20 de Septiembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (122) III
Año: 1995

2. Un aspecto que es motivo de preocupación en distintos sectores sociales es que por un lado se aspira a tener una educación de calidad, y por otro, encontramos la persistencia de situaciones de extrema pobreza. ¿Es posible aspirar a una educación de calidad aún cuando persisten situaciones de esa naturaleza?
Ciertamente, es difícil romper el círculo vicioso que víncula a la pobreza con la educación de calidad insuficiente. La acumulación de diversas evidencias —que demostraban la existencia de una estrecha correlación entre esas dos variables— provocó, durante las últimas décadas, un fuerte escepticismo entre los investigadores y los planificadores de la educación que se ocuparon de ese tema. Sin embargo, como lo hice notar recientemente, disponemos, ahora de un conjunto de investigaciones que se han propuesto esclarecer el funcionamiento de los mecanismos implícitos en ese círculo. Entre las teorías que han surgido de esos estudios sobresalen —por su poder explicativo— las que han combinado conocimientos aportados por las ciencias sociales y la pedagogía.

Algunas de esas teorías explican la relación entre la pobreza y la deficiente calidad de la educación (especialmente la de la que reciben los sectores socialmente desfavorecidos), a la aplicación de modelos de acción pedagógica que, por su excesiva rigidez, no han permitido obtener los resultados esperados. Ello significa que se han intentado eliminar las diferencias económicas, sociales y culturales existentes en nuestros países, a través de la instrumentación de sistemas pedagógicos que, por su uniformidad, no pueden responder a los requerimientos de las diferentes sub-culturas existentes en la Región. En los hechos, ello se ha traducido en una desigual distribución de oportunidades educativas; ya que se ha violado el principio de que no se debe dar un trato uniforme a quienes son profundamente desiguales entre sí.

A partir de esos conocimientos, algunos investigadores han desarrollado sistemas instruccionales que permiten adaptar los procesos de enseñanza-aprendizaje a las condiciones individuales de los estudiantes —y, en particular, a las de aquellos que se encuentran en situaciones culturales y económicas más desventajosas. Algunos de esos sistemas han sido sometidos a prueba, con éxito, en diversos países de nuestro sub-continente (así como en varios países sud-asiáticos).
Como es fácil advertir, la difusión de esos sistemas exige vencer numerosos obstáculos. Entre los más importantes se encuentra la dificultad de contar con profesores idóneos para administrar los recursos que apoyan el aprendizaje (en el marco de los sistemas mencionados) y que, además, estén dispuestos a ejercer su profesión en localidades remotas. Sin embargo, debo mencionar que también han sido probados con relativo éxito, algunos sistemas diseñados para proporcionar a los maestros que prestan sus servicios en dichas localidades, la preparación necesaria para desempeñar eficazmente esta función.

Así pues, me parece que ya tenemos a nuestro alcance diversos “insumos” que pueden contribuir a mejorar la calidad de la educación que reciben los sectores socialmente desfavorecidos. Lo que sigue haciendo falta en varios países de la Región es, por un lado, la voluntad política que es indispensable para vencer las múltiples inercias que se oponen a la implantación y difusión de esos sistemas; y por otro, la capacidad administrativa que es necesaria para poder utilizar eficazmente los recursos inherentes a dichos sistemas.