24 de Abril de 2018
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Colección: La Educación
Número: (120) I
Año: 1995

8. Gunther HAENSCH y Reinhold WERNER. Nuevo diccionario de americanismos. Tomo I: Nuevo diccionario de colombianismos. Santafé de Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1993, 496 p.

¿Nuevo diccionario de colombianismos? Francamente podría dudarse de la adecuación de este título. De una parte apenas podría hablarse de algún diccionario anterior en la lexicografía del español de Colombia. Creo no equivocarme al afirmar que la única obra que hasta ahora había usado el título Diccionario de colombianismos es el Breve diccionario de colombianismos de la Academia Colombiana de la Lengua que no parece representar ningún avance particularmente notable en nuestra lexicografía. Las demás obras lexicográficas fueron en su casi totalidad vocabularios regionales, calificados así de modo explícito por sus autores: Diccionario de provincialismos de Valle del Cauca, Costeñismos colombianos, Vocabulario costeño, Diccionario abreviado de galicismos, provincialismos y correcciones de lenguaje, Oyendo conversar al pueblo, Acotaciones al lenguaje popular antioqueño, etc. Son muy pocas las obras que han pretendido representar el léxico de todo el país como los Colombianismos o Colombianismos y otras voces de uso general de Tobón B., o el Lexicón de colombianismos de M. Alario de Filippo; y en general, aun estas obras dan buena parte de su material usual, sólo en algunas regiones del país. Esto, naturalmente, está determinado en medida considerable por el acusado carácter regional de Colombia en donde son claras e inequívocas las identidades regionales (costeños, antioqueños, boyacenses, nariñenses, etc.) y vaga y casi inexistente e inasible la identidad nacional “colombiana” como lo han destacado autores de la talla y gran sentido nacionalista de Eduardo Caballero Calderón (véase por ejemplo de este autor Los campesinos, Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1974) o en un plano de pretensión sociológica, Luis López de Mesa (De cómo se ha formado la nación colombiana, Medellín: Bedout, 1974).

De otro lado, si difícilmente podría hablarse de que hubiera existido antes un verdadero diccionario del español colombiano, lo de colombianismo es también impreciso en estas obras, pues puede afirmarse que ninguno de estos vocabularios partió de un concepto teórico claramente definido y consecuentemente seguido de “colombianismo”. En general, como ha sido común en la lexicografía hispanoamericana, simplemente se confrontaban usos constatados en una región con una determinada obra, generalmente el Diccionario de la Academia Española y se graduaba como colombianismo (costeñismo, antioqueñismo, etc.) o simplemente se rotulaba como barbarismo lo que no aparecía en tal obra. Por lo común, fuera de las voces registradas y realmente estudiadas por Cuervo con un amplísimo horizonte histórico, el nivel de la mayoría de estas colecciones ha sido pobre. Un nivel técnico aceptable después de los trabajos de Cuervo se ha logrado en los estudios del Instituto Caro y Cuervo, pero desde una perspectiva puramente descriptiva y parcial (vocabulario del tabaco, de la sal, etc.) y un trabajo de más alcance pero sin ninguna pretensión de escribir el léxico total o el específico de Colombia sino sólo de ordenar lo que aparece en una obra muy rica en el aspecto léxico como el Glosario lexicográfico del Atlas lingüístico-etnográfico de Colombia (ALEC) pero que no se ha pensado como registro lexicográfico del español colombiano, me refiero al ALEC.

De modo que este Nuevo diccionario de colombianismos es en realidad el primero que merece tal nombre porque de una parte pretende registrar, en lo posible, el léxico propio y diferencial respecto de España usual en el país (en todo el país o en sus diversas regiones), y por otra, parte de un concepto explícito de “colombianismo”, el de uso diferencial contrastivo, lo que es propio del habla colombiana y no de la peninsular. Claro es que en sentido estricto, partiendo de este concepto de colombianismo, tampoco todos los registrados como tales lo serán en realidad; pues sólo cuando se hayan publicado todos los tomos del Nuevo diccionario de americanismos se podrá, confrontando los usos de los diversos países americanos entre sí y con España, saber lo que es peculiar de un país, de una zona americana, de toda América o finalmente, verdadero desiderátum de la lexicografía del español, lo que es el núcleo general compartido por todos los hispanohablantes, lo que es americanismo general, zonal, nacional de uno cualquiera de los hispanohablantes, etc.

Por consiguiente, este diccionario podrá ser nuevo no tanto en el sentido de “otro”, “uno más” sino en el de novedad más o menos radical en cuanto introduce en la lexicografía hispanoamericana un método científico con conceptos claramente formulados, siguiendo los cuales y corrigiendo las fallas y vacíos inevitables en toda obra humana, pero en particular en las lexicográficas, podremos acercarnos al desiderátum antes mencionando de una obra que registre en realidad el léxico común a los hispanohablantes de ambos mundos y el propio de cada país, zona o región. Creo que los directores de esta obra, Günther Haensch y Reinhold Werner de la Universidad de Augsburgo, sus redactores, asesores, revisores y consultores y el Instituto Caro y Cuervo pueden sentirse satisfechos de esta publicación, fruto de una colaboración que ojalá continúe en bien del mejor conocimiento del vocabulario hispanoamericano.

José Joaquín Montes Giraldo