21 de Junio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

Consideraciones finales

El título de esta investigación: Hacia nuevos límites... se refiere justamente a eso. Fronteras hacia donde deben ser empujados los niveles de desigualdad entre los seres humanos para que puedan todos ser tratados como tales; esto es: como seres humanos. Una consideración especial merecen en este contexto los niños,9 por ser los más desprotegidos, por tener menos experiencia, por ser los que más necesidades tienen y sobre todo, por ser los que nos sucederán, por ser el futuro en el presente.

Lejos estamos de confundir los nuevos límites hacia los que debe correrse la igualdad con igualitarismo, ya que en primera instancia esta concepción iría ciertamente en contra del principio más elemental de libertad. Tampoco está asociado con el de masificación, por el cual se daría a todos en la misma medida. Entendemos que la humanidad debe tener la sabiduría colectiva para poder sacar el mejor partido de las potencialidades de cada uno de los individuos que la componen; también tiene que tener la suficiente agudeza para preparar y colocar a cada uno de sus miembros en las mejores condiciones de dar lo mejor de sí. Es este el desafío más grande que tiene la educación genéricamente considerada como patrimonio de la sociedad y es de la escuela la responsabilidad primera de conseguirlo.

Como tal, el problema de la igualdad educacional genera de por sí, nuevos y constantes niveles de logro y por su misma constitución nuevos y constantes estadíos de desigualdad, tanto en la práctica como en sus propuestas teóricas. Estos cambios en las situaciones son motivo de estudios e investigaciones desde otras perspectivas, desde otras concepciones, desde otras exigencias... Ejemplo de lo expuesto son actualmente la preocupación y los constantes aportes de países avanzados y de aquellos en posiciones menos ventajosas, por acercarse a la resolución de esas situaciones de desigualdad y de extrema desigualdad. El trabajo realizado intentó poner en evidencia la complejidad de la cuestión tratada, la necesidad de recurrir a otras disciplinas para disponer de marcos conceptuales interpretativos y de orientación para definiciones en la acción social práctica y la dificultad para encontrar datos que confirmen hipótesis y resultados de trabajos de propuestas para otros tiempos y otras realidades.

En una consideración más comprensiva del problema de la desigualdad, nunca más atinada y vigente la expresión de Dewey “La única libertad de importancia durable es la libertad de la inteligencia, es decir, la libertad de observación y de juicio ejercida respecto a propósitos que tienen valor intrínseco” (:77); con lo que no hago más que explicitar el convencimiento generalizado del lugar que ocupa en la idiosincrasia de fines de este siglo la conjunción entre libertad e inteligencia. Ello configura un ámbito nuevo en el que se integran por redefinir, entre otros, temas como nuevos estándares de igualdad educacional, el lugar de la instrucción en el desarrollo individual de las personas, de las comunidades, de las naciones, del mundo un su totalidad...

Entre los muchos eventos, declaraciones y publicaciones de los últimos años que reflejan la acuciante preocupación social por la educación y que contribuyen a conjeturar sobre un futuro posible para el próximo siglo, un reciente escrito de Reich10 reedita —con más vehemencia y menos matices—, la cuestión de si la educación y la escuela deben preparar para la vida o son parte de la vida misma, tal como lo planteara con meridiana claridad y agudeza, hace más de treinta y cinco años el mismo Dewey (61). Así, por su impacto en la sociedad norteamericana, los datos y propuestas globales de Reich hacen vislumbrar el surgimiento de nuevos actores y de nuevas relaciones —inespecíficas aún— entre personas, instituciones, naciones, etc. Estos hechos orientan en la creencia de que muchas tendencias actuales se concretarán en desarrollos que signarán la vida del próximo siglo.

Los requerimientos provenientes de los sectores económicos, del capital y del trabajo —de fuera de la educación—, por su muy probable influencia global, dan motivos para que veamos como operan los aspectos principales de la propuesta de Reich desde nuestra particular perspectiva. Interesa conocer en qué nos afecta actualmente como educadores o como alumnos; cuáles pueden ser sus posibles influencias futuras y qué situaciones sociales complementarias pueden derivarse.

Según Reich:
  • La política y la economía adquirirán una dimensión distinta en el mundo futuro —tendencias que se manifiestan desde ya en algunas regiones— como resultado, entre otros factores, de la permeabilidad de las fronteras nacionales al tránsito de información y al flujo de capitales, debido a la amplia cobertura de las redes informáticas y al accionar de los satélites. A nadie escapa que también esta influencia se verá favorecida por el establecimiento de mercados comunes como el europeo, el Mercosur, el Nafta y otros próximos a crearse; a la caída del muro de Berlín y el desmembramiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
  • La capacidad y las destrezas de la población pasarán a ser los bienes fundamentales de una nación. La expresión no es lo que tienen sino lo que pueden hacer, resume la nueva situación de las naciones. Así la prosperidad de un pueblo estará ligada a la capacidad de sus trabajadores para sumar valor agregado a los productos, más que a la cantidad de los transitorios recursos económicos y de información de los que pueda disponer en un momento dado. Ello porque los recursos económicos pueden en cualquier momento buscar rápidamente horizontes más propicios, y la información puede ser transferida o puede mejorarse en períodos cortos. Lo verdaderamente estable es la población de los países, la que si está altamente capacitada, puede agregar valor a sus productos, constituirá en el verdadero capital de una nación y permitirá condiciones de vida más dignas y prósperas para mayor número de sus miembros.
  • Aunque de más dudosa concreción inmediata, a juzgar por las tendencias de experiencias pasadas, lo constituye un tercer aspecto que amplía los alcances sociales de la referencia anterior, y es la propuesta de desarrollo de una ética fundada en el principio de solidaridad social y por ende de justicia social, que vaya más allá de los mezquinos límites de las naciones y abarquen a todos los habitantes del mundo. Complementariamente, esta ética debe propender al desarrollo de la cultura del trabajo y del ahorro en el marco de sobriedad y esmero en su accionar.
  • Será definido un nuevo ordenamiento de los principales grupos de ocupaciones de las actividades humanas, que superará la clasificación de producción de bienes y servicios o las actuales categorías censales, en función de la capacidad de agregar valor a los productos finales. Así cuatro serán las categorías prototípicas identificadas por los siguientes nombres y características principales:
a) actividades de servicios analíticos-simbólicos. Son en general expertos en intermediación estratégica, en identificación y en resolución de problemas. Incluye investigadores científicos; ingenieros en sistemas, civiles, proyectistas, en sonido; biotecnólogos, ejecutivos en relaciones públicas, banqueros en inversión, planificadores, abogados, contadores y administradores creativos; consultores en finanzas, impuestos, energía, armamento, información y organización; músicos, periodistas, publicistas, escritores y editorialistas; catedráticos universitarios, etc. Su capacidad está en el análisis simbólico, en la elaboración de imágenes abstractas de la realidad que luego pueden reordenar, alterar, experimentar y volverlas a convertir en respuestas a la realidad. La información, la imaginación y la experiencia son sus principales antecedentes. Calidad, originalidad, destreza y oportunidad son sus capitales. Puede trabajar solo, en pequeños grupos o conectado a organizaciones por redes. Su formación es generalmente universitaria o superior. El producto final no es estandarizado y de consumo mayoritario, abarca procesos de reflexión y comunicación más que una producción tangible (Reich 180). Se vislumbran como los príncipes de las próximas comunidades.

b) actividades de servicios en personal. Son trabajadores que están relacionados directamente con los destinatarios finales de sus acciones, sin mediatización alguna. Hacen algo para alguien en particular y por ende son servicios que no se prestan a todo el mundo. Pertenecen a esta categoría entre otros, camareros, azafatas, enfermeros, niñeras, taxistas, secretarios, peluqueros, personal de limpieza, vendedores, fisioterapeutas, etc.. Trabajan solos o en pequeños grupos, por hora o son jornaleros mensuales o quincenales. Sus principales cualidades están relacionadas con la puntualidad, confiabilidad y docilidad. Además deben tener muy buen trato, ser corteses y serviciales aún en situaciones comprometidas. La formación educacional necesaria no excede el nivel de escolaridad secundaria y de algún entrenamiento vocacional complementario, acorde a la tarea a desempeñar.

c) actividades de producción rutinaria. Principalmente incluye trabajadores manuales en especial de empresas dedicadas a producción en serie, en tareas repetitivas y tediosas, supervisores de bajo y mediano nivel, jefes administrativos de personal y de sección. Para estas tareas es suficiente una educación estándar, saber leer y efectuar cálculos simples. Las principales virtudes requeridas son la confiabilidad, la lealtad y la capacidad para cumplir con las indicaciones (Reich 175). La posibilidad de agregar valor al producto final es muy limitada y está relacionada con reiteración de las instrucciones más que con la iniciativa personal.

d) actividades residuales, fuera de competencia. Configura una categoría residual en la que se reúne a los trabajadores de yacimientos naturales, mineros, agricultores y ganaderos; algunos empleados públicos entre los que se mencionan a los maestros de escuelas públicas, médicos de programas asistenciales del gobierno, empleados de industrias reguladas, profesionales pagados por el gobierno, casi todos ellos amparados de la competencia y en una consideración extrema y a nuestro entender muy dura en su manifestación, “sin un activo compromiso con sus cortezas cerebrales” (Reich 179). Esta categoría si bien puede ser residual, en cuanto a la cantidad de valor agregado que provee a los productos, puede integrar un número significativo de personas, en especial de países denominados del tercer mundo, con limitada formación académica e iniciativa.

Una posición semejante, aunque territorialmente más circunscrita, se presenta en una reciente publicación de Ferraro, que lleva el sugestivo título Educados para competir. Los argentinos frente a mitos y realidades del siglo XXI. En este libro, al imaginarse tendencias hacia el futuro, ponderando el valor instrumental y utilitario de la educación como capacitación para; se destacan entre otros, los siguientes aspectos: qué debo saber para; qué debo enseñar a mi hijo para, en qué debo estar para, qué tecnologías debo dominar para, qué debo saber para, como una manera de incentivar el debate entre los argentinos sobre la manera más pertinente y conveniente de insertarnos en el mundo.

Sin embargo, entendemos que estas propuestas neoelitistas —y otras semejantes o más sutilmente encubiertas— por sí solas no promoverán en la sociedad, cambios hacia mayores niveles de equidad, al menos en lo que se refiere a ingresos y a educación. En cuanto al primer aspecto, los beneficiarios de la categoría “a” de actividades, que configurando un grupo decididamente privilegiado, podrán negociar con los iguales del mundo sus retribuciones y tendrán ese contexto de referencia, participando de los beneficios de una fuerte capacidad para la retención y concentración de recursos económicos. Por el contrario, los integrantes de las tres categorías restantes —según su nivel y actividad— deberán soportar el asedio constante de la competencia dispuesta a cumplir con la misma responsabilidad por un pago menor; y por otro lado, la incertidumbre permanente de que el empleador traspase a un nuevo prestador los pedidos o los materiales a ser procesados11 y contrate un servicio más eficiente o económico sin importar el lugar de residencia del prestatario elegido.

En cuanto al segundo aspecto, el valor de la educación cambiará por la devaluación de los títulos; esto es, serán necesarios más esfuerzos y certificaciones para realizar actividades que con anterioridad requerían de menos instrucción. Saber, sin título será muy considerado para la categoría: a) de sujetos; en tanto que las personas de los demás grupos (b, c y d) no tendrán siquiera la posibilidad de postulación para una actividad, sin cubrir los requisitos mínimos.12 En este contexto, el valor de la educación va a estar puesto en su utilidad para.

Por más llamativo y alarmarte que sea, Reich ubica las actividades de los maestros de escuelas públicas y de los médicos de programas asistenciales del gobierno, en la última categoría —los que no tienen “un activo compromiso con sus cortezas cerebrales”. Sin la menor delicadeza, la posición —además de atacar la calidad de formación y el servicio que ofrecen los profesionales mencionados— cala más hondo ampliando la brecha de desigualdad en educación y salud, de aquellos que son justamente los sectores más desprotegidos y que no pueden costearse ni maestros particulares, ni educación privada; ni suscribir planes especiales de salud. Es difícil entender e imaginarse la forma en que el sistema propuesto podrá concretar los principios de ética y solidaridad que declara favorecer.

Por mucho tiempo se asignó a la escuela funciones que le eran propias e inherentes, con cierta independencia de exigencias y reclamos de la sociedad, de las instituciones, de los padres y de los mismos alumnos. Tal vez sea el momento de pensar en una redefinición de esa finalidad para contener las desmedidas exigencias de este nuevo modelo alternativo al capitalismo actual, entendiendo que hay mucha razón cuando se afirma que ‘sin educación no hay desarrollo económico’. Así, la educación y la instrucción deberán tener un valor asignado por su importancia en el contexto de transformación propuesto por los objetivos de la economía y de la política; mérito que le deviene de cuánto puedo hacer, de cuán útil resulte para resolver una cuestión, para dar una respuesta original, para mejorar un sistema u optimizar un procedimiento, para reducir costos y aumentar beneficios, etc.

Un valor propio, relacionado con las finalidades y objetivos definidos para cada uno de los niveles y ciclos educativos, —inicial, intermedio, superior y cuaternario— y con una intencionalidad formativa y actitudinal más general que dé sentido, límites y perspectiva a las acciones humanas;13 que oriente a los alumnos al gusto por saber y estar actualizado, a la capacitación para comprender hechos y situaciones; en la posibilidad de disfrutar del arte, de la música, de la filosofía, la ciencia, la literatura, la tecnología, de los viajes y del ocio;14 del placer por el trabajo bien realizado, el esfuerzo y dedicación; que habilite en la aceptación de la ambigüedad, de la tolerancia, que ayude en la toma de riesgos controlados, que propenda al uso de la argumentación más que de la fuerza; que tienda a la formación de ciudadanos que no sean dócil objeto de manipulación, etc.

Por último, tanto el valor instrumental como el valor académico de la educación y de la instrucción, deben conjugarse en la definición de una nueva ética social, que supuestamente liderará la prosperidad y el bienestar de un creciente número de personas y de pueblos, con una redistribución más justa de recursos, bienes y servicios. Así, en el tratamiento de la nueva ética social no debe soslayarse el establecimiento de límites razonables a ambiciones personales o grupales desmedidas que invadan los derechos de los demás y el bienestar general. En este sentido, no obstante haber compromisos compartidos entre todos los miembros de la sociedad en las acciones conducentes de esta nueva ética social, es inexcusable la responsabilidad que les cabe a los políticos, legisladores y juristas; a los sindicalistas, dirigentes y administradores; a los economistas e industriales; a los educadores y egresados del nivel educativo superior, en el ejercicio efectivo de una sensibilidad social especial por los problemas humanos y por las respuestas que se arbitren.15

Esta perspectiva es particularmente orientadora en un mundo fuertemente interrelacionado e interdependiente, que se vislumbra como cambiante, altamente competitivo y exigente, en el que mayoritariamente se reconoce importancia a la educación, al hecho de estar educado y ser instruido. Sin embargo, no deben dejar de considerarse también en el planteamiento de la problemática de la igualdad educacional, hechos sociales muy relevantes y propios de este fin de siglo, como lo son los cambios en la estructura familiar (Wainerman; Seibert 48); una tendencia marcada a la incorporación creciente y masiva de la mujer a la instrucción y a las fuerzas laborales, también en cargos gerenciales o como ejecutivas;16 y la aceptación de tecnologías que cambiarán la idiosincrasia de las ocupaciones y de los ámbitos de trabajo.17

Así planteada la situación, educación e instrucción recuperan en su totalidad el mérito instrumental, formativo y valorativo-actitudinal, y pasan a responder a un claro desafío (objetivo) en la concreción de un nuevo peldaño hacia límites de mayores niveles de igualdad, para que un número creciente de seres humanos encuentren nuevas formas éticas de realización.