19 de Septiembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (121) II
Año: 1995

PREMIOS INTERAMERICANOS 1994

El viernes 29 de septiembre de 1995, en una ceremonia presidida por el Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, Dr. César Gaviria, y con la participación de representantes del cuerpo diplomático, autoridades, funcionarios y representantes de organismos gubernamentales y no gubernamentales, universidades y centros de excelencia académica, se hizo entrega de los Premios Interamericanos de Educación “Andrés Bello” y de Cultura “Gabriela Mistral” correspondientes a 1994.

PALABRAS DEL SECRETARIO GENERAL DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS,
DR. CÉSAR GAVIRIA

Si intentáramos imaginar dos áreas del conocimiento humano en las cuales, por encima de todos los demás, descansara el porvenir de la colectividad, sin duda llegaríamos a los dos campos que nos reúnen hoy: la educación y la cultura. Lo digo porque no hay duda de que la verdadera educación es lo que nos hace libres mientras que la cultura es aquello que nos permite el ejercicio de la libertad en la profundización del conocimiento humano. La educación nos acerca al fundamento de la vida democrática, al respeto por las ideas ajenas, a la tolerancia, a la búsqueda del bien común, a la perseverancia en el trabajo y al amor por la libertad. La cultura, por su parte, constituye nuestro cimiento, nuestra esencia, aquello que nos permite saber y sentir lo que somos, lo que es el otro, lo que el hombre representa en su paso por la historia y aquello que podemos buscar, objetivo colectivo o sueno individual, para el bienestar de nuestros semejantes.

Es por ello que esta ocasión me produce inmensa alegría. La entrega de los premios interamericanos de Educación “Andrés Bello” y de Cultura “Gabriela Mistral” es un homenaje que hacen los países del hemisferio americano a un puñado de personas que, al destacarse en estas dos áreas del conocimiento, nos muestran un derrotero. Y quien es capaz de mostrar un derrotero merece nuestra gratitud.

Por ese motivo los premios llevan los nombres de dos grandes de América: Andrés Bello y Gabriela Mistral. También ellos mostraron un derrotero, por lo cual merecen nuestra gratitud. Ella se expresa en este premio, reconocimiento doble, entonces, a premiados y a los recordados.

El venezolano Andrés Bello no fue un educador. Alguien estaría tentado a decir: Andrés Bello fue más que un educador. Pero eso sería incorrecto. Fue un educador en el sentido más grande del término, un educador distinguido de la generación de nuestros héroes de la independencia, pero su actividad humana fue más allá: la creación de la Universidad de Chile, el Código Civil, la Gramática Castellana, sus poesías, ensayos y tratados, fueron obras que traspasaron las fronteras nacionales y fueron fuente de inspiración de todo el continente, uniéndonos en la búsqueda de un destino común.

En esta ocasión la OEA premia a dos educadores: Carlos Muñoz Izquierdo, de México, y Patricio Cariola, de Chile, quienes sin duda han seguido con su labor el ejemplo de Bello y han contribuido a integrar al hemisferio a través de la educación y de la reflexión sobre su evolución.

El profesor Muñoz Izquierdo ha merecido el Premio Andrés Bello por su prolongada, diversa y destacada trayectoria académica y profesional dedicada al mejoramiento de la educación y, en particular, por su valiosa contribución en el campo de la investigación educativa. Sus esfuerzos por esclarecer los determinantes de la calidad de la educación, las relaciones entre educación y mercado de trabajo y los costos y financiamiento de la educación son temas de enorme relevancia en el contexto actual de nuestros países. Y hoy, cuando se habla de manera permanente de la urgente necesidad de producir una revolución en la inversión que hacen nuestras naciones en capital humano, el trabajo del profesor Muñoz Izquierdo cobra aún mayor importancia.

El profesor Patricio Cariola recibe una Mención Honorífica en reconocimiento a su destacada labor educativa en el campo social, la promoción de la investigación educativa y su dedicación al desarrollo de sistemas de información en educación a nivel continental.

Es importante destacar que ambos premiados han sido innovadores en campos que hoy son los prioritarios de los sistemas educativos de la región. Es una importante coincidencia que los temas de calidad, equidad, financiamiento, costo y manejo de información en la educación son cruciales para facilitar nuestra integración política y económica, la que se hace cada vez mas próxima en la medida que seamos capaces de compartir e integrar nuestros conocimientos y nuestras culturas.

El Premio Interamericano de Cultura “Gabriela Mistral” corresponde en esta ocasión al área de Literatura y Filosofía. Por coincidencia, este año se conmemora el cincuentenario de la entrega del Premio Nobel de Literatura a Gabriela Mistral, primer latinoamericano honrado por la Academia Sueca en este campo. Gabriela Mistral tiene un lugar privilegiado de las letras Hispanoamericanas. Fueron quizás sus orígenes humildes los que decidieron su orientación comunitaria, su amor a la tierra, a la naturaleza y las gentes de su nativo Chile, su idealismo heroico, su preocupación por los acontecimientos mundiales y su inquietud constante por el lugar de la mujer en la sociedad.

La OEA otorga en esta oportunidad el Premio Interamericano de Cultura “Gabriela Mistral” a Olga Orozco, Francisco Miró Quesada y a Gregorio Weinberg. Reconocemos en ellos la integridad personal, el compromiso con el continente americano y su visión profética sobre el destino de nuestros pueblos, cualidades que hicieron grande para siempre a Gabriela Mistral.

Los críticos coinciden en que resulta imposible definir a Olga Orozco en una corriente literaria o en alguna generación específica dado el poder sugestivo de su palabra poética, su profundidad y su originalidad temática. Olga Orozco abraza en su obra una realidad totalizadora rica en elementos metafísicos y religiosos que se manifiestan de manera sorprendente. Su poesía tiene una intención cognoscitiva, lo que la convierte en una genuina representante de la lírica hispanoamericana.

Francisco Miró Quesada Cantuarias ha contribuido a la identificación y enriquecimiento de la cultura americana con una obra vasta que constituye todo un sistema. Si la educación nos libera y la cultura nos engrandece, la ética nos permite conservar la dirección correcta en nuestra empresa humana. A los diecinueve años el profesor Miró Quesada escribió su primer libro titulado Curso de Moral, el cual muestra su inquietud por el problema del hombre, es decir, los misterios que encierran su comportamiento, su destino, el sentido de la historia, así como por el problema de la ética. A lo largo de su vida se ha aproximado a estos temas recorriendo los caminos de la lógica, de la matemática, de la física y de la ontología. Sus áreas de estudio incluyen la filosofía del derecho, la filosofía política y de la religión dada su estrecha relación con la moral. Pero ante todo, el Dr. Miró Quesada es un humanista que asumió el reto como filósofo de enfrentar los problemas sociales y culturales de su país y de la región para proponer elevadas metas. Su legado a las futuras generaciones, su lúcida obra literaria, su vida dedicada con honestidad a la cultura y a la filosofía, lo hace hoy merecedor, también, a este importante Premio Interamericano.

Por su parte, el Profesor Gregorio Weinberg, filósofo e historiador de la ciencia, pedagogo y educador, es una figura excepcional dentro de la cultura latinoamericana. Su entendimiento, su enfoque moderno, crítico y creativo de los procesos contemporáneos en materia cultural y educativa con una perspectiva historiográfica que rescata elementos cruciales antes ignorados, lo hacen una de las personalidades más reconocidas internacionalmente. En el área de la educación, su aporte va más allá de la práctica educativa, y se hace más grande en la promoción de valores universales como la búsqueda de la verdad, la reflexión personal, el espíritu de tolerancia, la responsabilidad, la justicia y la solidaridad. Justificado de sobra es, pues, este premio Interamericano que se le otorga dada su actuación en favor del afianzamiento del porvenir latinoamericano.

Créanme amigos míos, que en la Organización de los Estados Americanos nos sentimos orgullosos de quienes han sido ganadores de los Premios Interamericanos. Y permítanme que les explique por qué. Porque tenemos la convicción de que, de estar con nosotros en esta ocasión alegre, tanto Andrés Bello como Gabriela Mistral se sentirían a sus anchas al lado de todos y cada uno de los premiados. Y ese es el premio verdadero que hoy hemos entregado.

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