19 de Diciembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

Desigualdad educacional

Antecedentes y vigencia del problema

Ha pasado algo más de un cuarto de siglo desde el 2 de julio de 1966 fecha en que se presentara el trabajo de Coleman et al., sobre Igualdad de Oportunidades Educacionales o Igualdad Educacional, que fuera con posterioridad un documento tan famoso como discutido, fuente de inspiración y referencia obligada de cualquier estudio relacionado al tema. Tanto detractores como defensores lo tomaron como un hito importantísimo en la historia reciente de la sociología de la educación. Así lo entiende Hallinan en 1991, al comentar una reciente publicación del mismo Coleman (1990),1 en la que se reseñan las contribuciones sobre la desigualdad educacional en los últimos 30 años y las perspectivas que se abren y se discuten en la actualidad y para el próximo decenio. En la mención de Coleman de este segundo escrito, dos aspectos han cambiado la consideración de la igualdad en Estados Unidos; uno, el económico referido a la distribución de la riqueza; y el otro, al desmantelamiento del comunismo como estructura económica y política. Si bien estos factores pueden ser considerados como irrelevantes en los estudios de desigualdad en nuestro país, muestran cuán asociadas están las variables sociales con las educacionales, más aún cuando como comunidad estamos en franco proceso de cambios. Por lo expuesto, Coleman reitera la pregunta clave en este tema; esto es, qué estamos significando por un sistema social justo y equitativo; y en este sentido propone una discusión teórica entre las posiciones de Nozick y de Rawls para mostrar la amplia variedad de posturas que se pueden asumir en relación al tema, destacando las dificultades que se plantean al tener que conciliar las posiciones entre igual acceso al aprendizaje con las de libertad individual, sentimiento tan arraigado en el sentir estadounidense.

Un motivo más para seguir investigando en el problema lo presenta Coleman unos párrafos más adelante, cuando insiste en que los resultados empíricos muestran que igual tratamiento de los estudiantes es insuficiente para producir iguales resultados. Otro aspecto con clara repercusión educacional a tener en cuenta, es que las desigualdades que los alumnos traen a la escuela son de tal magnitud que la misma institución debe jugar un rol muy activo para proveer a los niños más carenciados de fuentes para disminuir las desigualdades de base, si se desea progresar hacia una sociedad más justa. En ese sentido se orienta la investigación de Short con estudiantes ingleses, cuando se propone estudiar el rol que le cabe a la educación como promotora de justicia social a través de la consideración de las concepciones y percepciones que sobre la desigualdad tienen los niños que asisten a la escolaridad primaria. El argumento de este autor al respecto es que no se puede actuar efectivamente sobre concepciones erróneas, si es que antes no se conoce qué piensan los niños acerca de la diferenciación en clases sociales. Como puede verse, esta observación y las anteriores, lejos de atacar a la escuela como institución, ponen el acento en la responsabilidad que ellas tienen, lo que configura un desafío que se debe conocer, aceptar y resolver satisfactoriamente. Por otro lado, se pondera la relevancia que tuvo aquel escrito de Coleman y sus colegas desde 1966, para el incremento de la investigación educacional y en la complejización de sus análisis.

Es de destacar además, que Short rescata un tema clave en nuestro trabajo, el de la familia y las repercusiones que tendrán los más recientes cambios en su estructura. Tal vez en Argentina aún no se sientan esos cambios, pero debemos estar atentos para tomarlos en consideración una vez que empiecen a producirse. En tal sentido, algo adelantamos ya en un trabajo referido al número de integrantes de la familia y el rendimiento escolar (Donolo 1991 605ss). En un estudio longitudinal, Alwin y Thornton (784ss) comparan la importancia de los factores socioeconómicos familiares sobre el rendimiento y egreso escolar en dos períodos separados de la vida escolar —temprana niñez y adolescencia avanzada—, se provee de medidas sobre las características socioeconómicas de las familias. Como dato interesante y que desentona con anteriores contribuciones estos autores encuentran que el tamaño de la familia tiene efectos independientes sobre el logro escolar para ambos períodos.

Como se puede apreciar, desde 1966, el momento en que Coleman y sus colaboradores presentaran su Informe, el tema no ha perdido vigencia y es ésta una consideración presente en muchos de los trabajos que se comentarán más adelante, al tomar como período de revisión las últimas dos o tres décadas (Hallinan 1991; King 1987; Yates 1986). Como tal la problemática de la desigualdad educacional y de oportunidades educacionales, ha estado asociada a las discusiones educacionales en los foros nacionales como internacionales. Países desarrollados o en vías de desarrollo se han ocupado por definir y lograr mayores y mejores niveles de igualdad educacional, de igualdad de oportunidades educacionales, tanto en los aspectos generales y más universales como en aquellos sectores particulares y que son definidos por alcanzar a grupos, sectores, minorías etc. La mención de algunos artículos y trabajos de recientes aparición son muestra elocuente del interés vigente aún sobre el tema y de la diversidad de facetas que pueden abarcar.

Como es de suponer y hay acuerdo en ello, el tema de la desigualdad no se agota en lo educacional, éste es sólo un aspecto de una realidad social compleja que admite consideraciones teóricas muy variadas. Lo entiende así Milner cuando propone una estrategia de síntesis de las teorías de desigualdad. Sugiere que el debate entre la teoría funcionalista y la teoría del conflicto no ha sido resuelto aún porque los temas han sido inadecuadamente formulados. Abandona esta dicotomía y presenta un modelo de cinco aproximaciones para explicar la desigualdad, que luego deben ser sintetizadas en una estructura común, que integra teorías tan divergentes como la del modelo de estatus de logro, estudios del poder de élite, la teoría evolucionista de Lenskis, los análisis de Habermas de las comunicaciones distorsionadas y la teoría del sistema mundial, que son incluidas en este marco. Si bien una ardua investigación empírica guiada por teorías se presenta ante nosotros, entiende que está destinada a “agarrar” la complejidad del mundo real y tomar seriamente los insight que han sido asociados con cualquier diferente perspectiva teórica o ideológica. También es consciente de que esta investigación no suprimirá los análisis políticos de las desigualdades sociales pero contribuirá a tener más claridad acerca de la naturaleza de nuestros desacuerdos.

Yates (1986) como Milner, también postulan una revisión de esos dos temas en particular —influencia del sexo y de la clase social— para la definición de teorías explicativas de la desigualdad en las últimas dos décadas y de su influencia en el contexto geográfico de Australia e insisten en la conveniencia de discutir ejemplos específicos y temas relacionados con el sexo y la clase, no como simple aditividad de dimensiones de un problema en el contexto de ocurrencia de los distintos países. Argumentan que ha sido beneficiosa la evolución desde el concepto de la desigualdad como desventaja a otra posición en la que interesa las diferencias, el conflicto y las características de grupos previamente vistos como desfavorecidos; aunque puntualizan que, si bien ha sido un avance, los movimientos son limitados por dos razones. La primera, por la sobreatención que se presta a la desigualdad en la escuela o en la escolarización y además, por la insuficiente atención acerca de la desigualdad en las iniciativas políticas y prácticas. Esta última consideración ubica ciertamente el problema en el contexto más amplio como ya se dijo, de desigualdad social.

El estudio de las diferencias por sexo y por clase social han vuelto a ser puestas en el tapete por King, quien reconoce que el tema de las diferencias sexuales ha sido olvidado durante bastante tiempo por la sociología de la educación y que los análisis de la clase social no pueden ignorar tales diferencias. Por esa razón propone en su artículo un reexamen del problema, del trabajo-casamiento, de clase y estatus, de la educación superior (compleja) en relación con evidencias empíricas disponibles. Es de destacar aquí la importancia que le atribuye a la dupla clase social-sexo en la determinación de desigualdades educacionales y la necesaria referencia de fuentes empíricas de evidencias para entender el problema. Por otro lado remarca la influencia de la misma familia como fuente inicial de diferencias entre los niños. Así se permite afirmar que “las diferencias de sexo y clase social existen claramente en la experiencia de los niños en su vida familiar y en la temprana educación” (King 1987 :294). Si bien lo apuntado por King en cuanto al olvido en el estudio de las desigualdades debidas al sexo, Eichelbaum de Babini (1972 y 1988) se ha ocupado en reiteradas oportunidades del tema, para datos de Argentina. En otro orden de cosas, un grupo de docentes de un colegio politécnico inglés se ha ocupado de ayudar a sus alumnas a que encuentren igualdad de oportunidades con sus compañeros varones en ese nivel escolar, analizando también otros estudios y teorías para el cambio y la innovación (Jayne 1987).

En el sentido apuntado por King, Marjoribanks comentando un trabajo en el que se investigan las relaciones entre habilidades de los alumnos, ambiente de estudios como lo presentan los padres y resultados académicos, para una muestra de 883 sujetos de 11 años encuentra que las asociaciones no son tan claras y son disímiles en relación a los sexos. En cierta medida, sus hallazgos se oponen a los sugeridos por Coleman y por Hallinan.

Teachman insiste en la idea de que si bien los indicadores de los antecedentes familiares que afectaban el rendimiento escolar, habían sido medidos principalmente por indicadores socioeconómicos (Osborn; Linloch), debía tomarse en cuenta también la propuesta de incorporar otros como los recursos dedicados a educación como forma de incrementar el logro educacional. En su trabajo sobre antecedentes familiares, recursos educacionales y logro se propone probar tres hipótesis a saber: 1. Los recursos educacionales familiares tienen un impacto positivo sobre los resultados escolares de los niños y están asociados a los indicadores demográficos de antecedentes familiares; 2. La importancia de los recursos familiares decrece en los niveles superiores de educación; y 3. Los recursos educacionales familiares tienen un impacto directo sobre las mujeres e indirecto sobre los hombres. La principal conclusión del estudio longitudinal de Teachman sobre una muestra con igual representación de hombres y mujeres, de algo más de 9000 sujetos que hubieran completado la high school, ratifica la importancia que tienen los recursos educacionales familiares en la configuración de los niveles de escolaridad tanto de varones como mujeres.

No por conocido es menos importante hacer explícito que en la sociedad moderna aumentan los contactos sociales y más frecuentemente se da el desarrollo social de los niños dentro del contexto de instituciones. Así lo entienden Stevenson y Baker (:1348ss) cuando sostienen que los escolares —niños y adolescentes— cuidados en guarderías, jardines de infantes, o asistentes a establecimientos de instrucción primaria o media, se desarrollan en ambientes que establecen una serie de tareas o actividades, que ponen en juego relaciones interpersonales entre sujetos que no son de la familia; y que demandan actividades e interacciones escolares cognitivas y roles de socialización. De todos modos, la familia reserva un grado de responsabilidad muy marcado en la creación de un ambiente efectivo de aprendizaje en el hogar. Así, estos autores intentan mostrar la existencia y el grado de influencia que tiene el estatus educacional de la madre sobre las actividades escolares de sus hijos; también desean comprobar si esta relación está afectada por distintos niveles de edad y por el sexo; y si el mayor compromiso de los padres en las tareas de sus hijos producen mejores resultados escolares a diferencia de aquellos que no se ocupan tan directamente. Los resultados indican que a mayor nivel de instrucción de las madres, mayor es el compromiso con las tareas educacionales de sus hijos y los efectos sobre los resultados escolares de los chicos, sean estos varones o mujeres, si bien esta relación positiva disminuye con la edad de los niños.

Garnier y Raffalovich, con motivo de presentar el análisis de datos sobre la igualdad de oportunidades para la población francesa desde 1874 hasta 1954, señalan que a lo largo del siglo XX todos los países industrializados han experimentado un incremento en el promedio de logro educacional de la población. Los investigadores han deseado saber si el aumento en esta habilidad educacional estaba asociado con el incremento de la igualdad de oportunidades. Así, algunos ven por un lado una tendencia temporal hacia la igualdad, mientras que otros no ven cambios. De este modo, en el caso de Francia, si bien todos han recibido más escolarización, paradójicamente encuentran que los cambios en los patrones de asociación han sido pequeños entre origen social y certificación educacional, excepción hecha de las mujeres y de los hijos de granjeros. Los datos presentados corroboran los resultados de estudios para Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos, considerándose al caso francés como representativo de Europa occidental. De todas maneras, los autores señalan que esta similaridad en los hallazgos puede esconder muchas variaciones en el proceso, a las cuales es necesario empezar a prestar atención.

Un aspecto particular de la igualdad educacional la constituye el tamaño de la familia y el rendimiento escolar, cuestión que ha sido tratada con particular empeño por muchos estudiosos en distintas comunidades. Por ejemplo, Varghese Cherian, profesor en la Universidad de Transkei de Sudáfrica reitera para su comunidad la consideración de la hipótesis de que “hay una relación entre el número de chicos en la familia y su rendimiento académico” (Cherian 1990), y la somete a prueba en un grupo de 1021 sujetos de ambos sexos, de 13 a 17 años de una escuela normal, a los que se les aplica una prueba de habilidad general, considerándose también los resultados en las asignaturas: inglés, matemáticas, ciencia general, historia, geografía y ciencias agrícolas. Los grupos de comparación que toma en cuenta para someter a prueba la hipótesis general son: a) número de hijos para el grupo total de varones y mujeres y rendimiento escolar en las materias señaladas; b) grupo de nivel socioeconómico bajo versus el correspondiente a grupo socioeconómico alto, para ambos sexos y por sexo en relación con tamaño de la familia y rendimiento escolar; esto es, controlando o no el sexo. En todas las consideraciones encuentra que, por el procedimiento de análisis de varianza, las diferencias son estadísticamente significativas; confirmando para su grupo hallazgos anteriores, como por ejemplo los de Blake y en el comentario de Sullivan. En ese trabajo, Blake también insiste en la idea de que los efectos adversos del tamaño de la familia sobre el rendimiento escolar están relacionados con la capacidad intelectual. El concepto expuesto se confirma en la expresión de Cherian: “Sociólogos y psicólogos occidentales afirman que el tamaño de la familia afecta el logro escolar de los chicos porque los padres con muchos niños no están disponibles para dar demasiada atención a cada uno de ellos en forma individual (59-60).”

Una influencia específica de la familia sobre el rendimiento escolar está dado según Smith por diferencias propias que ejercen el padre y la madre sobre los grados y las metas escolares y las formas de reconocer los logros. Pukalos, en este sentido insiste en la influencia del ambiente familiar y lo estudia en gemelos adultos jóvenes.

Un aspecto complementario de la desigualdad educacional está dado por su relación con la excelencia. Astin sostiene desde una perspectiva más escolar, que las pruebas y la valoración de los alumnos en la escuela, configuran un serio obstáculo para el progreso educacional de grupos pobremente representados, en especial por la manera en que estas herramientas son usadas. Por esta razón entiende que si la valoración fuese usada en vez de para separar y seleccionar para completar el feedback que contribuya a la superación de los procesos de aprendizaje, la causa de la igualdad educacional estaría mucho mejor servida. Para acompañar cambios en esta dirección, los especialistas deberíamos revisar también nuestra noción tradicional acerca de lo que entendemos por excelencia, ya que es en este punto en donde entran en conflicto con la concepción de igualdad, aspecto al que el mismo Astin le dedica su atención al igual que a la definición de oportunidad y equidad. También se interesa por los estándares académicos, tema de especial atención en nuestro trabajo, ya que es una de las variables definidas como parte del rendimiento académico junto a la asistencia escolar. Además presenta su posición en cuanto al acrecentamiento del capital humano en relación con la oportunidad educacional, como forma de propender a una mayor distribución de la igualdad; ya que es el sistema educacional público el que debe ser responsable del desarrollo de sus estudiantes más talentosos, sin excluir a aquellos que no responden, en principio, a los niveles o exigencias del ingreso.

En el escrito de Shor referido a la cuestión de si la Igualdad debe ser entendida como Excelencia, hace una crítica desde una perspectiva política, ubicando la causa de la declinación de los niveles de calidad alcanzados, a la mediocridad actual de docentes y alumnos en Estados Unidos, en la economía de corte conservador y en política educacional. Esta declinación, según la autora, se viene registrando desde los años 60, época de las primeras observaciones de su estudio y sugiere que para revertir la situación es necesario que la formación de los profesores cambie hacia una educación crítica, multicultural, centrada en el estudiante y orientada hacia la igualdad; en otras palabras, preparando profesores que sean capaces de inspirar a sus alumnos.

El trabajo de Rumberger y sus colaboradores señala algunos aspectos más sutiles acerca de la actitud de los padres como influencia positiva o negativa en las decisiones de los alumnos de niveles superiores por continuar o abandonar sus carreras. Sostiene que si bien hay un amplio rango de factores asociados con la deserción escolar y algunos muy relacionados con la familia, como estatus socioeconómico, educación de los padres e ingresos familiares, esos aspectos revelan poco acerca de los procesos por los cuales la familia influye en el rendimiento académico de sus hijos y en definitiva en una decisión tan importante como es la de abandonar o la de persistir en la escuela. En este sentido los aspectos señalados por Rumberger y sus colegas son muy importantes en nuestro trabajo al considerar aspectos actitudinales fuertemente relacionados con el quehacer diario en la familia como son: a) quién es el que toma las decisiones en la familia; b) el estilo de los padres en la conducción de la familia; y c) las reacciones de los padres con respecto a los resultados escolares; cuestiones que marcan un rumbo distinto en la investigación sobre aspectos condicionantes de la igualdad educacional, precisando sobre qué problemática poner el acento en la recolección y análisis de datos relevantes a este fin.