombres (62%);
  • menos de un tercio de las entrevistadas cree que los niños aprenden porque las maestras los apoyan en su desarrollo cognitivo, respuesta que encontramos casi en la mitad de los maestros entrevistados.
En las otras dimensiones del rol las diferencias por sexo no son tan claras. Respecto a los rasgos profesionales, el grupo de hombres —reclutado principalmente en escuelas normales— responde en proporciones parecidas a las observadas en mujeres que también trabajan en escuelas normales, pero en forma muy diferente a las del grupo del interior.

En cuanto a la opinión sobre la formación de los docentes, parecen sostener que es insuficiente una proporción más alta de maestros que de maestras. Aparentemente no hay diferencias, en cambio, cuando se trata de evaluar el uso del tiempo escolar: alrededor de un cuarto en todos los grupos coinciden en que se aprovecha poco o muy poco del tiempo disponible para el aprendizaje.

Estos datos sugieren que es menos frecuente entre los maestros que entre las maestras el estereotipo del docente que se define por su vocación, su afán de comunicación con los niños y la prioridad que otorga a los aspectos afectivos respecto a los intelectuales en la tarea de enseñar. Las diferencias son mucho menos claras en otros aspectos de la imagen del rol. Como se ve en el cuadro, parece haber más diferencias entre las maestras del interior y las que trabajan en escuelas normales de la Capital que entre estos grupos femeninos y los maestros hombres cuando se trata de algunos aspectos profesionales del rol o de la evaluación de la formación recibida.