20 de Julio de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (121) II
Año: 1995

7. Teresa VALDÉZ y Enrique GOMARIZ, Coord. Mujeres latinoamericanas en cifras. Tomo comparativo. Santiago de Chile: FLACSO, 1995, 199 p., notas, cuadros, tablas, gráficos, glosario.

Esta obra resume el primer esfuerzo sistemático por mostrar, en forma integral y comparada con los varones, la situación de las mujeres en América Latina. Este es un continente de múltiples colores y geografías, atravesado por dolorosos conflictos políticos, sociales, étnicos, culturales y económicos. La condición de subordinación de las mujeres, ampliamente debatida en el mundo entero y por cuyo cambio han luchado desde antaño las propias mujeres, tiene en América Latina particularidades y raíces profundas que se relacionan con la conformación de la región a través de los procesos de conquista, mestizaje, colonización y posterior independencia de los Estados nacionales. La construcción social del ser femenino y del ser masculino y el código de relaciones entre ellos, se arraiga en una combinación de razas —un “nosotros” y los “otros”— que marca los espacios simbólicos y las identidades atribuidas a cada género. Este juego de identidades recorre la historia latinoamericana y se manifiesta, por un lado, en la discriminación y subordinación femenina y, por el otro, en las distintas acciones de protagonismo político y social llevadas a cabo por mujeres, particularmente en los últimos decenios.

La vida de las mujeres latinoamericanas ha experimentado profundas transformaciones en la décadas recientes. Estas se expresan en el aumento de la esperanza de vida, la reducción del número promedio de hijos, el mayor nivel educacional y disminución del analfabetismo, su creciente incorporación y permanencia en el mercado de trabajo, el mejoramiento de indicadores de salud y la utilización de anticonceptivos modernos, el aumento de la jefatura de hogar femenina, entre otras. Sin embargo, existen grandes diferencias entre países y, en cada uno de ellos, entre áreas urbana y rural, sectores sociales y etnias. Si bien los promedios nacionales a veces crean una idea de países que se acercan a los europeos, el examen según esos y otros factores devuelve una imagen de polaridades, heterogeneidad y enormes diferencias entre las propias mujeres.

En América Latina la llamada “modernización” ha sido vivida en forma desigual. Las crisis económicas de las últimas décadas, especialmente la de los años ochenta, causaron estragos en los diferentes países. Los gobiernos reaccionaron poniendo en práctica sistemas de ajuste económico que extendieron la indigencia, acentuaron las diferencias entre ricos y pobres y obligaron a buscar nuevas formas de sobrevivencia, en las que se involucraron mayoritariamente las mujeres. Ellas han debido reemplazar en una medida importante la labor del Estado en los servicios, asumiendo el costo de esas crisis organizándose y creando nuevas estrategias de subsistencia. Por otra parte, la emergencia de régimen autoritarios o dictatoriales, con su secuela de inseguridad, represión muertes y exilio, afectó la situación sociopolítica global y la acción colectiva de las mujeres en particular. Bajo la vigencia de estos regímenes, ellas buscaron a sus familiares y defendieron los derechos humanos, colaborando activamente a la restauración democrática.

En este contexto permanecen —en todos los países y con rasgos semejantes— la desigualdad, la discriminación, la invisibilidad y la desvalorización del aporte de las mujeres al quehacer social. El sistema de género vigente en la región, que consagra desigualdades entre mujeres y hombres, se refleja en los diferentes indicadores. De hecho, como revelan las cifras, el aporte que realizan las mujeres al desarrollo económico y en distintos ámbitos no se refleja en su participación en las esferas de poder, aun cuando es posible observar un discreto y sostenido incremento. Esta condición empeora conforme se desciende en la escala socioeconómica y también en el caso de las indígenas. A la clásica discriminación por género se agregan las discriminaciones por clase social y raza.

El acceso al mercado laboral está condicionado por la segmentación que se produce ya en el sistema educacional, en el que se reiteran prácticas sexistas que refuerzan una socialización temprana en roles “femeninos” tradicionales. Los mayores niveles educativos de la población femenina económicamente activa no se han traducido en una reducción de la brecha salarial, ni en el acceso a puestos de mayor jerarquía laboral. Más bien se han acentuado las diferencias cuando la calificación aumenta. Además, grandes contingentes femeninos se han incorporado al mercado de trabajo informal, caracterizado por malas condiciones de trabajo, inestabilidad, bajas remuneraciones y desprotección social.

Los indicadores sobre participación sociopolítica de las mujeres no reflejan, proporcionalmente, los aportes crecientes de las mujeres a la sociedad: las estructuras político-institucionales resisten con fuerza su llegada. Muy rara vez hay tres mujeres en un gabinete ministerial, la presencia en los parlamentos excepcionalmente llega a un 22,8% (Cuba) y en el Poder Judicial, en casi la mitad de los países, nunca una mujer ha sido designada ministra de la Corte Suprema de Justicia. Los partidos políticos parecen constituir una sólida barrera para impedir el acceso de las mujeres a cargos de representación y al gobierno. Sólo en partidos nuevos o en proceso de renovación la participación femenina en las directivas es significativa. Las estructuras sindicales muestran una situación similar.

Este puede parecer un panorama pesimista. No obstante, es en la acción de las propias mujeres donde se descubren los mayores avances. La constitución de un actor social colectivo que pugna por la eliminación de todas las formas de discriminación, por la igualdad de oportunidades, por la superación de la pobreza, por la formulación de políticas públicas para la mujer, por el respeto a sus derechos humanos va definiendo año a año una agenda política. Por otra parte, en el marco de la acción de Naciones Unidas, la casi totalidad de los países de la región ha creado una instancia de gobierno o mecanismo nacional para el adelanto de la mujer. Con la participación de organismos no gubernamentales, organizaciones sociales de mujeres, profesionales y especialistas, en diálogo con las agencias de gobierno para la mujer, los países han impulsado reformas legislativas e implementado diversos programas, muchos de los cuales explícitamente incorporan un enfoque de género y pretenden una profundización democrática.

Las mujeres organizadas han penetrado poco a poco, en diferentes formas y medidas, el debate público en sus respectivos países y desarrollan prácticas que auguran cambios para las futuras generaciones. Al mismo tiempo, el proceso preparatorio de la IV Conferencia Mundial de la Mujer (Beijíng 95) ha permitido importantes avances en la coordinación y confluencia de grupos de mujeres hacia una propuesta común como plataforma de acción. Esta publicación reúne información comparada de los diecinueve países de la región incluidos en el proyecto “Mujeres Latinoamericanas en Cifras”, culminando así la colección de libros del mismo nombre. Se publica simultáneamente en inglés y en castellano y con motivo de la realización de la Conferencia de Naciones Unidas para la Mujer en Beijíng. La publicación se realizó con el auspicio del Instituto de la Mujer en España (Ministerio de Asuntos Sociales) y también contó con el apoyo del Fondo de Desarrollo de Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional (ACDI), y la Autoridad Sueca para el Desarrollo Internacional (ASDI). La Coordinación estuvo a cargo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) desde su sede en Chile, con la participación de una amplia red de investigadoras e investigadores en toda la región, los resultados de este proyecto son un aporte a las instituciones, organismos y personas interesadas en el mejoramiento de la condición de las mujeres latinoamericanas y, de forma muy particular, de las propias mujeres y sus organizaciones.