21 de Julio de 2018
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<<Biblioteca Digital del Portal<<La Educación<<La Educación (120) I, 1995 <<Artículo
Colección:
La Educación
Número: (120) I
Año: 1995

Respuesta a las objeciones planteadas

En la Universidad donde efectué la defensa de mi Tesis Doctoral se requiere que, además de la exposición de sus ideas centrales, se dé respuesta a objeciones que el Consejo Académico formula al doctorando. En el caso de mi Tesis se plantearon distintas objeciones que detallo en continuación.

Primera objeción: ¿Porqué es necesario partir de un concepto acabado de persona para realizar una evaluación personalista?

La evaluación es una función cuyo proceso está compuesto en primer lugar por el conocimiento de la realidad en consideración; en segundo lugar por la definición de criterios de valoración y en tercer lugar por la emisión de un juicio de valor sobre esa realidad. Se afirma que en el interior de la evaluación existe un problema antropológico-pedagógico y un problema epistemológico que condicionan sus aspectos metodológicos. Para decidir la manera de llegar al conocimiento de la realidad debe haberse resuelto el problema epistemológico a fin de decidir el camino para aproximarse a la misma; y para definir los criterios de valoración de una situación educativa se debe decidir desde que perspectiva esa situación va a ser analizada. Los criterios de valoración pueden decidirse desde las necesidades de los educandos, desde los objetivos de la educación y desde distintas perspectivas de intereses y de valores. Desde una evaluación centrada en una teoría de la persona los criterios de evaluación se definen a partir del discernimiento de los aspectos esenciales de una conducta o situación y de sus posibilidades de manifestación en una realidad particular y permiten la emisión de juicios de valor. Los aspectos esenciales de una situación educativa está vinculada a su normatividad, a su deber ser, radican en un concepto de educación que se fundamenta en un concepto de la persona. No es posible definir criterios de evaluación desde esta perspectiva, ni emitir juicios de valor si no se parte de un concepto acabado de persona. No es posible tampoco definir la metodología a aplicar, si no se parte de un concepto del sujeto de la evaluación que defina sus exigencias particulares para su conocimiento.

Segunda objeción: ¿Es posible evaluar las cualidades humanas? ¿Es posible evaluar, por ejemplo, el amor?

En primer lugar resulta oportuno interrogarnos acerca de qué son las cualidades humanas, qué es el amor. La cualidad es una manera de ser de una persona. Puede ser un hábito o una virtud, una capacidad, una forma accidental que no hace a la esencia, es una circunstancia que distingue a las personas. El amor es un afecto, un apego a una cosa, un sentimiento que nace en la interioridad de una persona. Nos preguntamos si se puede evaluar una cualidad, una manera de ser, una virtud. ¿Se puede evaluar un sentimiento? En este sentido corresponde un cuidadoso análisis de la postura en que nos colocamos para responder a estas cuestiones ya que la respuesta puede ser diferente desde diferentes perspectivas. Desde una primera postura, si se considera a la evaluación como sinónimo de medición, de asignar un puntaje, de medir; si se procura un control sobre un fenómeno a fin de explicarlo, de predecirlo a partir de datos cuantitativos y de hechos objetivos la respuesta es negativa. No se puede evaluar una cualidad humana. Las cualidades humanas no son mensurables, tienen múltiples dimensiones, no son algo estático, sus raíces están en la interioridad, pueden simularse, son únicas y originales en cada persona, no hay patrones para medirlas ni instrumentos para abarcarla. Procurar medir el amor, evaluarlo desde esta perspectiva es cosificarlo, cosificar a la persona que ama, automatizarla, mecanizarla y, de ese modo, desaparece como persona. Segunda postura, si en sentido contrario, se entiende a la evaluación desde la perspectiva que se desarrolla en este trabajo, donde se señala que la evaluación puede ser un proceso de reflexión crítica, con participación de la persona interesada, que implica comprender la situación, tomar conciencia de la misma, indagar sus aspectos esenciales y analizar desde allí la distancia con el deber ser la evaluación del amor, de una cualidad, puede transformarse en un examen de conciencia sobre la manera particular que tiene cada persona de vivirlo, a partir de un discernimiento interior de donde surjan elementos para el posterior perfeccionamiento en este sentido.

Tercera objeción: ¿Porqué la evaluación no llega a la persona?

Nuevamente es importante analizar desde donde nos ubicamos para responder a esta pregunta. Si nos ubicamos en un paradigma cuantitativo donde la evaluación significa medición, donde la evaluación se realiza desde fuera, es un hecho externo donde se asigna una calificación, se etiqueta al alumno, de ese modo la evaluación no llega a la persona y, es más, en muchos casos puede ser una falta de respeto a la persona. Si en cambio al evaluar se tiene en cuenta que estamos ante un ser único e irrepetible, ante un ser que es una unidad, una totalidad, con una interioridad; si se desatan en él a partir de la evaluación y en un encuentro interpersonal procesos de reflexión crítica sobre sí mismo y sobre su manera de actuar; si a partir de la evaluación se promueve en él la toma de decisiones en libertad para proseguir, conservar, o transformar su actuar, si se promueve la definición de intenciones, puede decirse que la evaluación sí llega a la persona y, es más, se transforma, colabora con un proceso de formación personal.

Cuarta objeción: ¿Qué aportes surgen de este concepto y esta práctica de la evaluación a la evaluación de los servicios educativos? ¿De qué manera esta propuesta puede hacerse practicable?

A fin de responder a esta cuestión es importante indagar cuáles son los aspectos innovadores que esta propuesta contiene: el primer aspecto innovador es considerar a la evaluación como un proceso de reflexión crítica; el segundo aspecto es sostener que si la evaluación se considera un proceso reflexivo y con participación de la persona sujeto de la evaluación, puede colaborar con un proceso de formación personal; el tercer aspecto innovador es considerar a los criterios de evaluación como la normatividad de una situación a partir de la definición de sus aspectos esenciales y del discernimiento de su manifestación en el aquí y ahora; el cuarto aspecto es considerar que la búsqueda de fundamentos de la acción en la acción misma y las exigencias que la misma plantea a la libertad del sujeto de aproximarse a ella a través de su decisión y de sus intenciones es una ocasión para la coherencia entre la teoría y la práctica educativas. Estos aspectos innovadores es posible concretarlos de algún modo en los sistemas educativos. En primer lugar, a partir de crear instancias, espacios para la reflexión crítica en el interior de los procesos educativos y de las instituciones escolares, para efectuar de modo continuo la evaluación del alumno, del docente y de la misma institución a través de procesos de autoevaluación y de interreflexión. En segundo lugar, creando en las instituciones espacios para la participación y la integración de la comunidad educativa y de equipos de docentes investigadores donde se lleven a cabo los procesos de reflexión crítica y se elaboren intenciones sobre el quehacer educativo. En tercer lugar, a partir de la elaboración de criterios de evaluación como instancia fundamental del proceso evaluativo indagando en un proceso de discernimiento comunitario el deber ser de la conducta y situación que se desea evaluar y sus posibilidades internas; lo que implica la toma de conciencia de la situación desde sus fundamentos que lleva en sí el germen de su perfeccionamiento. En cuarto lugar, investigando desde las instancias correspondientes las transformaciones que deben sufrir las instituciones educativas que revaloricen estos procesos de evaluación como camino de su propio perfeccionamiento.