20 de Enero de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (123-125) I,III
Año: 1996

Las mujeres beneficiadas: Las universitarias

Ha sido comprobada la polarización educativa de las mujeres: tramos con dificultades críticas por el bajo nivel educativo y aquéllas que llegan a la cúspide del sistema pero que pese a tales beneficios no parecen contarlos al trasponer las puertas del mercado laboral.
La evolución de los datos censales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), son un claro ejemplo de lo antedicho. En efecto, en 1958 las mujeres constituían el 23,5% de la matrícula total y los valores sucesivos fueron aumentando sistemáticamente: 1968: 34,3%, 1971: 39,5%, 1980: 46,7% y 1988: 50,8%. (Bonder 1992, mimeo) La graduación de profesionales mujeres también sigue esta tendencia. Du Moulin (1991) analizando los diplomas otorgados por la UBA encontró que cada quince años se duplicó la proporción de mujeres graduadas con respecto a los varones, hasta alcanzar la igualdad en 1981. A partir de ese momento la proporción femenina en el conjunto de graduados deja de crecer.
1936 se graduaba una mujer por cada 8 varones
1951 se graduaba una mujer por cada 4 varones
1966 se graduaba una mujer por cada 2 varones
1981 se graduaba una mujer por cada 1 varón
En este capítulo se recorren algunas evidencias a partir del comportamiento de las mujeres en la UBA a lo largo de los últimos cuarenta años, lo que permite asentir sobre:
  • la permanencia de un patrón femenino en carreras de filosofía y letras, farmacia y bioquímica, odontología, psicología y ciencias sociales, aún cuando las primeras registran un descenso, por la incorporación de más hombres;
  • el acceso de mujeres a lo largo de estas décadas al campo del derecho —de representar un 26,9% pasan a ser un 50,9% en el año 1986— pero también en ciencias económicas, arquitectura;
  • aún en ingeniería logran un espacio, pues de ser un 2,0% en 1958 alcanzan el 20,7% en 1986; y
  • en ciencias exactas casi logran equiparar en un 50% la matrícula para la medición de 1986.
A partir de cifras provisorias (especialmente proporcionadas por la Universidad de Buenos Aires) se ha calculado la variación operada entre 1988 y 1982 en ese ámbito universitario:
  • el crecimiento de la matrícula es más alto entre las mujeres lo que está explicado por el comportamiento en el ciclo básico común, ciencias sociales y arquitectura, facultades donde el incremento está entre un 10 y 20%; en Derecho apenas supera un 2%;
  • las restantes facultades asisten a una caída de la matrícula, pero que también es menor entre las mujeres;
  • resulta interesante observar dos retracciones: la de la matrícula en Psicología y la de Ingeniería, evidentemente con efectos diferentes sobre el mundo social y productivo; y
  • alerta la retracción en general de la matrícula universitaria, en particular de las carreras científicas.
CUADRO 4

La estructura porcentual de comparación 1988/1992 (Cuadro 4) reitera el sentido de las observaciones históricas llamado la atención:
  • una cierta retracción de la presencia femenina en ciencias exactas; y
  • que continúa el incremento de la presencia de mujeres en medicina y en derecho.
Aquí corresponde plantear las interpretaciones de un investigador sobre el tema que se adelantara en la primera parte:
Es tentador vincular este desarrollo a otros hechos de la Argentina actual y plantearse que el surgimiento de las mujeres universitarias está vinculado a una tendencia a una transformación múltiple que sufren las profesiones. Al masificarse, cada profesión ha tendido a estratificarse, con niveles de remuneración cuyos topes se acercan a sus pares del primer mundo, mientras los niveles inferiores resultan sumamente modestos en comparación con los correspondientes en países desarrollados: en la base de la creciente pirámide profesional habrían áreas importantes de desvaloración del trabajo. A la vez, en muchas disciplinas el ejercicio es cada vez menos independiente, cada vez más frecuente el trabajo a salario. Podría aventurarse la desgenerización de las profesiones, en tanto en cuanto se ha producido, está relacionada con una proletarización de muchos profesionles, en un sentido lato de este término. (De Moulin 1991)
Un resumen del comportamiento de las mujeres por facultades puede plantearse como sigue, a partir de un cuadro sugerido por Gloria Bonder en el artículo citado:

Tipificación de las facultades por su matrícula

Masculinas
  Femeninas  
  Neutras
Arquitectura
Cs. Sociales
  Cs. Exactas
Cs. Económcias
   Medicina
Cs. Veter.
Agronomía
   Odontología
  Derecho
Ingeniería
   Farmacia
  Filosofía y Letras
  Psicología

Lo más interesante es verificar la concentración de las mujeres que, cuando acceden a las ciencias duras, lo hacen dentro de las denominadas blandas. Un ejemplo es ciencias exactas, donde para 1988 un 26% estaban en computación, un 32,0% en Biología y un 18% en Química.
Los datos de la UBA parecen indicar que estamos a mitad de camino en el proceso de “des-generización”. Las preferencias por las distintas facultades y carreras dan claros indicios de cambios en las elecciones femeninas, pero mucho menos en las masculinas. Además persisten nichos estereotipados en campos que aparentemente están modificándose, como sería el caso de ingeniería, en el que las estudiantes se concentran en un sector nuevo como informática, pero no optan en la misma medida por las orientaciones más “masculinas”.

Indudablemente, para alcanzar esta meta se requieren transformaciones mucho más profundas dentro y fuera del sistema educativo que va desde la eliminación de las pautas sexistas de los procesos de enseñanza aprendizaje, y el clima institucional hasta la modificación de los patrones de género en la demanda laboral, de las condiciones de trabajo —teniendo en cuenta la proletarización de las profesiones liberales— y de la distribución de responsabilidades familiares. (Bonder 1992)
Es evidente que la incorporación a submercados como el de la medicina o el derecho tienen más que ver con esa proletarización de las profesiones liberales, y también para la primera, con la declinación del gasto público social; así, todo ello determina el alejamiento de los hombres de estos campos de especialidad y por contrapartida el acceso de las mujeres. En este sentido, más que recuperar campos los comportamientos femeninos seguirían el sentido de la crisis, y nuevamente los espacios minusvalorados serían abiertos para ellas.