17 de Julio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

Resumen y conclusiones

La bibliografía consultada muestra claramente la vigencia que ha tenido el tema de la desigualdad educacional y de la desigualdad de oportunidades educacionales durante las últimas tres décadas y las posibles implicancias que va a tener en las próximas, tanto en la atención de países desarrollados como de aquellos que están en vías de desarrollo. La formalización de nuevas realidades sociales y el reciente interés en su consideración —las transformaciones de las estructuras familiares y demográficas por nuevos hábitos de vida y de relación; y, la modificación de estructuras sociales vigentes en los últimos 60 ó 70 años relacionadas con lo económico y con lo político, entre otras—, hace más complejo el tratamiento del tema de la desigualdad.

La problemática a estudiarse se presenta como fructífera, ya que provee suficiente material de análisis y confrontación con las distintas realidades en que debe definirse la igualdad, no sólo por sus posibles desarrollos teóricos sino también por sus repercusiones en la toma de decisiones políticas. De este modo, la desigualdad educacional se presenta como un tema complejo por realidad propia y también porque está integrado e interrelacionado con otras variables de ocurrencia social. Sin embargo y si bien la desigualdad social no puede ser resuelta por mayor igualdad educacional, tampoco se puede desconocer su influencia en el desarrollo o control de la primera. Así, la organización educativa no queda fuera de estos estudios, ya que si bien puede ser causa de nuevas desigualdades, puede constituirse en una institución idónea para descontar las diferencias que el niño trae a la escuela.

Otro novedoso desarrollo en el que se avanzó sobre el tema de la desigualdad es el de considerarla no como una desventaja insalvable, sino como deficiencias o conflictos que pueden ser superados. En este último significado mucho tiene que ofrecer la escuela y la educación. En igual sentido está el esfuerzo conceptual por distinguir entre grupos con características idiosincráticas particulares y por ende percibidos como distintos en la sociedad, de aquellos otros grupos de riesgo con marcados signos de desigualdad evidente. Su consideración, tratamiento y definición de estrategias de acción para su recuperación son claramente distintas.

Además, desde nuestra experiencia y de la bibliografía considerada, algunas cuestiones aparecen claras. Primero, la reiteración de variables independientes para organizar el análisis, como son la clase social, ingresos económicos, edad, ambiente familiar, número de hermanos, sexo, instrucción de los padres, ocupación; tiempo destinado a la lectura, actitudes en general y en particular hacia la educación; por otro lado el ambiente escolar, la excelencia como objetivo, la formación y actualización de los maestros y los procesos de aprendizaje.

En segundo lugar, son de destacar las contribuciones de investigaciones recientes que toman como objeto de estudio a la familia en su relación con los rendimientos escolares. El tema del tamaño de la familia ocupa un lugar preferencial por sus implicancias en el rendimiento de los alumnos y en la especificación de experiencias previas conducentes a la determinación de niveles de excelencia académica. Las líneas de trabajos planteadas, tiene mucho que ver con la igualdad en la definición de semejanzas y diferencias iniciales y con la escuela como responsable —en un dinámico equilibrio de dar a cada uno en la medida de sus capacidades—, para que no contribuya con su accionar a ampliar las diferencias en los resultados.

En tercer lugar, no siempre mayor cantidad de educación provista por el estado o por instituciones privadas, significa mejor distribución del servicio en toda la población. Algunos sectores de la sociedad pueden verse favorecidos en detrimento de otros o a costas de otros. Datos recientes sobre los niveles y alcances de la distribución de los servicios educativos para los diferentes grupos etarios, por sexo, por clase social, por sectores o por jurisdicciones, hacen más evidentes estas situaciones de desigualdad.

Cuarto, no debemos olvidar de considerar también, en el planteo del problema de la desigualdad, los aspectos actitudinales que condicionan positiva o negativamente los logros. Las últimas contribuciones ya no se refieren a cuestiones de posiciones generales con respecto a estos temas, sino a la relación de posiciones actitudinales en el quehacer diario con las expectativas y las aspiraciones de logro educacional. Un aspecto mencionado insistentemente en las investigaciones y en las consideraciones teóricas es el relacionado con la inteligencia como “aptitud para”. La posesión de esta aptitud para, configura un claro indicador de la excelencia.

Los resultados de nuestros trabajos, como los aportados por autores de otras investigaciones, no son todo lo concluyentes que hubiéramos deseado, algunas relaciones de variables se dan en determinadas condiciones, comunidades, países, muestras; para otras los índices son menores o indeterminados. Por el contrario, en algunos estudios se muestran asociaciones verdaderamente elevadas, más aún por tratarse de variables sociales o conductuales. Así, la lectura de investigaciones más recientes y de cobertura nacional muestran relaciones más tenues y sólo probadas en condiciones muy especiales.

En nuestro trabajo, la muestra estaba integrada por los padres de 521 niños que concurrían a la escolaridad primaria de cuatro escuelas de la zona de Río Cuarto. Una escuela era céntrica, una rural y dos más estaban ubicadas en barrios periféricos. El objetivo central era probar relaciones entre la actitud de los padres hacia la educación de los hijos —medida por una escala actitudinal de tipo Likert de cinco posiciones para marcar acuerdo y desacuerdo, y por las respuestas dadas a un cuestionario— y el rendimiento medido por las calificaciones en distintas materias y por el número de inasistencias. Los valores finales mostraron relaciones bajas o nulas. Las relaciones de otras variables con el rendimiento —si bien un aspecto complementario— tampoco presentaron resultados que fueran tan categóricos como los propuestos en algunas investigaciones, sin embargo comenzaron a marcarse algunas tendencias. Para esa finalidad se calcularon las correlaciones entre actitud de los padres hacia la educación y rendimiento escolar e inasistencias, para distintos grupos, por sexo y por escuela, obteniéndose valores muy bajos, cercanos a una correlación nula.

En virtud de esos resultados se intentó un análisis de varianza con los datos de las mismas variables que dio diferencias entre escuela céntrica y rural con respecto a las dos escuelas periféricas; en tanto que no hubo diferencias por sexo. Además, los cálculos de ANOVA entre actitud —para cuatro grupos definidos por valores cuartiles— y respectivamente sexo, escuela, clase social e instrucción con actitud y rendimiento escolar, dieron como resultados asociaciones moderadas o bajas; relaciones éstas, más acordes con las obtenidas en otras investigaciones más recientes sobre la materia.

También se calcularon los valores de chi-cuadrado para someter a prueba la existencia de diferencias en las respuestas al cuestionario aplicado en la entrevista a los padres, en función de su pertenencia a las categorías de matriculación en cada una de las cuatro escuelas, al sexo de los hijos, a la clase social familiar y a la actitud de los padres hacia la educación. Los resultados obtenidos presentan una fina trama con niveles de mayor igualdad entre varones y niñas, beneficiando en algunos casos a estas últimas; diferencias entre escuelas céntrica y rural vs. las identificadas como periféricas 1 y 2; diferencias según las clases sociales, dándose mejores perspectivas a la denominada clase social alta, pero con inversión de resultados para la clase baja y media. Igual interpretación merecen los valores según las cuatro categorías de actitud hacia la educación.

En síntesis, los resultados obtenidos son menos categóricos que los esperados, más lábiles que los propuestos en las primeras investigaciones y más acordes con las conclusiones de las últimas indagaciones al respecto. En general, los datos y resultados confirman algunas posiciones de trabajos anteriores con el mismo sustrato (de la Barrera y Etcheverry 1990; Donolo 1986 y 1987; Capelari y Donolo 1995).