21 de Julio de 2018
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<<Biblioteca Digital del Portal<<La Educación<<La Educación (120) I, 1995 <<Artículo
Colección:
La Educación
Número: (120) I
Año: 1995

El cambio social y la educación

En estos momentos, en que la complejidad del mundo, posterior a la Guerra Fría, nos está presionando, se puede intentar ejercer influencia en sitios que antes estaban idealizados o eximidos del abierto conflicto político: la fábrica, el hogar, la escuela. Y esto ya ha empezado a ocurrir. Este es el proceso de abrir el terreno del conflicto legítimo y operar en —o a través de— organizaciones populares a nivel de la comunidad para asumir cierto nivel de control respecto a los recursos locales, la salud, la seguridad y la propia vida personal. Por supuesto, uno de los medios más efectivos para introducir la posibilidad de cambio político en la sociedad civil es a través del sistema educativo formal. En América Latina, el sistema educativo en los primeros años de primaria tiene cobertura amplia y acceso a los niños cuando aún están entusiasmados con el proceso de aprendizaje. Es en la escuela donde los niños aprenden no solamente la información que necesitan para funcionar en su ámbito socioeconómico sino también los valores de la sociedad a la cual pertenecen. Por lo tanto existe una gran necesidad
...para transformar el currículo oculto de la escuela, no solamente para afectar el contenido explícito. Además de manifestar los estereotipos sexuales que conllevan al tratamiento preferencial y expectativas más altas para varones, las escuelas manifiestan metodologías pedagógicas autoritarias. También ofrecen estructuras administrativas que presentan distinciones jerárquicas, con representaciones dicotomía duales, dentro de las cuales se crean la autoridad varón (administradores y directores y la obediencia femenina (maestras). La práctica cotidiana dentro de las escuelas, que todavía suelen ser instituciones autoritarias con figuras autoritarias en la administración y la enseñanza, debe ser objeto tanto de investigación como de reforma.30
Esta conclusión nos lleva otra vez al nivel político, pero con un enfoque específico en el sector educativo, dado que es allí donde se hacen las decisiones sobre reforma de currículum y estructuras administrativas. Los sistemas educativos formales son precisamente aquellos puntos vulnerables a la presión política local. El momento es oportuno en América Latina, donde los Ministerios de Educación están descentralizando funciones administrativas y adaptando el currículum en todos los niveles. Actualmente, el proceso educativo está abierto a la posibilidad de cambiar, porque los gobiernos ahora intentan adaptar la educación formal a las demandas cambiantes del avance tecnológico, integración internacional y mercados laborales fluidos. El sistema educativo es, además, un sitio accesible a las organizaciones de mujeres y de comunidades. La escuela se ubica dentro de la comunidad y existe una tendencia actual hacia la elaboración de la política a nivel local. El conflicto es entonces un hecho local que involucra a comunidades, escuelas y organizaciones progresistas. Y es un conflicto, porque se trata de algo que hemos ido aprendiendo acerca de la mujer, el trabajo, el autoritarismo y la democracia: para efectuar un cambio social hay que tener poder y el poder implica conflicto.

Este proceso de abrir terreno político es también un proceso de educación política y produce cambios sociales en la gente que intenta hacerlo. El cambio social no es solamente un proceso por cual la gente forma la política, sino que es también un proceso de formación política de la gente. Durante los últimos años, la política de las sociedades industriales, tanto de mercados libres como de planificación central, aguantaba un aumento de tensiones difíciles de contener dentro del marco social tradicional. Crecen movimientos que proponen cuestiones serias de equidad de género, de protección ambiental y de responsabilidad empresarial. Además, parece que la disposición contemporánea no se acomoda a la autoridad tradicional y demuestra una tendencia hacia la conceptualización ampliada de los derechos humanos y civiles, del derecho a saber que peligros existen en torno al empleo como el derecho al empleo mismo. Sin embargo, simultáneamente, están ampliándose los derechos de la propiedad privada y la capacidad de escapar de regulaciones y legislación nacional que protegen a la mano de obra y al medio ambiente. A través de la privatización de industrias estatales, desregulación de la economía e implementación de tratados de libre comercio, los derechos económicos del empresario se oponen más efectivamente a los derechos democráticos de la población. Los términos del General Agreement on Trades and Tariffs (GATT) o de la North American Free Trade Agreement (NAFTA), por ejemplo, en los países signatarios, superarán a las estipulaciones legislativas nacionales de cada país, y se negocian a puertas cerradas, lejos de la influencia directa de las poblaciones afectadas.

La lógica de la economía industrial capitalista, es también una lógica expansionista del derecho de la propiedad privada. Por lo tanto, la historia del capitalismo es una historia de la tendencia hacia la comercialización de la tierra y de la mano de obra, la limitación de las funciones del estado, la eliminación de distinciones culturales y geográficas, y la destrucción de la comunidad local.31 Todo éso se efectúa através del mecanismo legal de la producción y ganancia privada. Pero el desarrollo del mercado libre también provocaba el desarrollo del sentido de libertad personal y de derechos individuales. Por lo tanto, vemos durante las últimas décadas del siglo veinte la aparición de los movimientos políticos-culturales que se enfrentan a los grandes intereses económicos privados.

El desarrollo de estos movimientos no se revela a los que tienen una conceptualización unidimensional de la política como una lucha sobre la distribución de bienes y servicios. No es que los movimientos emergentes rechacen la importancia de control sobre los recursos y la distribución social, sino que niegan la separabilidad de lo económico, lo cultural y lo moral, de lo público y lo privado. Declaran la primacía de fines morales y culturales que se alcanza a través de medios económicos. Reemplazan la política del apropiarse con la política del hacerse.