20 de Enero de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (122) III
Año: 1995

1. En los procesos de integración económica que se están dando en la región, como por ejemplo el MERCOSUR o NAFTA, si bien no se contempló inicialmente un papel para el sector educativo, recientemente se ha iniciado un debate sobre la importancia estratégica que tiene la educación en estos procesos ¿Cuál es su punto de vista al respecto?
Como se sabe, los procesos de integración económica se apoyan en la teoría clásica del comercio internacional; (según la cual es posible incrementar los intercambios comerciales mediante el aprovechamiento de diversas ventajas comparativas existentes en los distintos países participantes en ese comercio). La afirmación de que, en el mundo contemporáneo, esas ventajas dependen fundamentalmente del impacto que tenga la productividad de los recursos humanos en el desarrollo tecnológico que alcancen las economías nacionales, está fuera de duda. Ello ha dado lugar a una revaloración, a nivel conceptual, del papel que debe desempeñar la educación (en la acepción más amplia del término) en la productividad de los recursos humanos.

Sin embargo, la posibilidad de que la educación cumpla este papel no está asegurada de antemano. Comparto, al respecto, la opinión de que para que ello sea factible, es necesario remontar diversos obstáculos, entre los que se encuentran las actitudes de los sectores dominantes de los países latinoamericanos. Estos, en efecto, no han demostrado tener la disponibilidad, capacidad ni el interés requeridos para encabezar proyectos de crecimiento económico que fortalezcan los mercados internos, al mismo tiempo que se intensifican las relaciones comerciales con el exterior.

Por otra parte, los procesos de integración pueden conducir a promover diversos intercambios internacionales de académicos y de estudiantes, así como a celebrar convenios a través de los cuales se reconozcan los títulos profesionales y los grados académicos que sean expedidos en cada país, más allá de las fronteras del mismo. Empero, es necesario advertir que si estos acuerdos e intercambios se apoyan exclusivamente en el principio de las ventajas comparativas actualmente existentes en los diversos países, sus efectos no siempre serán favorables. (Entre otras cosas, los mejores estudiantes y los académicos más calificados emigrarán hacia instituciones que actualmente gozan de mayor prestigio —y, como es sabido, éstas no se encuentran, mayoritariamente, en los países menos desarrollados de la región).
De lo anterior se desprende la necesidad de que, al mismo tiempo que se promueven intercambios como los arriba mencionados, se impulsen nuevas acciones de cooperación internacional, orientadas a fortalecer en forma intensiva la calidad de los programas académicos que, en la actualidad, tienen a su cargo aquellas instituciones en las que principalmente recaerán los efectos arriba señalados, lo que las pone en peligro de desaparecer —o, en el mejor de los casos, las sitúa ante la amenaza de permanecer rezagadas durante períodos indefinidos de tiempo.
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