19 de Diciembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (122) III
Año: 1995

Introducción

Una de las características actuales de las naciones latinoamericanas es la existencia de formas de organización política de carácter democrático que, si bien representan un avance respecto de formas totalitarias frecuentes hasta la década de los años 70, no constituyen aún el tipo de respuesta que es necesario construir para transformar, cuantitativa y cualitativamente, las condiciones de vida de los latinoamericanos.

Las naciones latinoamericanas, desde su nacimiento, han tenido precarias democracias; este rasgo, producto de su desenvolvimiento histórico, es un importante elemento para entender el presente.

Desde el siglo XIX, fecha de su nacimiento, las recién creadas repúblicas conservaron las viejas y férreas concepciones políticas emanadas de los regímenes coloniales. Así, el manejo de las naciones se hizo en formas muy distantes de lo que constituye la democracia, siendo el esquema predominante la presencia de un pequeño grupo —generalmente dividido en dos bandos aparentemente antagónicos— de criollos, varones y blancos, radicados en las nuevas-viejas capitales, quienes imponían su criterio, caracterizado por su verticalidad y desconocimiento de los intereses de las mayorías.

El manejo político fue evolucionando como producto de los conflictos internos (guerras civiles, aparición de la clase obrera, necesidad de modernizar el aparato estatal, presencia en el mercado internacional a través de las exportaciones de café, entre otros), unido a los cambios que se gestaban a nivel mundial (aparición de corrientes filosóficas como el marxismo y el positivismo, unido al expansionismo europeo y norteamericano), llevaron a la conformación a finales del pasado siglo de los partidos políticos. Estas agrupaciones, si bien defendían ciertos ideales político-económicos, luchaban ante todo por el control sobre la maquinaria estatal, con las bondades que esta ubicación generaba (acceso a los principales cargos oficiales, control burocrático de las gestiones y, sobre todo, aprovechar las posiciones obtenidas para sacar beneficio económico personal), con el agravante de dejar de lado los intereses y las necesidades de la mayoría de la población.

A la par de estas situaciones descritas, es indispensable señalar el papel jugado por las Fuerzas Armadas, protagonistas de primer orden dentro del proceso de independencia, quienes continuaron dirigiendo, unas veces en forma directa, en otras de manera encubierta, los destinos de las naciones.

Han sido los militares, en mayor o menor escala, fuerzas decisivas dentro del ordenamiento político de las naciones latinoamericanas, imponiendo por medio de las armas determinados esquemas políticos, con poca relación con modelos democráticos.

Asimismo, cada país veía el problema de la democracia como un asunto interno, donde poco o nada pesaba el sentir del contexto latinoamericano y mundial; esto hacía que cada nación manejase su visión de democracia como un problema de índole totalmente de su exclusividad. Hoy día la internacionalización de la economía es un hecho palpable y las fuertes barreras entre países están cayendo para dar paso a una concepción integradora, hacen de la democracia un asunto de interés de todas las naciones que conforman Latinoamérica y el mundo en general.

Las transformaciones señaladas hicieron que el concepto de democracia variase, pasando de una visión detentada sólo por unos pocos miembros masculinos, ricos y blancos de la sociedad para su exclusivo disfrute y bienestar, hasta comprender que era necesario la creación de formas que tuviesen como característica primordial la participación del conjunto de la sociedad en la búsqueda de mejores niveles de vida.

Teniendo como marco de referencia lo antes expuesto, se asume en este artículo que dentro de las múltiples necesidades que tienen las actuales sociedades latinoamericanas, la consolidación de procesos democráticos que involucran a la totalidad de sus miembros, se constituye hoy día en su principal prioridad.

El conjunto de cambios que se deben lograr hacen necesario emprender acciones que permitan la difusión y la concresión de nuevo modelo de democracia, que involucre al conjunto de la sociedad de cada país en el análisis y la solución de su problemática actual y al mismo tiempo diseñe los lineamentos para la construcción de su futuro.

Desde esta perspectiva, se considera indispensable que las diversas entidades que conforman el Estado emprendan programas destinados a transformar el concepto de democracia existente en cada uno de sus respectivos países. Es aquí donde los sistemas educativos juega un importante papel, en tanto constituyen la rama del Estado que mayor cubrimiento nacional tiene pero, sobre todo, poseen la capacidad de interactuar con los beneficiarios de los programas.

Dentro de las múltiples posibilidades que la Escuela tiene para contribuir a la construcción de la democracia, se toma dentro del presente artículo la experiencia que en los actuales momentos está viviendo la sociedad colombiana a través de uno de sus planteamientos básicos consignados en su reciente Ley General de Educación,1 como es la creación del Gobierno Escolar, como medio para desarrollar la democracia dentro del sistema educativo, pero cuyas pretensiones, tal como se exponen en el presente artículo, sobrepasan ese ámbito, pues su espíritu es el de irradiarla desde él, tanto como teoría como práctica, para toda la nación.

Se mostrarán, por lo tanto, diversas acciones realizadas hasta la fecha, algunas actitudes necesarias de desarrollar en los sujetos que a la Escuela convergen y sugerir algunas prácticas susceptibles de implementar en las aula de clase, todo ello en la perspectiva de construir democracia en la Escuela.

No es propósito señalar el caso colombiano como el patrón de referencia que es necesario imitar; se quiere plantear las bondades y las dificultades de un aspecto concreto de un proceso que se lleva a cabo, cuyos resultados, si bien se verán con el tiempo, pretenden crear una nueva forma de encarar adecuadamente el presente y de construir un mejor futuro para el conjunto de la sociedad colombiana.