18 de Junio de 2018
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La Educación
Número: (126-128) I,III
Año: 1997

I. Educación y el escenario nacional e internacional

Los Presidentes y Jefes de Estado, los empresarios, los partidos políticos y los medios de comunicación asignan hoy prioridad a la educación en América Latina y el Caribe. Este consenso surge de la percepción de una profunda brecha entre las necesidades de la sociedad y lo que ofrecen los sistemas educativos de la región, a pesar de los progresos evidentes alcanzados hasta ahora. Un elemento determinante de la brecha es la globalización. Si bien ofrece diversas oportunidades a la región, su aprovechamiento implica mejorar la educación para maximizar los beneficios que ofrece (CEPAL/UNESCO, 1992; McGinn 1997a). Aunque se disponga hoy de una educación primaria casi universal, existen problemas de calidad y equidad que no requieren solamente mayores recursos, sino de acciones que cambien los procesos que ocurren en las aulas de cada uno de los niveles del sistema educativo incluyendo la preparación para ingresar a la educación primaria.

Los nuevos modelos de desarrollo centrados en la competencia económica internacional, la estabilidad política y la seguridad personal, que emergen en los años 90, dependen principalmente de la inteligencia y conocimiento del ser humano y de su distribución equitativa (Thurow, 1996; Birdsall, 1997). Estos aspectos coinciden, además, con las actuales demandas políticas, sociales y culturales. Por lo tanto, para acceder a los beneficios de la sociedad moderna, la educación actual debe formar ciudadanos autónomos, informados, responsables y tolerantes; con el conocimiento, valores y habilidades para crear innovaciones tecnológicas; con la habilidad de razonar y la capacidad de aprender por su propia cuenta y con creatividad cultural y artística. Esto exige un cambio del rol del maestro, más tiempo para aprender sistemáticamente y materiales que permitan generar situaciones de aprendizaje pertinentes.

Los medios de comunicación destacan, que la educación no es sólo un tema de actualidad, sino una prioridad política, económica y social para los gobiernos y la sociedad como un todo. Esto se ha reflejado en las Recomendaciones de las Cumbres Hemisféricas de Presidentes y Jefes de Estado de Miami (1994) y de Santa Cruz de la Sierra (1996) y en la agenda de la próxima Reunión de Santiago (1998), donde se asigna a la educación un rol importante (Gajardo y de Andraca, 1997a). También se encuentra en las Declaraciones de las seis primeras Cumbres de Jefes de Estado de la Comunidad Iberoamericana de Naciones. La Cumbre de Guadalajara (1991), reconocía la educación, como principal vía para lograr el éxito en la inserción internacional; la de Madrid (1992), subrayó que “el conocimiento es el gran capital del siglo XX”; la de Salvador de Bahía (1993), recomendó la inversión en educación, salud y seguridad social; la de Cartagena de Indias (1994), consideró la educación como área clave para lograr un desarrollo con equidad; la de San Carlos de Bariloche (1995), declaró que la educación es fundamental tanto para el desarrollo económico como para el acceso al empleo y la de Santiago (1996), propuso aunar esfuerzos para impulsar la educación.

La necesidad de una reforma educacional también ha sido destacada por los encargados de promover el actual sistema económico (Edwards, 1997). En 1990, en la Asamblea de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), los Ministros de Economía de la región optaron por el modelo de “transformación productiva con equidad” para revertir los históricos patrones de desarrollo, impulsando así la productividad, a través del progreso técnico y facilitando la convergencia entre competitividad y sustentabilidad social (CEPAL, 1990). Posteriormente, en su reunión de 1992, los Ministros de Economía reconocieron que el desfase entre educación y conocimiento compromete posibles avances en el proceso de desarrollo y sugirieron redoblar los esfuerzos para transformar la educación y capacitación y para incrementar el potencial científico tecnológico con miras a la formación de una ciudadanía vinculada a la democracia, la equidad y la competitividad internacional (Londoño, 1995; CEPAL/UNESCO, 1992).

Los especialistas del ámbito social reconocen también el rol fundamental de la educación. En la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social (Copenhague, 1995), se consideró que, para facilitar la lucha contra el círculo vicioso de la pobreza y el fracaso escolar de los hijos, para fomentar la integración social y para aumentar el empleo productivo, era necesario preocuparse de la educación de los padres y particularmente de las madres. Declaraciones similares se han formulado en las recientes conferencias sobre la mujer (1995), la población (1994) y el medio ambiente (1992).

En resumen, el consenso en América Latina y el Caribe sobre la urgencia que tiene el mejorar la educación surge de la necesidad de desarrollo de la región. Se necesita mejorar la educación tanto para una efectiva inserción política y económica en el ámbito internacional, como para superar la pobreza extrema; la baja productividad; las grandes desigualdades de ingresos; la marginación; la inequidad social, racial, étnica y de género y la violencia social. Es una buena educación la que permite lograr una fuerza de trabajo bien capacitada y una comunidad de ciudadanos bien informados y responsables. Como lo afirmó la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social, si la distribución de la educación asegura una equidad social, se evita que la estructura social se desintegre y facilita una tolerancia política, lo cual crea un clima favorable para las inversiones y para el progreso social y cultural (Copenhague, 1995).

Un breve análisis de los principales aspectos de la actividad social, que requieren cambios en la calidad de la educación ofrecida en la región, permite identificar las demandas específicas por mejor educación.

1. Aspecto Político


La región terminó en los años 80 con casi todos los regímenes autoritarios y en los años 90 se avanza, casi sin excepciones, en el proceso de consolidación democrática y en la construcción de consensos para la elaboración de políticas a largo plazo. Varios países han establecido, con una amplia participación de los actores sociales, acuerdos duraderos con propuestas efectivas y equitativas (UNESCO, 1996b). Se multiplican las consultas directas mediante plebiscitos, pero hay un abierto cuestionamiento a los partidos políticos y una aparente falta de interés de la juventud en la construcción de una sociedad que garantice una democracia efectiva, el respeto a los derechos humanos y la búsqueda de la equidad y la paz. Por su parte, los presidentes de las instituciones legislativas de la región están preocupados por el “debilitamiento de las funciones del Parlamento” (Encuentro de Presidentes, 1997). También se cuestionan los tribunales de justicia. Hay consenso en que falta conocer mejor la labor y posibilidad de estas instituciones y que todos participen e influyan en el intercambio de ideas y razones que fundamentan las decisiones públicas en un ambiente democrático (Thesing, 1997), pues un país que debate y analiza es un país vivo (Correa, 1997).

Esta situación sugiere que la educación debería: estimular ciudadanos dispuestos a participar de manera informada y activa en la práctica democrática, despertar el potencial creativo de los habitantes de la región y asegurar tanto una actitud crítica ante la información y los medios masivos de comunicación, como una capacidad de construir consensos o compromisos razonables. Así, la educación puede contribuir a que la ciudadanía desempeñe un rol protagónico en las decisiones públicas.

2. Aspecto Económico y Laboral


Hasta el momento la región ha aumentado el nivel de educación de su fuerza de trabajo con menor velocidad que los países del Sudeste de Asia (Gráfico 1). Los actuales modelos económicos de América Latina y el Caribe han permitido a varios países experimentar un rápido crecimiento económico, que se podría frenar al no mejorar la calidad de sus recursos humanos y la equidad de su distribución (Birdsall, Ross y Sabot, 1995; Kim, 1997). El nuevo modelo de desarrollo se basa en la apertura de las economías nacioales a la competencia internacional, la mantención de los equilibrios macroeconómicos, la inversión extranjera, la liberalización de las economías y de los mercados laborales, la innovación tecnológica y la creación de la capacidad nacional para mantener la competitividad del país (CEPAL, 1992; Tokman, 1995, Castro, 1997b). Pero las industrias basadas en la capacidad intelectual no tienen una ubicación geográfica naturalmente predeterminada (Thurow, 1996). Por lo tanto hay que lograr que las decisiones de las empresas tradicionales maximicen las oportunidades de los países de América Latina y el Caribe. Es decir, el desarrollo y la competitividad alcanzados con este tipo de modelo económico, dependerá en gran medida de los niveles de eficiencia de cada unidad de producción y del poder de decisión en cada nivel de la organización (Tedesco, 1996). En pocas palabras, el desarrollo dependerá de recursos humanos mejor preparados y equitativamente distribuidos, capaces de: adaptarse a los cambios tecnológicos; reconocer y absorber nueva información y métodos; actuar efectivamente en forma autónoma, pero preparados para trabajar en equipos que analizan y ponen en práctica nuevas maneras de organizar funciones y tareas (círculos de calidad), más que manejar conocimientos memorizados y dominar destrezas específicas que se vuelven obsoletas (Rojas, 1997).

GRÁFICO 1


Fuente: Londono (1996). "Poverty, Inequality and Human Capital Development in Latin America".

Los sistemas educativos deben realizar un esfuerzo para responder a estas demandas asociadas al mundo del trabajo y a una economía internacionalmente competitiva (Levinson, 1995). La adecuada inserción en la economía mundial implica una fuerza laboral capaz de actuar con una productividad similar, o mayor que la de los países desarrollados y la sociedad debe internalizar valores que faciliten el confiar en los compromisos. La productividad ha contribuído muy poco a la economía de la región (Rojas, 1997) y por ahora la brecha con el nivel internacional es muy grande (Cuadro 1).

Cuadro 1

La educación tiene un papel que jugar para cambiar esta tendencia. Al analizar las posibles soluciones hay que tomar en cuenta el nuevo debate que ya se inicia en los países desarrollados, sobre la respuesta de la educación a los nuevos desafíos planteados por la sociedad que emerge en el siglo XXI.

3. Aspecto Social

El aprovechamiento de los recursos y el desarrollo que ha impulsado el nuevo modelo económico no ha mejorado la equidad social necesaria para un desarrollo estable (Birdsall y Jaspersen, 1997; CEPAL, 1995). Durante los años 1990-1994, el 40% más pobre de la población captó entre el 10 y el 22% de los ingresos. En cambio, el 10% más rico de la región obtuvo entre el 26 y 42%. (CEPAL, 1995). El “aumento de ingreso per capita” no ha sido capaz de resolver desequilibrios sociales, que se manifiestan tanto en los países industrializados como en los que están en vías de desarrollo, tales como: extrema pobreza, drogadicción, violencia (doméstica y social), contaminación y deterioro ecológico. Tampoco se ha logrado hasta ahora eliminar la pobreza extrema, aminorar la desigualdad de ingresos, prevenir pandemias como el SIDA, cólera y tuberculosis o solucionar el embarazo precoz.

Una oportuna inversión en educación básica y secundaria, implica un menor costo a largo plazo y, a la vez, aporta mayores beneficios a la sociedad, que las inversiones que se realizan para compensar las falencias educativas de quienes se incorporan al mundo del trabajo (Psacharopoulos, 1997). Los programas compensatorios de educación de adultos implican entre un 1,5 hasta 5 veces el valor que cuestan cuatro años de enseñanza secundaria normales (CEPAL, 1995). Además las políticas sociales actuales reconocen que la educación es uno de los factores importantes para superar  problemas de criminalidad y exclusión social a costos razonables (Psacharopoulos et al, 1997).

4. Aspecto Tecnológico


El sistema de aprendizaje de las empresas constituye su única ventaja competitiva sustentable. El rápido crecimiento tecnológico exige la capacidad de aprender durante toda la vida y de adaptarse al cambio. La revolución científica y tecnológica se basa en un permanente descubrimiento de procesos, que generan constantemente conocimientos obsoletos. Es por esto que el actual proceso de enseñanza, basado esencialmente en el traspaso y acumulación de conocimientos, no responde a este momento histórico. Más que memorizar conocimientos y dominar destrezas específicas, hay que aplicarlos en situaciones inesperadas (Gráfico 2), adaptarse a los continuos cambios tecnológicos, adoptar nuevos métodos, organizar nuevas funciones y tareas, y estar siempre abierto a aprender nueva información e ideas (Haddad, 1997). El perfil del nuevo trabajador de la industria moderna incluye la capacidad de tomar iniciativas, asumir responsabilidades y ser reentrenado para utilizar herramientas sofisticadas e inteligentes (Barbee, 1992).

A fin de preparar a las personas para responder a estos nuevos desafíos, el sistema educacional debe “enseñar a aprender a aprender” (Thomas y Shaw, 1992; Delors, 1996), generar capacidad para recuperar información disponible en diversos sistemas de acumulación de datos, aprender a identificar opciones y a tomar decisiones. Se deben incrementar, además, los programas de reconversión y las oportunidades para completar la formación en diversos períodos de la vida.

GRÁFICO 2

5. Nuevo Rol del Estado


Los nuevos modelos de desarrollo y la consolidación de los regímenes democráticos están generando cambios sustantivos en el papel del Estado y de la institucionalidad pública. El rol de los gobiernos nacionales también se ve directamente afectado por el papel que cumplen las empresas transnacionales en el nuevo modelo de desarrollo a nivel mundial (Thurow, 1996). La acción del Estado ha pasado desde un rol protagónico central como ejecutor o productor económico, a uno de crear incentivos, estimular las innovaciones, establecer normas y garantizar condiciones de real equidad (Braslavsky, 1997). Los ejes principales de esta reforma institucional son la integración nacional y la descentralización (CEPAL/UNESCO, 1992). Estos ejes exigen autonomía y creatividad de la gestión para asegurar el éxito de este nuevo rol del Estado. Estos cambios pueden generar tensiones en la relación del gobierno con sus electores y pueden disminuir la efectividad política institucional del Estado. Por esto se hace evidente la necesidad de fortalecer mecanismos de participación que aseguren la gobernabilidad de los países.

En el caso de la educación, se requiere una mayor participación de los diversos actores en las estructuras administrativas del sistema educativo, tanto en los ministerios centrales como en los regionales y, evidentemente, en la escuela y en la sala de clases (Delors, 1996). Los padres, que hasta ahora no han estado suficientemente organizados, tienen que disponer de canales y mecanismos de expresión y participación en el proceso educativo. Por encima de todo, la escuela debe ser el espacio que, por excelencia, estimule la participación y la toma de decisiones pertinentes de la comunidad educativa (Noddings, 1996; Sander, 1996a), lo que constituye un desafío a los currículos rígidos y a los procesos educativos autoritarios tradicionales.

6. Nuevo Rol de la Familia


La organización de la familia ha cambiado drásticamente, por factores tales como: (i) reducción del núcleo familiar y existencia de un considerable número de hogares con un sólo padre (que generalmente es mujer); (ii) aumento del tiempo que se emplea en transporte urbano; (iii) invasión audiovisual del hogar a través de la televisión —que disminuye el tiempo para la interacción personal y a menudo degrada los valores y estándares tradicionales de la familia; (iv) evolución (o mutación) de los tradicionales roles masculino de generación de ingresos y femenino de tareas domésticas (v) y mayor acceso al crédito de consumo. Como consecuencia, existe un menor número de adultos en el hogar que pueden cuidar a los niños, apoyarlos en las tareas y actividades escolares y, en cambio, los niños tienen más tiempo para permanecer en las calles.

Estos cambios generan demandas de cobertura a la educación, capacidad de usar el crédito de consumo, una mayor capacidad para seleccionar alternativas de uso del tiempo libre y una consistencia entre las normas escolares y familiares. El que los niños deban permanecer más tiempo en la escuela, donde se les puede supervisar las tareas y asistir en sus necesidades de interacción personal y social mientras sus padres trabajan, tiene un gran impacto en los recursos necesarios para la educación.

7. Demografía y Medio Ambiente


El menor crecimiento demográfico actual facilita una discriminación positiva (para atender a los más pobres). Asimismo, permite disponer de una mayor cantidad de recursos por alumno. Las menores tasas de crecimiento de la población joven (observadas en la última década (CELADE, 1992), han facilitado el acceso universal a la educación primaria y han generado un círculo positivo de desarrollo: hay más espacio escolar para que los niños asistan a la escuela y más materiales para que aprendan (al reducirse el ritmo del proceso de migración a áreas urbanas ya no hay que construir nuevas salas en esas zonas al quedar capacidad ociosa en las rurales), además, es posible atender ahora los problemas de calidad. Sin embargo, la población envejece y se desplaza (Thurow, 1996) y en algún momento crecerá la presión por atender a personas de la tercera edad.

Se espera que una educación de calidad, tanto para mujeres, como para hombres y grupos vulnerables, pueda prevenir el embarazo no deseado en los sectores más pobres y controlar así otro factor de presión demográfica. También podría facilitar la prevención de enfermedades para mejorar la calidad de vida útil y reducir los costos de atención médica. Como lo señala la Conferencia sobre Medio Ambiente (Río de Janeiro, 1993), la educación ambiental permitirá aumentar el interés por el medio ambiente (como elemento del bien común) y facilitará la adopción de medidas que resguarden un desarrollo sustentable. A través de la educación ambiental, la ciudadanía puede cambiar su actitud y sus prácticas frente a su entorno natural. Las experiencias existentes revelan que los programas más efectivos adoptan un enfoque local orientado hacia la solución de problemas concretos (Edwards, 1993).

8. Aspecto Cultural


Nuestros actuales modelos de desarrollo pueden fracasar por un deficiente reconocimiento de las complejidades culturales y étnicas. Si bien no hay evidencias empíricas, hay indicios que los fracasos en esa materia pueden desencadenar violentos conflictos. Es así como las culturas que conviven en la región luchan, a veces con altos costos, por preservar las características que definen su identidad y, en algunos países, existen indicios de una creciente intolerancia intercultural y xenofobia. Existe la urgente necesidad de crear nuevas formas de cooperación, de compartir ideas y lograr una mejor comprensión y respeto por las diferencias individuales, sociales y culturales (Pérez de Cuellar, 1996). Una preocupación clave en esta materia tiene que ver con el tipo de competitividad que la educación puede promover sin comprometer las identidades culturales y el valor genuino de la convivencia humana colectiva. Los altos niveles actuales de autoritarismo en la educación, que son el resultado del predominio del modelo frontal de enseñanza y la prevalencia de instituciones autoritarias y verticales en la sociedad en general, hacen difícil responder a estas demandas. Los pobres resultados en comprensión de lectura limitan el amor e interés por la lectura y la capacidad para entenderse como personas o interactuar con los otros, pues una persona que no lee cierra sus ventanas al mundo. La lectura y el manejo de la información son elementos claves para una inserción responsable en la sociedad, tanto a nivel nacional como en el ámbito internacional.

La educación debe dar un tratamiento adecuado a todos los grupos minoritarios y estimular los principios de pluralismo, tolerancia, respeto y aceptación a la diversidad (Delors, 1996), para establecer relaciones armoniosas entre los diferentes grupos de cada país y con los demás países. La educación debe estimular un diálogo entre las culturas y valorizar la diversidad cultural, a través de aprendizajes pertinentes con contenidos motivadores y contextualizados (Mayor e Iglesias, 1995). El trabajo en grupos facilita el generar un verdadero respeto por los demás miembros del grupo y el aprender a lograr compromisos que tomen en cuenta los distintos puntos de vista (Pratt, 1989; Veenman, 1995).

9. Aspecto Moral


El nuevo modelo de desarrollo estimula la competitividad de conocimientos y de habilidades para participar activamente en la vida pública, pero también exige probidad pública, seguridad personal y confianza en las relaciones contractuales, tanto a nivel nacional como internacional. El desarrollo permite esperar una vida mejor, pero también podría afectar la paz, en la medida que las contradicciones, equívocos y desafíos generan duda, confusión y conflicto social.

Para resolver estos conflictos potenciales, la sociedad exige un nuevo tipo de educación, en la que se forme personas capaces de contribuir al desarrollo y fortalecer la paz, en la medida que puedan cumplir roles más complejos en el quehacer cotidiano. La educación debe preparar para escuchar y, posteriormente, presentar organizadamente argumentos y desafiar —sin violencia o fuerza bruta— afirmaciones sin fundamentos. La educación también debe facilitar la comunicación mediante diversos lenguajes y códigos de la sociedad, gracias a una valorización de los procesos históricos que condicionan dichos lenguajes y códigos. La “educación para la paz”, prioriza la tolerancia, el trabajo cooperativo y la comprensión, ya que estos factores favorecen la capacidad moral de hacer justicia (UNESCO, 1996b).

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Desafíos Nacionales e Internacionales que los Cambios Sociales presentan a la Educación Pública e indicadores que contribuyen a Diagnosticar
si las Escuelas responden efectivamente a ellos

Desafíos de la Sociedad

Político: Enseñar una comprensión cívica e histórica de la experiencia del país y Latinoamérica y del rol que les compete como actores activos (no pasivos) de nuestra sociedad. Preparar al alumno para que participe plenamente en la actividad democrática, como un ciudadano que contribuye con su comunidad y sociedad.

Económico: Ayudar al alumno a dominar aptitudes y talentos intelectuales básicos, para que tengan las herramientas que le permitan acceder a un trabajo y a una vida de calidad.

Social: Ayudar a los individuos a lograr una autonomía económica, proveer oportunidades educativas equitativas y crear una atmósfera segura, positiva y saludable para aprender.

Tecnológico: Facilitar la capacidad de recombinar elementos y enseñar aptitudes tecnológicas de punta en materia de comunicación.

Demográfico: Enseñar a todos los jóvenes, independientemente de sus capacidades, las aptitudes necesarias para tomar decisiones responsables.

Cultural: Crear personas que aprendan durante toda la vida, para una diversidad cultural y social.
Indicadores para evaluar la respuesta de la Educación

Participación en los servicios comunales y en elecciones (tasa de abstención), nivel de empleo (cesantía), índice de crímenes juveniles, número de crímenes violentos, individuos atendidos por asistencia pública, individuos inscritos en educación permanente, nivel de encarcelamiento y evaluaciones cívicas.

Pruebas estandarizadas de rendimiento, grados universitarios, ingreso per cápita, pruebas de habilidades previas y posteriores, evaluaciones de aptitudes básicas que sean culturalmente equitativas y normadas a nivel nacional, índice de graduación, índice de empleo, índice de escolarización, evaluación de académicos por parte de los alumnos, pruebas para ingresar al mundo laboral, índice de participación estudiantil.

Número de individuos que reciben asistencia (ayuda) social del gobierno, índice de empleo, índice de pobreza, ingreso per cápita, cuentas de ahorro, fondos de becas para asegurar equidad, número de personas que buscan capacitación, índice de escolarización, índice de matriculados en educación superior, índice de graduación, índice de deserción, perfil del maestro, puntaje en pruebas evaluativas, participación de los padres, número de incidentes conflictivos en las escuelas, vandalismo, número de servicios de seguridad usados en las escuelas.

Pruebas computacionales, número de computadores en las salas de clases, uso de experimentos y construcción de conocimientos, realización de proyectos.

Indice de embarazo precoz, índices de enfermedades de transmisión sexual, índice de mortalidad, índice de abusos.

Participación en actividades culturales, número de actividades culturales locales, voluntariado, donaciones de caridad.

Fuente: Stunard, E. Arthur (1997). "The Chicago Forum at the DeVry Institute of Technology. Results of the Forum". Kappan;Vol.78; No.10; pp.774-776.

En resumen, las demandas educativas generadas en las nueve dimensiones sociales, comentadas en este capítulo, no encuentran una respuesta adecuada en los sistemas de educación de América Latina y el Caribe. Las políticas tradicionales de mejoramiento de la educación centradas en la extensión de la cobertura nacional, son insuficientes.

En resumen, las demandas educativas generadas en las nueve dimensiones sociales, comentadas en este capítulo, no encuentran una respuesta adecuada en los sistemas de educación de América Latina y el Caribe. Las políticas tradicionales de mejoramiento de la educación centradas en la extensión de la cobertura nacional, son insuficientes.

La educación debería cambiar sus actuales patrones de acción, generando: autonomía intelectual y libertad personal; capacidad de analizar y elegir opciones, de argumentar sin usar la fuerza y de comprenderse a si mismo y a los otros; no buscar docilidad, obediencia y conformismo, sino respetar y valorizar la diversidad. Estos objetivos no se logran dentro del sistema educacional existente, por ser una “pedagogía bancaria” como la llama Paulo Freire, porque solo se limita a “transmitir o depositar conocimientos” a todo un curso. Hay que superar los programas rígidos que no toman en cuenta las necesidades individuales de los alumnos (Moraes, 1997); hay que reeducar a los profesores que se dirigen al alumno “promedio” y que solamente evalúan la capacidad de recordar hechos o que exigen el silencio de los alumnos para que se escuche al profesor y no se aceptan discrepancias de opinión (Schiefelbein, 1997c). Lo que la educación de hoy debe otorgar a los alumnos es la posibilidad de “construir el conocimiento a través de la actividad personal y, también, grupal”, porque sólo así se llega al trabajo cooperativo que requiere la empresa moderna (círculos de calidad), la comprensión de ambientes multiculturales y, finalmente, a la tolerancia y al respeto a las personas con quienes se convive (De Vries, 1987). Es posible tener éxito en la medida que se logren consensos nacionales, tal como se han superado desafíos similares en el pasado (Pangle y Pangle, 1993). Sin embargo, para lograrlo se necesitan personas capaces de analizar las grandes tendencias del cambio, más que los detalles del diario vivir (Farrell, 1997a).