15 de Julio de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección:
La Educación
Número: (123-125) I,III
Año: 1996

Los hombres ilustres del Billiken

Las infancias de hombres ilustres fueron una sección fija durante el primer año de la publicación de Billiken, y se siguieron publicando esporádicamente durante los años posteriores. Se trata de biografías de una página, microbiografías, medallones biográficos, un género periodístico muy popular en la época, una especie de definición del hombre a partir de algunas anécdotas. En el caso de Billiken se sumaba la proyección que las anécdotas de la infancia podían tener sobre la vida adulta de ese personaje. Son relatos sentenciosos, llenos de grandes elogios y premoniciones, pero también relatos amenos, a veces con ingredientes melodramáticos, a veces aventureros, a veces morales.

No son, sin embargo, similares a otros relatos que publicaba la revista: las biografías se cruzan con la historia, con la información general, con los modelos morales, mixturan ficción y realidad. Plantean el problema de cómo “condensar” una vida en una página, qué materiales seleccionar, cómo utilizar una vida como metáfora. En el caso de las biografías de Billiken la solución más sencilla nos llevaría a pensarlas como relatos ejemplares, con un alto contenido moral. La ubicación de este formato en el contexto de la revista, y su comparación con las biografías de los libros de lectura, sin embargo, nos hacen pensar que su función era otra; que su lectura puede haber sido diferente.

Durante el primer año, además de la sección fija, las noticias biográficas (no incluidas en la sección) van en aumento progresivo. Se trata de un género con presencia en la revista y con resonancias posteriores en la editorial: biografías más extensas, publicadas en forma de libro por la Biblioteca Billiken tuvieron una repercusión muy importante durante varias décadas. Formaron una colección propia: la “Colección verde” de “Vidas famosas” que incluía biografías individuales, y también títulos como Grandes músicos, Grandes inventores, Grandes figuras de Roma, Infancia de los grandes hombres, Héroes de la ciencia, Madres de grandes hombres o Los héroes del Africa misteriosa, recopilaciones de biografías más breves. La “Colección azul” de “Conocimiento de América” también incluía biografías: Lincoln, San Martín, Bolívar, etc.

Pero hay otras razones para la elección de esta entrada a la revista. Es el lugar donde Billiken arma de manera más explícita su panteón de “hombres ilustres”. En este sentido, sólo un seguimiento en años posteriores de las “figuritas” y las “láminas”, es decir, de la iconografía armada por la revista podría brindarnos una información semejante. Por otra parte, en los años veinte era un género muy popular. El Hogar incluía como sección fija una página biográfica y eran habituales en Caras y Caretas.20 También eran de uso frecuente en la escuela: los libros de lectura de la época contienen varias de estas “vidas famosas” aunque la tradición del uso educativo y moral del género biográfico sea más antiguo que las vidas de santos.

Por último, creo que los modos en que la revista construye estos personajes según sean músicos, científicos, políticos o militares puede iluminar las relaciones que Billiken intentó establecer desde un comienzo con la escuela.

A diferencia de la literatura prestigiosa, donde la Argentina recurrió sistemáticamente a modas y modelos europeos, el periodismo, desde fines del siglo pasado, tuvo como referente la prensa norteamericana. Se trata de un momento de modernización, en el que pierde vigencia la prosa polémica y política que había caracterizado la prensa del siglo XIX, y en el que aparece la figura del periodista profesional. Esta disparidad de fuentes sigue vigente hasta mucho más tarde en la literatura y el periodismo en la Argentina. Es por eso que debemos buscar en la prensa norteamericana, los modelos para las biografías de Billiken. También existe una “tradición nacional” en el género, pero el formato —biografías de una página, dentro de una publicación periódica— repite casi sin variantes el de publicaciones norteamericanas de la misma época.

Lowenthal consigna que estas biografías populares comienzan a aparecer antes de la primera Guerra Mundial, pero logran su mayor éxito poco después de ésta. Si tenemos en cuenta que Dos Passos en su trilogía U.S.A.: Paralelo 42, 1919, El gran dinero (1930) intercala fragmentos periodísticos que llama “Noticiarios” y que arman el contexto de las historias junto a microbiografías que siguen básicamente el modelo que nos interesa, pero también lo parodian y satirizan, tenemos que pensar que para 1930 el género se hallaba lo suficientemente extendido y consolidado. Por otra parte, los personajes elegidos por Dos Passos responden, en gran medida, a la tipología analizada por Lowenthal. Este señala que se ha pasado de los “ídolos de la producción” en las primeras décadas del siglo, a los “ídolos del consumo”, en un proceso que culmina en la década del 40; esto es, de un predominio de las biografías de políticos, hombres de negocios y profesionales, a un predominio de deportistas, gente del espectáculo o profesiones ligadas no sólo a los servicios, sino también al tiempo de ocio. Dos Passos, en Paralelo 42, ambientada antes de la guerra, dedica las biografías a políticos, líderes sindicales, hombres de negocios y al “mago de la electricidad”, Edison, personaje que nos interesa especialmente por el lugar que su biografía ocupa en el contexto de Billiken. Las biografías, como los personajes creados por Dos Passos, obedecen a la lógica de que “la genialidad es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de transpiración”.21 En El gran dinero, en cambio, ambientada después de la guerra, si bien entre los biografiados también hay inventores y hombres de negocios, ya no hay políticos y aparecen, en cambio, personajes como Rodolfo Valentino o Isadora Duncan. La lógica ha virado del esfuerzo al dinero fácil, y el énfasis, en todos los casos, está puesto en el consumo, la opulencia y la falta de escrúpulos. El dinero se hace y se deshace con el espectáculo, la publicidad o la bolsa. Los líderes obreros han dejado su lugar a la biografía de Taylor, de Ford, y al “plan americano”.

Varios podrían ser los abordajes para analizar cómo se construyen los personajes en Billiken: desde los rasgos profesionales (los músicos son precoces, tercos, seguros de sí; los políticos perseverantes y ecuánimes; los militares impulsivos), la retórica de los comienzos, los finales, la función de las anécdotas y los clichés, la ficcionalización o la relación con la historia. Lo que sigue es un intento de síntesis de lo que estas biografías decían a sus lectores, teniendo en cuenta diferentes parámetros y un intento por justificar la elección de esta sección como centro de mi trabajo.

Nos referimos en primer término a la posible clasificación de las profesiones/vocaciones de los hombres ilustres y esto no es arbitrario. Por un lado, a cada profesión se le adjudican características muy precisas que utilizan retóricas particulares, pero, por otro lado, los genios, son genios de la música, la pintura o la estrategia y muy rara vez lo son de la humanidad. En estos casos se trata de hombres que trascendiendo sus intereses y vocaciones personales realizan un descubrimiento o un logro que mejora la humanidad entera. Es el caso de un Pasteur o de un Edison. A veces ser un gran hombre se convierte en una vocación: es lo que ocurre con la indefinida profesión de Franklin que antes que hombre de estado o inventor es un ejemplo moral.

Más allá de estos pioneros de la interdisciplinariedad o de las profesiones marginales, los personajes elegidos pertenecen a tres grandes bloques: artistas (poetas, escritores, músicos, pintores), hombres de acción (políticos, militares, héroes de la independencia americana) y sabios (científicos, inventores, filósofos). En última instancia, esta insistencia en el despertar y la formación profesional en estas biografías de niños, no es más que una variación sobre la clásica ¿qué querés ser cuando seas grande?

Los hombres de acción22 son decididos, fuertes, tercos, temperamentales, inquietos cuando niños, llegando a los extremos de la prepotencia (Duguay-Trouin), la violencia (Napoleón y Bolívar —entre los que se señala más de una característica en común) o la irracionalidad (Washington), cualidades superables por medio de la inteligencia (Napoleón/Bolívar) o con “una larga y obstinada aplicación” (Washington). Es decir que son hombres en los que prima la naturaleza, el impulso de la sangre, que se manifiestan tanto en su fisonomía como en una vocación temprana y decidida que supera todos los obstáculos que la familia, el entorno o hasta los sucesos de su época les interponen y que lo demuestran mediante hechos y no mediante argumentaciones: Turena se escapa de la casa para demostrar que es lo suficientemente fuerte como para seguir la carrera militar.

Los genios están inscritos en la historia desde su nacimiento:
El día 15 de agosto de 1769, en toda la isla de Córcega se celebraba con festines y regocijos públicos el primer aniversario de su anexión a Francia.

Con este motivo aquel día la ciudad de Ajaccio se había vestido de flores, los balcones ostentaban brillantes colgaduras y las calles rebosaban del gentío que había acudido de los alrededores, atraído por el alegre repique de las campanas.

A las doce del día, en el momento en que terminaba la sagrada ceremonia y en que el sol brillaba con toda su fuerza, vino al mundo en la noble casa de los Bonaparte, un niño de gran cabeza, de viva fisonomía, que gritaba con fuerza y se agitaba con violencia.23
Todo se conjuga para la gloria: el festejo, el gentío, los astros, la fisonomía, el temperamento. Los genios son además, indomables:
Hasta los dos años fue Napoleón un niño tranquilo y sumiso. A partir de esa edad, su carácter cambió de repente y se manifestó colérico, turbulento e indócil, y sobre todo imperioso y de una obstinación extraordinaria.24
El subrayado es mío: los cambios repentinos y sin causa aparente son otra de las características de los genios (en las antípodas de la perseverancia). “Simón era un niño muy travieso, de una extraordinaria movilidad, reveladora de un carácter inquieto y nervioso que más tarde había de asombrar al mundo...”25

La familia, que no ha sabido leer los signos de su nacimiento decide corregirlos: a Napoleón lo envían a un colegio de niñas “confiando en que la dulzura de maneras de la bondadosa maestra suavizaría algo de aquel futuro dominador de hombres”, y a Bolívar su madre lo entrega a un tutor legal que lo devuelve “sin que durante el tiempo que Simón permaneciera en su casa hubiera podido dominar el rebelde carácter del muchacho”. Ni con dulzura, ni con mano dura los genios dejan de ser insoportables cuando niños y uno puede suponer a más de un lector de Billiken intentando convencer a su madre de la pertinencia de una travesura en relación con el lugar que la historia le tenía asignado. Creo poco probable que a alguna maestra se le ocurriera pensar que el revoltoso del grado iba a ser un nuevo Bolívar; en todo caso Billiken no propone pedagogía eficiente en estos casos.

Por suerte hay otro tipo de hombres de acción que, algo temerosos y sin ser prodigios de inteligencia, ni de aplicación escolar, por lo menos no son “coléricos” ni “turbulentos”. San Martín, sin ir más lejos:
En Yapeyú, mientras fue niño, residió poco tiempo; sin embargo, parece que la aldea natal y el ambiente que le rodeaba dejaron en su infantil imaginación tan naturales como hondas huellas, pues años más tarde, mientras dormía, poblaban sus sueños las imágenes de aquella pintoresca región y sus pesadillas consistían en ver a los indios acometiendo su casa.

Es indudable que alguna fuerte emoción, algún susto temible, motivado por un ataque de indígenas contra la vida o la hacienda de sus mayores, debió impresionar fuertemente su imaginación de niño.26
En Buenos Aires, José Francisco empezó a estudiar las primeras letras en una escuela elemental, por cierto con poco aprovechamiento, porque San Martín nunca supo escribir correctamente.

En el Seminario de nobles de Madrid, donde pasó cerca de dos años [...] además de adquirir algunos conocimientos teóricos, especialmente de matemáticas, se ejercitó en el manejo de las armas y en la práctica de los hábitos de sobriedad y de disciplina que deben caracterizar al soldado.
La importancia de estas cualidades morales27 son las que lo hacen capaz de convertirse él mismo en excelente formador de soldados. ¿Qué nunca supo escribir correctamente? “Y si no fuera por esas circunstancias, por esos defectos, digamos, ¿quién había de creer que los grandes genios eran hombres hechos como los demás?”28 Sin embargo, la característica impulsividad de los genios, virtud en los músicos, tolerable en los militares, es inaceptable en los políticos. La anécdota del naranjo destruido a hachazos en la biografía de Washington29 es sólo una enseñanza bien aprendida que acrecienta el mérito de haber doblegado semejante carácter.

El arte es, en estas biografías, la vocación que se despierta más tempranamente.30 “Artista se nace, no se hace” parece ser la máxima a tener en cuenta. Esto se puede manifestar en el colérico temperamento de un Beethoven o en la apacible imagen de un Lamartine, pero siempre un artista, es un artista. Esto hace de la mayoría de ellos, seres seguros de sí mismos y del destino que les espera. Las épocas de adversidad o las infancias infelices suelen ser anécdotas para el futuro. Es así como Lulli puede tocar el violín en la cocina a donde se ha visto rebajado como ayudante porque “se hallaba persuadido de que a la postre le harían completa justicia; por eso se resignó”.31 O como Pope puede representar el papel protagónico de una tragedia que él mismo escribió y ostentar su joroba ante quienes lo molestaban seguro de que “no se fijarán en mi cuerpo, abstraídos al oir mis versos”.32

Este oscilar en el límite de la vanidad y la grandeza, bien se puede leer como un rasgo de genialidad o como un recurso dramático, pero también como la presencia del riesgo en vidas que si no fuera por esta falta de reconocimiento, serían demasiado perfectas. El riesgo es también el ingrediente que convierte una vida famosa en una (novela) de aventuras. La versión más extrema de este tipo de literaturización —que también deja otras marcas en los textos— se halla en “La infancia de Salvador Rosa”,33 en la que se convierte la pintura en una tarea de aventureros:
Los agrestes desfiladeros de los Abruzzos le ofrecían admirables vistas, que le encantaban. En vano le decían que no se alejara de los caminos frecuentados, sino con mucha prudencia y adoptando serias precauciones; su amor al arte le hacía olvidar recomendaciones y consejos, internándose cada vez más en tierras inexploradas o lugares peligrosos.
Pintaba un día en medio de aquella naturaleza salvaje cuando sintió de pronto que una mano ruda se posaba brutalmente en su hombro y que una voz imperiosa le preguntaba:
—¿Qué haces ahí?
Salvador volvió la cara y vio dos bandidos armados hasta los dientes.
El incidente era bien desagradable, pero no se asustó el joven artista.
—¿Me preguntáis qué hago? —contestó— pues ya lo veis: dibujo.
Después de ser raptado por esos bandidos “Salvador quedó libre mediante la entrega de su cuadro”.

Este tipo de rasgos acercan las biografías de artistas considerados clásicos a relatos ficcionales más populares, ofreciendo al mismo tiempo una versión del arte menos tediosa que el estudio sistemático. Es más atractivo pensar en Lulli irrumpiendo en una fiesta de la corte, vestido de cocinero, para tocar el violín, que pensar en un niño dedicando sus horas a practicar un instrumento —cosa que por otra parte era bastante habitual en la época, considerando que Billiken incluía todas las semanas partituras “fáciles” para piano y que son muchas las referencias a niñas que se reciben de profesoras del mismo.

Esto no quiere decir que las biografías no le dieran importancia al esfuerzo personal, o a la constancia, sino todo lo contrario. A veces hasta se convierte en un cliché. Pero ya hemos visto cómo para determinado tipo de genios, innatos y temperamentales, la educación sistemática se relativiza. La mayor parte de los artistas pertenecen a esta categoría, especialmente los músicos, para quienes sólo tiene valor la figura del maestro: un personaje reconocido dentro de su ámbito pero que sólo ha pasado a la historia como maestro de... y que inevitablemente llega a un punto en el que “ya no tiene nada que enseñar a su discípulo”.

Los genios lo sobrepasan todo: los maestros, las normas, los límites. Como Beethoven, cualquier genio es de “un temperamento excesivo en todo; era un dios y tenía enfurecimientos dignos de Júpiter”.34 O como Víctor Hugo, que al nacer
Era tan débil que apenas podía respirar; tan delgado que casi no se le veía, tan feo que su hermanito Eugenio tuvo miedo; tan encogidito que cuando se le puso en una butaca después de habérsele envuelto en los pañales, se pudo ver que había sitio en aquel asiento para una docena de niños como él.”35
Semejante comienzo no admite medias tintas. Los genios son superlativos y esa es su marca de enunciación más notable.

Sin embargo, hay otro tipo de hombres que a pesar de ser grandes no admiten excesos temperamentales. Son los perseverantes, que habiendo nacido de humilde condición, llegaron por su propio esfuerzo a ocupar un lugar destacado en el panteón. Como ya hemos señalado, los políticos son algunos de los que no pueden permitirse, de acuerdo a esta retórica, dejarse llevar por sus impulsos. Tampoco suelen hacerlo los sabios,36 categoría extremadamente amplia que incluye científicos, filósofos, inventores, y todos aquellos hombres dedicados al estudio y a hacer progresar la humanidad. Son hombres que se definen, justamente, por su templanza de carácter y gran dominio de sí.

Los sabios son, en estas biografías, niños muy observadores y curiosos, generalmente buenitos y callados, pero que a pesar de esto tienen problemas en la escuela. Son niños que no brillan como los músicos o los poetas, a los que los profesores no comprenden y tratan de torpes. Niños que los padres creen locos, que pueden proseguir con su vocación porque algún pariente o maestro los apoya pero que sólo de adultos son reconocidos como genios. Es el caso de Pasteur, de Ameghino, de Gassendi y especialmente de Linneo, cuya infancia es una larga sucesión de fracasos escolares. En fin, son infancias que ningún niño envidiaría pero que también pueden ser leídas como un purgatorio que lleva con certeza a la fama.

No es el caso de las biografías de Franklin o de Edison. Los inventores —a pesar de la famosa frase de Edison, ya citada, de que “la genialidad es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de transpiración”— suelen adquirir cierta fama tempranamente o aunque sea, cierto bienestar económico. Son además, niños más lúcidos y a los que les ocurren cosas interesantes, desde el punto de vista de sus congéneres. Son, en última instancia, infancias de típicos self made man.

Que estos prototipos eran muy apreciados en ese momento es algo fácil de comprobar en todas las publicaciones de la época y no sólo a partir de las biografías. En el caso de Billiken es constante el énfasis puesto en el esfuerzo que conduce siempre a buen puerto. Notas como “Algunos hombres famosos salidos del pueblo”37 no son más que una muestra de ello. Sin embargo, la figura del self made man parece estar reñida con la del estudioso sistemático y formal; los “hombres salidos del pueblo” suelen ser autodidactas. Edison, Franklin, Stephenson son exponentes de esta tipología. Por otra parte, los inventores geniales son iluminados o sufren a menudo inspiraciones fugaces.

La revista es bastante ambigua en la construcción de estos personajes. Por un lado, abundan pequeñas notas sobre “Inventos casuales”38 y, en una serie llamada “Inventos e inventores” —especie de viñetas sobre estos personajes acompañadas de su retrato y del dibujo de uno de sus inventos más famosos— siempre están presentes las referencias a la espontaneidad con que se producen los inventos en algunas épocas. El inventor, en estos casos, es un agente, indispensable pero secundario, del inevitable progreso de la humanidad:
La máquina neumática destinada a enrarecer el aire debajo de un fanal hasta llegar al vacío casi completo, se inventó por el alemán Oton de Guerick en 1650.39
Pero, por otro lado, Billiken no apuesta únicamente a la casualidad o la suerte. Acepta que esa es la imagen que ofrecen los inventores, pero se pregunta: “Estudiando ¿se puede llegar a ser inventor?”
El célebre Edison dijo una vez que en su opinión la ‘inventividad’ puede enseñarse y aprenderse si el discípulo tiene ambición, energía e imaginación.

Recordemos esto, porque en una conferencia dada por el Doctor Alejandro Graham Bell acerca de la evolución del teléfono, confirmó lo dicho por Edison, contando que su padre les animaba a él y a sus hermanos para que se ideasen cosas nuevas, y por esto precisamente el Doctor Bell, antes de cumplir dieciséis años, realizó importantes descubrimientos [...] Aquellos estudios y aquellas investigaciones realizadas de muchacho a instancias de su padre, sirvieron más tarde a Bell para inventar el teléfono, lo cual demuestra que la educación puede contribuir en gran manera a crear inventores.40
De todas maneras, la calidad de los estudios es fundamental a la hora de definir un inventor o un sabio. En los científicos el estudio y el reconocimiento académico es un aspecto importante; en los inventores, en cambio, no existe. La calidad de los estudios también se relaciona con otra oposición presente en la mayor parte de las notas dedicadas a estos personajes: la utilidad o no de los estudios y la posible aplicación práctica de los inventos. La siguiente es una nota breve del Nº 12 de Billiken, “Estudios que parecían inútiles”:
Cuando se pregunta a un investigador científico ¿Para qué sirve su trabajo? su mejor contestación es, según dice un escritor francés: ¿Cómo he de saberlo?

¿Quién había de decir a los geómetras griegos cuando estaban estudiando las propiedades de las secciones cónicas, que llegaría un día en que le servirían a Kepler para ir determinando las leyes de los movimientos celestes, que Newton deduciría de ellas la ley de la gravitación universal, que servirían de base a toda la astronomía moderna, y que la navegación sería una de las más beneficiadas con aquellos estudios?

Cuando Pasteur, en su juventud, se interesó por la cuestión química, tan extremadamente obstrusa de la disimetría molecular, ¿cómo había de figurarse que sus investigaciones iban a llevarle al estudio completo de la fermentación y con él a la consiguiente revolución en las artes de la fabricación de la cerveza y del vinagre? ¿Cómo había de sospechar que sus investigaciones en el terreno de la bacteriología iban a hacer curables o evitables muchas enfermedades fatales y que había de llegar a transformarse la ciencia quirúrgica?
El científico en esta nota es el sabio por excelencia, aquel que estudia porque todo se impulsa en él hacia el estudio, pero no sabe por qué ni para qué. El inventor, en cambio, es aquel que pensó en la navegación, el vinagre y la cerveza. Cosas minúsculas, cuya grandeza consiste en haber cambiado la vida cotidiana de los hombres. Por otra parte, es la aplicación práctica de un descubrimiento lo que deja dinero. Los científicos no están para pensar en patentes, juicios y fabricación industrial.

La imagen del inventor que ofrece Billiken queda clara en una historieta que lleva ese nombre, aparecida en el Nº 12. Se trata de un joven ingeniero que trabajaba en París en un nuevo sistema de telefonía sin hilos, hasta que se termina su dinero. En ese momento conoce a un personaje que lo recomienda ante un amigo muy importante, éste le ofrece su castillo como lugar de trabajo y alguna ayuda pecuniaria. Cuando el invento está terminado, el protector y su amigo, que habían asegurado el aparato, incendian el laboratorio con el objeto de robarlo y de que inculpen al inventor. Este va a parar a la cárcel, pero la hija del protector, enterada de toda la maniobra y enamorada del joven —por supuesto— logra hacer salir a la luz toda la verdad. Cuando el estafador regresa de la cárcel “vio con gran remordimiento que el antiguo castillo era una gran fábrica donde Luis Morin —el inventor— construía sus aparatos telefónicos que iban a revolucionar el mundo”.

El inventor es aquí un personaje que corre riesgos, que gana mucho dinero y que enamora bellas mujeres. Es cierto que en la época oscura era un joven abnegado y trabajador, pero es notable el contraste que ofrecen la primera y la última viñeta: la primera representa a un joven con anteojos, sentado en un taburete frente a un tablero. Mira concentrado los papeles que tiene enfrente mientras enarbola un compás. La última viñeta representa la puerta de entrada al castillo, con un cartel que dice “Usina”.

El final de la biografía de Stephenson es similar, aunque bastante matizada por los rasgos humanitarios del personaje:
Stephenson llegó a adquirir una fortuna inmensa merced a su trabajo y a su genio. Cuando se sintió muy cansado para poder continuar sus trabajos industriales encomendó todos estos a su hijo y consagró entonces su actividad a las instituciones de beneficiencia; hizo construir escuelas para sus obreros y estableció para estos mismos varias bibliotecas y varias cajas de ahorros. Recordaba sin cesar que debía su fortuna y sus triunfos únicamente a la perseverancia.41
Obviamente, siempre está primero el sentido de la caridad y del humanitarismo, pero la fortuna es el logro más importante de este personaje. Otro tanto ocurre en las biografías de Franklin y de Edison. En la de este último, además, aparecen rasgos similares a los de la historieta: inventar es una aventura y un riesgo. Edison no se contenta con trabajar día y noche. Cuando está a punto de lograr la lámpara de filamento incandescente, envía expediciones en búsqueda del mejor filamento de bambú a China, Japón y el Amazonas. En la biografía de Enrique Planas que publica la Editorial Atlántida el resumen del capítulo habla de “Expediciones novelescas en busca de la mejor fibra de bambú” y cuando cuenta una de las expediciones dice lo siguiente:
El viaje de MacGowan fue novelesco. En busca de una fibra de bambú que permitiese mejorar la calidad de las lámparas eléctricas, se internó en territorios inexplorados, poblados de tribus indígenas hostiles y de animales peligrosos. Abandonado en varias oportunidades por sus guías, sufrió fiebres y privaciones. Se vio atacado por animales salvajes, por víboras de alto poder venenoso y por insectos desconocidos en su patria que lo torturaban con sus acometidas constantes. Ese hombre, acostumbrado a las comodidades de New York y las grandes ciudades norteamericanas, estuvo hasta tres meses sin mudarse de ropa. Regresó después de quince meses de exploración con su salud perdida, destrozado físicamente. Había sin embargo demostrado que era digno colaborador de Edison, cumpliendo con su deber pese a todas las dificultades.

Su nombre debe ser incorporado a la larga lista de hombres heroicos que arriesgaron o dieron su vida por la humanidad.42
Esta conversión de la invención en una aventura es algo así como la imagen de la arqueología que ofrece Indiana Jones. No se trata simplemente de una estilización, sino de la pertenencia a una retórica. El subtítulo es claro: “expediciones novelescas”.

En la versión cinematográfica —hollywoodense— de la Vida de Edison esta retórica se mantiene y se le suma también la faceta romántica. En la de Mme. Curie esta última es central. Pero lo notable es cómo, en ambas, el clima narrativo va in crescendo hasta obtener el éxito largamente buscado: la lamparita eléctrica y el alumbrado de Nueva York para uno, la separación del radio para la otra. Allí se interrumpe el relato cronológico y de un salto se pasa a la escena final del film: los personajes ya ancianos, ya famosos, pronuncian un discurso cuyo destinatario parece ser la humanidad.

Si me he extendido en estos personajes es porque la presencia en Billiken de inventos e inventores, así como de curiosidades científicas, va en aumento en este primer año y parecen formar parte de una posible entrada a la revista desde la atención que ésta ofrece a la técnica, la ciencia, inventos y descubrimientos como rasgos de modernidad. Una serie de notas (“Comunicaciones terrestres—El ferrocarril”, “Servicios públicos de limpieza de una ciudad—Barrido y alcantarillado”, “Comunicaciones marítimas—Puerto de una ciudad moderna”, “Servicios de locomoción y transporte, por tierra, aire y mar”)43 nos hablan de los cambios que se estaban produciendo en el paisaje urbano. La enorme cantidad de notas dedicadas a “ilusiones ópticas” nos hablan de la desconfianza en los sentidos, de una percepción que ya no ofrece seguridad alguna y en la que los adelantos técnicos han tenido mucho que ver.44

Las biografías, como tantos otros géneros, apelan constantemente al cliché, tanto en la construcción de los enunciados como en la selección de los materiales y las anécdotas, así como en el ordenamiento de los mismos. Los textos que hemos trabajado apelan a fórmulas estereotipadas para los comienzos, los finales y para dar cuenta de ciertos hechos recurrentes. De tal manera que enunciados como “Tal era en su infancia el hombre ilustre a quien se debe ...” o “No tardó en conseguir el triunfo que su arte y su inspiración merecían”, resultan sumamente familiares.45

Varias son las fórmulas para dar comienzo a las biografías. Aquí trataremos de sintetizar las más usuales, aunque ha de tenerse en cuenta que en la mayor parte de los casos se combinan estos procedimientos. En primer lugar, se suele nombrar al personaje mediante el oficio, acompañado de una adjetivación grandilocuente, con lo cual además de calificarlo se brinda información indispensable: “Carlos Linneo, el autor de la célebre clasificación de las plantas”, “El gran historiador Michelet”, “Beranger, el ilustre cancionero”, “Duguay-Trouin, una de las glorias de la marina francesa”. De otra manera biografías como la de Duguay-Trouin serían muy difíciles de calificar como tales, ya que es poco probable que los lectores de Billiken conocieran al personaje. En segundo lugar, las biografías dan cuenta de los ancestros, ya sea para mostrar la importancia de éstos (rasgo muy común en las autobiografías) como para destacar la humildad del origen, aunque también pueden abrirse a una serie de datos de nacimiento: fecha, lugar, época; el medio, en términos generales, que puede ser propicio o adverso. Lo que está en juego es cuándo comienza una vida: con el personaje o con sus antepasados y contra qué debe luchar.

Las biografías de Billiken no suelen hacer referencias históricas; no es que no brinden datos concretos para la ubicación del personaje, pero no realizan el pasaje —habitual en otro tipo de biografías— entre éste y su contexto. No son biografías donde se pueda leer la “humanización de procesos históricos”, sino donde se leen relatos de vidas cuya comprensión, a veces, hace necesaria alguna referencia histórica. El contexto histórico se convierte así en clima de época, que no requiere justificación, y a veces ni siquiera esto:
En el año 1685 nacieron en Alemania dos hombres que habían de abrir al mundo musical amplios y luminosos caminos: Haendel y Bach. El siglo XVIII es la época magnífica para el divino arte.46
Hay, aunque en mucha menor medida, otro tipo de comienzos más novelados, en los que el relato irrumpe con una anécdota. Las infancias de Turena y de Pope siguen este modelo, donde lo que se narra es un “episodio” de infancia, pero no “la” infancia del personaje.

Los finales también suelen ser convencionales, tanto si hacen referencia a los episodios narrados: “Tales son algunos rasgos que caracterizaron la infancia de...”, como a los acontecimientos que siguieron “No tardó en conseguir el triunfo que su arte y su inspiración merecían”, como si efectúan una elipsis en el relato para trasladarse al momento de la muerte o a la imagen que ha quedado para la posteridad —mecanismo similar al que hemos señalado a propósito de las versiones cinematográficas de algunas biografías: “Al morir en 1789, fue llorado por todos los amantes de la libertad y su nombre, que se ha dado a la capital de los Estados Unidos, figura entre los grandes fundadores de los pueblos”.47

También se repiten situaciones, anécdotas: los niños que se escapan de sus casas, el reencuentro en el que piden perdón por el disgusto a una madre llorosa. Los sentimientos artísticos que se desarrollan desde la más tierna infancia o las vocaciones que se declaran repentinamente. Los grandes nacen en el seno de familias pobres, que el azar de la vida transforma en la más absoluta miseria. Los niños estudian con tanta aplicación que muy pronto sus maestros no tienen nada que enseñarles. Tal es la tentación de apelar a las fórmulas que a veces se lo hace hasta para negarlas. En una biografía para nada exenta del estereotipo —aunque pertenece a otra clase más extensa de relatos— se dice:
No por pobreza de su familia gestionó este puesto. Esta fábula ha sido hoy totalmente desechada.48
Pero es esa misma fábula la que permite decir que “la vida de Tomas Alva Edison puede servir de ejemplo a la juventud animosa de luchar por la vida”.

Sin embargo, no todo es tan esquemático. Las biografías, ya lo hemos dicho, no son necesariamente ejemplares. Si estos relatos resultan atractivos, es por la pertenencia de los mismos a esa retórica que convierte a un pintor en una persona de riesgo, a un inventor en un explorador y a toda vida en novela, pero también por las fisuras que esa misma conversión implica desde el punto de vista ideológico.

El hecho de que los hombres de acción no son —en términos generales— buenos alumnos, permite decir que San Martín estudiaba “por cierto con poco aprovechamiento, porque ... nunca supo escribir correctamente”.49 O que “En su infancia se mostró Renato (Duguay-Trouin) sobrado díscolo y desobediente. Costó mucho trabajo hacerle aprender a leer y escribir, pues todo estudio le era insoportable”.50

Que los escritores no son niños modelo se demuestra con anécdotas que superan el estereotipo. A Beranger le dan, sólo porque es sobrino de su tía, “la medalla del buen comportamiento, ese es el premio que suele darse en el colegio a los más incapaces [...], la medalla de los borricos”.51 Medalla que encima pierde inmediatamente por robar una manzana.

Zola aprendió a escribir siendo ya bastante grande, pero “entonces, deseoso de concluir, quizás aspirando solamente como todos los colegiales a salir lo más pronto posible del encierro, saltó un grado y entró en seguida en 3º”.52

Estas contradicciones respecto de la orientación de la revista están marcando cómo entre el ejemplo de virtud y el relato para niños, Billiken no duda. Tampoco hay que descartar que antes del 30, la historia no estaba tan clausurada. Después de esa fecha, las biografías de San Martín no ofrecen fisuras. Pero en el caso de los otros personajes esta observación carece de sentido.

El problema se presenta porque se están poniendo en contacto patrones muy disímiles que es probable que sólo cierren en el momento de la lectura. ¿Qué se leyó en la infancia de Edison, la constancia o la picardía? ¿Qué se leyó en la de Pope, la perseverancia o el orgullo y la venganza? Resulta muy difícil pensar en una lectura lineal de estos textos.

La heterogeneidad de los materiales que forman la revista es uno de los puntos de conflicto y de disputa en la relación que la escuela ha entablado con los medios. Estos han podido incorporar tempranamente saberes, géneros, lógicas y matrices —en muchos casos pertenecientes a la cultura popular, sobre todo aquello que recordaba la oralidad— que la escuela no sólo censuró sino que incluso combatió activamente.53 La escuela tuvo un funcionamiento más rígido y monológico en cuanto a la incorporación de conocimientos; se habla de “escolarización” de los medios cuando la escuela traduce, transforma, descontextualiza los mensajes de los mismos. Como señala Scheaffer, “en el sistema escolar rige una mentalidad cartesiana que concibe los medios como meros dispositivos que están al servicio de los contenidos que éste transmite y que, por lo tanto, pueden plegarse, de modo subordinado, a los objetivos de la educación”.54

La hipótesis de nuestro trabajo es que Billiken ha servido como modelo para esa relación: no fue necesario que la escuela transformase la revista porque ella misma se presentó “escolarizada”.55 A pesar de tratarse de un proyecto decididamente periodístico y empresarial, Billiken entró a la escuela de manera “legítima”: no enfrentó resistencias del sistema ni de los docentes. Pero Billiken es mucho más que un útil escolar: la innovación técnica, el despliegue gráfico, las ilustraciones, la impresión color, la actualización en ciertas áreas, no estuvieron únicamente al servicio de los saberes escolares. Billiken sumó elementos revalorizados por la prensa popular: la escuela vista en su cotidianeidad y a través de géneros discursivos marginales (la confección de útiles para el aula, la historieta, el dibujo humorístico). Pero, ¿qué incorpora la escuela de todo esto? A juzgar por los testimonios que se publican en la revista, sólo lo que reconoce como propio:
Con motivo de celebrarse el centenario de la muerte del Gral. Belgrano, nuestro maestro Horacio Ageno, nos leyó el día 16 una lectura de Billiken titulada ‘Gral. Manuel Belgrano: su infancia y su obra educadora’ y otra ‘La bandera Argentina: su origen y su historia’. Además nos mostró del Billiken también, el retrato del ilustre patricio.” (14/6/20). “Tengo el agrado de comunicarle a Ud. que el alumno de esta escuela Ventura Crusset, propagandista de Billiken, recitará en la fiesta escolar del día 25, el monólogo aparecido en esa revista titulado ‘Hombre de Letras’.” (24/5/20)56
La escuela ha mantenido tradicionalmente una relación difícil con el ocio y con la diversión: aún el arte, que en nuestra sociedad es visto como un espacio de gratificación y placer, en la escuela es abordado como una disciplina sujeta a las mismas reglas que cualquier otro objeto de estudio.57 Billiken entabla su relación con el tiempo libre con un criterio más amplio: permite allí la entrada al humor, las referencias al baile, a lo plebeyo. Aparece una revista mucho más heterodoxa que la escuela, con criterios de clasificación más lábiles.58

Podría pensarse en una revista escolar y una revista para los recreos59 o una revista para el período escolar y otra para las vacaciones. Determinar en cuál de ellas se incluían las biografías, cuál era su clave de lectura, nos permitirá también conocer mejor el funcionamiento global de estas distintas zonas de la revista. Las biografías plantean, en algunos casos, relaciones tirantes, conflictivas o densas con la escuela.

La lectura que hemos realizado de la sección indica que si bien la revista seguía modelos existentes y exitosos en la época, también debe su repercusión a una propuesta novedosa y al establecimiento de un particular contrato de lectura,60 contrato en el que —ya lo hemos señalado— será fundamental discernir entre el enunciador pedagógico y ejemplar y el narrador de aventuras.61 De allí que resulte indispensable el cotejo con libros escolares para poder ahondar en las diferencias entre textos que aparentemente cumplen con los mismos objetivos y pertenecen al mismo género y sin embargo plantean diferencias notables en su relación con el lector.