20 de Junio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (123-125) I,III
Año: 1996

Limitaciones y aspectos críticos
  • Propinas o pago del voluntariado. La práctica negativa respecto del pago de propinas ha generado una reputación impropia a los programas, calificándolos de servicios de segunda clase o de tercera categoría. El pago por largo tiempo/años de “voluntariado”, está distorsionando la concepción de los programas. Conviene revisar y ratificar los criterios de promoción social de este tipo de programas.
  • Apoyo y flexibilidad de la administración pública para responder a la demanda en coherencia con la filosofía. Falta la flexibilidad de la administración o gerencia de los sectores e instituciones, a las exigencias de este tipo de programa y a la concepción de lo que significa la administración en el contexto de gestión social de servicios. Este tipo de programas tiene que ser respaldado por políticas y normas públicas que faciliten la continuidad, la adaptación de los calendarios, el desarrollo de las jornadas con niños y padres acorde a las necesidades de éstos, el desembolso de recursos para acciones comunales, de programas de alimentación, de salud, legales, psicológicos, entre otros, o áreas no tradicionales de la administración pública.
  • Estrategias y metodologías de capacitación. En la medida que éstas determinan el éxito o fracaso de los programas ya que condicionan la calidad de las experiencias, debemos responder a los desafíos de una capacitación bajo concepciones coherentes con la educación permanente, el trabajo comunal, el desarrollo social, el trabajo con adultos para llegar a los niños por intermedio de ellos. Hasta el momento, después de más de 20 años de aplicación de la no escolarización siguen los retos de la capacitación.
Como un logro, hay avances de algunos países en donde han empezado a profesionalizar al promotor o animador para que se convierta en docente, esos casos convendría generalizarlos. Falta también la realización de estudios de resultados de experiencias y perfeccionar las formas, estrategias y materiales de capacitación que deben hacerse en el proceso.
  • Diseño de políticas integradas con responsabilidades compartidas entre las instituciones de gobierno, la sociedad civil y las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs). No es saludable dejar la responsabilidad total del programa en la comunidad, si bien es cierto que existen características de participación éstas deben llevarse a la práctica. No se trata eliminar la responsabilidad del Estado sino de fortalecerla en forma mancomunada, esta opción cambiará la imagen de servicios de segunda categoría que se le otorga a la no escolarización; sus alternativas son adecuadas a diferentes contextos. Su práctica no excluye las responsabilidades de la familia, la comunidad y el Estado.
En esta materia no hay un avance significativo de políticas integradas a nivel de los países aunque existen esfuerzos por conseguirlo.
  • Necesidad de estudios, sistematizaciones y evaluaciones. Particularmente con relación a costo-beneficio, resultados y estudios de cohorte y seguimiento para ratificar las bondades, desafíos o dificultades de los programas. Por su flexibilidad exige la evaluación en el proceso y los reajustes constantes en el desarrollo, acorde a las exigencias. Los pocos estudios que existen son de cuando la experiencia era de tipo experimental, algunos países como Colombia y Chile están llevando a cabo evaluaciones. A pesar de dichos esfuerzos que falta difundir, el panorama es todavía deficiente.
  • Sensibilización de los tomadores de decisiones en los sectores de economía y hacienda. En los países se hace evidente la falta de inversión en programas para la infancia. En la actualidad existen fundamentos científicos y prácticos que pueden ayudar en la decisión de invertir en la infancia. Nuestra más dura crítica es que los técnicos que ahora tenemos la claridad técnico-científica que no teníamos hace 20 años, no hemos podido abordar a los decisores de presupuesto. Algo más que falta alcanzar es el lenguaje parlamentario que requiere estas decisiones: preciso, claro y con demostraciones convincentes.
  • Demostración de que no existe antagonismo entre ambas alternativas y conjugar bondades de los programas no escolarizados con el sistema formal. Aceptar que en una misma jurisdicción o ámbito geográfico se pueden manejar varias alternativas juntas resulta difícil de aceptar, existe todavía la discusión de “las escolarizadas y las no escolarizadas”. Sin embargo, existe la necesidad de continuar con el servicio, de seguir constantes en la búsqueda de respuestas creativas, acordes a las necesidades de los niños, de la comunidad y de la realidad. Falta convencernos de que los procesos educativos para ser exitosos deben ser permanentes y concertar esfuerzos interdisciplinarios, de interniveles del sistema educativo e intersectoriales.
  • Respuestas más atinadas para manejar la retribución económica. No siempre la retribución a la comunidad debe ser en propinas, también hay fórmulas para beneficiar el servicio con mejor infraestructura, mejores insumos, en mejoras de la propia comunidad, en estímulos a los agentes educativos a través de becas de estudio en la universidad o en centros superiores u otras formas de retribución que no sean las de enfrentar al Estado como el sector empresarial y los voluntarios como el sector laboral mal pagado.
  • Apoyo más agresivo de los medios de comunicación y difusión, desde niveles locales hasta nacionales, para la elaboración de videos u otros medios que demuestren la bondad de los programas, los avances en la madurez de las poblaciones, en el desempeño de los niños y niñas, la eficiencia de los promotores padres, las mejoras comunales. Algunas “lecciones” para que otros aprendan de lo experimentado.
Acerca de los logros
  • Todos los países aprueban que es una alternativa viable en respuesta a la facilidad con que se maneja la pertinencia socio-cultural, ya que esta alternativa permite atender las necesidades de los niños, la familia y la comunidad. De igual manera es una fórmula formidable para hacer práctica la equidad, ya que es factible llegar al lugar más inaccesible de cualquier país o lugar de las Américas.
Su experiencia transcendió el plano pedagógico hacia el desarrollo de la comunidad y por ende al mejoramiento de las condiciones y la calidad de vida.
  • Está demostrado en base a lo anterior, que el criterio de equidad también es fácil de verificar.
  • Cuando las experiencias se inician en poblaciones vulnerables, con niños menores de dos años, la sensibilización de la población es más rápida, permanente. Asimismo, la participación concertada de sectores, disciplinas y población en general resulta menos dificultosa.
  • as experiencias, en su mayoría empezaron con muestras piloto que después han ido a gran escala al nivel nacional. Perú, El Salvador, Colombia, México, Guatemala, Brasil, realizaron este camino junto con otros países de Latinoamérica y El Caribe. En algunos casos, como en Perú, la experiencia permitió fortalecer alternativas rurales y urbano-marginales de servicios integrados. De latinoamérica se llevaron experiencias a Africa, ejemplo: Angola y Mozambique.