23 de Enero de 2018
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Colección: La Educación
Número: (120) I
Año: 1995

Introducción

En el presente trabajo1 se propone una interpretación de la inteligencia a la luz de los resultados de un estudio efectuado con alumnos de escolaridad primaria a los que se les aplicó el test de Matrices Progresivas de Raven (Raven). Se decidió elegir este instrumento por ser uno de los tres test que aún tiene alguna consideración internacional por parte de los investigadores, precedido en un ranking de nominaciones y trabajos por las diferentes formas de la Prueba de Inteligencia de Wechsler y la Prueba Gestáltica Visomotora de Bender.

Complementariamente, en un trabajo de Arthur y Woehr, en el que se estudia las dimensiones en el test de Raven, se hace una nueva consideración de las diferencias en la interpretación de la teoría factorialista cuando en sendas investigaciones se encontraron que, por un lado, una confirmaba la unicidad del factor g y la otra insistía en un modelo de dos factores. En la propuesta de estos autores, se confirma nuevamente la existencia de un sólo factor general de inteligencia tal como había sido señalado en la formulación inicial de la teoría por parte de Spearman (Raven 15-16).

Nuestro interés era más especial, ya que a la luz de las nuevas propuestas sobre inteligencia, tomaba cuerpo la posibilidad de que por lo menos en los niños entre 6 y 12 años las acciones inteligentes fueran más variadas y respondieran a diferentes características. Gardner en su trabajo sobre la mente no escolarizada plantea la idea de varios tipos de inteligencia (26-28). En este sentido, si bien no se contó con el material original, un comentario sobre las contribuciones de mismo autor sobre Las siete caras de la inteligencia, se presentaba como más promisoria para el trabajo escolar. Esta propuesta parece estar más avalada por las observaciones diarias de la gente común y de los maestros, al aceptar como fuente de comportamientos inteligentes una variedad de formas que van más allá de un simple tronco común y básico como el que propone la teoría del factor general.

Veamos con algún detalle la propuesta de Gardner de sus siete tipos de inteligencia a través de una propuesta periodística (Correa 22-24). La inteligencia lingüística da prioridad a la capacidad de expresar conceptos en forma verbal. La inteligencia lógica permite la agrupación de datos, su clasificación y la obtención de conclusiones a partir de reglas lógicas. La siguiente es la inteligencia denominada creativa, que responde a la posibilidad de dar respuestas originales a situaciones problemáticas. En cuarto lugar, inteligencia musical definida como la capacidad rítmica y el reconocimiento de sonidos de diferentes instrumentos. La inteligencia espacial, se relaciona con la actividad física, la danza y el deporte. Los dos últimos tipos de inteligencia mencionados por Gardner son por un lado la intrapersonal y por otro lado la interpersonal; definidas como la capacidad de relacionarse con uno mismo y con el entorno social respectivamente.

Sugestivamente, en el mismo artículo se menciona el hecho de que, en parte, las escuelas de nuestro país no aprovechan todo el potencial de inteligencia de los alumnos provocando dilatación en los tiempos de aprender las cuestiones más básicas y elementales. Además de los contenidos limitados y a veces desactualizados, la dificultad más marcada aparece relacionada con la realidad de que a los niños no se les enseña a pensar en forma más o menos orgánica y sistemática; esto es, como forma regular de proceder en sus aprendizajes y en la vida diaria. Reflejos de la realidad descripta aparecen en algunos de los informes del Primer Operativo Nacional de Evaluación de la Educación ‘93.2