21 de Septiembre de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección:
La Educación
Número: (123-125) I,III
Año: 1996

IN MEMORIAM
UN TRIBUTO A ELOÍSA GARCÍA ETCHEGOYHEN DE LORENZO
Fallecida el 29 de enero de 1996 en Montevideo, Uruguay

Eloisa123.JPG (20869 bytes)

Cuatro días antes de su muerte, en el Aeropuerto de Ezeiza de paso hacia Montevideo, regresando de Madrid donde había recibido el Premio Reina Sofía, Eloísa me explicaba algunas innovaciones educacionales desarrolladas actualmente en España y que, por responder a ciertas necesidades de los minusválidos latinoamericanos, ella sostenía que habría que promoverlas en América Latina. Cansada por el viaje y el esfuerzo de los actos en su homenaje, elegante y brillante en la expresión como siempre, ensombrecida su franca sonrisa por premoniciones que a esa altura eran certezas, tenía clara conciencia de que no sería ella quien podría concretar esa tarea, pero continuaba convencida del valor de su siembra.

Esa mañana, cuando se iba en la silla de ruedas que debieron proveerle, concientes ambos de que esa era la última despedida, comprendí que en la conversación recién terminada podría resumirse lo más valioso de la vida pública de Eloísa García Etchegoyhen de Lorenzo, la más importante, sin duda, especialista en Educación Especial de la Región, requerida por todos los países, colmada de honores y reconocimientos internacionales, maestra siempre, pero sobre todo intermediaria permanente entre las necesidades educativas de los minusválidos y las mejores realizaciones del mundo para atenderlas.

UN LARGO, RICO ITINERARIO

Los años de formación y su permanente actualización

Proveniente de una distinguida familia de la burguesía uruguaya, María Eloísa García Etchegoyhen comenzó su carrera en la educación a los veinte años desempeñando un sencillo cargo de maestra rural, en la localidad de Isla Patrulla, en pleno campo de su Uruguay natal. Esa experiencia fue el comienzo de una vida de descubrimiento; la población rural, con su pobreza y su confianza en la educación, le muestra en vivo el rol de la escuela pública como instrumento de progreso social para los grupos populares, tema al que dedicaría toda su vida. En la soledad del medio rural, también percibe la incidencia de la familia en el aprovechamiento escolar de sus hijos y muy especialmente, descubre la problemática de los “atípicos” entre sus alumnos, aquellos que más necesitaban de su esfuerzo y para los cuales su querida escuela Normal no le había proporcionado muchas herramientas. Con ese bagaje de experiencias vuelve a Montevideo donde comienza su largo camino de especialización.

En 1944 obtiene, en el Instituto Normal de Montevideo, su título de Maestra especializada en niños atípicos; luego en 1948, ya en la Universidad de Michigan, el Master en Psicología Clínica con especialización en Educación Especial y Preescolar, Intervención y Estimulación temprana. Mientras tanto, en su país trabajó desde 1945 hasta 1952 con el Dr. Emilio Mira y López en el Laboratorio de Psicopedagogía en una investigación sobre “casos marginales”, por la que se le otorga un Certificado académico y también la autorización para trabajar en Orientación Profesional de Escolares. Antes de graduarse con el Master en Michigan trabaja en el New Jersey State Hospital en Marlboro (1945-1946) y en el Instituto Internacional de Educación (1945-1947) por lo que se le extiende un Certificado de estudios tendientes a la Maestría sobre Higiene Mental y Organización de Servicios para niños “anormales”. Luego participa de programas de estudio y trabajo en la University of Michigan, en The Cove Schools y en The Institute of General Semantics en 1946 y 1947. En 1950, ya con su diploma de Magister, sigue en Montevideo Cursos de Psicología en la Facultad de Humanidades de la República y no es hasta 1973 que regresa como alumna en Cursos sobre Salud del Escolar en la University of Miami y en 1981 participa en investigaciones sobre salud infantil en el National Institute of Mental Health de EE.UU.

Estos son los estudios sistemáticos y las investigaciones que Eloísa efectuó en instituciones académicas de su país y de EEUU, pero sería un error pensar que solamente con ellos organizó el marco teórico y metodológico que guió y fundamentó su acción. Sin duda, de los estudios indicados extrajo una base conceptual, pero ésta se fue renovando, a veces descartando y siempre enriqueciendo mediante la confrontación con las observaciones de la realidad, que le permitieron sus continuos trabajos en diferentes países y la frecuentación sistemática de la bibliografía europea, norteamericana y latinoamericana más actualizada. Como producto de esa interrelación teoría-práctica, llegó a tener un marco conceptual interdisciplinario con específicas referencias a investigaciones y programas, fundamento valiosísimo de su acción de asesoramiento internacional.

La educación pública uruguaya:  Anclaje e inspiración


Después de su primera experiencia como maestra rural en Isla Patrulla se sucede, con intervalos de estudios en el exterior, una larga y rica carrera de servicios prestados a la educación de la niñez y los minusválidos de su país. Citemos los más importantes: Directora de Escuelas para Niños Atípicos (1949-1967), título obtenido por concurso de oposición y que ejerció en la Escuela de Recuperación Psíquica Nº1 de Montevideo, profesora titular de las cátedras de Psicología Diferencial y de Didáctica en el Instituto Magisterial Superior (1949-1967). En los mismos años, otorgando ya gran importancia a la actualización de los profesionales en servicio, dicta cursos de Psicología en la Escuela Universitaria de Enfermería, perfecciona a los profesionales del Servicio Social desde las cátedras de Psicología y Relaciones Humanas y organiza cursos y seminarios de especialización en tratamiento de niños con retardo mental destinados a docentes y otros profesionales de los servicios oficiales.

Pero un área de trabajo que nunca abandonó, ni siquiera cuando ya ocupaba los lugares más destacados de prestigio internacional, fue la formación y perfeccionamiento de los docentes, desde las cátedras en el Instituto Normal de Montevideo en el que dictó Didáctica, Filosofía y Psicopedagogía o mediante la organización y dictado de cursos de especialización para la enseñanza de niños con dificultades de aprendizaje, problemas de conducta y atípicos en general.

La educación pública uruguaya fue en la vida personal y profesional de Eloísa mucho más que un campo de trabajo. Ancló en ella para zarpar mil veces sin abandonarla nunca, porque sus experiencias fundacionales las hizo en su país y porque le dolían sus problemas, sus limitaciones, pero, a la vez le enorgullecía el potencial de sus docentes, la tradición progresista de sus instituciones fundamentales. La concepción democrática, científica, laicista y gratuita que comportan el ideal vareliano —el de Juan Pedro Varela el gran reformador de la educación uruguaya— fue el núcleo en que se formó y aunque la evolución de las ideas sociales y políticas, así como el respeto a las filosofías de otros sistemas educativos flexibilizó sus propuestas, se mantuvo siempre fiel a las exigencias de equidad y progreso social que el sistema educativo uruguayo recibe de su sociedad civil. Ese perfil iluminista, racionalista y liberal de la educación, se completaba con la propia exigencia de vivirlo como una limitancia, es decir, sentir que vale la pena entregar lo mejor de la vida en una acción ordenada al mejoramiento de los sistemas educativos públicos para que éstos logren ser, en los hechos, instrumentos eficientes de formación de su ciudadanía y promoción social de sus pueblos.

Sus años de cooperación técnica internacional


Eloísa tuvo su primera exposición sistemática a la problemática educativa internacional, es casi seguro, en 1948, cuando participó del programa de internos de las Naciones Unidas, para el que presentó un trabajo sobre “Educación para una Sociedad Mundial” y la enseñanza sobre la ONU y sus Agencias Especializadas. Luego, en los medios universitarios de Michigan, New Jersey y Miami pudo frecuentar autores de todo el mundo y las realidades educativas de sus países al compartir los estudios con becarios de otras latitudes. No obstante, seguramente fue su ingreso al Sistema de la Organización de Estados Americanos, en el Instituto Interamericano del Niño (IIN) en 1966, lo que le posibilitó, no sólo conocer profundamente la dolorosa y desafiante situación educativa del continente, sino influir positivamente sobre ella.

Decir que Eloísa fue Jefe de la Unidad de Educación Especial y Preescolar del IIN desde 1966 hasta 1986 no expresa acabadamente lo que ello significó para la educación del continente, para el IIN y para su vida personal y profesional. Eloísa fue designada en el Instituto como especialista, asignándosele a su trabajo un magro presupuesto, siempre insuficiente, más un apoyo secretarial. Ella no necesitó más, para cubrir con su responsabilidad profesional, creatividad y dinamismo todo el Continente, especialmente los países con menor desarrollo educativo. Además, se dio tiempo para ascender hasta el escalón más alto del escalafón profesional de la OEA.

En la entrada del IIN, hasta hace poco, había un mapa de América Latina y el Caribe en el que se señalaban con alfileres de diferentes colores las actividades de los distintos programas del Instituto, lo que indicaba la cobertura geográfica de cada uno. Observando en los años de su trabajo aquel mapa, cualquier visitante pudo suponer que la Unidad de Educación estaba formada por un plural equipo de profesionales y apoyada por un generoso presupuesto. La verdad era otra, Eloísa era la única profesional de la Unidad, con la ayuda temporal, en los países, de algunos pocos jóvenes especialistas cedidos por instituciones extranjeras gracias a sus múltiples vinculaciones. Otro recurso bien utilizado era la cooperación de instituciones de excelencia de la Región o externas a ella, que cooperaban solidariamente en apoyo de las acciones de la Unidad. Todo recurso ayudaba para atender las múltiples solicitudes de cooperación, coordinado con precisión y exigiéndose al máximo.

Esta etapa del IIN es la de sus grandes realizaciones; la de Eloísa “prendida” de un teléfono recibiendo solicitudes, organizando actividades, viajando permanentemente para orientar, enseñar, dirigir, compartir, alentar, aprender. En estos veinte años está centrada la gran siembra de enfoques novedosos, fortalecimiento institucional cooperativo entre las instituciones especializadas de la Región; convocatoria a importantes centros académicos y asistenciales de EEUU y Europa para colaborar con los sistemas educativos latinoamericanos y del Caribe en materia de Educación Especial. Su paso por el IIN constituye, para éste, su momento más valioso en cuanto a servicio y presencia en la Región y para ella, el comienzo de una acción internacional que ni una larga y dolorosa enfermedad pudo siquiera desalentar.

El prestigio y los honores


A medida que Eloísa desarrollaba su intensísima acción desde el IIN y aún luego de su retiro del mismo, recibió importantes testimonios de su prestigio profesional y el reconocimiento a su obra, dentro y fuera de la Región.

En el marco de la OEA fue premiada en 1988 con el máximo galardón continental en el campo educativo, el Premio Andrés Bello, por sus excepcionales contribuciones a la educación de los minusválidos de la Región y a la cooperación entre los pueblos para el mejoramiento de la educación americana. En el mismo año fue designada miembro del Comité Interamericano de Educación, organismo técnico elegido por el Consejo Interamericano para la Educación, la Ciencia y la Cultura e integrado por especialistas en educación de prestigio continental. Permaneció en el CIE todo el tiempo que el Reglamento lo permitió, habiéndolo presidido en 1991 y allí demostró su seria formación y amplia experiencia en todos los campos del fenómeno educativo, así como su convicción sobre el valor técnico y solidario de los proyectos de OEA que ella bien conocía por haberlos visto funcionar en todo el subcontinente. Su acción dio prioridad a la evaluación técnica de los proyectos del Programa, la renovación y concentración de sus acciones y el fortalecimiento de la red de Instituciones que se había ido formando como consecuencia del accionar de los Proyectos del PREDE.

En el campo de la Educación Especial, donde siempre se le consideraba la voz más prestigiosa de América Latina, fue Presidenta de la Liga Internacional de Asociaciones en Favor de las Personas con Deficiencia Mental desde 1986 hasta 1990. En tal cargo realizó una acción de comunicación e intercambio internacional entre instituciones de los cinco continentes que fue reconocida públicamente por el Presidente François Miterrand en ocasión de su retiro del cargo. Además y para citar sólo algunos de los más importantes galardones, queremos recordar el Premio Joseph P. Kennedy concedido por la Fundación del mismo nombre (USA, 1966), Premio al Liderazgo en Deficiencia Mental otorgado por la American Association on Mental Deficiency (Chicago, USA, 1976), Premio al Mérito otorgado por el Comité Presidencial para el Retardo Mental (Panamá, República de Panamá, 1975), Orden de la Corbata Clase A, Andrés Bello, otorgado por el Gobierno de Venezuela por su acción en pro de la Educación Especial de las Américas (Caracas, Venezuela, 1976), designación del Secretario General de la ONU para integrar un grupo de cincuenta expertos de todo el Mundo para participar del “Simposio Mundial de expertos en Cooperación Internacional en Programas para Minusválidos”, y el Premio a Realizaciones y Servicios Destacados en el área de la Deficiencia Mental, otorgado por la Asociación Internacional para el Estudio Científico de la Deficiencia Mental (India, 1985).

Ya retirada del IIN, tuvo la satisfacción de que éste decidiera descubrir, en su Sede, una placa conmemorativa de su paso por la Institución y establecer un Premio con su nombre para trabajos de investigación en el campo de la Educación Especial. En 1988, el Gobierno del Ecuador le otorgó una condecoración por sus contribuciones en el campo de la Educación Especial a ese país y un año más tarde el Bureau of Child Research de la Universidad de Kansas, creó una beca con su nombre para aquellos profesionales que desearon profundizar sus conocimientos en el campo de la Intervención y Estimulación Temprana (Kansas, USA, 1989). Importantes organizaciones voluntarias la galardonaron, por ejemplo, con el Premio Rioplatense Rotary Club, otorgado a la personalidad más destacada en Uruguay y Argentina por su contribución a las Ciencias, las Artes, la Educación y la Política de amistad entre los dos países (Buenos Aires, Argentina, 1993), y los Clubes de Leones de Uruguay con el Gran Premio Medalla de Oro, (Montevideo, Uruguay, 1994). En la misma época, las autoridades educativas de su país imponen su nombre al complejo Educativo formado por las Escuelas Especiales Nº203 y 280, en Montevideo (1994) y finalmente, en España, el Real Patronato de Prevención y Atención de Personas con Minusvalías le entrega el Premio Reina Sofía de Rehabilitación y de Integración en Madrid, 1995.

El reconocimiento que logró por parte de instituciones nacionales e internacionales, públicas y privadas, no cambió en lo más mínimo el trato ni el estilo de trabajo de Eloísa con quien era posible compartir todo un día de actividad sin saber que se trataba de una personalidad consagrada internacionalmente. Su léxico, intencionalmente accesible, su facilidad para encontrar aspectos graciosos en el trabajo, respeto por las opiniones ajenas aún cuando provinieran de personas de capacitación muy sencilla, hacían su trato muy simpático y cálido. Ella supo “usar” al servicio de sus propuestas de cambio educativo y en defensa de los derechos de los discapacitados, los premios y las condecoraciones, conciente de que ellas eran válidas sólo si resultaban funcionales con sus propósitos de trabajo.

Eloísa, una personalidad múltiple


Cuando tratamos de comprender la polifacética personalidad de Eloísa, uno se encuentra con perfiles susceptibles de diferente análisis, aunque formando parte de un todo a la vez múltiple, coherente y siempre cautivador. Veamos los más destacados planos de esa formidable personalidad, que era a la vez elemento peculiar y en cierta medida producto de sus estrategias de trabajo.

Eloísa educadora, fundamentó su modelo pedagógico en la fe de la capacidad del hombre para descubrir la realidad y construir su conocimiento sobre ella; construcción que se da en una realidad específica y en un determinado contexto social. Ella misma logró su formación científica y técnica de esa manera, pues tal como se indicó anteriormente, sus experiencias directas como maestra rural y luego como directora en Montevideo, le descubrieron problemas y sugirieron caminos para enfrentarlos. Luego, la formación sistemática dentro de Uruguay y en EEUU le proveyeron enfoques teóricos con los cuales comprendió aquella realidad “sentida” y fundamentó estrategias de cambio. En algunos casos descartó enfoques supuestamente importantes —el conductismo por ejemplo— cuando percibió que no se compaginaban con las evidencias de la realidad específica. Por ello, como docente, era siempre muy respetuosa de partir de y llegar a la realidad concreta, recurriendo a la teoría para iluminar la reflexión sobre aquella.

No obstante, para comprender su acción educativa no es suficiente conocer las bases teóricas a las que se adhería sino la impronta que su formación filosófica y su personalidad imprimían a sus actividades. De esa forma se percibe que su amplitud filosófica, su pragmatismo técnico, su respeto por las enseñanzas de la práctica partían de fuertes convicciones sobre las posibilidades liberadoras de la Ciencia, la capacidad de la educación como instrumento de cambio social e individual, un fuerte sentimiento de piedad ante el dolor de las personas portadoras de cualquier discapacidad, una adhesión total a la equidad como norma democrática y acendradas convicciones de un laicismo claramente humanista. Trabajando en educación con Eloísa, uno sentía que esos principios eran referentes inmediatos en sus acciones, actuando, a partir de una sólida base de conocimientos científicos y técnicos que venían de la pedagogía, la medicina, la psicología, la administración, la política educativa en general. Y esos múltiples y diversos componentes tenían unidad, porque una personalidad coherente los amalgamaba.

Eloísa especialista de un Programa de Cooperación Técnica Internacional, ejerció, en el más alto grado de excelencia, un rol para el que poseía todos los atributos necesarios: una clara vocación de servicio público, un conocimiento acabado de las normas éticas e institucionales para trabajar en un medio plurinacional, donde es necesario abstraerse de los intereses partidistas y aún nacionales; un bagaje intelectual que legitimaba el carácter docente que frecuentemente ejerce un especialista internacional y una personalidad madura, equilibrada, alejada de cualquier tentación de protagonismo, ya que sabía muy bien que la función de asesoría debe dejar siempre los primeros planos a la autoridad política o académica nacional que se busca apoyar.

Es así como encontró en los Programas de Cooperación Técnica de la OEA el campo propicio para desarrollar su propio ideal del servidor internacional. En esa tarea Eloísa mostró sagacidad para comprender diferentes realidades “viendo más lejos y más profundamente”; capacidad para convencer y transmitir sus puntos de vista sin herir susceptibilidades; un vasto conocimiento de experiencias y recursos institucionales y económicos, sumado todo ello a una actitud siempre optimista, confiada en las capacidades de la gente y sus valores de solidaridad.

Uno de los resultados permanentes de esa tarea de cooperación técnica de Eloísa, fue la formación y fortalecimiento de una red de instituciones y especialistas nacionales e internacionales, que trabajan en el campo de la Educación de la Primera Infancia y de los Minusválidos en todo el mundo, especialmente en América, en la cual ella desarrolló una tarea de aliento, fortalecimiento, innovación y sobre todo comunicación; red que hoy es un importante capital para cualquier centro de la especialidad. Estructurar una red de este tipo era una de las metas del Programa Regional de Desarrollo Educativo de la OEA desde su creación en 1969 y su concreción en Educación Especial es uno de los legados de Eloísa de Lorenzo.

Hubiera sido imposible desarrollar una acción tan intensa y destacada en una región tan amplia y con medios tan restringidos si Eloísa no hubiera vivido su rol de especialista internacional como una militancia, tal como lo hizo siempre en el campo de la educación desde los comienzos de su carrera y pudo concretar ese modelo de ejercicio profesional con el apoyo, la inspiración y el soporte institucional de los Programas Regionales de la OEA. Ella construía diariamente una parte del PREDE de la OEA y éste la ayudaba a construirse a ella misma, cada día, como funcionaria internacional y como ser humano. Todos cuantos la conocimos sabemos que nada la enorgullecía tanto como ser funcionaria técnica de la OEA y no cesó de decir hasta su muerte que dudaba que otro Organismo le hubiera posibilitado una acción de servicio internacional sin sombra de presiones políticas, sin haber sufrido jamás una interferencia indebida en su trabajo.

Para los Programas Regionales de Cooperación Técnica de OEA, la acción de Eloísa y su perfil humano y profesional asumen, como producto de sus años de servicio, un verdadero carácter paradigmático. A partir de su vida, sabemos que todo lo que ella hizo es posible hacerlo en tales programas y hasta los límites de su entrega. Esto es un tremendo reto, un desafío muy profundo para los que quedamos en la misma brecha, con similares propósitos.

Eloísa, mujer uruguaya


Su vasta trayectoria profesional, los cargos de nivel regional y mundial, la frecuentación de altos dirigentes gubernamentales o privados, nacionales o internacionales; todo ello no logró hacer de Eloísa otra cosa que lo que ella quería ser muy profundamente, una mujer uruguaya, una dama uruguaya, si se nos permite el uso de esta obsolescencia.

Trabajando con Eloísa en un grupo de docentes, discutiendo en grupos profesionales un tema complicado, recibiendo sus orientaciones de trabajo o gozando de la hospitalidad que ella y su esposo brindaban en su casa de Montevideo, uno sentía rápidamente la distinción de maneras, la sencillez en el trato, una amplia cultura general y aquella sincera calidez que los argentinos estamos acostumbrados a considerar un signo peculiar del uruguayo culto. Es que el natural señorío, la cultura lentamente macerada, la riqueza de su vida efectiva en una familia tan completa, las experiencias multiculturales de trabajo y sociabilidad unidas a la formación exigente y el trabajo como una estrategia de realización personal, todo ello habían hecho de Eloísa un referente insustituible en el campo profesional, pero también un ser humano entrañable cuyo consejo personal muchos buscaban en momentos de prueba. La sabiduría, no sólo profesional, producto de una existencia plenamente vivida; ese saber escuchar en el tiempo dedicado a gozar de la conversación, sin orgullos y sin urgencias —placer montevideano si los hay— eran dones de Eloísa que llevaba por el Mundo como un emblema nacional.

VIGENCIA DE ELOÍSA DE LORENZO

Después de ordenar y analizar recuerdos y datos para la preparación de este tributo, tengo la más profunda convicción de que la personalidad, la acción y el pensamiento de Eloísa de Lorenzo, en razón de la universalidad de los valores que los sustentaron, continuarán vigentes por largos años en que nos servirán de inspiración y orientación en la búsqueda de respuestas personales y profesionales.

En un plano personal, para los que tuvimos el privilegio de compartir con ella muchos momentos de trabajo y amistad, el efecto de su trato permanecerá en nosotros para siempre. Porque pudimos compartir su desinterés, su perseverante accionar, su entrega personal sin límites, su generosidad ante la ingratitud. Porque durante años la vimos luchar con entereza, paciencia, sentido del humor y auténtico desprendimiento, contra la enfermedad que ella sabía terminaría con su vida. Esos testimonios son para mí y para muchos que la tratamos prolongadamente, una lección de vida que trataremos de merecer y aplicar.

En un planteo más general, si analizamos el panorama de la educación latinoamericana, especialmente la que requieren los minusválidos, vemos que sus aportes son respuestas relevantes a los desafíos del futuro: la necesidad de asegurar una atención de calidad para todos y por parte del Estado a los más necesitados; la urgencia de que los sistemas educativos escolarizados experimenten formas de integración con los minusválidos, realmente factibles, tanto técnica como financieramente y las implementen realmente; la necesidad y posibilidad de coordinar los servicios de salud, educación y bienestar social en programas interagenciales como en la prevención y el tratamiento de la población infantil, la afirmación del carácter irrenunciable del rol del Estado como orientador, proveedor y evaluador de los servicios en todos los niveles y modalidades educativos, la necesidad de asegurar a los Gobiernos y las sociedades civiles, servicios de cooperación internacional innovadores, técnicamente válidos, fruto de una verdadera solidaridad internacional que tiendan, fundamentalmente, al fortalecimiento de las Instituciones nacionales en cada campo.

Este es el legado del pensamiento y la acción de Eloísa. Se trata de respuestas a problemas que permanecerán en nuestra América por mucho tiempo y que, confiamos, servirán para orientar los servicios educativos de aquí en más. Muchas veces, en el futuro, quienes tomen las decisiones, quienes sostengan alguno de los principios que ella ayudó a formular o convirtió en proyectos concretos, quienes estudien sus aportes a la estimulación temprana y en general a la Educación Infantil y Especial, quizás no sepan del aporte de Eloísa de Lorenzo en tales temas. A ella no le hubiera importado, más aún, lo hubiera querido así, porque de esa forma se comprobaría que su vida fue semilla, caída en el ancho surco donde se libra cada día la batalla para superar el atraso y la miseria, allí donde la educación americana entrega su aporte. Donde trabajan los desconocidos maestros que ella comenzó siendo, aquellos que cada día tejen saberes y experiencias que por la noche, la pobreza y la ignorancia amenazan destejer, pero que son, en los hechos, el más grande aporte al progreso social de las masas populares del Continente.

Eloísa García Etchegoyhen de Lorenzo, Gran Dama de la educación de América, nuestra fraterna Eloísa, ocupa un lugar especialísimo en la construcción de ese progreso social que la educación pública posibilita con su oscuro y tesonero aporte, todos los días.

* Especialista Principal de la OEA, trabajó en los Programas de Cooperación Técnica de la Organización en diversos países americanos y dirigió Proyectos Multinacionales sobre Educación Básica en el Departamento de Asuntos Educativos, en los cuales compartió con la Profesora de Lorenzo múltiples acciones en el campo de la Educación Infantil y Especial. Actualmente es Coordinador de Cooperación Técnica de la Representación de la Secretaría General en Argentina.