19 de Julio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (122) III
Año: 1995

El Gobierno Escolar como una manera de construir la democracia en la escuela

Uno de los rasgos que ha caracterizado al sistema escolar colombiano, es el distanciamiento entre éste y las comunidades donde se llevan a cabo las prácticas educativas.

Este abismo existente entre Escuela y Comunidad, si bien tiene sus orígenes en las concepciones desde las cuales se piensa la educación misma, se ha visto tradicionalmente reforzado por dos determinaciones de carácter administrativo: la primera, la toma de decisiones desde arriba (Ministerio de Educación Nacional) y centralizadas en una ciudad (la capital de la República); la segunda, la casi inexistente participación de los beneficiarios directos de los programas (estudiantes, padres de familia y comunidad en general) en la orientación de los mismos.

La última situación descrita, además de no permitir la existencia de democracia dentro de la Escuela, cerraba la puerta a los diversos planteamientos de otros sectores tradicionalmente tenidos como externos a ella  —pero, paradójicamente, necesitados de ella—  pudiesen brindar, desconociendo en la práctica que todo ente de carácter social —como lo es el sistema escolar— debe permanecer abierto a la dinámica social, para escuchar, cuestionarse, evaluar su trabajo, transformarse y brindar las respuestas que esa misma institución requiere para su crecimiento.

¿Cómo cerrar dicha brecha, haciendo que Escuela y Comunidad se complementasen entre sí? La respuesta fue la creación del Gobierno Escolar, entendido como el organismo de dirección administrativa y académica de cada establecimiento educativo, tanto oficial como privado, donde tienen participación directivos, docentes, estudiantes, padres de familia, ex-alumnos y comunidad, representada esta última por miembros de los sectores productivos del área de influencia de cada institución escolar.3
En el Gobierno Escolar, conformado por el Rector, el Consejo Directivo y el Consejo Académico, serán consideradas las iniciativas de los estudiantes, de los educadores, de los administradores y de los padres de familia en aspectos tales como la adopción y verificación del reglamento escolar, la organización de las actividades sociales, deportivas, culturales, artísticas y comunitarias, la conformación de organizaciones juveniles y demás acciones que redunden en la práctica de la participación democrática en la vida escolar.
Y añade:
Tanto en las instituciones educativas públicas como privadas, la comunidad educativa debe ser informada para permitir una participación seria y responsable de la dirección de las mismas.4
Este nuevo tipo de organización del quehacer escolar, es un paso más para ir cristalizando la democracia en el seno de la Escuela pero, además, es una clara invitación para que la comunidad coparticipe en la toma de decisiones que a ella le compete.

El hecho mismo que los diversos sectores anteriormente mencionados tengan la participación y la posibilidad de decisión no sólo los involucra en la perentoria necesidad de organizarse para escoger a sus representantes; requiere, ante todo, dilucidar cuáles son los proyectos que desde su óptica particular deben defender, en aras de lograr un tipo de educación que responda de manera efectiva y eficaz a las necesidades del medio.

Los estudiantes y su rol dentro del Gobierno Escolar

Los estudiantes, gracias al Gobierno Escolar, podrán expresar su sentir a través de su representante en el Consejo Directivo. Esta oportunidad tiene una doble implicación para los estudiantes; en primer lugar  requiere de organizar el proceso de elección, lo que supone participar en toda la logística que este tipo de eventos encierra: diseño del cronograma de actividades, definición de las reglas para llevar a cabo la elección, planeación de momento electoral, etc.

Hay asimismo otra serie de elementos que merecen resaltarse, debido a las implicaciones que tienen en el campo de la participación de estos futuros ciudadanos: el desarrollo de la oratoria; la capacidad de llevar a cabo propuestas, tanto a nivel oral como a través de medios impresos; el diseño de la propaganda que se requiere para motivar a los electores, entre otros. Se convierte así este tipo de práctica en un preámbulo de la que debe ser su actitud en posteriores participaciones, bien sea en juntas de acción comunal, organizaciones no gubernamentales, sindicatos, clubes deportivos y en general dentro de las diversas agrupaciones que la sociedad tiene.

En segundo lugar, la participación estudiantil hace indispensable el estudio de la problemática que se vive en la institución, para llevar este tipo de inquietudes al seno de dicho Consejo. Se propicia, por lo tanto, que la institución educativa se convierta en un objeto de investigación y de reflexión para los estudiantes, de modo que el trabajo que sobre ella se haga permita la construcción de proyectos tendientes a la solución de sus problemas.

Mucho se ha hablado de la falta de investigación y, sobre todo, de la creación del espíritu investigativo dentro de la Escuela colombiana; la creación del Gobierno Escolar es una valiosa oportunidad para que estudiantes, con el apoyo de los docentes, empiecen a comprender que la Escuela misma, las diversas prácticas y los procesos que en ella se viven, puedan ser objeto de estudios concienzudos y se transformen de hechos vivenciales y cotidianos en posibilidades para emprender acciones conducentes a la construcción de conocimiento.

Sin embargo la participación de los estudiantes no se queda sólo en lo descrito anteriormente; la misma Ley 115 establece que:
en todos los establecimientos de educación básica y de educación media y en cada año lectivo, los estudiantes elegirán a un alumno del último grado que ofrezca el establecimiento, para que actúe como personero de los estudiantes y promotor de sus derechos y deberes.5
Esta oportunidad de tener los estudiantes a uno de sus compañeros en la tarea de contribuir al cumplimiento de sus derechos y deberes, muestra cómo con el nuevo espíritu que inyecta la Ley General de Educación, se quiere que ellos sean participantes activos del quehacer escolar y no, como tradicionalmente se ha venido haciendo, sólo los receptores de normas y exigencias elaboradas por los adultos (directivas y docentes).

Los docentes y su participación en el Gobierno Escolar

Los educadores tienen también un nuevo papel que desempeñar en la Ley General de Educación, en aras de contribuir a la construcción de una Escuela y una sociedad cada vez más democrática.

Para plantear lo que debe ser la nueva actitud de los docentes colombianos en el marco de construir en y desde la Escuela nuevas formas de expresión democráticas, se debe partir del análisis de las prácticas cotidianas que en ella se viven, tomando en este caso dos de los aspectos que identifican el quehacer escolar, como son los procesos de lectura y de escritura.

Una de las características más notorias de la Escuela tradicional lo constituye la marcada dependencia de los estudiantes del discurso oral del docente, llegándose a casos donde es más importante lo expresado de este modo que incluso lo plasmado en los textos.

La situación señalada responde a la costumbre que ha hecho del maestro, el lector e interprete de los libros,6 quien construye los significados para que el estudiante, supuestamente, los pueda entender. Así, el estudiante no va a la fuente directa, el libro, sino que se habitúa a tener la mediación efectuada por el docente.

La dependencia anotada tiene una forma muy usual de concresión (la continua toma de notas en clase, que equivale a copiar lo que habla el maestro) y genera, básicamente, tres tipos de consecuencias inmediatas: primero, el maestro y su palabra se constituyen en criterio de verdad; segundo, el maestro  se erige en el modelo a imitar, y, tercero, se genera en los estudiantes una actitud esencialmente pasiva.

Las tres consecuencias anotadas se pueden corroborar en situaciones generalizadas: el casi incuestionable poder del docente dentro del aula de clase, y, la actuación de los docentes, que reproducen el esquema en el cual fueron formados, haciendo de lo oral la estrategia pedagógica sobre la cual descansa, en alta proporción, su labor.

Como se puede observar, las relaciones sociales que se generan en la Escuela son de marcada dependencia del alumno respecto del maestro, en tanto las prácticas pedagógicas que en ella se implementan no lo son, ni propician dicha concepción; se hace necesario, por lo tanto, establecer que subyace a tales prácticas, para lo cual se tomará como referente teórico los planteamientos del racionalismo.

Para Emmanuel Kant, el racionalismo se fundamenta en tres postulados: pensar por sí mismo, pensar en el lugar del otro, y, ser consecuente; desde ellos se analizarán las prácticas escolares tradicionales.

Con relación al primer postulado kantiano, Estanislao Zuleta (1991) expresa:
... pensar por sí mismo no quiere decir  —no nos equivoquemos en esto—  ningún prurito de originalidad. Uno piensa por sí mismo cuando lo que piensa, uno mismo lo puede argumentar y, si le va muy bien, demostrar. Pensar por sí mismo quiere decir que el pensamiento no es delegable. Lo que uno no piensa por sí mismo, no lo piensa, simplemente lo repite. (230)
Este planteamiento dista del acontecer diario que se vive dentro de la Escuela, donde pensar por sí mismo por parte del estudiante es reemplazado por pensar tal y cual lo hace el profesor, lo que equivale a que sea este quien lleve a cabo la labor de pensar, en tanto que el alumno quede relegado a las acciones operativas- repetitivas.

Esta situación descrita tiene estrechos vínculos con los procesos de lectura y de escritura, por cuanto los realizados tradicionalmente en la Escuela tienen como función básica acceder y preservar un saber construidos por otras personas y otras generaciones, los cuales son necesarios de memorizar y de repetir. Poco se estimula la relación textual (leer/escribir) que interrogue ese saber ya construido, y, mucho menos, que intente transcenderlo.

Así, dentro de la Escuela leer y escribir sólo se quedan en el plano de lo informativo, sin llegar a niveles epistémicos;7 se desaprovecha de este modo la posibilidad que brinda lo textual para efectuar procesos de reflexión y de producción que vayan más allá del discurso del docente, es decir, que logren que el estudiante piense por sí mismo.

Lo anteriormente descrito también resulta válido para el docente frente a sí mismo, pues en muchas ocasiones este no construye su propio discurso, sino que agencia el plasmado por otros en diversos libros. Es necesario que el maestro sea también productor de textos, que comparta y confronte con sus estudiantes su saber —en la doble dimensión de conocedor de una determinada disciplina académica y como pedagogo— para reconstruirlo.

El segundo postulado racionalista es, según el mismo Zuleta (1991):
... es el movimiento que se dirige hacia allá, a pensar en el lugar del otro, a reconocer que el otro puede tener la razón, a hacer el esfuerzo de ver hasta qué punto se puede aprender de él, es un movimiento que va contra toda discriminación. (231)
La Escuela tradicional también se ha quedado corta en esta posibilidad de cimentar una actitud democrática, por cuanto no ha propiciado un diálogo de saberes, entre docentes y estudiantes y de estos entre sí.

Aunque resulte difícil aceptarlo, aún perdura dentro de nuestro sistema escolar la denominada, según Paulo Freire, concepción bancario de la educación. A esta  visión  educativa se oponen nuevos planteamientos, como es el caso del constructivismo, bajo el cual el proceso educativo es una permanente confrontación de saberes, lo que implica que tanto docentes como alumnos juegan papeles activos, que distan de las formas tradicionales empleadas en nuestra Escuela. Así, Ricardo Lucio A. (1994) expresa: “el constructivismo plantea que el papel del maestro no es el de transmitir el conocimiento, sino el de propiciar los instrumentos para que el alumno lo construya a partir de su saber previo” (10).

La confrontación y el diálogo de saberes de una nueva educación, debe contar con un ambiente y unas herramientas propicias para su desarrollo. Es indispensable aprender a escuchar al otro, analizar su discurso, comprender las claves y los mensajes que este encierra, todo ello dentro del proceso de construcción de conocimiento, y es allí donde los procesos de lectura y de escritura desempeñan un importante papel, tanto en la elaboración de ese saber, como en la generación de actitudes y de prácticas de carácter democrático.

El aula será uno de los espacios para que estudiantes y docentes elaboren sus planteamientos sobre diversos tópicos, se valore lo que expresan, el esfuerzo, los procesos y los resultados que ellos encierran y no, como tradicionalmente se ha hecho, se califique/descalifique (diferente de evaluar) por lo que les faltó o por los errores cometidos.

Es aquí donde la escritura juega un importante papel dentro de la construcción de la democracia al interior de la Escuela, tanto para el docente como para el estudiante, por cuanto escribir implica asumir el doble y simultáneo papel de escritor y de lector. Es, si se quiere, la concresión de los dos postulados racionalistas enunciados, ya que requiere de pensar por sí mismo (como productor de ideas que plasma en un papel), y, pensar en el lugar del otro (al efectuar la lectura de lo que se escribe, no sólo desde su óptica de escritor, sino también pensando en los lectores potenciales que accederán a su discurso).

La escritura en la Escuela debe ser, por lo tanto, un medio a través del cual el estudiante construye y socializa sus posiciones frente a determinado tema, para que sean debatidos y reconstruidos por sus pares, con la colaboración del docente. Se constituye así la escritura en una de las posibilidades que se tienen dentro de la Escuela para pensar en el lugar del otro y por ende de participar en la construcción de democracia.

El tercer postulado kantiano, ser consecuente, es, según Zuleta (1991):
... no ser terco. Quiere decir que si nosotros tenemos una tesis cualquiera, y las consecuencias necesarias de esa tesis resultan ser contradictorias o absurdas, debemos abandonarlas si queremos ser consecuentes con la lógica. Y esto es muy distinto de ser terco. Y añade: Tener, por tanto, en la vida una gran disponibilidad a cambiar, es la última exigencia de la racionalidad. (232)
El anterior postulado trasladado a la temática objeto de reflexión dentro de este artículo, es un llamado para que el docente promueva a los estudiantes a que elaboren textos y manifiesten actitudes democráticas dentro y fuera de la Escuela; es necesario que él mismo produzca y confronte sus escritos y vivencia actitudes democráticas en sus relaciones con otras personas e instituciones, asumiendo la posibilidad, como persona y como docente, de estar equivocado y por lo tanto modificar sus puntos de vista y sus actuaciones.

Los padres de familia dentro del Gobierno Escolar

El Gobierno Escolar también involucra dentro de su proceso de cambio a los padres de familia, quienes deberán asumir que su responsabilidad frente a la educación de sus hijos va mucho más allá de efectuar la matrícula correspondiente y la compra de los libros y los útiles escolares que necesitan; es necesario vincularse de lleno con las organizaciones que los representan, para co-participar en la toma de decisiones que competen con el proceso educativo de sus hijos.

Esta nueva situación ha conllevado al fortalecimiento de las asociaciones de padres de familia e incluso hayan decidido algunas crear comisiones de asuntos pedagógicos, como medios desde los cuales se haga el acompañamiento, asesoría, control y apoyo a las gestiones que realizan las instituciones escolares. Se puede afirmar que, gracias a la Ley General de Educación y al Gobierno Escolar, los padres de familia han vuelto a la Escuela.

La misma Ley establece que la representación de los padres de familia está dada desde el organismo de mayor jerarquía institucional (el Consejo Directivo), hasta aquellos en donde se contemplan casos de la vida cotidiana en que se ven involucrados sus hijos, como son los asuntos de promoción escolar (Comités de Promoción).

Presencia del sector productivo en el Gobierno Escolar

Este mismo proceso de apertura de las puerta de la Escuela a la comunidad, hace necesaria la vinculación y la participación activa del sector productivo aledaña a cada institución escolar. Así, un puesto del Consejo Directivo está reservado para un representante de este sector.

¿Qué beneficios puede tener para la Escuela este tipo de participación? Considerando que existe un estrecho vínculo entre Escuela y el sector productivo de la sociedad, resulta necesario que haya una comunicación directa entre las partes, de modo que el sistema escolar esté al tanto de cuales son los requerimientos de esta área, de manera que readecue muchas de sus prácticas que realiza en el proceso de formación de sus estudiantes.

Así mismo, el sector productivo se caracteriza por un marcado dinamismo, producto de la necesidad de tener un alto nivel de competividad, requisito sin el cual no podrá enfrentar con éxito la lucha dentro del mercado de bienes y servicios. Esto hace que la industria, por ejemplo, cuente con los medios y las herramientas de más reciente tecnología, al tiempo que aplica los sistemas administrativos que mejores resultados pueden generar en su labor.

La situación descrita muestra lo valioso que resulta para la Escuela incorporar muchas de las experiencias que en el sector productivo se llevan a cabo, readecuando y rediseñando algunas de sus concepciones y prácticas, lo cual es posible de lograr con la presencia de un representante del sector productivo en el principal órgano de dirección escolar, como lo es el Consejo Directivo.

A su vez, la Escuela está en capacidad de aportar nuevos elementos al sector productivo, gracias a su experiencia construida en el campo humanístico, a través de la cual es posible dar un sentido mucho más profundo y trascendente a las labores que se realiza en ese campo, desde los aspectos motivacional y organizacional, hasta las nuevas teorías administrativas, donde se privilegia el aspecto humano.

El Gobierno Escolar como posibilidad de repensar las formas de administración

La creación del Gobierno Escolar es, además de todo lo antes expresado, la posibilidad para que se revisen las tradicionales formas de orientación y administración que se han llevado a cabo dentro de la escuela colombiana y en muchas otras instituciones de carácter oficial.

La forma clásica de administración ha establecido que sea una persona (llámese gerente, administrador, o, como en el caso de las instituciones escolares, rector) quien señale los lineamentos bajo los cuales se orientan y desarrollan las actividades que permitan alcanzar los objetivos institucionales.

Esta concepción concentra en un solo funcionario todo el poder de decisión, lo que no solamente limita la posibilidad de participación de otras personas y estamentos, sino que además obstaculiza algo que es indispensable a la luz de las nuevas teorías administrativas: la confrontación de diversos puntos de vista de las personas involucradas en una institución.

Hoy en día, cuando están muy en boga tendencias administrativas conducentes a lograr la calidad total y la excelencia tanto en los procesos como en los resultados, resulta indispensable para transformar y democratizar a la Escuela evaluar ese tipo de planteamientos y determinar cuáles de ellos tienen cabida en el seno escolar y de qué manera son susceptibles de implementarse, todo ello gracias a la apertura que brinda la creación del Gobierno Escolar.

Si un Estado diseña los mecanismos que permitan aglutinar a los miembros de su sociedad para que discutan sus puntos de vista, como es la perspectiva lograda a través de la creación del Gobierno Escolar, está en el camino de impulsar procesos de participación, una expresión —por lo demás válida y necesaria— de la permanente construcción de democracia.