19 de Enero de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (122) III
Año: 1995

Contenido textual en los libros comerciales

El contenido textual y las ilustraciones de tres series comerciales fueron analizados. Todas estas series se publicaron en Guatemala por tres imprentas privadas. Ya que los alumnos tenían que comprar sus libros, el uso de estos libros era muy común en las escuelas visitadas debido a su bajo precio. Este análisis incluyó solamente los libros de tercer, cuarto y quinto grado de cada serie porque en ellos se enfocó en la historia de los varios grupos étnicos de Guatemala. En general, los libros presentaron varios temas básicos con muy poca variedad en el contenido textual y las ilustraciones de grado en grado. En algunos casos el mismo contenido textual y gráfica aparecieron en libros de imprentas diferentes.

Los temas comunes incluyeron una descripción de la antigua civilización maya, los viajes de Colón, la llegada de los españoles y las guerras de la conquista, la vida colonial y los movimientos independentistas. Los libros presentaron información sobre el período después de la independencia en breves bosquejos biográficos de los presidentes y dictadores. Además carecían de información sobre Guatemala moderno, en especial no apareció información acerca de las relaciones sociales entre los varios grupos étnicos después de la segunda guerra mundial. La historia más reciente fue reducida tan sólo a una lista de los ocupantes de la oficina presidencial.

Este análisis reveló un patrón significativo de omisión de información. Según los libros comerciales, los indígenas ni como individuos ni tampoco como un grupo aparentemente han participado en la historia y cultura guatemalteca después de la conquista. La única excepción encontrada en estos libros fue la rebelión de impuestos dirigida por los indígenas Atanasio Tzul y Lucas Aguilar. Cada libro analizado contenía una descripción breve de la rebelión como parte de la discusión del movimiento pro-independencia. En cada libro el espacio dado a esta rebelión no llegó a más de cuatro oraciones. Atanasio Tzul fue el único indígena líder guatemalteco, además de Tecún Umán, quien recibió más que una mínima mención en los libros. El libro del tercer grado de la serie Colección Esfuerzos únicamente contenía un bosquejo biográfico un poco mas amplio de Atanasio Tzul. Por otro lado, era común que el espacio dedicado a los líderes criollos y ladinos del movimiento independentista llegara a cuatro páginas. La cantidad de espacio textual dedicado a los líderes indígenas comparativo al espacio dedicado a los líderes españoles y criollos/ladinos reveló un prejuicio fundamental en los libros comerciales así como en la serie gubernamental Texto básico.

El concepto de identidad nacional, proyectada en algunos libros, contenía semejanza a la idea evidente en los libros de la serie Texto básico. Los libros de la serie Estudios sociales, en particular, emplearon el término “mestizo” en lugar de “ladino” para referir a los descendientes de los españoles y los mayas. Esta serie enfatizó que todos los indígenas y los mestizos descendieron de “. . . una raza que había desarrollado una gran civilización antes de la venida de los españoles a América” (De León Castillo 1989). Un orgullo en la prosapia maya típicamente era insinuado y no promovido abiertamente. Este último resultado del análisis reveló una marcada diferencia con los libros de PRONEBI en cuanto a la forma de enseñar orgullo étnico.

Las imágenes de la cultura nacional que recibieron más atención en los libros comerciales consistían en los del período colonial. El libro para el cuarto grado de la serie Enciclopedia temática informó a los niños lectores que la identidad nacional guatemalteca se basó en el idioma español, la religión católica y la arquitectura, tradiciones y costumbres españoles. Obviamente ausente de esta definición fueron las contribuciones de la cultura indígena. El libro para el cuarto grado de la serie Estudios sociales reportó, “Muchas costumbres de los indios fueron adoptadas por los españoles” (De León Castillo 1989). Sin embargo, el libro no ofreció ejemplos.

En cuanto al estilo de vida durante la época colonial, los libros dedicaron mucho más espacio a descripciones de las actividades y costumbres de la vida colonial española. Frecuentemente la discusión empezó con imágenes relacionadas con Cristóbal Colón. En el libro para el tercer grado de la serie Colección esfuerzos, una referencia a Colón cristalizó la esencia de la actitud preferida en cuanto a las contribuciones españoles a la cultura nacional, “. . . a él debemos que la civilización haya llegado hacia nosotros” (De Cortés n.d., 9). El mismo libro ensalzó los avances introducidos por los españoles mientras a los niños lectores les recomendó que se acordaran “. . . la gran civilización de los mayas y evocar un cariñoso recuerdo a esa noble y valiente raza” (De Cortés n.d., 7). Esta imagen romántica de los mayas siguió la discusión sobre su adaptación cultural de los “avances” de la civilización española citada a continuación.
La civilización de los indios de antes y los de ahora sí tienen bastante diferencia, porque los de nuestros días ya adoptaron muchos de los adelantos que nos trajeron los españoles, sin embargo aún conservan muchas costumbres antiguas así como su lengua, aunque muchos indígenas conocen perfectamente la lengua española, y muchos luchan por lograr su superación tanto económica, social como intelectual. (De Cortés n.d., 7)
Este texto exhibió un mensaje asimilista que los indígenas sólo pueden mejorarse si adoptan los “avances” preferidos por el sector dominante compuesto por descendientes de los españoles, criollos y ladinos. Semejantes imágenes fueron proyectadas en otros libros analizados. Por ejemplo, sin mencionar la influencia indígena en la vida colonial, el libro para el quinto grado de la serie Enciclopedia temática concentró sólo en las tradiciones y estilos españoles. Un patrón semejante apareció en el libro para el tercer grado de la serie Estudios sociales. En la sección sobre los beneficios de la “fusión de las culturas española e indígena” se compararon una lista de las costumbres con las contribuciones españolas (De León Castillo 1989, 117). Las listas se presentaron en una forma desapasionada y depurada sin detalles de conflicto y coerción que caracterizaban las relaciones sociales entre los grupos étnicos guatemaltecos.

Este mismo libro, sin embargo, también contenía una sección única sobre el indígena moderno. Aunque el enfoque principal de esta sección se basó en los límites geográficos de los varios idiomas mayas, se proyectaron dos imágenes importantes —una positiva y la otra negativa— de los indígenas. La familia indígena se describió en forma positiva como una unidad social “muy unida” en que la autoridad del padre era “muy respetada” (De León Castillo 1989, 102). Pero en otro párrafo revelador del etnocentrismo currícular se describió la religión maya en forma despreciativa, “La religión actual de los indígenas es una mezcla de cristianismo con prácticas de idolatría. Se da el caso que después de visitar la iglesia, van a la montaña a rezarle a sus ídolos” (De León Castillo 1989, 102).

En una discusión de las costumbres de los antiguos mayas este mismo libro avanzó una creencia todavía preferida aunque errónea acerca de los sacerdotes mayas. El párrafo en cuestión atribuyó tanto la magia negra como los poderes curativos a los sacerdotes mayas quienes el texto nombró “brujos” (De León Castillo 1989, 101). En realidad, según el libro para el tercer grado de la serie PRONEBI, la religión maya siempre ha tenido dos categorías de sacerdotes. Este texto describió las dos categorías de la siguiente manera:
Los sacerdotes del bien, eran los ancianos más inteligentes, de buenas costumbres, conocedores de las tradiciones y de la cuenta de los días; adivinaban, curaban y administraban justicia, eran sabios. Actualmente se les llama AJ K’IJ, AJ K’E.

La otra clase de sacerdotes eran los Aj Itz que se dedicaban a hacer el mal por medio del mal; no adoraban al espíritu maligno sino lo combatían como aliados del Dios Bueno. Ellos usaban el mal para vencer el mal, porque creían que no se podía combatir con medios del bien lo que es malo. (Ri utzliläj aj k’ija’ e nowinäk tak achi’a’. Xquetamaj rub’aniquil ruc’aslen ri tinamit, rusolic ri k’ij, xquetamaj xe’ak’oman, xquisamajij ri k’atb’äl tzij chika ch’aka chic tak samaj. Rije’ janila quetamab’al; roma ri’, xquib’ini’aj AJ K’IJA’.
Ri jun chic tzob’aj xquib’ini’aj Aj Itz. Rije’ xquic’awomaj rub’i’ ri itzel richin xquelesaj el chiquicojol. Xquetamaj chi ri rusamajib’al ri utz man nitiquir ta riq’uin ri itzel). (PRONEBI 1989, 52-53)
La descripción de los mayas como brujos en el libro para el tercer grado de la serie Estudios sociales proyectó una idea confusa de todos los sacerdotes mayas y por consecuencia promovió una imagen preferida en la actualidad que los indígenas siguen siendo una étnia supersticiosa e idólatra.