24 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (123-125) I,III
Año: 1996

6. ¿Quisiera compartir una última idea para nuestros lectores?
Quisiera destacar que las responsabilidades que la Cumbres le han encomendado a la OEA permiten vislumbrar las oportunidades y desafíos que le esperan al nuevo sistema de cooperación que implementa el CIDI; permiten, sobre todo, apreciar con claridad sus potencialidades para ofrecer un marco jurídico y técnico de discusión y de examen, de ejecución de tareas, de apoyo al seguimiento de los mandatos presidenciales y para la configuración de una memoria institucional del proceso de seguimiento de las cumbres. Es de cara a estos procesos como hemos aprendido que las tareas delineadas por los Jefes de Estado y de Gobierno son de tal envergadura que su implementación, además de la voluntad de los países, exige de la acción concertada de éstos con las instituciones y agencias del sistema interamericano. Y para ello se requiere que éstas, y en particular la OEA, transformen sus estructuras y utilicen sus recursos en función de esas mismas tareas. La Organización ha enriquecido su trabajo y su rol al recibir requerimientos, solicitudes, mandatos de diversos funcionarios nacionales, ministros y otras instancias de alta jerarquía, a veces bien coordinados por sus cancillerías, a veces con una relación tenue con estas. De ello hemos derivado una experiencia que debemos fortalecer sobre todo para asegurar que estos temas, en la OEA, sean tratados sólo por los expertos nacionales o las altas autoridades de políticas sectoriales.

En la Secretaría General estamos convencidos de los beneficios que trae el que los procesos de diálogo entre nuestros países se desarrollen en espacios multilaterales formales. Ello permite institucionalizar el trabajo, asumir los procesos como acumulativos, guardar la memoria institucional en un organismo multilateral y atenuar las posibles disparidades y desconfianzas naturales entre países de diverso tamaño y grado de desarrollo.
Con el sendero hasta ahora recorrido se completa una etapa que podremos caracterizar como de diseño de la puesta en funcionamiento del CIDI. Este proceso no ha estado exento de dificultades. Los problemas propios de una transición han provocado incertidumbre, sobre todo por la falta de definición de algunos parámetros centrales en la operación de los nuevos sistemas de gestión de la cooperación. Quizás algunos de estos problemas pudieron evitarse, quizás también fueron en gran medida inevitables. En todo caso, se han sorteado y se ha sostenido un trabajo constante para completar los instrumentos para un sistema con parámetros claros y con los elementos necesarios para obtener del nuevo esquema los mayores beneficios para avanzar en la acción colectiva en las Américas. Adoptados los nuevos instrumentos, el CIDI se enfrenta al desafío de aplicarlos y utilizarlos. De las futuras reuniones del CIDI, y de otras que se tomen en otros escenarios, dependerá el que la OEA, nuestro organismo multilateral, sea el epicentro del diálogo hemisférico, y que el CIDI sea el principal instrumento de solidaridad y cooperación interamericanas para promover un período vigoroso de acción colectiva que nos conduzca a la integración política, cultural y económica, y que apoye los esfuerzos que todos hacemos para enfrentar los inmensos desafíos que tenemos para que las Américas sean tierra de paz, justicia, prosperidad, igualdad y solidaridad.