25 de Junio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

III. Prioridades políticas

La situación educativa de la región, que se caracteriza en el diagnóstico, está lejos de responder a las demandas de los nuevos escenarios nacionales e internacionales. Los gobiernos toman conciencia de que no basta elevar la calidad para unos pocos, sino que se debe ofrecer buena educación para todos. Esto implica aumentar la cobertura de la educación preescolar y fortalecer la equidad en la educación básica (Loera, 1995). Se actualizan, así, los principios de la Carta de la OEA, que señala que “la educación de los pueblos se debe orientar hacia la justicia, la libertad y la paz”. No basta desarrollar la habilidad de los jóvenes para razonar y para facilitar su contínuo autoaprendizaje, sino que asegurar su capacidad de seleccionar y usar la tecnología adecuada, para competir en un mercado global. No basta que unos pocos tengan acceso al mercado laboral, sino que todos logren los niveles mínimos para participar en el mercado de trabajo contemporáneo. La educación debe, también, fomentar una sociedad de ciudadanos activos, responsables y críticos (educación para la paz). Implica encontrar un equilibrio entre la “educación”, como desarrollo de un individuo capaz de crear junto con otros un entorno social adecuado para vivir, y la “formación”, entendida como la adquisición de habilidades y aptitudes prácticas de un individuo para su desarrollo personal.

Sin embargo, estas prioridades políticas de los gobiernos que quieren revertir la condición de países en desarrollo, no logran ser transformadas en estrategias eficientes. En parte porque muchos de los planificadores que asesoran a los ministros no tienen una formación académica que les permita usar los resultados de las investigaciones realizadas en la región y en el mundo (Schiefelbein et al, 1997). Pero también influye el que no se logre captar el interés del público para discutir el futuro de las escuelas públicas (Rose y Rapp, 1997). No se logra, entonces, generar el consenso que se necesita para impulsar cambios fundamentales en los procesos que ocurren en la sala de clases y en el rol del profesor (UNESCO/OREALC, 1996; Schultze-Kraft, 1997).

1. Educación de Calidad para Todos


La región debe asegurar niveles aceptables de calidad para todos, lo que implica entonces, equidad social y, por lo tanto, mayor estabilidad ciudadana y mayor productividad económica. Esta reforma comprende: (i) un aumento del acceso a escuelas preescolares (ya que en la Tabla 1 se ve que sólo el 23% de la población de 1 a 6 años de edad obtiene este beneficio), lo que involucra atención en la zona rural y la acción pública o el subsidio a la educación privada; (ii) ingreso oportuno a la educación básica pública y una atención personalizada y (iii) más tiempo disponible para aprender.

El cuidado y la educación de niños en la edad preescolar constituyen la base de cualquier política que busque promover la equidad (Delich, 1990). Una estimulación temprana favorece el desarrollo intelectual del niño y reduce el trauma del ingreso a la primaria, así como también ofrece a las madres la oportunidad de estudiar o trabajar. La atención implica evaluar la calidad de la enseñanza preescolar y seleccionar entre las diversas modalidades de atención (formal y no formal), tanto en enfoques pedagógicos, como en grados de participación de las madres y de la comunidad (Myers, 1995).

El ofrecer educación primaria a todos implica completar el acceso de ese 5% de la población de la cohorte de edad que todavía está marginado del sistema, pero también, hay que estimular el ingreso oportuno en el momento en que cumplen la edad de ingreso. El ingreso tardío y la baja calidad de la enseñanza primaria son las causas principales de los altos niveles de repitencia (y, eventualmente, de la deserción y del alto nivel de analfabetismo funcional o incapacidad de utilizar efectivamente los conocimientos de lecto-escritura y matemáticas). El uso efectivo de los conocimientos en la vida cotidiana es un requisito básico para ser un ciudadano funcional y productivo en la sociedad actual. Para ello es necesario mejorar el proceso educativo que ocurre en el aula y, así, redefinir la equidad de la educación en América Latina. Esto implica discriminación positiva para los sectores más pobres.

2. Educación e Inserción en el Empleo Productivo


La educación debe facilitar la capacidad del país para participar en un proceso de globalización de la economía y permitir a cada persona tener éxito en un mercado en que aumenta considerablemente la competencia por cada puesto de trabajo (incluyendo a personas de diversos países). Las personas que se incorporan anualmente al mercado laboral deben ahora entender lo que leen y ser capaces de comunicarse por escrito y realizar operaciones matemáticas simples, pues han alcanzado seis o más años de escolaridad. La educación, especialmente en el nivel secundario y superior, debe tener flexibilidad para optar (en el momento que sea adecuado) por cursos que faciliten el ingreso al mundo del trabajo. Esto implica cambiar la concepción enciclopedista y el predominio de una transmisión frontal de conocimientos desvinculados del sector productivo y, en cambio, desarrollar tanto un pensamiento racional y crítico en los alumnos como la capacidad de manejar información (Clinchy, 1996). El sistema pedagógico debe estimular al alumno a explorar sistemáticamente nuevas ideas, tomar riesgos intelectuales y autoimponerse tareas de largo alcance que puedan incluso tener resultados negativos (Meier, 1996) y ofrecer la oportunidad de generar nuevas actividades (Bertrand, 1997). Para lograr estos objetivos, es necesario adelantar esfuerzos para reformar el curriculum de la educación en el nivel secundario, como ya ocurre en varios países de la región. Las innovaciones en esa materia procuran integrar la formación académica y la capacitación técnica para hacerle frente a las exigencias del mundo tecnológico, que ya no adopta la tradicional dicotomía entre trabajo intelectual y trabajo manual (Corvalán-Vásquez, 1989).

3. Investigación, Tecnología y Universidad


Pese a que se reconoce la importancia de la investigación en ciencias y tecnología para el desarrollo de la región y su inserción competitiva en el ámbito internacional (Sander, 1996b; Haddad, 1997), se sigue poniendo mayor énfasis en la formación académica tradicional y en los conocimientos aceptados, en vez de promover la capacidad de adaptar teorías y aprender a innovar. Se debe evitar el uso de tecnologías desactualizadas, los textos obsoletos y una enseñanza frontal, donde el maestro sea la principal fuente de conocimiento (Schiefelbein, 1994), sino permitir una apertura a la modernidad y a los modos de expresión contemporáneos en el aula, para favorecer el crecimiento educativo y productivo de los docentes y de los estudiantes (Muñoz, 1990). Fortalecer los esfuerzos para que la informática modernice la educación secundaria, tanto en el aspecto administrativo como educativo y fomentar la realización y publicación de investigaciones, no sólo en las universidades públicas, sino en todas las instituciones del nivel superior en la región (Castro et al, 1996). Estos problemas son parte de un tema más amplio: la necesidad de impulsar el desarrollo de la ciencia y la tecnología (Mayorga, 1997), lo que supera el marco de este trabajo.

4. Educación para Superar la Pobreza y Elevar la Calidad de Vida


Niveles de educación adecuados facilitan la eliminación de la pobreza y el acceso a una calidad de vida que asegure la paz social. No parece haber un mecanismo más eficiente que la educación para combatir la pobreza extrema y asegurar el mayor crecimiento económico, el que se suele asociar con menores índices de inequidad (Birdsall, 1997; Kim, 1997; Psacharopoulos et al, 1997). El superar la pobreza y mejorar la calidad de vida implican tanto un respeto por la persona y el medio ambiente, como la capacidad de prever problemas de salud y de contribuir al bien común. Libertad política y equidad social son factores fundamentales para elevar la calidad de vida humana y superar la pobreza y la discriminación (Sander, 1990).

El superar el analfabetismo funcional y estimular el desarrollo intelectual, permitirá una fuerza laboral capacitada, una ciudadanía comprometida y conocedora de sus derechos y deberes sociales, y familias capaces de compartir esfuerzos y construir un proyecto común. Pero el diseño de un sistema de educación que ofrezca una educación de calidad para todos (con el porcentaje de recursos del PIB que el país puede dedicar razonablemente a la educación, de acuerdo a la experiencia de los países desarrollados), requiere de un verdadero acuerdo entre los principales líderes de opinión (Schultze-Kraft, 1997).

5. Educación para Construir una Democracia Permanente


Se requiere un gran consenso social para responder efectivamente a las nuevas demandas sociales: competir globalmente, construir la democracia, conservar el medio ambiente, promover la paz y los derechos humanos, mejorar la calidad de vida y responder a la velocidad del desarrollo de la tecnología, en especial la informática. Sólo grandes acuerdos nacionales permiten superar el lento cambio de las estructuras del proceso educativo (Carnoy y Castro, 1996). La educación debe preparar para votar de manera responsable; tolerar las opiniones diferentes; entender los asuntos políticos; estimular la participación; comprender las normas; conocer los líderes políticos y estar informado de la actividad política (Carvalho, 1997a).

En cada nivel de educación —incluso al formar en la educación superior, especialistas del más alto nivel académico— se tiene que valorar lo humanístico, es decir, enseñar a la gente para que se comprenda a sí misma y a los otros, y para comprender lo que ocurre a nivel mundial (Einstein, 1952). Lamentablemente los intentos para inculcar valores y corregir actitudes de los jóvenes se llevan a cabo en un contexto educativo frontal, donde el actor principal es el profesor y no el alumno, por lo que se niega a los jóvenes el derecho a participar en aprendizajes significativos. Tampoco se exhorta a los jóvenes a actuar correctamente, cuando se les cierra las puertas a una educación con opciones, no se les da perspectivas de trabajo y se les deja la calle como único centro de sus relaciones sociales. No se puede pedir a los jóvenes que respeten valores sociales que no tienen validez en la sala de clase, ni en la sociedad. Es tarea de la educación el ayudar a los jóvenes a evaluar críticamente y a compartir en pequeños grupos sus dudas y temores (que pueden generar violencia al no disiparlos). Las modalidades de enseñanza deben revertir el proceso gradual de obsolescencia curricular, que ofrecen a los estudiantes experiencias de aprendizaje cada vez más alejadas de las necesarias para desempeñarse en una sociedad moderna (CEPAL/UNESCO, 1992). En ese sentido, es importante estimular el trabajo en equipo, la utilización de las experiencias individuales en una atmósfera de creatividad y la preparación para el ejercicio de liderazgo, factor esencial para el desarrollo de proyectos innovadores (Carvahlo, 1997b).

6. Gestión de un Sistema Educacional Eficiente y Equitativo


Los cambios generados por la caída del muro de Berlín y los actuales modelos de desarrollo asignan un nuevo rol al Estado, que se refleja en una gestión centrada en: crear incentivos, estimular la innovación, establecer nuevos parámetros de acción y fomentar la descentralización gubernamental. El renacer democrático ha permitido criticar la rigidez e ineficiencia de los sistemas centralizados, comenzando un proceso de delegación de funciones, con mayor autonomía a nivel local y, por lo tanto, mayor participación de la comunidad, para lograr más eficiencia, recursos y calidad educativa (Aghón y Edling, 1997; Schaeffer, 1997; Winkler, 1997; Sander, 1996a y b). Hay que crear nuevos vínculos entre las decisiones políticas y la participación de los actores de la educación. Por lo tanto, estudiantes, padres y empleadores —que ahora están poco involucrados en la educación a nivel regional o a nivel de las escuelas (ECLAC/UNESCO, 1992)—tendrán que ser acogidos como actores activos del proceso educativo. El operar efectivamente un sistema descentralizado de manejo de la educación exige superar las deficiencias, a través de la profesionalización de los directivos de la educación, la supervisión de la gestión en cada escuela y del proceso de aprendizaje en la sala de clases. Esto permitirá reducir la corrupción observada en diversos países (“profesores fantasmas”, “planilleros” o “ñoquis”, nombramientos de amigos y parientes y el traslado de profesores a funciones no educativas). En relación a la educación superior, conviene recordar que su rápido crecimiento y diversificación ha generado presiones por controlar su desarrollo mediante organismos públicos. Esto debe ser examinado con cuidado, ya que es fácil que esos controles se transformen en una valla insalvable para la urgente innovación en este nivel.
 
Problemas de los Sistemas Educacionales de la Región y Sugerencias para el Cambio
Predominan modelos educacionales inadecuados.

Existe inequidad en cuanto a clase social, género y grupos étnicos.

Faltan actores que se responsabilicen por las fallas en el sistema o que puedan desarrollar e implementar nuevos modelos.

Se debe estimular la cooperación entre padres, maestros, líderes sindicales, líderes políticos y empresarios.

Hay que crear conceptos nacionales sobre el rol de la educación en una sociedad democrática a fin de compartir una "cultural educacional".

Es indispensable asignar a grupos locales, tanto el poder como los mecanismos para que implementen las reformas educacionales.

El sector privado puede y debe jugar un rol importante en la reforma educacional, pues este sector es el que más se beneficia con una población educada y el que más pierde cuando sus trabajadores no tienen una adecuada competencia.

La centralización puede ser perjudicial para la creación de modelos educacionales variados y para lograr el apoyo y participación locales.

Las organizaciones multinacionales, tipo ONGs, y el sector privado deben colaborar estrechamente para crear políticas complementarias y mecanismos para compartir estrategias y modelos exitosos.

El cambio positivo e innovaciones son difíciles, pero factibles, ya que se ha logrado en algunos países.

Fuente: de Cerreño, A. and C. Pyle (1996). "Educational Reform in Latin America." Studies Department. Occasional Paper  Series No. 1. Council on Foreign Relations. New York, U.S.A.

7. Financiamiento de la Educación Compartido por el Sector Público y Privado


No es equitativo entregar recursos públicos a los alumnos de niveles socioeconómicos más altos. Por el contrario, es necesario focalizar los recursos públicos en los que tienen más necesidades escolares, que son precisamente los alumnos de familias de bajos recursos económicos. Pero ese aumento de recursos no se puede destinar a hacer más de lo mismo, sino a mejorar sustancialmente los resultados académicos del sistema educativo y a completar la cobertura. La baja eficiencia del sistema manifestada en bajos logros de aprendizaje y en una alta repetición lleva a concluir, que es necesario utilizar mejor los recursos de que se dispone, impulsando programas bien evaluados que aseguren acciones innovadoras exitosas a nivel del aula, por ejemplo, cambiando el rol del profesor y generando experiencias de aprendizaje activas, personalizadas y grupales (Thomas y Shaw, 1992; UNESCO/OREALC, 1996). Sin embargo, también hay necesidad de disponer de mayores recursos para: expandir la educación preescolar (Myers, 1995), aumentar el número de horas para aprender en la educación primaria, secundaria y el tiempo real de trabajo, y aumentar la investigación científico-tecnológica.