22 de Enero de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (123-125) I,III
Año: 1996

Situación educativa de las mujeres

Caracterizar la participación de la mujer en el sistema educativo formal de la Argentina, no constituye el eje de la evaluación de la discriminación educativa, muy por el contrario y dado las ventajas de haber sido siempre la educación un “bien de bajo costo” contribuyó a perfilar la denominada política de igualdad de oportunidades.

Fenómenos de expansión de la educación primaria, media y universitaria, constituyen uno de los logros que se expresan en la elevación progresiva de las tasas de asistencia escolar y el aumento de las tasas relativas de escolarización secundaria. Más aún, el perfil educativo alcanzado por la población joven y adulta muestra los resultados de un acceso y permanencia cada vez más creciente: disminución del indicador de nunca asistió, mejora en el porcentual de población con primaria completa y con algunos años de secundaria, así como un significativo cambio en la educación universitaria.

Bien es cierto que estos logros cuantitativos expresan numerosas diferencias regionales y sociales —en tanto valores promedios— al disimular el acceso y permanencia diferencial de ciertos grupos sociales y económicos en la educación.

Esto coincide con la reconocida heterogeneidad del sistema educativo, es decir, la existencia de circuitos o tramos de prestación de servicios con dotación de recursos humanos, edilicios, técnicos y pedagógicos diferentes atendiendo a poblaciones que no siempre pueden compensar tales carencias. Esto ha sido interpretado como segmentación socioeducativa y si bien no hay evidencias estadísticas que describan al conjunto del sistema educativo, en todos sus niveles y extensión, se lo asocia fuertemente con los estándares de logros de la población escolar.

Aquí aparece como clave situar el problema de la pérdida de calidad de la educación, que está siendo medida en términos de los resultados obtenidos en pruebas de rendimiento en las asignaturas de matemática y lengua en particular. En el mismo sentido se habla desde hace veinte años de la “devaluación” de las credenciales educativas, por vaciamiento de los contenidos y/o por la “fuga hacia adelante” de los niveles de logro, expresión de la masificación en el acceso.

En la década del 80 hasta el 90 la educación argentina no puede separarse de la consideración de los fenómenos enunciados: generalización de la expansión, incremento de la segmentación y diferenciación, reconocimiento de formas latentes de discriminación para grupos sociales, y de la pérdida de calidad de los servicios educativos.

Bien es cierto que los comienzos de los años 80 también constituyeron los inicios de la recuperación democrática, y por lo tanto apareció progresivamente en el ámbito educativo el cuestionamiento al orden reproductor autoritario y el estímulo hacia la búsqueda de factores facilitadores e inhibitorios para la construcción de una sociedad justa, solidaria, en un marco de igualdad.

Acceso y permanencia de la población a la educación

El análisis del acceso al sistema educativo, dada la gran expansión de la cobertura cuantitativa, registra sólo ciertos comportamientos diferenciales para las mujeres a lo largo del tiempo, pero el delinear un panorama provincial y regional constituye una presentación original pocas veces realizada a partir de la variable género.

Los indicadores censales de acceso que se revisan permiten evaluar la asistencia al sistema educativo formal, los cambios operados en el nunca asistió, las tasas de escolarización primaria y media por grupos de edad.

El indicador grueso de asistencia al sistema escolar muestra, para 1991, una mínima desventaja para las mujeres, ya que la tasa relativa es del 29,9%, es decir un 1% menos que la registrada para los varones.

Sin embargo, el perfil regional y/o provincial muestra que esta diferencia negativa para las mujeres no se registra en las regiones del Noroeste y Nordeste, Comahue y Patagonia, en donde la participación de las mujeres en el sistema educativo es levemente más alta que la de los varones (Cuadro 1).

CUADRO 1 A
CUADRO 1 B

Para 1991, el indicador de nunca asistió —como exclusión del sistema— posibilita demostrar nuevamente una pequeña desventaja relativa de las mujeres en comparación con el otro sexo: del total de mujeres de 3 años y más, un 5,1% de mujeres nunca asistieron a un establecimiento educativo, mientras que para los varones esta tasa es de 4,8% y para ambos sexos es de 4,9%.

Una mayor precisión para evaluar la situación de las mujeres resulta del cálculo de la tasa de nunca asistió para la población de 15 años y más, verificándose una disminución de las mismas. Cabe anticipar que los niveles bajos de las tasas registradas en provincias o jurisdicciones de mayor crecimiento social y productivo, esconden volúmenes mayores de población a atender en términos de acciones de recuperación educativa.

El análisis del indicador de asistencia al sector público o privado podría resultar una muestra de un comportamiento “tradicional” de protección para las mujeres, si se supone que el sector privado en el imaginario colectivo provee de mayor atención. Así, la participación de las mujeres en el sector privado es mayor que la de los hombres: el indicador para el total del país muestra que un 23% del total de mujeres asiste a un establecimiento privado, mientras sólo un 20,1% de los varones lo está en estas instituciones.

Las diferencias provinciales muestran que un conjunto de las jurisdicciones sigue el comportamiento nacional, aunque la mayoría de las provincias del Nordeste, Noroeste, Comahue y Patagonia tienen una mayor participación en el sector público.

Cabe aclarar que el promedio nacional está sesgado por la Capital Federal, en donde la participación privada y pública casi se igualan.

Algo similar acontece con la tasa específica de escolarización en la educación superior, ya que un 15,5% están en ese nivel, es decir, más de un 2% respecto al grupo de edad respectivo a los varones.

La hipótesis más frecuente para explicar este fenómeno es la incorporación al mercado laboral más temprana de los hombres.

Las diferencias regionales en el indicador de escolarización primaria no son muy grandes, dado el alto nivel de cobertura de este indicador, que oscila sólo entre 88,9% en Chaco a un 97,7% en Santa Cruz.

El análisis de las tasas de escolarización permite comprobar, por grupos de edad, el grado de atención relativa a la población con más precisión que los indicadores de asistencia escolar. Así, se reiteran observaciones iniciales respecto a la expansión de la enseñanza primaria, pues cubre un 95,7% promedio tanto a varones como a mujeres de 6 a 12 años (Cuadro 2).

A la vez,y como muestra de la baja intención del nivel primario de la población total de 13 a 18 años, sólo un 53,7% está en la enseñanza media, pero aquí las mujeres aventajan en su participación en la enseñanza media: un 55,4% frente a un 52% de los varones.

Participación de la mujer en el sistema educativo formal

Una de las variables principales sobre la que se construye el análisis sobre el acceso de las mujeres al sistema educativo es la de matrícula correspondiente a los distintos niveles del sistema. La información que se analiza a continuación fue elaborada a partir de consolidados provisionales procesados por el Ministerio de Educación para el año 1988, última serie desarrollada a nivel nacional.

CUADRO 2

Si bien el panorama ha variado en estos últimos años, particularmente a partir de la transferencia de los servicios educativos de nivel medio a las provincias, estos datos son de utilidad para evaluar la participación femenina en la matrícula escolar.

En principio, se destaca que para el total del país la distribución por sexo de la matrícula para cada nivel no presenta diferencias muy significativas, aunque sí son elocuente respecto a tendencias más o menos favorables para cada sexo en función del nivel educativo que se considere como también la autoridad a cargo. Así, la situación de la mujer para el total general resultaba en 1987 más ventajosa, en comparación con la de los varones, en los niveles medio y superior no universitario, con un 51 y 53% respectivamente. Los valores presentan un porcentaje mayor para los niveles restantes.

Al realizar un estudio comparativo entre las distintas modalidades del nivel medio y la distribución de la matrícula por sexo se evidencia que las modalidades que presentan una mayor concentración de mujeres son Bachillerato (63%) y Comercial (58%), mientras que la Técnica cuenta con sólo un 20% y la Agropecuaria con un 25%. Así, la elección de las mujeres reproduce, en este nivel, los estereotipos sexuales, por lo que en este comportamiento es donde aparece una nota llamativa de la discriminación. Ello podría ser una interpretación cuestionable, pero se sostiene la inercia del sistema educativo para buscar alternativas diferentes para las mujeres.

Un apartado especial merece el análisis de la participación de la mujer en la educación media técnica. Se observa en esta modalidad que si bien la participación de la mujer fue creciendo en el período 1988-1992, la misma resulta todavía muy pobre en relación con la de los varones, ya que ha llegado sólo de un 9% en 1988 a un 14% en 1992 para el total del ciclo básico y superior. El análisis para cada uno de estos ciclos no varía respecto del total.

La composición de las especialidades del ciclo superior muestra para el año 1992 que las especialidades donde las mujeres superan a los varones son las menos tecnológicas: administración de empresas, administración pública, artesanías aplicadas y diseño de interiores. La matrícula del resto de las especialidades demuestra una muy alta concentración de varones, particularmente en aquéllas de fuerte tradición en el CONET, como son las de automotores, construcciones, electromecánica y electrónica, mecánica y química.

Resulta interesante el análisis de los egresados y su composición por sexo. En aquellas especialidades en las que participan en mayor proporción las mujeres se registra también un mayor porcentaje de mujeres egresadas, con excepción de administración de empresas, que en el año 1992 manifestó mayor cantidad de egresados varones. No hay que olvidar que este dato hace referencia a la matrícula de 1987.

Estas cifras coinciden con las observaciones de estudios de Gallart, Birgin y Kisilevsky y Pfeffer. Así en la medida en que las condiciones estructurales de las instituciones educativas técnicas se modifiquen y/o estimulen la presencia de mujeres a la vez que el propio desarrollo científico tecnológico, o bien la modernización productiva constituya vía de apertura, quizá las mujeres puedan reelegir otras opciones.

Como se retomará luego, también es dable pensar la recreación de nuevas opciones tecnológicas de formación o nuevos espacios de formación para el mundo de la producción y el trabajo.

Respecto al acceso de la mujer a la universidad sólo puede precisarse la información acerca de la presencia femenina en las universidades del país, según tamaño: grandes, medianas y pequeñas.

La participación femenina para el año 1992 es algo menor que la de los varones: 47,3% frente al 48,5% de los varones en el total de la matrícula, aunque superan a ellos entre los nuevos inscritos, lo que podría marcar una tendencia. En cuanto a las diferencias según tamaño, las mujeres están más representadas entre las instituciones pequeñas y medianas.

Un caso que reitera la orientación limitada hacia la técnica es la de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), donde las mujeres son franca minoría: el 19,6%.

Perfil educativo alcanzado en la década

El acceso y permanencia en el sistema educativo se expresa en el perfil educativo de la población entendida como resultado del paso por el mismo o como nivel de logro.

Se ha construido un perfil educativo de la población de 15 años y más, elaborado a partir de la consideración conjunta de la población que asiste y población que no asiste pero asistió a un establecimiento educativo, para examinar las variaciones entre 1980/1981 para la población con primaria, secundaria o superior completo e incompleto.

CUADRO 3

En 1991 la población de 15 años y más para ambos sexos tiene un 32% con nivel primario completo, un 12% el secundario completo y un 6,2% el nivel superior o universitario completo (Cuadro 3). Un análisis para cada sexo de las situaciones de varones y mujeres no muestra profundas disparidades a pesar de que sí se destaquen algunas sensibles diferencias:
  • se observa, para el total del país, un mayor porcentaje de mujeres que nunca asistieron a algún establecimiento educativo (3,7% frente a un 3% de los varones);
  • del total de mujeres, el porcentaje con nivel primario completo (31,7%) es levemente menor al porcentaje de varones con nivel primario completo (32,2%);
  • si bien la cantidad de mujeres que tienen el nivel secundario incompleto es menor a la cantidad de varones, para el caso de la finalización de este nivel se observa que un 12,7% de mujeres logran completarlo mientras que los varones lo hacen en un 11,3%; y
  • es el nivel superior o universitario donde se registran algunas mayores diferencias: si bien el porcentaje que accede, pero no logra completar este nivel, es similar para ambos sexos (7,3-7,4%), el porcentaje que sí logra completarlo muestra una situación más ventajosa para las mujeres que los hacen en un 7%, mientras que para los varones es de 5,4%.
Sin embargo, la variación 1980/1991 demuestra una apreciable ventaja para las mujeres por:
  • el alto crecimiento de la proporción de población con media completa, y superior incompleto y completo;
  • estos índices además comportan una variación notoriamente más alta que la de los varones; y
  • estos índices además comportan una variación notoriamente más alta que la de los varones; y
  • bien es cierto aclarar que los registros de partida de las mujeres eran menores.
A partir de un análisis de las tendencias en el perfil educativo de grupos de edad quinquenales de la población joven para las cuatro últimas fechas censales en comparación varón-mujer, medición que permite formular las siguientes observaciones:
  • el grupo de 15 a 19 años ha mejorado su perfil, ya que se observa para ambos sexos una disminución en el nivel primario a la vez que un incremento de la participación en el nivel medio (las mujeres alcanzaban un 29,4% en el año 1960 para llegar a un 58,7% de asistencia y finalización del nivel medio en 1991);
  • los jóvenes de 20-24 años registran perfil de instrucción más bajo que sus pares mujeres, situación que se recupera a partir de 1960, y más claramente entre 1980/1991;
  • es decir, las jóvenes incrementan el grupo con más educación a más ritmo que los varones: las primeras pasan de tener un 15,6% con educación superior y/o universitaria a un 27,6%, frente a los jóvenes que un 13,0% llegan a un 21,5%; la distancia educativa favorece a las mujeres; y
  • en el tramo de 25 a 29 la distancia a favor de las mujeres es menor y para la población adulta los hombres aventajan levemente a las mujeres.
Como conclusión, el proceso de recuperación educativa de los últimos decenios ha sido patrimonio de las mujeres jóvenes, y no se han generado actividades significativas para operar a favor de la recuperación educativa de las mujeres adultas.

Las mujeres pobres y excluidas de los beneficios de la educación

Una manera de abordar el problema de la exclusión de las mujeres de los beneficios de la educación es abordar el mismo a partir del concepto de marginalidad. Más allá del contenido que este concepto ha asumido históricamente, hoy por hoy el mismo refiere a poblaciones urbanas y rurales más desprotegidas, es decir, constituyen desposeídos particulares: aquéllos que el sistema es incapaz de absorber,atendiendo a una doble condición ecológica y económico-social.

En este contexto, ¿qué papel juega la educación? Se planteó la existencia de la segmentación educativa que discrimina a numerosos grupos sociales y excluye radicalmente a otros de acceso a saberes socialmente necesarios; por otro, cabe marcar los efectos de la devaluación educativa sobre los grupos de población marginales, para los que la elevación progresiva de requerimientos determina una doble exclusión: la del sistema y la del acceso con progresiva y/o alta selectividad educativa.

Se utiliza en este capítulo evaluaciones derivadas de dos estudios, uno, el anteriormente citado de Gallart, Moreno, Cerrutti y Suárez (1992) para villas de emergencias y el informe de la Comisión Económica para la Pobreza en Argentina (CEPA) (1993) de la Secretaría de Programación Económica del Ministerio de Economía...
La falta de accesibilidad a los servicios educativos de la población en villas se pone en evidencia al considerar las elevadas tasas de analfabetismo que presenta: una de cada casi diez personas de 15 años y más son analfabetas. Hay que señalar que obviamente esta situación difiere significativamente entre personas de distintas cohortes etarias. En este sentido, la población analfabeta entre las personas jóvenes (hasta 29 años) es siempre inferior a la décima parte, en cambio entre las personas mayores de 55 años es de por lo menos un 25%.

La desventaja relativa de esta población también se expresa al examinar sus niveles educativos. Los que no poseen instrucción formal alguna o no han logrado completar la escolaridad primaria son el 55,6% de la población residente en villas, el doble de la que se consigna para el aglomerado bonaerense. (Gallart, Moreno, Cerrutti y Suárez 1992)
No se ha podido obtener información correspondiente a la diferencia por género de los siguientes indicadores de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), que son elocuentes de los problemas de acceso de ciertos grupos de población, y que sí se cuentan para la población total, pero no por sexo: tasa de escolarización de los niños de 5 años; tasa de escolarización de los niños de 6 a 12 años; tasa correspondiente al tramo 13-17 años; tasa de escolarización para el tramo 18-22 años.

Estos grupos de población constituyen un grueso de la demanda potencial para la educación: en un principio las mujeres adultas de más de 30 años, y como se verá en la tercera parte, tienen dificultades de reinserción laboral, por su baja educación.