16 de Julio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

Dos categorías tipológicas extremas

En base a las respuestas que dieron los padres, se definieron tres tipos denominados los desprotegidos —para quienes la salud y la educación no ocupan un lugar prioritario en sus vidas—; los aspirantes —que perciben a la educación como un medio para que sus hijos progresen y logren mejores posiciones en la sociedad—; y los ubicados —para quienes la educación consolida la posición lograda por los progenitores—; categorías que como tales tuvieron casos concretos ubicados en sus posiciones. Entendíamos sin embargo que, otros dos conjuntos de características definían categorías tipológicas. Una, los embajadores, integrada por sujetos que pertenecen a niveles culturales muy propicios; y la otra, los desposeídos, conformada por personas que tienen posibilidades muy limitadas y mínimas de acceder a los bienes culturales. (Donolo 1986 y 1987).

En ese sentido, presentaré el ejemplo y su análisis como confirmación de la conveniencia de incorporar las categorías complementarias. Para la primera —los embajadores— rescato la noticia titulada “Al margen de los negocios. ‘La educación de los herederos’”, en el que se transcribe el siguiente diálogo:
— Qué estudiaron sus nietos?

— Ninguno de los dos se recibió de nada, por el consejo de un amigo mío, que es David Rockefeller.

David me dijo un día: ‘Amalita, tus nietos —me lo dijo en inglés— no necesitan ir a la universidad. La gente que va a la universidad va a buscar un título para, a la salida, buscar con él un trabajo. Vos estás sola y tus nietos están en la facultad estudiando y el trabajo los está esperando desesperadamente. Así que lo que ellos precisan son tutors.’

Y entonces ahí nomás los arranqué a los dos de la universidad. A Alejandro, que tenía 23 años, lo puse a manejar todos mis campos. Y Bárbara entró en la empresa. Y tuvieron tutors. Ex ministros de Economía (N. de la R.: José María Dagnino Pastore) que le dan clases, no clases sino una hora y media o dos, tres veces por semana sobre economía y negocios. (Diario La Nación, 10/5/ 1992 :15)6 (Diálogo entre el Periodista y la empresaria argentina Amalia Lacroze de Fortabat refiriéndose a un consejo de David Rockefeller)
Como se señalara para esa categoría de la tipología no se contaba en la muestra inicial de familias con datos de la experiencia que corroborasen su existencia, tampoco se tuvieron casos a incluir en el presente estudio. Sin embargo, es innegable la presencia de un muy reducido grupo de sujetos, del que se puede predicar que son
...aquellos que pertenecen a niveles culturales propicios, los que accediendo o no a la educación superior, gozan en realidad de una posición destacada, que les permite aprovechar posibilidades culturales más sofisticadas (museos, arte, música, idiomas, universidades prestigiosas, viajes, profesores particulares, personalidades, literatura, etc.) y en mucho de los casos fuera del sistema educativo formal. La familia no se preocupa mayormente si su hijo cumple estudios formales, aunque prefiere que los haga. Lo que sí, prodiga ambientes muy favorables para el desarrollo de la personalidad y de las relaciones sociales. (Donolo 1986 y 1987)
El diálogo anterior presenta datos muy claros acerca de las características que definen la categoría tipológica. Así las personas involucradas son destacados políticos, economistas y empresarios y como tales tienen acceso a ambientes culturales muy particulares. La instrucción superior no le es necesaria para la subsistencia, ni para conseguir ni mantenerse en un trabajo, ya que la ocupación la tienen asegurada. Tienen posibilidad de acceder a información y formación muy especial a través de los tutores. Tienen además facilidades económicas y disponibilidad de recursos.

La otra cara de la realidad, está dada por aquel grupo que no accede a los niveles mínimos de satisfacción de las necesidades básicas. En el trabajo de referencia se definía a este grupo de la siguiente manera:
...integrado por los sujetos que no tienen posibilidad de acceder a ningún modo de la escolaridad primaria ni en la edad normal ni en escuelas para adultos o centros de alfabetización, etc. y en la persona de los cuales no se cumplirían ni los más elementales principios de la igualdad educacional (además de otros). (Donolo 1987 :185)
Por su pertinencia, se presenta a continuación —como ejemplo de la categoría tipológica denominada desposeídos— un trabajo del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos en el que se analizan los niveles de La Pobreza en la Argentina7 a través del tratamiento de datos secundarios del Censo Nacional de Población y Vivienda de 1980, en el que se definen varios indicadores de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI). Entre ellos se destacan, por su relación con la desigualdad educacional, los designados como asistencia escolar y capacidad de subsistencia.

El primero, asistencia escolar, distingue entre aquellos hogares con algún miembro entre 6 y 12 años que no asiste a la escuela o no asistió nunca. El segundo, capacidad de subsistencia, distingue entre aquellos hogares que tienen 4 ó más personas por miembro ocupado y, además, cuyo jefe no tiene educación (sin instrucción o con menos de 2 años de escolaridad primaria). Estos dos indicadores pueden actuar en forma independiente o asociados a uno de los otros tres, que son: hacinamiento (más de tres personas por habitación); vivienda (precariedad de la vivienda) y condiciones sanitarias (hogares sin baño o sanitario instalado, sin retrete siquiera).

Con estas categorías de análisis y con datos de ese censo, se desea mostrar que los sectores menos favorecidos de la sociedad, a los que no llegan los beneficios mínimos para la satisfacción de las necesidades básicas, reúnen características idiosincráticas que los diferencian cualitativamente de aquellos que las tienen resueltas aunque más no sea mínimamente. En primer lugar, es de destacar que la magnitud del problema está dada porque para el total del país, algo más del 22% de hogares tiene por lo menos uno de los cinco tipos de necesidades básicas insatisfechas. De por sí esto es un valor alto, más aún cuando alcanza a más de un cuarto de la población total (27.7%). Las comunidades con mayor concentración poblacional se ven favorecidas con porcentajes que están entre 7.4 y 8.3 puntos, en relación con las de menor concentración con porcentajes muchísimo más altos, entre 46.8 y 54.4.

Otra forma de ver el problema es por zonas, para las que se presentan dos categorías; una urbana, que incluye a las poblaciones de 2000 habitantes y más, y la otra rural, reservada a comunidades de menos de 2000 habitantes. En este sentido, el área urbana considerada globalmente es la más favorecida, ya que presenta menor proporción de hogares y de población con necesidades básicas insatisfechas.

Un aspecto complementario en este análisis, lo constituye la cantidad de personas y niños por hogar, tema que fuera ya considerado en un trabajo sobre tamaño de la familia, número de hermanos y rendimiento escolar (Donolo 1992). Confirman la posición el hecho de que cualquiera sea la jurisdicción considerada, la proporción de personas y niños por unidad habitacional de los hogares con NBI muestra una situación de desventaja manifiesta. Los promedios jurisdiccionales varían entre el 5.0 y el 3.4 de personas y entre el 2.0 y 0.8 de niños por hogar NBI, en tanto que para el Resto de Hogares que no tienen NBI los valores son mucho menores al igual que el rango de variación. (3.8 a 3.0 y 0.9 a 0.5 respectivamente). En igual sentido están los datos para la Capital, los que comparativamente muestran la posición más aventajada en todos los casos y tal vez aquella en que las diferencias entre grupos homogéneos por estratos, son mínimas. Aún si se dejan de lado los valores correspondientes a Capital, las diferencias promedio para el resto de las jurisdicciones siguen siendo claras (3.9 y 1.5 para hogares NBI y de 3.5 y 0.8 para personas y niños por hogar respectivamente).

Tomando en cuenta las jurisdicciones para el total de hogares (TH), no se presentan en promedio casi diferencias según el estrato de asentamiento,8 ni aún en relación con el área rural. Así tenemos que para la zona urbana los valores máximo y mínimo son de 4.0 a 3.6 y de 1.1 a 0.8, en tanto que para la zona rural son de 4.2 a 3.9 y de 1.4 a 0.8 para el promedio de personas y niños por hogar, respectivamente. Si bien lo apuntado, se manifiesta una leve tendencia a que en la zona rural viven en promedio más personas y hay más niños por hogar en relación a las zonas urbanas.

Como puede imaginarse, estos datos hacen evidente que hay un grupo de sujetos que no pudo ser entrevistado, por el procedimiento mismo de encuesta a padres de niños que concurren a la escuela. Así la quinta categoría tipológica, los desposeídos, para la que no hubo referentes concretos entre los padres consultados, se explica y entiende porque no tuvieron oportunidad de ser incluidos en la muestra por no tener sus hijos en edad escolar en la escuela primaria, aunque de hecho sí existen y merecerían una consideración social más detallada, ya que es en esa realidad en donde las desigualdades son más evidentes y acuciantes.