19 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (123-125) I,III
Año: 1996

Acerca de conquistadores y conquistados

Conquistadores y conquistados necesitaron comprenderse mutuamente, en todos los lugares y todas las épocas. El drama de la conquista de nuestra América también tuvo una dimensión lingüística. Como los más necesitados para hacerse entender eran los conquistados, fueron ellos quienes manifestaron un mayor “don de lenguas” (siempre, en todas las épocas: Los conquistados eran infra-humanos, como los indígenas amerindios, pero parecían dotados para las lenguas). En varias historias de esta epopeya podemos encontrar pasajes como éste:

...los indios parecen haber tenido mayor facilidad para aprender el español o el portugués, que los españoles para hablar las lenguas amerindias. Consta, por ejemplo, que los primeros intérpretes fueron en su mayoría indios, y se sabe también que Cristóbal Colón capturó a varios indígenas y los trajo a España, donde luego sirvieron de intérpretes (se les llamaba “lenguas” o “rujamanes”). (Pottier 1983, 27)

¡Pobre Colón! A pesar de que él venía de una experiencia pluri-lingüe, su esperanza era que en estas tierras se hablara una sola lengua:

El procedimiento primero de tomar indios cautivos para que sirvieran luego de intérpretes lo siguió Colón en sus cuatro viajes. (...) Pronto descubrió Colón que no todos los indios entendían a los intérpretes, y que en las islas se hablaban lenguas diversas. (...) En la costa de América Central descubre que los nuevos pueblos tienen cada uno su lengua y “no se entienden los unos con los otros más que nos (otros) con los de Arabia” (...) Todas las expediciones procedieron del mismo modo. (...) Las Ordenanzas Reales de 1526, sobre el buen tratamiento de los indios, autorizaron a cautivar en cada descubrimiento una o dos personas, y no más, para lenguas “y otras cosas necesarias en tales viajes”. (Pottier 1983, 99)

Alejo Carpentier (El arpa y la sombra) nos presenta en palabras memorables los temores de Colón de encontrar una cruz en las nuevas tierras (lo cual sería la prueba de su fracaso, para él que venía a conquistar, en nombre de la cruz...). Pero no eran menores sus temores lingüísticos. En efecto, el conquistador necesita hacer valer sus derechos sobre los conquistados, en un acto lingüístico de toma de posesión. Si son muchas las lenguas a las que hay que traducir este acto de posesión/dominación, y si, además, se ignora cuántas son esas “muchas lenguas”, el problema es demoniaco. (Tómese en cuenta que, en el momento en que Cortés llega a México, se calcula que se hablaban allí más de 80 lenguas y dialectos distintos —124 según algunos cálculos).

Entre conquistadores y conquistados abundaron los malentendidos lingüísticos. Valga como único ejemplo el siguiente: El Inca Garcilaso de la Vega narra la siguiente anécdota, a propósito del indio Felipillo: “Aprendió la lengua sin que nadie se la enseñase, sino de oír hablar a los españoles, y que las palabras que más de ordinario oía eran las que usaban los soldados bisoños, voto a tal, juro a tal y otras semejantes y peores... Tal y tan aventurado fue el primer intérprete que tuvo el Perú; y llegando a su interpretación es de saber que la hizo mala y de contrario sentido, no porque lo quisiese hacer maliciosamente, sino porque no entendía lo que interpretaba, y que lo decía como un papagayo, y [con respecto al misterio de la Santísima Trinidad] por decir “Dios Trino y Uno” dijo “Dios tres y uno son cuatro”, sumando los números (Pottier 1983, 27).

Durante toda la historia (antigua y moderna) el rol del traductor es esencial. Lo cual equivale a decir que el rol de las lenguas en contacto ha sido y es esencial. Pero, en la medida en que el encargado de traducir es un subalterno, y dado que la historia la escriben los dominadores, la importancia de ese hecho ha quedado en la sombra.

El plurilingüismo ha sido y es la situación más frecuente. Hoy día la mayor parte de la humanidad vive en contextos plurilingües: “Multilingüismo es el modo natural de la vida de cientos de millones en todo el mundo. Aunque no hay estadísticas oficiales, el hecho de que aproximadamente 5.000 lenguas coexisten en menos de 200 países significa que una gran cantidad de contactos entre lenguas debe ocurrir” (Cristal 1987, 360).

(En una reunión reciente de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO), una colega de Senegal sostuvo lo siguiente: “Le multilingüisme est la chose la mieux partagée en Afrique”. El multilingüismo es lo que más compartimos los africanos).

Sabemos poco del desarrollo lingüístico de niños que crecen en esos contextos plurilingües, por una simple razón: La mayor parte de la investigación se hace en países que aún hoy día mantienen su ilusión de ser monolingües.3 Quien crece en esos contextos desarrolla además, necesariamente, habilidades de traductor. ¿Es o no una habilidad metalingüística? Sin duda alguna lo es, y, a pesar de que el tema de la conciencia lingüística (linguistic awareness) está de moda, esta habilidad no ha sido suficientemente estudiada. Una vez más, porque los problemas psicolingüísticos vinculados con los procesos de alfabetización son definidos desde el Norte.