19 de Junio de 2018
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<<Biblioteca Digital del Portal<<La Educación<<La Educación (120) I, 1995 <<Artículo
Colección:
La Educación
Número: (120) I
Año: 1995

Introducción

En esta presentación sobre la relación compleja entre la mujer, el trabajo, el medio ambiente y la educación en América Latina y los Estados Unidos, adoptamos un punto de partida basado en dos temas. En primer lugar, tenemos que reconocer que, después de cien años de análisis y práctica sociológica, jamás hemos desarrollado un marco teórico que explique, de una manera adecuada, que el ejercicio del poder no se reduce ni al totalitarismo de estado ni a la explotación económica en forma de dominación de clases sociales. Y, por supuesto, una de las formas de opresión universal, tanto geográfica como histórica, es la dominación de mujeres por hombres. Específicamente, en la sociedad latinoamericana, donde la dominación masculina es una característica cultural significativa, notamos lo obvio: que el autoritarismo persiste en la vida cotidiana de la mujer a pesar de la reciente transición de la democracia a nivel del estado.1

En segundo término, la crisis del capitalismo internacional, que se manifestó a finales de la década de los años 70, motivó el inicio de una reestructuración de la economía mundial que impacto de una manera directa en la división internacional del trabajo y las condiciones de acceso a los recursos naturales exigidos por la producción comercial. Los empleos del sector industrial que podían trasladarse, huyeron de los países desarrollados donde los sindicatos, los estándares de salud y las regulaciones ambientales aumentaron los costos de operación. El trabajo en cadena que era especialmente móvil, desaparecía en los Estados Unidos para reaparecer en América Latina y el Caribe utilizando una fuerza laboral femenina no organizada. Además, aprovechaba la carencia de regulaciones sobre las condiciones del trabajo y contaminación ambiental para aumentar la rentabilidad de producción.
En las sociedades capitalistas, el reestablecimiento de las condiciones económicas, sociales y culturales necesarias para la rentabilidad renovada es el propósito de una crisis económica, incluyendo el establecimiento de arreglos institucionales nuevos conformes a tecnologías, industrias y pautas de consumo nuevas. Sobre todo, el propósito de la reestructuración durante un período de crisis económica es siempre el restablecimiento de una disciplina corporativa destinada a controlar movimientos sociales para que se aumente la explotación tanto de trabajadores como de recursos naturales.2
Durante la década de los 80, era imposible mitigar esta tendencia debido a la debilidad relativa de los movimientos sindicalistas, ambientalistas y feministas. La controversia que enfrentó el empleo contra la conservación del medio ambiente dividió la coalición frágil entre los sindicatos y movimientos ambientalistas previamente formada para proteger la salud y seguridad física de trabajadores en los sectores industriales, extractivos y agrícolas. Simultáneamente, en los Estados Unidos, el crecimiento de la fuerza laboral femenina y la liberación que de esto podía resultar provocó un backlash anti-feminista, manifestándose como una preocupación pública sobre los valores de la familia, el futuro de la familia nuclear y la posible desaparición del rol tradicional de la madre-esposa-ama de casa. Las iniciativas para establecer el derecho a licencia por maternidad, licencia por crisis familiar, programas de acción afirmativa3 e igualdad de oportunidad se pararon o retrocedieron durante el período.