16 de Diciembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (123-125) I,III
Año: 1996

Sobre escribas y escrituras antiguas

En la Mesopotamia clásica surge la escritura que es madre del alfabeto, y surge en contextos multilingües y multiculturales. No podemos decir que el plurilingüismo ayude a generarla, pero sí podemos afirmar que no fue un impedimento para su creación y su extraordinaria difusión: Compuesta de una mezcla de logogramas, signos fonéticos (silábicos) y determinativos categoriales silenciosos, la escritura cuneiforme se expandió en una extensa región y sirvió para escribir lenguas diferentes, que no tenían entre sí parentesco lingüístico.

El territorio donde surgió la escritura, al final del cuarto milenio antes de Cristo,4 estaba ocupado por diversas etnias en simbiosis con predominancia, por una parte, de lenguas semitas (que llamamos, por convención “Akadios”), llegados desde las franjas septentrionales del gran desierto sirio-árabe y “Sumerios”, cuyo idioma era radicalmente diferente y que habrían llegado desde el sud-este. Los dos grupos inicialmente separados, inventaron la escritura pero fueron literalmente fagocitados, en el transcurso del S.III a.c. por sus vecinos, los Akadios (Bottéro 1990).

Inventada por los sumerios, la escritura cuneiforme sobrevivió a la lengua que la originó. Fue tomada por los babilonios (semitas nómadas llegados del desierto sirio). En la región de Elam (sud-este iránico) esa escritura sirvió para escribir el acadio y el elamita (lengua no-semítica ni indoeuropea). Los persas llevan consigo la lengua y la escritura elamita, y las convierten en instrumento de la administración. Al oeste, los urritas (lengua no-semítica ni indoeuropea) toman el sistema cuneiforme para escribir su lengua, y a través de ellos llega a los hititas (indoeuropeos), quienes utilizan el cuneiforme no sólo para su propia lengua sino también para la de pueblos vecinos. Las tabletas de arcilla como soporte y el sistema cuneiforme se difundieron en toda el Asia menor, Siria y Anatolia. No conocemos aún la fecha exacta de la desaparición de esta escritura. (La última tableta cuneiforme con datación segura es de 75 de nuestra era). “Esto significa que el sistema cuneiforme fue utilizado durante tres milenios y medio, aproximadamente” (Michalowski 1994, 63).

En consecuencia, antes del alfabeto griego hay un intenso trabajo de traducción y adaptación de un sistema exitoso de escritura a través de una multiplicidad de lenguas.5

Afortunadamente la investigación actual nos está alejando de las versiones tradicionales de la historia de la escritura, considerada como una marcha inevitable hacia el alfabeto, y nos está alejando también de la visión tradicional que nos presentaba al sistema alfabético como el único sistema que acumula todas las virtudes sin ningún defecto: Simple, económico, preciso, el alfabeto nos llevaría de la mano hacia la alfabetización universal, el pensamiento racional, la ciencia contemporánea... y la democracia. El reconocimiento del carácter mixto de las escrituras derivadas del alfabeto griego (ninguna de las cuales es puramente alfabética) así como el estudio de los distintos sistemas de escritura per se (y no como simples etapas preparatorias del alfabeto)6 y su estrecha adecuación a las lenguas en las que se originaron, permite tener una visión más equitativa y objetiva de esta historia. Lo innegable es que el alfabeto se inventa también gracias al contacto y la diferencia entre las lenguas.

De hecho, problemas de traducción (con asimilación deformante) parecen estar en el origen del alfabeto. No es posible pensar que los griegos ya tenían la idea de la escritura alfabética y sólo les faltaban las formas arbitrarias para crearla. No es posible pensarlo, porque el hombre ha sido creador de marcas gráficas desde la más remota antigüedad. (Aunque es igualmente claro que hay una diferencia abismal entre un conjunto de marcas gráficas y un sistema de formas lingüísticamente interpretado...)

Lo más probable es que la versión del alfabeto semítico que encontraron los griegos fue la que usaban los fenicios. Hayan sido los fenicios o los cannanitas, lo que importa es que ellos tenían no sólo un conjunto de formas, sino un conjunto ordenado de esas formas (un “orden alfabético”) y una manera de nombrar esas formas, por el principio de acrofonía: Una palabra que empezaba con el sonido correspondiente a esa letra. No es difícil entonces imaginar el diálogo lingüístico que puede haber tenido lugar entre hablantes de una lengua semítica, en donde el significado está vinculado a la trama o esqueleto consonántico, y hablantes de griego, donde las vocales son importantes para distinguir significados. El alfabeto fenicio tenía iniciales para sonidos inexistentes en griego: Sonidos faríngeos y obstrucción glotal. La palabra que identificaba a la primera letra era ?alp, y allí donde el fenicio escuchaba una consonante inicial, los griegos escucharon una vocal: Consecuencia, la primera letra del alfabeto griego es “alpha”, nombre sin significado en griego (Sampson 1985).

La ventaja de esta interpretación de la historia es que evita todas las dificultades propias a la “versión oficial” anterior, según la cual (y gracias a ese inefable llamado “el genio griego”) los griegos habrían reconocido las consonantes del propio sistema y las del fenicio, y habrían reconocido de inmediato que el déficit estaba en la representación de las vocales.7 Según las nuevas interpretaciones de este momento crucial de la historia europea, un malentendido básico habría tenido lugar en el momento de creación de la escritura alfabética: El malentendido típico que se produce siempre entre hablantes que no comparten el mismo sistema fonético (No reconozco ese sonido, lo asimilo a uno de los míos; tu ?a es mi a, o sea, manera particular de decir “a” y no fonema glotal inicial). Es en un contexto de intercambios comerciales (¡y lingüísticos!) que se genera el alfabeto.

Que el milagro griego resulte, o no, de una asimilación deformante poco importa, porque el hecho tuvo las consecuencias que ya sabemos. Sólo quiero poner de relieve que hay fenómenos de traducción (e interpretación) en el origen de nuestro alfabeto, porque hay lenguas en contacto.

Fue también gracias a la traducción que se descifró la escritura egipcia: La piedra de Rosetta, que presenta el mismo texto escrito en dos lenguas (griego y egipcio) y en tres tipos de caracteres (jeroglífico, demótico y griego), es también un testimonio de la pluri-alfabetización reinante en el Egipto conquistado por los griegos: La escritura tradicional no se perdió. Los sacerdotes, encargados de las escuelas de escribas, introdujeron la esopia (en 332 a.c. Alejandro de Macedonia conquista Egipto y expulsa a los persas, pero no cambia el régimen faraónico) (Thompson 1994, 71-72).

En la antigüedad clásica mesopotámica y egipcia los escribas trabajaban con más de una lengua, y su entrenamiento comprendía la utilización de lenguas escritas sin contra-partida oral. “Los primeros sistemas de escritura no se utilizaron casi nunca para escribir la lengua vernácula” (Michalowski, 59: “early writing systems were almost never used to express the vernacular”). “Los escribas de todo el cercano oriente, e inclusive de la Anatolia Indo-Europea, Irán y Egipto, dominaban el acadio y el sumerio, ninguno de los cuales era su lengua nativa, y cuando inventaron sus propios sistemas de escritura, como en Ugarit en la costa del Mediterráneo, mantuvieron el antiguo sistema cuneiforme. Los mismos escribas escribían en dos, tres o más lenguas diferentes y en diferentes scripts”8 (Michalowski 1994, 60).

Muchas de las virtudes atribuidas a los caracteres en cuanto tales (script) o al sistema (alfabético) parecieran corresponder a la sociedad que se hizo cargo de administrar dicho script. La secularización de la escritura surge como uno de los factores fundamentales. [Por primera vez, según parece, las escuelas fueron independientes de los templos].

Si fuera cierto que la gran revolución griega no es la invención del alfabeto sino una mayor distribución en el control del discurso que puede ser escrito, un paso hacia la pérdida de profesionalización del escriba... entonces hay que ligar la historia de los sistemas de escritura con la historia de la alfabetización (los lugares de control, uso y distribución de las marcas escritas, y el control sobre el discurso que debe o puede ser escrito). Recordemos que los escribas de la antigüedad escribían para otros escribas, no para la autoridad que a menudo no podía leer, no para el pueblo que asistía a una “escritura silenciosa”, una escritura símbolo de la autoridad, “para ser vista, no leída” (Detienne 1986, citado por Michalowski).

El alfabeto surge en un contexto de intercambio lingüístico. Surge en un contexto de diferencias compartidas. A poco andar, el sistema deja de ser puramente alfabético (diferencia de longitud de vocales no es sistemáticamente transcripta). El reconocimiento de que todo sistema de escritura es mixto, que el ideal alfabético es eso, un ideal nunca alcanzado, es relevante para nuestro propósito: Porque las incompatibilidades entre las diferencias surgen de la convicción de una o de todas las partes, de que cada una de ellas representa un ideal incompatible con otros ideales.