23 de Junio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (123-125) I,III
Año: 1996

Introducción

La revista Billiken forma parte de un proyecto de la Editorial Atlántida de la Argentina en los años veinte. El 7 de marzo de 1918 comienza a editarse Atlántida, una revista de interés general para sectores medios, que continuará publicándose durante más de treinta años, manteniendo el nombre de la editorial. Pero es a partir de la publicación de El Gráfico, el 30 de mayo de 1919 cuando se volverán manifiestas las intenciones de Constancio C. Vigil —su director: El Gráfico se constituirá en la revista deportiva argentina hasta la actualidad, dirigida a un público fundamentalmente masculino. El 17 de noviembre de ese mismo año se lanza Billiken y el 26 de mayo de 1922, Para Ti, una revista para la mujer. De esta manera queda claro el intento de diferenciación de públicos —femenino, masculino e infantil— aunque en la década del 30, los títulos —esto es, los públicos y los intereses— continuarán multiplicándose: La Chacra (1930), Cinegraf (1932), Marilú (1933), etc. Sin embargo, en la matriz inicial ya están presentes las producciones más duraderas y exitosas.

El crecimiento y la diversificación de la editorial sólo son pensables en un contexto de modernización creciente de la industria editorial en la Argentina y —lo que será indispensable tener en cuenta para comprender el éxito de la fórmula de Billiken— de crecimiento y ampliación del público lector. Se trata de un país con una población en aumento debido a las inmigraciones masivas y con una tasa de alfabetización muy alta gracias a un sistema de educación pública muy temprano (la Argentina tiene la tercera ley en el mundo de Educación pública nacional desde 1884). Estos datos vuelven posible al mismo tiempo que hacen necesario el crecimiento de una prensa y una industria editorial entre 1880 y 1920. Los fenómenos masivos más importantes en este sentido (tomando sólo el aspecto editorial, ya que contemporáneamente se produce un desarrollo temprano de la radio y el cine) serán la revista Caras y Caretas (1898) que funcionará como modelo para las revistas posteriores tanto de la editorial inglesa Haynes como de la misma Atlántida; y el diario Crítica, fundado en 1913 por Natalio Botana y que será el paradigma del periodismo “amarillo” en la Argentina.1

Si por un lado resulta indispensable pensar el surgimiento de Billiken en el contexto de la industria editorial en la Argentina y la ubicación de la editorial Atlántida en ese contexto, también es necesario ubicarla en relación con el público infantil y la particular relación de su director, Constancio C. Vigil, con el mismo. Éste será uno de los puntos que desarrollaremos en el presente artículo, ya que partimos de la hipótesis de que Billiken es uno de los formantes más importantes del “público infantil” en la Argentina, operación que no puede realizar sino en cooperación/oposición —la definición en cualquiera de estos sentidos será fundamental— con la escuela, institución responsable de la construcción de los “niños” como sujeto.2

La relación de Constancio Vigil con los niños es previa y no privativa de la revista Billiken. Veremos, sin embargo, que el éxito de esta última, vuelve muy difícil la distinción entre el uno y la otra. Vigil,3 que nació en Rocha, República del Uruguay, en 1876, ya en 1901 funda allí su primera revista, Alborada. En 1903 realiza un segundo intento con una revista para niños: Pulgarcito, que será siempre recordada como el antecedente inmediato de Billiken, fundada dieciséis años más tarde. Entre ambas, en 1915, Vigil publica El Erial, un libro que se reeditará durante décadas como la síntesis de “su pensamiento”. Se trata de un conjunto de lecturas “morales”, “cristianas”,4 que hoy resultan absolutamente ilegibles y que aun para los parámetros de la época parecen poco aptas para niños. Sin embargo, El Erial es mencionado una y otra vez como la garantía moral de una revista para niños aunque, como veremos más adelante, resulte en las antípodas de la retórica de Billiken. Vigil también publicaría Marta y Jorge, La hormiguita viajera, Mangocho, La familia conejola, todos ellos libros para niños con una dosis enorme de moralina y con una intención manifiestamente “educativa”. No parece casual entonces que Vigil escribiera también uno de los libros de iniciación a la lectoescritura más duraderos de la historia argentina: Upa.

De manera que Billiken forma parte de una ecología donde es necesario tener en cuenta el peso económico editorial, la conformación de nuevos públicos lectores, entre los cuales el infantil no será un dato menor, pero también qué garantías morales y en un sentido más amplio, qué garantías simbólicas posibilitan ese crecimiento. Por último, y esto es lo que intentaremos desarrollar, qué mecanismos retóricos volvieron posible el éxito y la permanencia de una revista como Billiken, mecanismos que incluyen la constitución de un formato periodístico escolar que siempre se postuló a sí mismo como original, la reformulación, reciclaje y creación de géneros y lenguajes específicos. Para dar cuenta de ello realizaremos una descripción de la primera época de la revista e intentaremos una comparación —que en muchos sentidos será una confrontación— con textos escolares de la misma época, ya que se ha pensado generalmente a Billiken como subsidiaria de la escuela. Nuestro análisis tiende a pensar esta subsidiariedad como un aspecto de su éxito, pero pensamos que Billiken (tal como lo hicieron las novelas baratas o los folletines para la misma época)5 supo incorporar aquello que era necesario en términos simbólicos y que la escuela no alcanzaba a ofrecer acabadamente.