25 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (123-125) I,III
Año: 1996

La educación y el trabajo de las mujeres

En la perspectiva de las respuestas cualitativas de modificación curricular corresponde profundizar el conocimiento del mercado de trabajo en general, destacando la situación de las mujeres, tanto por parte de las propias docentes, las alumnas como por parte de los propios grupos técnicos dedicados a la elaboración de currícula.

En este capítulo se analiza la educación de la Población Económicamente Activa (PEA) para las principales ciudades del país, a partir de la información disponible de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). La perspectiva del análisis es más para orientar políticas por lo que sólo se introducen materiales del estudio sobre la situación laboral de las mujeres (Wainerman 1994) al sólo efecto de estimar cambios en la década.

También se incluyen nuevamente las situaciones polares de dos grupos de mujeres: las de las villas de emergencias y la de las estudiantes universitarias en su relación estudio-trabajo.

Perfil educativo de la PEA y desventaja de las mujeres

El análisis de la educación de la población ocupada y desocupada de las más grandes concentraciones urbanas del país permite corroborar algunas interpretaciones válidas para el mercado laboral de hombres y mujeres:
  • las mujeres en la PEA resultan “menos educadas” que los varones, y esto es lo contrario de lo que sucede con el perfil educativo para la población en general;
  • es decir, se comprueba que aún con mayor educación no todas acceden y/o quizá no siempre aspiran a entrar al mercado laboral;
  • las mujeres de Capital Federal poseen mayor nivel educativo que las del Gran Buenos Aires, y la provincia de Buenos Aires;
  • resulta llamativo que aún en Capital Federal, el tramo de mujeres con educación superior y universitario es menor (20,6%) que el de hombres (25,1%); y
  • ello resulta una muestra más de que las mujeres permanecen en la universidad, por esa nueva imagen societal de “mi hija universitaria” (Du Moulin) pero no siempre presionan por acceder al mercado laboral y por otra parte, pero en segundo lugar, la discriminación debe operar para dificultar su acceso.
Ocupadas y desocupadas: Quiénes están más educadas

Si ya en la PEA la situación de las mujeres resultaba en un menor nivel relativo que la de los varones, interesa contrastar al interior de “ellas” la posición entre aquellas que logran un empleo de las que están marginadas o esperando trabajar.

Para la estimación del conjunto de aglomerados del país

—población urbana— resulta lo esperado: la cúspide es más ensanchada entre las trabajadoras, es decir, un 36,8 tiene educación superior o universitaria frente a las desocupadas, que sólo tienen un 20,1% en esas condiciones.

La base de bajo nivel educativo, sin embargo, es más ancha entre las ocupadas, cuando hubiera podido esperarse lo contrario; es decir la necesidad de trabajar presiona para aceptar todo tipo de empleo e incorporarse a la PEA. Más allá que vale tener en cuenta las serias dificultades para la obtención de empleos en los últimos años.

Los diferenciales entre aglomerados deben revisarse, al haberse encontrado inconsistencias. Se reiteran, sin embargo, las ventajas de algunas ciudades en relación con otras menos favorecidas. Así, del total de mujeres ocupadas, Capital Federal presenta una menor proporción de mujeres con nivel primario incompleto y completo en relación a la media nacional, a la vez que una mejora en el perfil de las ocupadas que superan dichos promedios para el nivel secundario completo y superior y universitario. En el caso de las mujeres desocupadas, las situaciones más desventajosas se corresponden con aquellas de menor nivel o perfil de instrucción, lo que dificulta aún más las posibilidades de acceso al empleo.

En el Area Metropolitana en el tramo de menor educación, sucede algo similar entre las subocupadas con el grupo de las ocupadas: es decir, tienen un tramo grande, y hasta superior que el de las desocupadas. Es decir, el sector de mujeres de más bajos ingresos no tienen otra opción que aún que subemplearse para vivir.

Las trabajadoras de villas de emergencia y la educación

Ya fue presentado en los capítulos anteriores las dificultades de los sectores marginales para acceder a la educación, lo que repercute necesariamente en las posibilidades de desarrollo laboral, al reforzar estas limitaciones las restantes restricciones estructurales.
... la caracterización de las mujeres residentes en villas permite detectar algunos rasgos que las diferencian: poseen niveles educativos que son todavía más bajos que los de sus pares masculinos, muestran una propensión a trabajar superior a la que se observa en el conjunto de mujeres del aglomerado bonaerense y se desempeñan en un reducido espectro ocupacional, correspondiente a los estratos de menor jerarquía (fundamentalmente el servicio doméstico). En cuanto a las condiciones laborales, dichas ocupaciones implican una alta desprotección y precariedad, además de que reportan ingresos reducidos.

Asimismo, se manifiesta una alta heterogeneidad entre las jóvenes y las adultas. En este sentido, las primeras poseen mayores niveles educativos, desde el punto de vista ocupacional presentan una mayor propensión a participar en el mercado de trabajo, se concentran más fuertemente en la industria y el comercio y en ocupaciones de mayor jerarquía. Evidencian también una tasa de asalarización superior y una menor concentración, aunque también elevada, en el servicio doméstico. (Gallart, et al. 1992)
La experiencia laboral de las estudiantes universitarias

A continuación se sintetizan y/o reproducen algunas evidencias de un estudio, que aunque fuera realizado en 1985, su validez continúa siendo actual (Riquelme, Fernández Berdaguer 1989).

El grupo bajo análisis fueron los estudiantes universitarios avanzados y las características de sus primeras inserciones laborales.
La revisión de los comportamientos por sexo entre facultades y carreras muestra una cierta mayor probabilidad laboral entre los varones en las carreras de arquitectura, ciencias económicas, derecho y medicina, aunque las diferencias no son muy altas, salvo en el caso de veterinaria.

Las mujeres encuestadas de ingeniería registran una marcada mayor propensión laboral —63,6% sobre 50,7%; también, aunque no tan notoria, existe ventaja laboral de los jóvenes de agronomía (se advierte la necesidad de relativizar la información pues en ambos casos hay subpresentación de mujeres).

Las tasas de actividad de los estudiantes avanzados revelan que en algunas de las carreras analizadas la misma refiere a los tercios de los estudiantes, manteniéndose alrededor del 50% en otras.

El sexo de los estudiantes muestra diferencias en términos de la tasa de actividad laboral. En efecto, entre las mujeres se observa una tasa de trabajo inferior a la de sus pares varones.

Otro factor que califica la estrategia estudio-trabajo de los estudiantes es la extensión de la jornada laboral. En efecto, las horas dedicadas al trabajo afectan necesariamente la estrategia de estudio-trabajo de los estudiantes.

Los estudiantes mujeres trabajan en menor proporción que los varones pero además lo hacen en jornadas más cortas que éstos

Así como la tasa de actividad no es igual entre estudiantes varones y estudiantes mujeres, tampoco lo es el tiempo dedicado al trabajo. Los varones se caracterizan por desempeñar jornadas más extensas que sus pares mujeres. Y esta es quizá la pauta más regular entre las carreras analizadas.

Se observa también que el acceso a actividades afines no es similar entre los sexos, mostrando los varones posiciones más favorables frente a sus pares mujeres, con la excepción de la Facultad de Farmacia y Bioquímica e Ingeniería.
Las mujeres y el trabajo docente

Desde la conformación de los sistemas nacionales de educación y la expansión de los mismos, el trabajo docente representó una opción laboral, profesional y personal de las mujeres. Hoy por hoy, las mujeres representan el grueso del conjunto de trabajadores, a pesar de que la participación de las mismas sea muy diferente de acuerdo al nivel, modalidad y especialidad de que se trate.

En los niveles inicial y primario la docencia es básicamente un trabajo femenino. La participación masculina resulta a veces hasta anecdótica, lo que podría derivar en explicaciones de discriminación en perjuicio de los varones y en beneficio de las mujeres. Estas explicaciones pueden resultar válidas desde un enfoque de igualdad de oportunidades en relación al ejercicio de actividades de docencia, pero las mismas esconden un análisis desde las oportunidades laborales. Un enfoque de este tipo recupera las visiones o posturas de discriminación de las mujeres en el mercado, las que tienden a ubicarse en ocupaciones o campos laborales menos prestigiosas socialmente y menos prestigiosas económicamente —medido esto último a partir de los precios del trabajo o los salarios.

De todas maneras, si bien la docencia representó en épocas pasadas una opción, valdría la pena profundizar temas como:
  • la docencia como posibilidad de movilidad social, lo que implicó una pérdida de prestigio social y de rendimiento económico; y
  • de todas formas, la docencia mantiene situaciones distintas, a mayor nivel es más prestigiosa socialmente, aunque no económicamente; interesa ver que la participación de las mujeres en nivel medio es de aproximadamente 60%, aunque varíe por modalidades, y la participación de mujeres en universidad es inversa a nivel medio: aproximadamente 45% de mujeres y un 55% de hombres.
Un estudio de Graciela Morgade sobre el trabajo docente y género en la vida cotidiana escolar ofrece un panorama cualitativo respecto a las características que asume la docencia en el nivel primario. Así, la perspectiva de las maestras, rescatada a partir de un estudio de casos para el ámbito de las escuelas municipales de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires (MCBA), destaca que en la actualidad se ha modificado el condicionamiento genérico de la elección profesional, en parte porque las posibilidades de estudio de las mujeres se ha ampliado. Sin embargo, y a pesar de ello, la elección por la carrera docente conserva todavía un lugar de relevancia en las aspiraciones de ascenso social de las franjas inferiores de las capas medias (Morgade 1992).

Las expectativas de las mujeres en relación a la elección profesional de la docencia ha variado respecto a situaciones pasadas. El mito de escoger la docencia como manera de “conseguir una ayuda económica para el hogar” o un “trabajo de pocas horas” representa hoy la opinión de una minoría en el sector docente. En el marco de la crisis económica, el salario docente representa un aporte fundamental a la supervivencia familiar, cuando no el ingreso principal, y la posibilidad de un trabajo de jornada simple ha derivado en la elección de ocupar segundos cargos para lograr una suma salarial de subsistencia.

Las motivaciones vinculadas con la maternidad o la prolongación del mundo doméstico constituyen el primer punto de articulación entre la condición de la mujer y el ser maestra de las docentes. Este sesgo genérico entra en una relación dialéctica con el trabajo docente cuando las mujeres acceden a la escuela, que no es absoluta ni mecánica sino que se caracteriza por el valor conflictivo de las prácticas que intentan dirigirse en un sentido divergente.

Un dimensionamiento del trabajo docente de la mujer en el nivel medio revela que la mujer representa un 66,4% del total de trabajadores de la educación del nivel medio. El análisis de la participación de las mismas en cada modalidad del nivel muestra que la mujer se concentra en bachillerato, comercio y asistencial en un porcentaje cercano al 70%. La modalidad agropecuaria evidencia una distribución bastante igualitaria por sexos (54% mujeres) mientras que la modalidad técnica concentra mayoritariamente a docentes hombres (43,5%) en desperjuicio de las mujeres.

Una lectura sobre las mujeres en la docencia universitaria es elocuente para verificar el comportamiento de las mujeres en el nivel universitario, a partir del análisis de la UBA, se anotan a continuación algunas cuestiones significativas:
  • en carreras en que hay un predominio de estudiantes mujeres, la proporción de docentes del mismo sexo es más baja;
  • más aún la presencia femenina es más alta entre las auxiliares;
  • llegar a las cátedras es un camino más difícil para el sexo femenino, o bien la retracción por el ciclo familiar, las motivaciones de la carrera docente: hipótesis esta última muy débil; y
  • es más significativo destacar que el desarrollo académico es aún un espacio de lucha, con escollos para las mujeres.