20 de Enero de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (122) III
Año: 1995

Algunos aspectos de la distribución de la educación en América Latina

El gran progreso en la educación de las mujeres es uno de los cambios educacionales más notables de la población mundial en las últimas décadas. Una relativa equidad en la educación de hombres y mujeres es característica de la región latinoamericana en su conjunto aunque no de la totalidad de los países. Este rasgo de la educación latinoamericana ha sido reconocido por varios estudiosos (Frejka 1974; Deblé 1980; Bowman y Anderson 1980). Un breve análisis de los datos globales de América Latina y el Caribe en comparación con los de otras regiones a este respecto nos permitirá apreciarlo.

Las diferencias por género en la alfabetización adulta son muy importantes todavía en el mundo actual. Sin embargo, en los países desarrollados la diferencia es de apenas un punto, consecuencia lógica de la casi total eliminación del analfabetismo. Si se prefiere puede decirse, lo que parece más apropiado, que ha sido la relativa equidad en la educación de hombres y mujeres lo que ha permitido la erradicación del analfabetismo.

Resumamos la desigualdad por género a este respecto en fecha reciente. Para todo el mundo las diferencias eran de 15 puntos, lo que significa menor alfabetismo femenino (para 1990 estimado en 66% mientras que el masculino lo era en 81%). La desventaja de las mujeres en la alfabetización adulta para la totalidad de los países en desarrollo (entre los cuales están incluidos los países de América latina, que representan el extremo más equitativo) era calculada para la misma fecha en más de 20 puntos. En nuestra región, que había avanzado más en el proceso de alfabetización que el resto del llamado mundo “en desarrollo” como un todo, las diferencias son pequeñas desde la perspectiva comparada: 83% de alfabetismo entre las mujeres adultas y 86% entre los hombres adultos.

Si somos pesimistas podemos decir que las diferencias en la alfabetización de hombres y mujeres desaparecerán sólo con la erradicación del analfabetismo y este proceso es muy lento. Como se ha apuntado en relación con otros casos de diferenciación social la equidad se consigue sólo cuando un logro educacional se ha generalizado totalmente, lo que Green (1986) llama “la ley del que llega último”. Sin embargo, parece que ha habido mayores avances en el sentido de la equidad en la educación de hombres y mujeres que en otros tipos de diferenciación social. En la Argentina, por ejemplo, las mujeres aventajan a los hombres en la alfabetización entre una amplia población joven aunque están en desventaja, como es sabido, entre las generaciones mayores. Pese a que el cambio en la dirección de las diferencias de género es un fenómeno visible desde hace tiempo, la ventaja femenina todavía no se traduce acabadamente en el total adulto. Las diferencias son ínfimas entre la población de 15 y más años según el Censo de 1991 (Serie C) donde los analfabetos representaban 3.8% entre los hombres y 4.1% entre las mujeres. Si olvidamos las diferencias entre jóvenes y viejos, que muestra la historia de este proceso, puede decirse que la alfabetización está alcanzando por igual a hombres y mujeres. La tendencia reciente es igualitaria en la Argentina como en varios países latinoamericanos y las diferencias que subsisten en la región son reducidas si se las mira en la perspectiva comparada, como se ha visto a través de los datos agregados.

La información sobre el promedio de años de escolaridad, indicador global que es un buen resumen de la educación adulta, nos permite caracterizar a los países de la región por su equidad en la distribución de la educación por género (véase Cuadro 3). Si se considera la educación promedio femenina como porcentaje de la masculina varios países tienen más de cien, lo que indica mayor instrucción promedio de las mujeres: Uruguay, Nicaragua, Panamá, Colombia, Argentina y Cuba. El Salvador muestra igual promedio de instrucción para hombres y mujeres. Con un índice de entre 95 y 99 hay un grupo de países donde los hombres aventajan a las mujeres pero la desigualdad no es muy acentuada (Costa Rica, Venezuela, México y Brasil) seguidos por Honduras, Chile y Ecuador, donde la ventaja masculina es mayor (índices 93, 92 y 91). Un índice de 80 a 89, con aún mayor ventaja masculina en este indicador, corresponde a Paraguay, R. Dominicana, Guatemala y Perú. Restan Haití y Bolivia, los casos extremos en la desigualdad educacional por género en la región, con índices de 65 el primero y de 60 el segundo. No olvidemos que se trata de la educación de los adultos que no refleja los cambios recientes en el sistema educacional y por ende en la distribución por género de la educación entre los jóvenes. En síntesis, respecto de este importante indicador educacional la desventaja femenina es mayor que en otros que se refieren a la población joven y también hay mayor diferenciación al respecto entre los países de la región.

Las diferencias en la escolarización por género son reducidas si se las compara con las que se observan en otras regiones. Tanto en la matrícula pre-primaria como en las de los dos primeros niveles los datos de latinoamérica muestran equidad entre los sexos puesto que hombres y mujeres tienen aproximadamente la misma proporción (era femenina 50% de la matrícula pre-primaria, 49% de la del primer nivel y 52% de la del segundo nivel). El extremo menos equitativo en el mundo, según los datos estimados para 1990, está representado en las cifras globales por los Estados Árabes, entre quienes los porcentajes de matrícula femenina eran respectivamente (comenzando por el nivel pre-primario) 38%, 44% y 42%. Los países desarrollados no superaban a la región latinoamericana por los porcentajes de matrícula femenina con excepción de la del nivel superior. En este caso el porcentaje de mujeres era algo inferior en América Latina que en los países desarrollados como un todo (47% comparado con 50%) pero en las regiones del mundo en desarrollo la participación femenina en este nivel era considerablemente más reducida que en América Latina.

La información reciente sobre las tasas de matriculación por sexo para los veinte países de la región es incompleta pero permite confirmar que las mujeres tienden a aventajar a los hombres en la escolarización del segundo nivel como se observó en los datos agregados. Para los países sobre los cuales hay información en el último Informe sobre desarrollo humano (1994) trece países muestran a este respecto índices de 100 o más, mientras que sólo Haití y Bolivia tienen ventaja masculina en el segundo nivel (con índices de 91 y 84).

La información sobre las diferencias entre la educación rural y urbana, de reconocida importancia en general y muy particularmente en América Latina, ha recibido muy poca atención en los últimos años. Los Informes sobre el Desarrollo Humano del PNUD, que se interesan mucho por la desigualdad de oportunidades entre categorías sociales, si bien se ocupan de las disparidades rural-urbanas no incluyen la educación entre los aspectos a comparar. Todas las importantes fuentes de datos educacionales o no se ocupan de la educación rural-urbana o tienen una información muy incompleta. Los datos más completos al respecto son muy viejos y no nos permiten analizar en qué medida subsisten las importantes desigualdades rural-urbanas en la distribución de la educación que han caracterizado a los países latinoamericanos hace algunas décadas.

Como se dijo antes, algunos estudiosos de la educación latinoamericana señalaron, junto a la relativa equidad en la distribución de la educación por género, la profunda desigualdad rural-urbana. Pese a la gran expansión educacional que hemos comentado y también a la acelerada urbanización de la región, la información disponible permite comprender que los países latinoamericanos no han avanzado mucho en el camino de la equidad a este respecto.

Un informe reciente de CEPAL dice:
En América Latina y el Caribe, durante los años ochenta las disparidades de base geográfica parecen haberse tornado incluso más decisivas que las de base social. Así, por ejemplo, en Brasil y en Venezuela las tasas de asistencia escolar de los niños del primer cuartil de ingresos (pobres) en los centros urbanos fueron similares o aún mayores que las de los niños del cuarto cuartil (ricos) en las zonas rurales. En ambos países, el acceso a la educación preescolar fue dos veces mayor en las ciudades y la tasa de inasistencia correspondiente a la educación básica tres veces menor, en comparación con los sectores rurales. (CEPAL 1992)
Pero es poco lo que se puede hacer por brindar una breve descripción actualizada de la situación de la región latinoamericana en la distribución de la educación entre zonas urbanas y rurales. La correlación entre el porcentaje de analfabetismo y el porcentaje de población rural de los países de la región alrededor de 1990 confirma lo sabido, que los países que tienen mayor población rural son también los que tienen mayor porcentaje de analfabetismo, hoy como ayer. Con datos de 1990 tomados del Informe Mundial sobre la Educación de Unesco de 1993 la correlación es de 0.74.

El analfabetismo nos permite también ilustrar las diferencias rural-urbanas recientes en materia de educación a través de la situación de tres países, los únicos para los cuales hay información en el último anuario estadístico de UNESCO (1994). Dos de ellos, Bolivia y Uruguay, son apropiados para ejemplificar los dos extremos de la región en varios aspectos, en particular en lo que más nos interesa, porcentaje de analfabetismo y equidad en la distribución de la educación por género. En Bolivia (según datos de 1992) la diferencia entre hombres y mujeres en el analfabetismo adulto es de 16 puntos (en cifras redondeadas 28% de analfabetismo femenino y 12% de analfabetismo masculino) mientras que entre la población rural y urbana es de 27 puntos (la diferencia entre 36% de analfabetos rurales y 9% de analfabetos urbanos). Será mejor decirlo de otro modo que resalta las características de la situación: los analfabetos rurales son cuatro veces los urbanos mientras que las mujeres analfabetas son poco más del doble de los hombres. Recordemos que estos datos se refieren al país que, como se dijo, representa con Haití el caso extremo de desigualdad por género de la región. En cuanto a Uruguay (según datos de 1985) el analfabetismo adulto femenino era levemente inferior al masculino, lo que es muy excepcional, mientras que las diferencias entre el analfabetismo urbano y rural, aunque bajas o muy bajas, eran de 5 puntos en el sentido esperado. Hay datos recientes (de 1990) de un tercer país, Venezuela, con analfabetismo relativamente bajo así como baja desigualdad por género, aunque su situación no es tan atípica dentro de la región como la de Uruguay. La diferencia entre analfabetismo masculino y femenino es de 2 puntos (los hombres 9% y las mujeres 11%) mientras las diferencias rural-urbanas a este respecto son de 20 puntos.

En síntesis, hemos podido ilustrar con el analfabetismo que la región no hace extensiva su relativa equidad en la distribución de la educación por género a las diferencias rural-urbanas. La escasa información reciente parece indicar una fuerte desigualdad para los estándares actuales entre la educación rural y urbana.

La breve ojeada a la distribución de la educación latinoamericana muestra la persistencia de rasgos típicos de la región en un período de notable crecimiento relativo.