17 de Octubre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (123-125) I,III
Año: 1996

El compromiso con la infancia

En los acápites desarrollados anteriormente es indiscutible, por las demostraciones científicas, la importancia crucial de los cinco primeros años de vida de los niños y niñas y de los factores que condicionan o favorecen su crecimiento y desarrollo. De igual manera, debemos reconocer que en términos pedagógicos, metodológicos y de estrategias organizativas existen avances significativos sobre cómo brindar atención integral al niño con participación de los padres de familia y comunidad, en una perspectiva de mejoramiento de las condiciones y calidad de vida.

Por otra parte debemos recordar que desde la década de los 70, se produjo un movimiento político de toma de conciencia sobre la importancia de los primeros años de vida del niño y la necesidad de priorizar su atención. Se aprueban muchos acuerdos internacionales, como parte de este proceso y en 1990, es contundente la declaración mundial sobre educación para todos, realizada en Jomtien, Tailandia, con participación de 155 estados, 200 organismos intergubernamentales y 150 organismos no gubernamentales, quienes despues de revisar las necesidades educativas básicas de millones de seres humanos acuerdan que “la educación básica empieza desde que el niño nace”.

En resúmen, los acuerdos internacionales ratificados por los países en diferentes circunstancias y temas de convocatoria, proponen:
  • Cumplir con los compromisos y otorgar alta prioridad al niño, la familia, la mujer, las comunidades marginadas.
  • Mejorar las condiciones de vida de las poblaciones más pobres: salud, alimentación, educación, vivienda, trabajo, entre otros.
  • Formular, consolidar, impulsar políticas públicas integradas, planes, acciones, servicios que fortalezcan el rol de la familia y la prioridad de atención a la infancia.
  • Articular esfuerzos con organismos financieros y de cooperación, y redoblar e intensificar acciones para lograr la universalización de la educación básica con una concepción que acepta que las bases del aprendizaje empiezan desde que el niño nace, lo que se traduce en la inclusión de la educación inicial, parvularia o preescolar como parte del proceso educativo.
Estos acuerdos hacen que el tema de la prioridad de la infancia cuente con las sustentaciones y consensos políticos necesarios, los que unidos a las demostraciones científicas y a los avances técnico-metodológicos respecto de la atención integral del niño, podrían presentar un panorama favorable para invertir en servicios de calidad orientados al mejoramiento de las condiciones de vida de los niños y las familias más pobres, y como consecuencia como una estrategia de lucha contra la pobreza.

En contraste con las circunstancias favorables: políticas, científicas, metodológicas y de demanda del servicio de atención integral a la infancia, la que en América Latina y El Caribe no alcanza ni al 20%, considerando los niños y niñas de 0 a 6 años, la percepción es que en la región existen limitaciones y desafíos que hay que enfrentar y darle soluciones. Entre las más frecuentes se pueden señalar:
  • En la política global de desarrollo de los países, no existe una prioridad clara con enfoque integrado sobre los niños de 0 a 6 años.
  • a voluntad política manifestada en los acuerdos y compromisos internacionales, por parte de los países, falta traducirlo en términos concretos de presupuesto suficiente para invertir en la infancia con programas de calidad.
  • a articulación de esfuerzos entre las instituciones de gobierno, no gubernamentales, universidades e instituciones donantes o financieras require perfeccionarse. Subsiste la duplicación de esfuerzos y recursos, el enfrentamiento entre las instituciones, la sectorialización de las acciones desde la planificación hasta la evaluación, el levantamiento de metas de cobertura en forma independiente unos de otros sectores e instituciones, entre otros.
  • Persiste la necesidad de democratizar la información, publicar resultados de estudios e investigaciones, sobre todo los beneficios económicos de las inversiones en la infancia, que a largo plazo tiene efecto catalizador más consistente en términos de costo-beneficio.
  • os estudios científicos están demostrando que el primer año, hasta el tercero de vida del ser humano es decisivo en su desarrollo, sin embargo no existen inversiones significativas para hacer realidad los servicios integrados y de calidad para estos grupos etáreos.
  • Finalmente, estrictamente en términos pedagógicos, para perfeccionar la calidad del servicio de atención integral a la infancia, convendría redefinir desde la etapa de formación de la docente:
a) el tipo y perfil de maestra más de carácter agente socio-educativo

b) el curriculum, los programas y la tecnología educativa, hacerla más ágil, flexible, pertinente, participativa, innovadora, en respuesta a las necesidades del niño, la familia y la comunidad y,

c) flexibilizar la organización y administración de los servicios en función de las realidades y con un enfoque de gerencia social de servicios más pertinente a las demandas, donde el sistema formal con el no escolarizado son aliados.

En conclusión, a manera de reflexión final, si logramos que las decisiones de políticas hagan realidad la inversión en la infancia con programas de calidad, haremos también realidad el inicio de la educación básica desde que el niño nace. Con esta práctica, asumo que habremos reducido los efectos negativos de la pobreza y los altos porcentajes de deserción y repitencia. Como consecuencia podremos alcanzar un mejor desempeño escolar y social en las futuras generaciones.