10 de Diciembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (122) III
Año: 1995

Los modelos educacionales

Bryan Holmes caracterizó dos modelos educacionales de comienzos y final del período que nos interesa, antes y después de la gran expansión educacional (Holmes 1983).2   Los recordamos porque ayudarán a poner en evidencia el gran cambio que ha sufrido particularmente la enseñanza media y en general toda la enseñanza optativa en este período.

El modelo tradicional de la declaración de los derechos del hombre ilustra los ideales educacionales del final de la Segunda Guerra Mundial: sistemas escolares nacionales con una educación primaria de pretensiones universales, y una educación secundaria selectiva, ambas dominadas, como se ha señalado tantas veces, por los requerimientos del ingreso a la universidad que era su culminación. Las escuelas técnicas y vocacionales tendían a ser colaterales, más sensibles que el resto del sistema escolar a demandas de la industria y del comercio.

Esa concepción de los sistemas escolares ha dado paso a otra que exige que sean democráticos, relevantes, permanentes, flexibles e indiferenciados. El último rasgo se refiere a que se espera que todos hagan en esencia la misma carrera aunque no tenga siempre la misma duración; se acentúa la continuidad y se posterga al máximo la especialización; la diferenciación horizontal, que existe en mayor o menor medida, se niega o se la relega a la etapa final. Estos principios sustentan un período extenso de asistencia obligatoria que suele incluir bajo el nombre de educación básica el primer nivel del modelo anterior y la primera etapa del secundario. En cuanto a la segunda etapa del secundario, aunque no sea obligatoria, se considera derecho de todos y se ha extendido notablemente en el mundo, en muchos países hasta la universalización. El tercer nivel se considera derecho para gran proporción de la población siempre que no se expanda a expensas de la calidad.

El nuevo modelo recuerda uno de los tipos ideales de la tipología elaborada por Ratinoff hace treinta años (1964), el llamado sistema adquisitivo cuya diferenciación interna predominante era cuantitativa y cuyos principios eran la continuidad y la articulación sistemática de instituciones y contenidos docentes. La expansión educacional, ahora a ritmo más lento y vista probablemente con menor ilusión que poco tiempo atrás, ha cambiado el significado de los niveles escolares y particularmente de la enseñanza media en el mundo. De ser una enseñanza de élites se convirtió en una de masas que excluye la selección por considerarla inadmisible.

En este panorama, si América Latina ha tenido una vez una educación media prematuramente extendida por lo menos en parte de la región, hoy tiene una educación de ese nivel apenas medianamente desarrollada. Como puede verse en el Cuadro 1 está por debajo de América del Norte, Europa y Oceanía y es muy aproximadamente la que corresponde al promedio mundial, en el cual, como es lógico por su volumen, prevalece el mundo en desarrollo. Es, sin embargo, superior a la tasa global de Asia y a la de los países en desarrollo y, desde luego a la de África, que es la región más rezagada a este respecto.

Hace unas décadas prevalecía justificadamente la imagen de la región latinoamericana como fuertemente escindida en un mundo rural, escasamente alfabetizado, y un mundo urbano que estimulaba el desarrollo de la educación media y superior y ahondaba la distancia educacional con la población rural. La extensión de la educación media era la expresión de esas profundas diferencias entre la población rural y la urbana.

Hoy es bastante claro que la región tiene una educación superior más extendida de lo que hubiera permitido esperar su desarrollo económico, como ha sido señalado repetidas veces y se comentará después. Parece haber tenido lugar, en cierta medida, un desplazamiento del rezago de la educación popular a la enseñanza media y de la tendencia al hiperdesarrollo (mayor del esperado en la comparación internacional) del nivel medio al superior.