21 de Junio de 2018
Portal Educativo de las Américas
  Idioma:
 Imprima esta Página  Envie esta Página por Correo  Califique esta Página  Agregar a mis Contenidos  Página Principal 
¿Nuevo Usuario? - ¿Olvidó su Clave? - Usuario Registrado:     

Búsqueda



Colección:
La Educación
Número: (121) II
Año: 1995

Conclusión

En este trabajo he presentado evidencia sobre la situación general de la educación en Guatemala. Además, he argüido que la diversidad cultural de Guatemala no ha sido tenida en cuenta en la planificación de la reforma educativa del país. Esa realidad plantea la necesidad de verificar un movimiento de reforma educativa substancial, integral, a largo plazo, y que saque provecho máximo de la riqueza cultural del país. Para que eso pueda cristalizarse, he propuesto que los educadores y líderes en este campo empiecen por cuestionarse y replantearse conceptos fundamentales que sustentarán los subsecuentes esfuerzos de cambio en las escuelas del país. Estos conceptos incluyen la relación entre escuela y sociedad y las teorías sobre el fracaso escolar. De igual manera, el proceso de cambio debe impactar al maestro y el salón de clases. Por esa razón, he sugerido que una visión de aprendizaje e instrucción más amplia y moderna sea adoptada, y que el maestro sea conceptualizado como un agente de cambio activo y reflexivo en el proceso enseñanza-aprendizaje.

La premisa fundamental que apoya los argumentos presentados en este ensayo es que la diversidad cultural de la población estudiantil del país debe educarse en un sistema escolar que valora las diferencias culturales, que enaltece el desarrollo del potencial humano, y que sirve de modelo para perpetuar sistemas democráticos de gobierno. Indiscutiblemente, otros factores externos al sistema educativo deben tomarse en cuenta al diseñar reformas educativas de gran magnitud. Fullan (1991) ha señalado que el último conjunto de factores que influencia la implementación [del cambio] coloca a la escuela y al distrito escolar en el contexto de la sociedad en general (78). Tal aseveración es pertinente para un país como Guatemala en el que la distribución de la riqueza y la diversidad cultural de la población juegan roles primordiales en el ámbito económico de la nación y en las oportunidades de educación y superación que se ofrecen a su población. Por ende, para que los cambios en el sistema educativo sean significativos y duraderos, deberían de estar sustentados por cambios en las estructuras socioeconómicas del país.