21 de Enero de 2018
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Colección: La Educación
Número: (120) I
Año: 1995

Propósito

El propósito del trabajo intenta dar alguna respuesta al interrogante de capacidades diferentes emergentes de la observación de las actividades escolares de los niños. Como bien lo interpreta Correa en su artículo, no sólo debe darse lugar en la escuela al desarrollo de la inteligencia verbal y lógica, sino también a las otras formas mencionadas por Gardner, lo cual se corresponde con una concepción que acepta variadas manifestaciones inteligentes que van más allá que la definida por el factor g, como “energía mental subyacente y constante en todas las operaciones psíquicas” (Raven 16).

Desde otra perspectiva expresan su preocupación en igual sentido Carraher y sus colaboradores, cuando en las conclusiones de un libro con el sugestivo título En la vida diez, en la escuela cero, expresan que “ . . . los más diversos autores han propuesto una distinción entre la ‘inteligencia académica’ y la ‘inteligencia práctica’. Las pruebas tradicionales de inteligencia, así como los ejercicios piagetianos, estarían ligados a la inteligencia académica, en tanto que la adaptación a las exigencias de la vida cotidiana estaría relacionada con la inteligencia práctica.” (Carraher et al. 175). Mayores variaciones presentan los planteos acerca del IQ, con debates recientes y más radicalizados sobre las relaciones entre raza, inteligencia y clase social, que se mencionan como posibles condicionantes del rendimiento escolar, y que pueden verse en los artículos de Morganthau, Cowley, Hancock y Cose.

Mucho antes, ya Viaud, en su destacado libro sobre la inteligencia, caracteriza los actos inteligentes y los diferencia de los instintivos; matiza adecuadamente distintas instancias de la inteligencia práctica, en el animal, en el niño y en los adultos, y las compara con las cualidades que definen a la inteligencia lógica y racional; proponiendo para cada una de ellas ámbitos de acción que le son pertinentes como propios.

Por estos antecedentes, entre otros, es que esperábamos encontrar en las respuestas dadas al Test de Matrices Progresivas, aún en contra de la misma teoría que le sirvió de fundamento, más de un factor que confirmara la presencia de diferentes formas inteligentes para responder a cada una de las figuras lacunarias. Sin embargo, como lo pueden estar pensando ustedes, la misma forma del test por su homogeneidad en los ítemes, hace presuponer un resultado del análisis factorial tendiente a definir sólo uno o dos factores como lo manifestaron Arthur y Woehr en las investigaciones por ellos mencionadas. Por esa razón, una situación muy diferente a la esperada por la teoría del factor g, puede ser tomado en cuenta como una nueva perspectiva de estudio dentro de la consideración de la influencia de la inteligencia en los logros educacionales.