24 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (122) III
Año: 1995

Caracterización global de la educación latinoamericana

En primer lugar interesa comparar a la región por los déficit educacionales y en particular por el mayor de ellos, el analfabetismo. En 1990 el analfabetismo adulto latinoamericano, en cifras redondeadas, era el más bajo entre las categorías de países clasificados como “en desarrollo” (15%) aunque obviamente muy superior al estimado para el conjunto de los países desarrollados (3%).

Hay diferencias importantes entre los países latinoamericanos al respecto y también discrepancias en la información de organismos internacionales en fecha reciente. Hay coincidencia (o levísima discrepancia) sobre el analfabetismo global de la población de 15 y más años de la región, que ya se mencionó, así como sobre las tasas de Argentina, Bolivia y Chile (respectivamente 4.7, 22.6 y 6.7). Pero, en cifras redondeadas, Cuba tiene 3% según una fuente y 6% según otra; El Salvador 27 y 31; Haití 47 y 57; República Dominicana 17 y 23, y los demás países discrepancias menores aunque no desdeñables (Unesco-Unicef 1993 y Unesco 1993 así como The World Bank 1995, que coincide con la fuente anterior).

Pese a la falta de confiabilidad que se deduce de las discrepancias señaladas, clasificaremos a los países de la región por las tasas de analfabetismo adulto.

Sólo en dos casos, el de Panamá y El Salvador, debimos promediar la información para ubicarlos en una categoría y, en cuanto a la R. Dominicana, utilizamos la única información disponible (Unesco 1993).

Seis países de la región tenían en fecha reciente menos de 10% de su población adulta sin alfabetizar (Argentina, Costa Rica, Cuba, Chile, Paraguay, Uruguay). Muy cerca de ellos, con 10 a 15% de sus adultos analfabetos había otros siete (Colombia, Ecuador,  México, Nicaragua, Panamá, Perú, y Venezuela).  De 16 a 30 % de analfabetos tenían Bolivia, Brasil, El Salvador, Honduras y R. Dominicana. Restan Guatemala y Haití, los dos países con tasas de más de 40%, a gran distancia de todos los anteriores, con prácticamente la mitad de sus adultos analfabetos (a este respecto próximos a los Estados Árabes y al África Sub-Sahariana globalmente considerados así como a la India).

El progreso en la alfabetización que, pese a todo, representaron estas cifras (en el conjunto de América Latina de 7.5 puntos en la última década) fue sostenido por las crecientes tasas de escolarización que pueden verse en el Cuadro 1. Recordemos que los datos de alfabetización se refieren a todos los adultos, gran parte de los cuales había dejado las escuelas mucho tiempo antes de los progresos recientes de la escolarización. Sin embargo la alfabetización creciente, particularmente de los jóvenes, y la gran expansión de la escolarización son dos procesos consistentes y relacionados.

La información más completa sobre la escolarización en el mundo es la de las tasas brutas (es decir, las que relativizan el total de la población matriculada en cada nivel, cualquiera sea su edad, por el grupo de edad “oficial”, lo que produce a menudo tasas que superan el 100). El Cuadro 1 permite apreciar, en una rápida ojeada, la notable expansión de todas las tasas de escolarización en el mundo en un período de treinta años. En 1960 las tasas de escolarización de América Latina en los tres niveles eran inferiores a las tasas mundiales aunque las diferencias eran pequeñas en el primer nivel y en la tasa global. En el segundo y tercer nivel, en cambio, las diferencias eran importantes, puesto que las latinoamericanas representaban alrededor de la mitad de las del mundo.

En la década siguiente sólo en la educación del primer nivel la región superaba las tasas mundiales, lo que equivale a decir que en la educación optativa estaba retrasada respecto de aquéllas, precisamente lo contrario de lo que podía haberse supuesto si se recuerda la caracterización de la educación latinoamericana a que se hizo referencia. En 1980 superaba las tasas mundiales en el primero y tercer nivel, mientras tenía un valor casi igual, apenas inferior, en el segundo.

En los datos más recientes, de la década de 1990, América Latina está por encima de las tasas mundiales de escolarización en todos los niveles, aunque no muy lejos de ellas, si bien en el tercer nivel la ventaja es un poco mayor. Como se trata de tasas brutas, conviene señalar que sólo las del primer nivel son menos confiables que las tasas netas. En los dos niveles restantes las tasas brutas las reemplazan sin desventajas (véase Eichelbaum de Babini 1995).

La tasa del primer nivel es mayor que la europea y es la que compara mejor actualmente en el mundo, como muestra el Cuadro 1. Si los promedios latinoamericanos son superiores a los europeos es precisamente porque el indicador es malo. De otro modo los sistemas escolares que desde hace muchas décadas han logrado escolarizar a la población joven y que, por muchas razones están en condiciones de mantener a la población escolar en las escuelas (por tradición y experiencia, por la riqueza relativa y por el bajo peso demográfico que representan los escolares en poblaciones típicamente viejas) deberían superar a los latinoamericanos, de reciente expansión, lograda con gran esfuerzo según se deduce tanto de sus condiciones económicas como demográficas. Los valores más altos de estas tasas no corresponden por lo general a los países que han logrado escolarizar a toda la población de edad escolar sino a los que tienen mayor cantidad de alumnos que superan la edad teóricamente esperada. No permiten discriminar entre una situación favorable y una desfavorable a menos que se trate de países o regiones con una importante brecha de escolarización, donde amplios sectores no acceden al sistema escolar o lo abandonan muy pronto.

El 75% de los países y más de 90% de la población de la región entran en la categoría superior del 100 por ciento o más de la población escolarizada en el primer nivel. En los países más avanzados de América Latina ocurre probablemente como en la Argentina, donde la alternativa favorable es estudiar a edad normal y la desfavorable hacerlo a mayor edad, circunstancia que puede obstaculizar, a menudo drásticamente, la carrera escolar posterior. Sin embargo, con escasas excepciones, los jóvenes acaban por concluir la escuela primaria, en un lapso mayor o menor, y tanto los precoces como los rezagados abultan estas tasas brutas.

El resumen de la información que permite comparar regiones en las últimas décadas nos muestra tanto el progreso general de América Latina en la escolarización, si se comparan los datos regionales con los promedios mundiales, como el hecho de que el avance ha sido algo menor en el nivel medio.
  • El Gráfico 1, que no es otra cosa que la versión gráfica de los datos aislados de la escolarización de segundo nivel en las dos fechas que limitan el período considerado, ilustra no obstante el progreso relativo en la escolarización del nivel.
  • El Gráfico 2 ilustra de igual modo las tasas de escolarización regionales para el nivel superior y muestra un progreso mayor, como se dijo, apreciable en relación con los promedios mundiales.
El Informe de Unesco de 1993 hace una tipología global del desarrollo de la educación superior, principalmente en términos cuantitativos, que repara en la situación de la región en materia de educación superior. Se distingue en esa publicación una categoría de países de ingresos medios y aún bajos, la mayor parte de los cuales están en América Latina, generalmente de menos de 6.000 dólares per cápita, con niveles de matriculación en la educación superior del mismo nivel que gran parte de los países de la OECD. Los países que menciona el informe son Perú, Argentina, Venezuela, Costa Rica, Uruguay, Bolivia, Ecuador y Chile junto a otros que no son de la región, como la República de Corea, Filipinas, Jordania y Bulgaria así como también dos países de la OECD (Grecia y Portugal). Sin embargo los datos globales de Latinoamérica, como había ocurrido antes con la educación de segundo nivel, no lo muestran muy claramente. Aunque la tasa sea casi dos veces y media la de Asia y más de tres veces y media la de África, así como superior a la tasa mundial, está muy lejos de la tasa de América del Norte, que es elevadísima y de las de Europa y Oceanía. Respecto de la tasa europea puede verse que tiene un atraso de veinte años, como puede decirse por el hecho de que la de Europa en 1970 era algo superior a la de Latinoamérica de 1990.

En síntesis, la escolarización de Latinoamérica progresó mucho globalmente entre 1960 y 1990, como lo evidencia rápidamente su relación con los promedios mundiales en todos los niveles y una observación superficial, la que permiten estos datos regionales, muestra un avance algo menor en el nivel medio. Debe notarse también que la expansión de la escolarización es un fenómeno generalizado en el mundo, a tal punto que ha obligado a buscar explicaciones que trascendieran en gran medida las diferencias nacionales y regionales, razón por la cual América Latina no es una excepción. Si en 1990 sus tasas de escolarización mostraban un progreso relativo en el mundo, ésto ocurría, obviamente, porque la expansión de la escolarización había sido mayor en la región que en el mundo considerado como una unidad.

Nos referiremos muy brevemente a las diferencias por países. Si nos atenemos a las veinte naciones que tradicionalmente integran la región, observamos que las tasas brutas del primer nivel apenas discriminan puesto que la mayor parte de las naciones tienen valores superiores a 99 y algunas de 95 a 99 que, por la falta de precisión de los datos, poco significan. Cuatro de ellos, sin embargo, tienen valores entre 56 y 85 que indican una fuerte brecha de escolarización (véase Cuadro 2). Si las tasas brutas, que incluyen los inscritos de cualquier edad, están bastante por debajo de cien, las tasas netas, con sólo la matrícula de la edad “oficial”, ponen en evidencia que hay una importante población de edad escolar no escolarizada. En Haití, que tradicionalmente ha representado la situación más deficitaria de la región, donde las tasas netas parecen haber descendido en los últimos años, eran para la última fecha 26 (en 1989, según Unesco-Unicef, la mitad aproximadamente de la tasa neta de 1985 que ya era extremadamente baja). No hay que descartar que estos últimos datos sean errores porque la misma cifra se menciona en una fuente como tasa bruta y en otra como neta. Es probable que las tasas netas sean poco confiables en este análisis transnacional ya que sus tendencias no pueden analizarse sistemáticamente a lo largo de una serie de años por falta de información completa.

En el nivel medio hay mayor variación entre los veinte países considerados. Los más avanzados en la escolarización del nivel tienen más de 70% de los jóvenes de la edad pertinente en las escuelas (Cuba, Uruguay, R. Dominicana, Chile y Argentina), con una tasa similar a la regional de Oceanía; otros cinco países tienen entre 50 y 69% escolarizados en el nivel, próximos a la tasa global de América Latina (Perú, Panamá, Ecuador, México y Colombia); dos países tienen entre 40 y 50% de los jóvenes en las escuelas del nivel (Nicaragua y Costa Rica), cerca de la tasa global de Asia y de los países en desarrollo considerados en conjunto; otro grupo de cinco países con tasas de más de 29 a 40%, están atrasados dentro de la región entre una y dos décadas según las tasas globales (Brasil, Venezuela, Bolivia, Paraguay, y Honduras). Y restan tres países que no pasan del 29% de sus jóvenes escolarizados en el nivel (Guatemala, El Salvador y Haití), que están atrasados respecto de las tasas globales de la región africana (véase Cuadro 2).

En cuanto a la escolarización de nivel superior, ya se señaló que un grupo de países tiene tasas muy elevadas en la comparación internacional de más de 25% del grupo de edad. No es poco si se observa que los países europeos tienen en conjunto una tasa de este nivel de 29%. El caso de la Argentina es sin embargo excepcional, con su tasa de 40% , similar a la que corresponde a los países desarrollados en conjunto, pero no puede sorprender puesto que es tradicional la extensión que, con algunas fluctuaciones, ha tenido su educación superior desde hace varias décadas. En el otro extremo hay varios países con tasas bajas de matriculación desde la perspectiva regional, como Honduras, Nicaragua y Paraguay, un poco por debajo del 10%. Sin embargo, en comparación con las tasas regionales de Asia y África, o de todos los países en desarrollo no son muy bajas (véase Cuadro 1).