23 de Enero de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (121) II
Año: 1995

La cuestión del género

Un problema que ha recibido atención en otras partes del mundo ha sido la cuestión del género y la necesidad de proporcionarle a la mujer equidad en la educación. En contraste con otras regiones del mundo en desarrollo, América Latina muestra indicadores que a primera vista sugieren gran igualdad de género. Un número alto de niñas tiene acceso a la escuela y el porcentaje de niñas y niños tanto a nivel primario como secundario muestra alta paridad. A nivel secundario un nivel ligeramente más alto de niñas asiste a la escuela en algunos países de la Región. Esto parece ser debido a que los jóvenes son más fácilmente recibidos por el sector laboral y que, en el contexto latinoamericano —que permite menos labor física en el desempeño de tareas domésticas— las jóvenes encuentran que la asistencia a la escuela es compatible con el trabajo doméstico.

A nivel universitario, varios países de América Latina tienen un porcentaje relativamente alto de mujeres y, en ciertos casos (entre ellos Argentina, Cuba, Panamá, Uruguay), un número ligeramente más alto son mujeres. La favorable condición de la mujer en la educación superior en la Región se ha mantenido e inclusive da indicios de constante mejoría.

Ante este panorama, el del acceso paritario a los diferentes niveles educativos, muchos podrían congratularse. Para otros, en cambio, esta situación oscurece una serie de desigualdades de género. Aunque los datos son débiles e incompletos, las niñas repiten menos que los niños en todos los niveles. Esto ocurre en 12 de 13 países a nivel primario y en 2 de 7 países a nivel secundario (UNESCO 1993). Si bien esto sugiere que las niñas tienen menores problemas escolares, estos datos reflejan la tendencia de los padres a retirar sus hijas de la escuela cuando ellas no tienen éxito académico y de invertir más en los hijos pese al pobre desempeño. Sin duda hay influencia de clase pero las estadísticas de los informes no nos permiten detectar esto. En cuanto al abandono escolar, no contamos con datos precisos en cuanto a la situación en general y menos con respecto a género. Sabemos que en ciertos países hay una gran pérdida del contingente inicial al momento de completar la secundaria. Las cifras indican que sólo 12 de cada cien al empezar la primaria concluyen la secundaria en Brasil; la figura en cuanto al género no está clara.

Otro reflejo de la poca equidad entre hombres y mujeres se manifiesta en la gran concentración en ciertos campos de estudio tanto universitarios como técnicos. Siguiendo un fenómeno universal, América Latina —al igual que el avanzado EE.UU. o el incipiente Sudán— tiene una gran mayoría de sus universitarias en campos tradicionalmente definidos como femeninos. Así hay una representación bajísima de mujeres en áreas tales como ingeniería y agricultura. Por otro lado, la presencia significativa de la mujer en el sistema universitario latinoamericano refleja la influencia de clase. Una fuerte hipótesis para explicar la existencia de la mujer universitaria se basa en los matrimonios homológamos —donde el hombre requiere una mujer tan educada como él para que sea su compañera.

¿Cómo explicar el poco avance de la mujer en términos de escoger campos de mayor prestigio y exigencia técnica? ¿Qué factores están detrás de la baja representación de la mujer en campos de vanguardia y por ende en posiciones de importancia estratégica? Para comprender esto se precisa no sólo considerar los aspectos culturales que socializan a la población en una cierta dirección, pero también examinar qué procesos internos se dan en la escuela que puedan contribuir a esta situación e inclusive causarla. Esta indagación nos llevaría a investigar aspectos relacionados con lo que se aprende en la escuela y cómo se aprende. En otras palabras, habría que prestar atención a los currículos en uso y a las prácticas docentes dentro de la sala de clase, tanto a nivel formal como a nivel oculto.

¿Y qué sabemos sobre los currículos? La lectura de los programas académicos es menos reveladora que los análisis de contenido de los libros escolares. Este tipo de estudio, por ser barato y relativamente de fácil ejecución, son los que más existen en lo relativo a los procesos dentro de las escuelas. Aunque son los que más existen, esto no implica que sean numerosos. Ha habido estudios de textos escolares por lo menos en Colombia, Perú, Brasil, Chile, Argentina y México. Estos estudios han enfocado las representaciones de hombres y mujeres en las historias y en los ejemplos verbales y pictóricos, han detallado las características con las cuales se representan ambos sexos y han visto qué grado de cobertura estos reciben. La mujer es generalmente presentada como un ser cuya mayor obligación es la casa y sus hijos. No es muy inteligente pero honesta y servicial. Sigue la autoridad del hombre y tiene poca iniciativa.

La socialización cotidiana, acumulativa y difusa que se da a nivel de sala de clase tanto para la reproducción de las diferencias de clase social como las de género, comienza a ser investigada en América Latina. Hay un cuerpo empírico creciente derivado de países desarrollados. Este produce fuerte evidencia de procesos ocultos o por lo menos pocos visibles que inculcan en los niños y niñas concepciones, actitudes y conductas que reproducen nociones de lo femenino y lo masculino, así como de las prerrogativas que acompañan el ser hombre o mujer. Estos procesos se realizan a nivel de las lecturas e imágenes, a través de las prácticas cotidianas de maestras y maestros y a través de las estructuras jerárquicas en el aula y la escuela. Aunque las niñas y las mujeres se “educan”, no llegan a desarrollar conciencia y menos conocimiento de las desigualdades sociales entre hombres y mujeres y de los patrones ideológicos que apoyan la patriarquía, o el dominio del hombre por ser hombre.

En estos días del retorno a la democracia se habla de mejorar sustantivamente el sistema educativo. Aquí, quisiera discutir dos instituciones y sus correspondientes documentos. Una de las agencias influyentes en cuanto aspectos políticos es el Inter-American Dialogue, un Organismo No Gubernamental (ONG) con sede en Washington, D.C. En uno de sus más recientes documentos (agosto 1994), un conocido intelectual chileno, José Joaquín Brunner, y un colega norteamericano, Jeffrey Puryear, arguyen la necesidad de una reforma educativa fundamental y sistémica.

Los valores que los autores defienden incluyen la gestión democrática y la equidad social. El análisis que presentan identifica como problemas claves la falta de recursos económicos, la calidad insuficiente, la inequidad, la poca vinculación entre el sistema educativo y el mercado laboral, la falta de “accountability” (rendición de cuentas por la burocracia) y la falta de atención a las condiciones del cuerpo docente. Es interesante observar que bajo el rubro “inequidad”, solamente se consideran los problemas concernientes al nivel socio-económico, o clase social. La problemática percibida es que los alumnos de bajos ingresos son los que más sufren el abandono y la repitencia a nivel primario y que, por otro lado, los estudiantes de familias de medianos y altos ingresos son los que más se benefician de un acceso gratuito a la universidad. En este discurso, así como en las referencias a la necesidad de que la educación responda a los desafíos de una economía cada vez más mundial, moderna y competitiva, no se refleja ningún reconocimiento de la problemática de género en la vida y escuela latinoamericana; tampoco se contempla las posibles tensiones entre equidad y competitividad. No se trata de argüir que una inigualdad es peor que otra —todas son abominables. Pero debería ser claro que difícilmente se puede lograr un ambiente democrático y una igualdad social generalizada si no se considera simultáneamente la condición del individuo como portador de un género diferencialmente compensado por la sociedad y como individuo localizado en capas socio-económicas diferentes y por lo tanto también diferencialmente compensado.

Al hablar de políticas educativas en los países en desarrollo, no se puede evitar de considerar al Banco Mundial. Los préstamos promedios de esta institución son de 80 millones de dólares, lo cual conlleva a una influencia incomparable en la definición de problemas y en sus soluciones. El Banco Mundial promueve los criterios de eficiencia y competitividad económica. Al hacer un desglose de estos objetivos, se observa que estos se traducen en menores costos para el estado, generalmente logrados a través de la recuperación de costos (y más pagos por los estudiantes) o sueldos bajos para maestros. Los que son más afectados por estas políticas, aún si se considerase pagos en base a la situación económica familiar, son los sectores pobres y las mujeres dentro de ellos. El criterio de competitividad económica a menudo se traduce en la creación de escuelas modelos orientadas hacia la ciencia y la tecnología. Estas escuelas frecuentemente terminan siendo establecidas en áreas urbanas y sirven mayormente a estudiantes varones.

México tiene por lo menos dos préstamos con el Banco Mundial, uno sobre producción de textos escolares por $300 millones y otro sobre educación vocacional por $205 millones. Ambos tienen una contribución alta por parte del gobierno mexicano. ¿Quiénes se benefician con esta producción de libros y con los servicios vocacionales? ¿Hasta qué punto son estudiantes de zonas rurales, grupos étnicos, mujeres? En otras palabras, ¿qué mecanismos existen en estos proyectos para promover la igualdad y la equidad cuando sea necesario?

En el caso del Banco Mundial, cuando se habla de proyectos tan gigantescos, habría que preguntarse qué mecanismos existen para juzgar el impacto de las políticas que de facto se promueven a través de estos prestamos. Curiosamente, no existen cuerpos gubernamentales ni de la sociedad civil que examinen estos proyectos. Los equipos de evaluación de los mismos son generalmente organizados por el Banco como institución financiera y están mucho más dirigidos a su administración eficiente que a sus impactos sociales y económicos. En este sentido, es importante anotar que en el Brasil una gran iniciativa de varios organismos no-gubernamentales consiste en crear un equipo de monitoreo de los préstamos del Banco Mundial.