26 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (123-125) I,III
Año: 1996

1. ¿Podría caracterizarnos algunos aspectos de su experiencia al frente de la Secretaría General de la OEA?
Cuando asumí en septiembre de 1994 el cargo de Secretario General de la Organización, encontré una institución revitalizada por el Protocolo de Cartagena de Indias y orientada por las decisiones adoptadas en Santiago de Chile, Managua, la Ciudad de México, y Nassau; una institución que iniciaba la búsqueda de un nuevo camino. La Cumbre de las Américas, al asignar un papel preponderante a la OEA en el cumplimiento de varios elementos esenciales del Plan de Acción, dio un gran espaldarazo a la Organización. Entre el Consejo Permanente y la Secretaría General elaboramos el esquema de una “Nueva Visión de la OEA” que recibió el aval de la Asamblea General en Montrouis y definió la agenda a seguir. A partir de allí, concebimos a la OEA como una institución con clara noción de sus prioridades, destinada a trabajar en los grandes temas de la agenda hemisférica de la actualidad: democracia; lucha contra la corrupción, el abuso de las drogas y el terrorismo; defensa de los derechos humanos; promoción de la integración y el libre comercio como instrumentos de prosperidad; combate contra la pobreza y la discriminación; preservación del medio ambiente y búsqueda del desarrollo sostenible; seguridad hemisférica; apoyo al sector turismo, esencial para muchos países miembros; seguridad ciudadana; desarrollo social mediante la promoción de la educación y la generación del empleo productivo; aporte al orden jurídico interamericano; avance de las telecomunicaciones; y el estímulo de la cooperación solidaria entre los países de las Américas a fin de lograr prosperidad y desarrollo. Buscamos una OEA capaz de cumplir con su destino histórico en esos campos mediante el fortalecimiento de su capacidad de formulación de políticas; de impulso continuo y ordenado al tratamiento de su programa de trabajo; y de respuesta adecuada y oportuna a los requerimientos de los Estados miembros y de los cuerpos de gobierno de la Organización. En síntesis, queremos que la OEA deje de pretender autosuficiencia para orientarse en cambio a la cooperación efectiva con otros organismos interamericanos e internacionales. Es en este contexto que debemos reforzar su papel de organismo jurídico-político central del Sistema Interamericano para que sirva como elemento que impulse y promueva el cambio en los organismos especializados y como aglutinante del quehacer de un conjunto de instituciones que llegue a integrar un verdadero sistema.