21 de Julio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

La cara oculta de la desigualdad educacional

Análisis de respuestas al cuestionario

Como se recordará en la entrevista con los padres también se requirió información referida a la actuación educacional de los hijos, expectativas y aspiraciones sobre la educación, decisiones acerca de la escuela, etc. El análisis que se propone ahora, toma como datos de base esa misma información, que por ser tan variada se procesará en función de categorías que las definen. En esta etapa se considerarán semejanzas y diferencias según escuelas de procedencia, sexo de los niños, clase social, y para cuatro grupos definidos según el puntaje en la escala de actitud.

La primera pregunta está formulada así:

—¿Por qué Ud. manda a su hijo a esta escuela?

El análisis especifica cuatro categorías de respuesta sustantivas, a saber: 1. por comodidad, cercanía y razones económicas; 2. porque les gusta y por las buenas referencias de la escuela; 3. por la experiencia de padres, hermanos, u otros familiares y por cercanía; 4. para que aprenda y por necesidad de educación; y la 5. residual. Las categorías de respuestas sometidas a análisis de chi-cuadrado mostraron diferencias significativas para las cuatro categorías de escuela, no así para las tres variables restantes (sexo, clase social, actitud). Las posibles razones de esas diferencias en cuanto a esas respuestas, deben buscarse en las zonas de emplazamiento geográfico de las instituciones; así, en la zona rural por ser la única escuela y la posibilidad de los padres de enviarlo al pueblo o a otra ciudad es muy remota por factores de índole económica y por la corta edad de los niños; en tanto que las familias que viven en zonas periféricas prefieren enviar a sus hijos a la escuela del barrio, ya que así tiene resueltas cuestiones de traslados en ómnibus o transportes escolares etc., así como también un manejo más permisivo de horarios y un control más directo de las actividades escolares.

En un trabajo anterior (Donolo 1986), las expectativas familiares se agrupaban en dos categorías que resumían la idea de comodidad definida conforme a la localidad de pertenencia del grupo y la idea de “que ya habían concurrido sus hermanos, primos, vecinos y en algunos casos hasta los mismos padres”. Como puede verse las razones explícitas son de idéntico alcance en ambas investigaciones. Entonces habíamos propuesto una explicación posible a la situación de que la escuela albergara a una población escolar más homogénea de lo que en realidad la comunidad exterior parecía indicar y aquello que la política explícita o tácita de la dirección hubiera establecido. Y manifestábamos que las mismas familias y en especial los padres reflejando más sus expectativas y las experiencias educacionales —al elegir colegios en los que no desentonaran socialmente sus hijos— eran los que hacían que se diera esta situación, razón por la cual los matriculaban en tal o cual establecimiento, los retiraban de él, tenían buenas o malas referencia de los maestros, directivos o comisión de padres, etc..

Las respuestas que adquirieron más relevancia fueron las que se refieren a aspectos asistenciales que despliega la escuela, en especial las relacionadas con los comedores escolares, además de la entrega de guardapolvos, vestimenta y útiles escolares. En este sentido, mencionan a ésta como una de las funciones principales de la escuela: cuidar a la niñez y juventud desamparada con alimentos, salud y vestimenta y realmente manifiestan su satisfacción cuando se da continuidad a estos planes o cuando se incrementa la cobertura y calidad.

El segundo grupo de preguntas analizadas estaban formuladas así:

—¿Qué le agrada (le gusta) a Ud. de esta escuela? y ¿Qué le desagrada (le disgusta) a Ud. de esta escuela?

Seis categorías de respuestas que quedaron configuradas: 1. escuela familiar, compañerismo y comunicación; 2. atención, comodidad y cercanía; 3. les gusta todo; 4. les gusta la enseñanza, los docentes, los directivos y la disciplina; 5. no les gusta nada y no pueden responder; y la 6. como categoría residual. Según el análisis de chi-cuadrado se dieron diferencias muy marcadas en cuanto a las respuestas de las cuatro escuelas; no lo fueron tanto para clase social y actitud; en tanto que fueron muy similares las respuestas por sexo. Las consideraciones a las respuestas anteriores también pueden aplicarse aquí: homogeneidad del grupo que concurre a cada escuela, satisfacción de los padres de tenerlos en ese establecimiento y conformidad por las actividades académicas y asistenciales desarrolladas. La disciplina escolar merece una preocupación destacada por parte de los padres; es aspecto que se menciona como crítico de la escuela y en la escuela, y es percibido como de muy difícil tratamiento actualmente por las comunidades en donde las escuelas están asentadas y por la sociedad en general.

La cuarta pregunta analizada estaba formulada así:

—¿Al niño le gusta ir a la escuela? ...Mucho ...Bastante ...Más o menos ...Poco ...Nada.

Las diferencias de respuestas sólo se dan con respecto al sexo de los alumnos; para el resto de variables las consideraciones son más igualitarias. Como en el caso del trabajo anterior, mayoritariamente los padres interpretan que a sus hijos les gusta ir a la escuela. Razones escolares y sociales son las respuestas más frecuentemente dadas al por qué de su elección; como son, le gusta aprender, estudiar, saber más, le agrada jugar con los compañeros, estar con la maestra, etc.. Otras son más atípicas y responden fundamentalmente a la obligación legal de ir a la escuela o a un imperativo familiar (generalmente de la madre) de asistir a la escuela.

La quinta pregunta analizada estaba formulada así:

—¿En general diría Ud. que el niño es un buen alumno? ...Muy bueno ...Bueno ...Regular (Más o menos) ...Malo ...Otra respuesta......................

Para esta pregunta la categoría “malo” no fue utilizada en ninguna oportunidad, expresado complementariamente a la respuesta mayoritaria de que van a ser “muy buenos” o “buenos” alumnos en algo más del 78% de los casos; una actitud muy positiva hacia las posibilidades educacionales de los niños. La situación aquí presentada es coincidente con el trabajo anterior (Donolo 1986).

La siguiente pregunta explicita un aspecto de la anterior y estaba formulada así:

—¿Cree Ud. que el niño va a aprender mucho este año? ...Mucho ...Más o menos ...Poco ...Otra respuesta .................

Casi para el 80% de los casos de niños de ambos sexos se sostiene que van a aprender lo suficiente para promover el grado no marcándose diferencias importantes en la consideración de este atributo. En cambio la situación se presenta distinta según las escuelas, en las cuales las diferencias se dan por la utilización en algo más del 15% de “otra respuesta” en los padres de la escuela periférica 1, cuando las tres restantes no utilizan esta categoría. Una situación interesante de ser comentada es que si bien la mayoría de los padres sostienen que sus hijos van a aprender mucho (en algo menos del 80% de los casos) se da una hecho paradójico que puede explicar diferencias significativas en relación a la clase social y a la actitud, por las cuales algunos padres de la denominada clase social alta sostienen que sus hijos van a aprender poco. Una opinión semejante manifiestan algunos padres con actitudes altas hacia la educación. Una posible explicación de esta consideración puede buscársela en el criterio de comparación utilizado para decidir si los niños van a aprender mucho o poco. Algunos padres manifiestan, en este sentido, que sus hijos van a aprender poco porque ya saben mucho y por paradójico que sea “necesitan” aprender menos. Así argumentaba la madre de un niño repetidor, “va a aprender poco, porque el año pasado ya le enseñaron esto”. De cualquier modo, el hecho de aprender, es considerado importante dentro de las tareas que la escuela debe cumplir como institución.

Las dos preguntas siguientes se complementan, marcando la segunda un nivel de exigencia mayor y sus respuestas explicitan las expectativas de los padres por los resultados escolares de sus hijos. La primera cuestión requería sobre si:

—¿Cree Ud. que el niño va a estar entre los mejores alumnos del grado? ...Entre los mejores  ...En el medio  ...Entre los de más bajo rendimiento  ...Otra respuesta.

Las alternativas mencionadas configuran las 4 categorías de análisis, más una 5ª que agrupa a los que no responden. Al igual que la pregunta anterior las respuestas con respecto a sexo son más igualitarias; esto es, no se dan diferencias significativas en cuanto a las consideraciones de los padres hacia sus hijos varones o mujeres. En cuanto a las escuelas céntrica y rural —que dan respuestas semejantes— difieren de las dos periféricas, para las que la consideración de “mejor alumno” ocupa un porcentaje considerable en relación a los dos restantes. Las mínimas diferencias ganadas para las distintas categorías de clase social y de actitud, corresponden a pequeñas variaciones entre los valores observados y los esperados en el análisis de chi-cuadrado, siendo difícil precisar una tendencia clara con esos valores.

En tanto que la segunda cuestión estaba formulada así:

—¿Cree Ud. que el niño va a ser el mejor alumno del grado?  ...Sí  ...No...No sé.

Las alternativas mencionadas configuran las tres categorías de análisis, más una 4ª que agrupa a los que no responden. Las razones apuntadas para la pregunta anterior son válidas para esta también, con la salvedad de que aquí el peso de la actitud aumenta las diferencias entre los grupos. Solamente dos o tres padres por sección de grado manifiestan que sus hijos serán los mejores y tienen muy claro cuáles son las características que pueden hacer a sus hijos merecedores de ese lugar. Así pueden recurrir a expresiones como: “la cabeza le da”, “estudia mucho”, “tiene buena conducta”, “se esmera y preocupa por ser la mejor”.

Las preguntas referidas a la posición familiar ante un “posible abandono escolar del niño” se proponen a continuación. Corresponde a:

—¿Qué haría Ud. si el niño le manifestara su deseo de no estudiar más?

Las respuestas cubren un amplio espectro que van de posiciones más permisivas a otras que recurren al convencimiento y aún a la fuerza física para que continúen estudiando. Las categorías definidas para este análisis son ocho, a saber: 1. Ni se plantean el problema, ya que al niño le gusta la escuela y no tiene problemas; 2. No sabe qué haría; 3. Hablaría y buscaría las causas y los motivos, lo haría tratar profesionalmente; 4. Lo obligaría, le exigiría, iría a la fuerza; 5. Lo aceptaría y tendría que ir a trabajar; 6. Los aconsejarían, que vean como están los padres que no estudiaron; 7. Los padres se sentirían afectados directamente; y la 8. categoría residual. El análisis chi-cuadrado para estas respuestas marca una situación más igualitaria en cuanto a sexo y a clase social, que para las categorías de las variables de escuela y actitud hacia la educación. En ese sentido, las actitudes menos favorables hacia la educación se verían reflejadas por respuestas como las siguientes: “tendría que aceptarlo”, “no la obligaría”, “lo pondría a trabajar”, o, “a mis hermanos no los obligaron”, “si no quiere estudiar, que vaya al campo con el padre”, “lo sacamos de la escuela, así no gastamos tanto”, “mejor, es incómodo viajar todos los días”,4 “que sepan trabajar, y hacer algo para mantenerse”, “somos pobres y el estudio cuesta”. Otro nivel de compromiso —aunque también lejana de una actitud decididamente favorable hacia la educación— lo reflejan decisiones de un sector de familias que si bien no parecen tener otras necesidades vitales resueltas, como vivienda, alimentación, trabajo, salud; sin embargo, aún con esa situación y con esas expectativas, envían a sus hijos a la escuela e insisten en que permanezcan apelando al convencimiento para que continúen estudiando o llegando a extremos de amenazar con recurrir a la fuerza física para que concluyan por lo menos la instrucción primaria. Es muy común la referencia a su propia experiencia educacional —sea ésta buena o muy buena, o que hayan carecido de instrucción formal— como fundamento y argumentación para que los hijos sigan estudiando. Así expresiones rayanas en lo dramático como “para burros estamos nosotros” o “vea su padre que es analfabeto, tengo que andar yo controlando lo que le pagan”, “a mí no me enseñaron nada, por eso quiero que mis hijos sepan”, acompañan frecuentemente las posiciones adoptadas; en especial, como es de esperarse en este documento sobre desigualdad educacional, en los sectores más desfavorecidos.

Complementariamente, los dos aspectos que siguen marcan niveles crecientes en la aspiración de los padres en cuanto al nivel educacional al que desean que por lo menos accedan sus hijos, señalándose de este modo un criterio de excelencia mayor al mencionado con respecto a acceso, permanencia y egreso de la escolaridad inicial básica.

La primera pregunta en cuestión, estaba formulada así:

—¿Ud. desea que su hijo siga estudiando en el secundario? ...Sí...No...No sé...Otra..

y fue considerado un indicador del máximo de instrucción deseada por la familia para sus hijos. Las tres primeras alternativas mencionadas configuran las categorías de análisis. Al respecto no hay dudas en los padres de considerar en la totalidad de los casos de dos escuelas y en la mayoría en las otras dos, que desean que sus hijos sigan estudiando en el secundario. En cuanto a sexo, clase social y actitud, no hay diferencia en la aspiración de estudio en el secundario para sus hijos. Los resultados aquí confirman los que se hallaron en el trabajo anterior (Donolo 1986) que indicaban que una proporción considerable deseaba un nivel muy alto de instrucción para sus hijos —por lo menos secundaria completa o superior— un segundo grupo, minoritario, se conformaba con que terminara la primaria y supiera leer y escribir; y por último, un sector muy pequeño, más desprotegido, que pretendía que sus niños “hicieran” algo práctico para subvenir a sus necesidades como corte y confección (costura), cocina, algo rural, maestra, etc.

El segundo aspecto presenta la dualidad “deseo vs. realidad” y estaba formulada así:

— Ud. desea que el niño siga estudiando en la universidad? ...Sí...No...No sé...Otra.

Las cuatro alternativas de respuestas configuran las categorías de análisis. El análisis de esta pregunta muestra aspectos parcialmente conocidos de desigualdad, pero no por ello menos interesantes de ser comentados. Las diferencias por escuela se marcan entre una de las periféricas y no con respecto a la rural. Según sexo, el favorecido es el grupo femenino. Según clase social las aspiraciones mayores se dan para el grupo mejor ubicado y decrece para las restantes. La aspiración de educación superior actúa de manera diferencial según sea el grupo de actitud; que como era de esperar, favorece a la posición de mayor nivel, aunque luego le siga el de nivel más bajo que integra a las familias ubicadas en la categoría cuartil 1, por su actitud. Parece ser que lo que realmente marca la diferencia son las indecisiones con respecto a estudios universitarios por considerarlos todavía muy distantes, para este grupo de niños que como se recordará están cursando la escolaridad primaria, y esto está asociado con la clase social, que lleva a un grupo a estar decidido por el sí, en tanto que otros aún no vislumbren la posibilidad de consideración (previsión o planificación del futuro educacional de sus hijos). De este modo los padres de niños en los últimos años de escolaridad primaria tienen más claramente establecidos sus deseos con respecto a la educación secundaria de sus hijos, marcando diferencias claras con los del grupo de los primeros grados (Donolo 1986) que en la mayoría de los casos veía como muy lejano el nivel de instrucción secundario y más aún el universitario. Sin embargo, las aspiraciones de instrucción de la mayoría de los padres está por encima de los estándares que presumiblemente vayan a tener en realidad sus hijos, hecho reflejado en que son más frecuentes los deseos de educación secundaria y superior que el entender que realmente van a poder lograrla.

La pregunta 12 estaba formulada así:

—A su entender, ¿cuáles son los aspectos fundamentales que debe cubrir la escuela? (¿Cuál es la tarea o función más importante que debe satisfacer?)

Las ocho categorías de análisis de esta pregunta son las siguientes: 1. La escuela y la casa son un complemento; 2. La enseñanza en general, la educación, la higiene; 3. La educación y la disciplina; 4. Enseñar el respeto, la moral y el buen comportamiento; 5. Enseñar a leer, escribir, matemática; 6. Prepararlos para el futuro, para la vida; 7. La integración a la sociedad, respeto a los otros; y 8. No responde o no sabe. Las respuestas de los padres no marcan diferencias categoriales con respecto al sexo de los hijos en cuanto a las funciones que debe cumplir la escuela. Pero las diferencias se manifiestan claramente cuando consideramos escuelas, clase social y actitud. Aquí los padres de los distintos grupos, por provenir de realidades distintas, manifiestan objetivos o funciones que debe cumplir la escuela más variados y heterogéneos, que cubren desde los consabidos aspectos académicos a otros que no lo son tanto, como acciones sociales, apoyo en material, vestimenta, calzado, y también alimentación. Según se vayan cubriendo las necesidades más básicas de las familias, las aspiraciones de objetivos más académicos para la escuela se van haciendo presentes.

Las tres preguntas siguientes configuran un todo para el análisis y se refieren a estudios superiores y traslado a otros centros urbanos para continuar estudiando. Las dos primeras son complementarias en cuanto al número total de sujetos que las responden, ya que indagan acerca de si permitirían a su hijo hacer el secundario en otra localidad (algo más del 30% de los casos); o, no lo autorizarían (algo más del 69% de los casos) y el por qué de esa posición.

En este contexto, la primera pregunta estaba formulada así:

—¿Permitiría que su hijo hiciera el secundario en otra ciudad?  a)...Sí, b) En dónde?...........

Las categorías para estas respuestas son las siguientes: 1. Mencionan una ciudad directamente; 2. Donde el niño elija, le guste o lo que quiera seguir; 3. No responde o no sabe dónde; 4. Donde hubiera lo adecuado y depende de las circunstancias; y la 5. categoría residual. Las diferencias son claras por escuelas ya que afecta principalmente a la escuela rural en donde no había secundario para continuar los estudios.5 Las diferencias en las razones aducidas no son tan marcadas por sexo y actitud; en tanto que las razones por clase social por estar influenciadas por lo económico, marcan diferencias en las argumentaciones.

La situación ha variado con respecto al trabajo anterior (Donolo 1986), ya que es menor el porcentaje de padres que dejarían que sus hijos se trasladen a otros centros a estudiar. La más afectada es la escuela considerada rural, por un lado; y por otro las mismas escuelas urbanas. Una posible explicación del fenómeno puede ser la definición de una muestra distinta de investigación; otra, la habilitación de posibilidades para asistir a los colegios secundarios locales de reciente creación en zonas urbanas, semiurbana y rural; y para el nivel superior, la consolidación de la Universidad Nacional de Río Cuarto, y de sus Facultades y carreras, después de haber transcurrido algo más de 20 años desde su creación.

En tanto que la segunda pregunta estaba formulada así:

— c)...No  d) ¿Por qué? .... .

En este caso las categorías de respuesta son: 1. Debe estar cerca de la familia para poder vigilarlo y controlarlo; 2. Aquí hay secundario, no se justificaría; 3. Son muy chicos a esta edad; 4. Por cuestiones económicas; 5. El secundario no lo va a hacer; 6. La mujer tiene que estar vigilada; 7. No responde o no sabe; y la 8. categoría residual. Como era de esperar marcan diferencias muy claras entre razones aducidas para no dejarlos ir a estudiar a otra localidad, en las cuatro variables consideradas.

Las expresiones negativas absolutas de seguir estudiando, revalorizan el papel de la familia como factor de control y educación de los niños y jóvenes; las consideraciones de tipo más afectivo; y también las razones económicas.