25 de Septiembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (120) I
Año: 1995

HACIA UNA COOPERACIÓN SOLIDARIA PARA EL DESARROLLO1
 
No sería aventurado señalar que, dentro del Sistema Interamericano, el año 1995 marca el comienzo de una nueva etapa dentro de la Organización de los Estados Americanos y que se caracterizará, entre otros aspectos, por la importancia que los Estados miembros asignan a la cooperación para el desarrollo con la finalidad de enfrentar los desafíos del próximo siglo y asegurar un aporte significativo a la definición y tratamiento de los temas más relevantes de la agenda contemporánea. En este escenario convergen distintos eventos que progresivamente sientan las bases para una acción integral.

La Asamblea General adoptó en Nicaragua (Junio, 1993) el Protocolo de Managua. En él se incluyen tanto reformas a la Carta de la OEA como la redefinición de la misión de la Organización en el campo de la cooperación interamericana para el desarrollo y se establece la creación del Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral (CIDI). Este será el órgano articulador de “las políticas, los programas y las medidas de acción en materia de cooperación para el desarrollo integral, dentro del marco de la política general y las prioridades definidas por la Asamblea General”.

Siguiendo esa línea de acción, con el propósito de adelantar los preparativos para la puesta en vigor del Protocolo de Managua, se realizó una Asamblea General Extraordinaria de Cooperación Interamericana para el Desarrollo (AGECID), que tuvo por sede la ciudad de México, en febrero de 1994. Allí se adoptó un marco de política general para orientar la formulación de planes estratégicos por parte del CIDI y definir algunas de las características fundamentales del nuevo sistema de cooperación para el desarrollo que se debería poner en funcionamiento en el marco de su creación.

Por su parte los gobiernos de los Estados Americanos reafirmaron su voluntad política de fortalecer la capacidad de servicio de la OEA, en los temas de mayor relevancia de la agenda interamericana y de las exigencias de los nuevos tiempos al comprometerse en la Cumbre de las Américas (Miami, 1994), a considerar en forma expedita, en el caso de no haberlo hecho, la ratificación de los protocolos de reformas a la Carta de la OEA de Cartagena de Indias, de Washington y de Managua. Con esta reafirmación, las decisiones adoptadas por la Asamblea General para llevar adelante la reforma de las actividades de cooperación para el desarrollo han recibido un impulso renovado.

En la reforma del Artículo 93 de la Carta de la OEA, incluida en el Protocolo de Managua, se establece que el CIDI “tiene como finalidad el promover la cooperación entre los Estados miembros con el propósito de lograr su desarrollo integral, y en particular para contribuir a la eliminación de la pobreza crítica, de conformidad con las normas de la Carta y en especial las consignadas en el Capítulo VII de la misma, en los campos económico, social, educacional, cultural, científico y tecnológico”. Con el establecimiento de esta finalidad, la Asamblea General definió la misión del CIDI y, en consecuencia, la del nuevo sistema de cooperación previsto por la AGECID, en el marco de la puesta en funcionamiento del nuevo consejo.

Obsérvese que esa nueva misión asigna a la OEA el papel de agente promotor y que, de acuerdo a su enunciado, la cooperación es un hecho que habrá de realizarse entre los Estados miembros de la Organización. El sentido de la misión definida por la Asamblea General permite explicar el hecho de que, al definir el marco de política de la cooperación, la AGECID haya tenido que proponer una nueva concepción de la cooperación para el desarrollo que superará el concepto tradicional de asistencia técnica, supuesta como una transferencia unidireccional de recursos, así como la interpretación convencional de la cooperación horizontal, entendida de forma restrictiva como cooperación “Sur-Sur”, entre países en vías de desarrollo. El concepto de “Cooperación Solidaria para el Desarrollo”, establecido por la AGECID, señala la necesidad de trascender la concepción asistencialista de la cooperación, reconociendo que, en la acción cooperativa, deben participar todos los Estados miembros, con independencia de su nivel de desarrollo; que esta participación puede reportar beneficios para todos ellos, sobre todo en la medida en que la cooperación se oriente a la identificación de políticas, estrategias y programas eficaces para enfrentar los grandes problemas globales y las prioridades de la agenda interamericana; y, por último, que en la Región se han alcanzado niveles de calificación de recursos humanos y de disponibilidad de recursos técnicos cuya naturaleza y magnitud exige trascender el esquema convencional de donantes y receptores de cooperación.

A partir de esta concepción, la AGECID estableció un marco de política general que permite identificar los siguientes objetivos de la puesta en marcha de un sistema de cooperación solidaria para el desarrollo:
  • Poner en práctica el concepto de cooperación solidaria, entendida como un esfuerzo de solidaridad hemisférica orientado a movilizar y articular recursos para complementar las iniciativas y políticas que cada país determine;
  • Fortalecer la capacidad de actuación de la OEA como:
a) Foro para el diálogo interamericano a fin de promover el desarrollo de los Estados miembros;

b) Agente catalizador que propicie el incremento de las posibilidades de cooperación y el mayor aprovechamiento de los recursos financieros, técnicos y humanos existentes en los Estados miembros y en las instituciones que promueven actividades vinculadas con la cooperación para el desarrollo;

c) Entidad promotora de la articulación y coordinación de programas de los organismos del Sistema Interamericano y con las organizaciones globales, regionales y subregionales que tienen a su cargo actividades de cooperación para promover el desarrollo de los países del hemisferio;

d) Instrumento para facilitar el intercambio de experiencias e información especializada en los campos y temas prioritarios de la cooperación para el desarrollo, así como para concertar ofertas y demandas de cooperación;

e) Entidad promotora de la canalización de apoyos para la formación y capacitación de los recursos humanos de los Estados miembros;

f) Agente movilizador de recursos financieros adicionales para el desarrollo que contemple la participación de los Estados miembros y de aquellos que tienen la calidad de Observadores Permanentes, y que estimule a su vez la de los organismos internacionales y de otros organismos e instituciones gubernamentales y no gubernamentales;

g) Mecanismo de apoyo a programas y proyectos flexibles que respondan a problemas e iniciativas específicas, mediante esfuerzos de carácter plurinacional que permitan la participación de los sectores público y privado de varios Estados miembros; y,

h) Mecanismo para apoyar proyectos nacionales cuando tengan un impacto significativo para el fortalecimiento del desarrollo del país en cuestión, y en particular cuando le permitan participar más activamente en programas y proyectos multinacionales, o bien favorezcan la actuación de otros organismos internacionales de cooperación, incluyendo instituciones financieras, o si el proyecto beneficia a otros Estados miembros.

En este contexto, y de conformidad con lo previsto por la Carta de la OEA y con las Normas Generales en relación con las atribuciones de la Secretaría General, el Secretario General sometió a la consideración del Consejo Permanente el pasado día 6 de abril, el documento de trabajo titulado “Una Nueva Visión de la OEA”. En él se realiza un diagnóstico de la acción de la Secretaría a la vez que se perfila el rumbo a tomarse en los temas y asuntos críticos de la agenda contemporánea.

En todo este proceso de transformación la educación está llamada a cumplir un papel protagónico. En efecto, como afirmara el Secretario General en la inauguración de la XXVI Reunión Ordinaria del Consejo Interamericano para la Educación, la Ciencia y la Cultura (CIECC), “es necesario que la escuela asuma su función cívica y se transforme en fuente de una gran conciencia democrática. Al mismo tiempo que se asegure el acceso de toda la población a la educación básica, es necesario vincular la educación media con el mercado laboral y asegurar la contribución de la educación superior a las grandes prioridades nacionales...La OEA seguirá generando ideas y estrategias en el campo de la educación, la cultura, la ciencia y la tecnología. Será elemento catalizador de iniciativas de innovación y de renovación. Las disciplinas a las cuales el CIECC ha dedicado sus empeños, servirán como apoyo para cumplir con los mandatos políticos conferidos a la Organización”.
El Editor

1. El término “Cooperación Solidaria para el Desarrollo” fue adoptado por la Asamblea General Extraordinaria de Cooperación Interamericana para el Desarrollo (AGECID), realizada en la Ciudad de México en febrero de 1994. Mediante este término, la Asamblea General quiso establecer que la concepción y la práctica de la cooperación dentro de la OEA debía superar los esquemas tradicionales de asistencia técnica centrándose en el desarrollo de modalidades de cooperación horizontal que pudieran incluir a todos los Estados Miembros de la Organización, con independencia de su nivel de desarrollo y de la naturaleza y magnitud de sus ofertas y demandas para participar en la acción cooperativa. El término “Cooperación Solidaria para el Desarrollo” se tradujo al inglés como “Partnership for Development” y desde entonces se ha usado esta traducción en los documentos oficiales de la OEA.