19 de Enero de 2018
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<<Biblioteca Digital del Portal<<La Educación<<La Educación (120) I, 1995 <<Artículo
Colección:
La Educación
Número: (120) I
Año: 1995

Proyecto

Son palabras que todos repetimos sientiendo
como nuestras y vuelan. Son más que lo mentado.

Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.

Son gritos en el cielo y en la tierra son actos.

—Gabriel Celaya, La poesía es un arma cargada de futuro

Freire las denomina “necesidades”. Por algo utiliza este término.

Primero. La esperanza como necesidad existencial —ontológica, la llama él— “No puedo entender la existencia humana y la necesaria lucha para hacerla mejor sin esperanza y sin sueños. La esperanza es una necesidad ontológica”.29

Segundo. El requerimiento de una educación de la esperanza. “De ahí la necesidad de una cierta educación de la esperanza”.30

Tercero. La esperanza no es algo meramente intelectual o racional (o del N 2 simplemente). La esperanza requiere de la acción, de la práctica transformadora. “En cuanto necesidad ontológica la esperanza necesita de la práctica para tornarse concreto histórico”.31 La esperanza es la energía de mantenimiento y continuación de un proyecto. Y un proyecto es el objeto y contenido de la voluntad. A su vez el sostén de la continuidad de la esperanza es una voluntad en lo que contiene de fuerza y de compromiso. Para que la esperanza no mengue a deseo. El hombre en tanto es existencia, en tanto es proyecto está constituido medularmente por la esperanza. Es esperanza. Esta es propuesta y garantía de cambio.
Cuando comienzan a verse con sus propios ojos y se consideran capaces de proyectar, la desesperación de las sociedades alienadas pasa a ser substituida por la esperanza. La desesperación y el pesimismo anterior frente al presente y futuro, como también aquel optimismo ingenuo se substituyen por optimismo crítico. Repitamos, por esperanza.32
Enseguida asoma la pregunta: ¿cómo se educa la esperanza?, ¿cómo se educa la voluntad?, ¿cómo se educa para la esperanza? Los estimulantes planteos de Paulo Freire me animan a (pero no son responsables de) las siguientes reflexiones (en forma de logia):
  • La inteligencia o razón, instrumento principal del N 2, produce ideas, nociones, conceptos. Pero la inteligencia y el concepto son infértiles, infecundos en el orden de la realización y transformación. Saber no es transformar. Conocer intelectualmente es, sólo y simplemente, manejar ideas. La inteligencia no tiene energía. (La información, per se, tampoco. Atención, informáticos).
  • La acción humana, existencial, sólo es posible por una voluntad.
  • El proyecto es un esquema de acción.
  • La voluntad no existe sino en la acción. El proyecto es la viva evidencia de una voluntad.
  • El proyecto es la palabra de la voluntad.
  • Decir que el hombre es existencialmente esperanza es decir que es voluntad.
  • La voluntad se constituye al tener proyectos.
  • Así como la razón tiene especificidad (que no comparte), también la voluntad es específica.
  • El cogito es reemplazado por el volo.
  • El proyecto no es un relato. Éste es de la razón.
  • El contenido de la voluntad es un obrable.
  • Algo es proyecto porque la voluntad lo quiere.
  • La razón traza planes. La voluntad concreta proyectos.
  • Querer, es siempre querer algo que no existe.
  • No se tiene esperanza sino de lo que no existe (Rom. 8, 24).
  • Querer es querer el futuro.
En realidad, siempre que se considere al futuro como algo dado de antemano, ya considerándolo como una pura repetición mecánica del presente, con cambios apenas adverbiales, ya porque será lo que tenía que ser, no hay lugar para la utopía, es decir para el sueño, para la opción, para la decisión, para la espera en la lucha, única en que existe la esperanza.33
  • El futuro es incognoscible.
  • El futuro es simplemente querible. Aceptable o rechazable.
  • Querer lo que no es precisamente la función de la esperanza.
  • Pero la esperanza no es el alocado deseo del N 1. La voluntad detecta en la realidad la naturaleza íntima de la realidad que ella misma quiere ser.
En esos momentos históricos, como el que vivimos hoy en el país y fuera de él, es la realidad misma la que grita... ...cómo hacer concreto lo “inédito viable” que nos exige que luchemos por él.34
  • La verdadera realidad no es la que es sino la que puja por ser. Es la realidad que es esperanza de sí misma.
  • Es esta misma realidad la que exige una voluntad que sostenga la transformación a la que apunta la realidad que es esperanza de sí misma.
  • No se trata pues de una voluntad arbitraria que quiere (desea) cualquier cosa.
  • No confundir voluntad con deseo. No se identifican.
  • La voluntad conoce la realidad de otro modo, con el amor.
  • La voluntad es intrínsecamente sentimiento, entrega, amor. Y el amor es un modo de conocer.
  • Eso que se quiere que exista es porque está cargado de una posibilidad valiosa. El valor de la posible realidad atrae y reclama mi voluntad.
  • Precisamente lo que no existe y reclama ser es un proyecto.
  • Esa realidad que pretende ser me busca porque sólo mi voluntad, poniéndose como materia del proyecto, la hará existir.
  • Ello significa compromiso. Jugar la vida en su sostén.
  • Cuando se realice será testimonio.
  • El proyecto de la esperanza es el cambio radical de la historia.
  • Los valores que la voluntad quiere que valgan, se compromete a que valgan, a que se den. Actúa para ello.
  • El objeto o contenido de la voluntad es la realización de la justicia.
  • Y sólo la justicia alimenta a la esperanza.
  • La situacionalidad es un a priori de la voluntad. Nadie puede querer sino situado; nada puede quererse sino situado.
  • La razón y la historia terminan. La voluntad no se consuma nunca. (I Corintios, 13, 8.)
  • La historia se termina y aún se consuma porque es proyección de la razón, su despliegue. La voluntad no se consuma nunca.
  • Es siempre origen (arjé). Y proyecto.
  • El conocer de la razón siempre está condicionado a la voluntad. En el mejor de los casos.
  • Según el proyecto, tal el saber (Sicut homo disponitur ad finem, sic judicat de omnibus. S. Tomás).
  • Y en el peor de los casos, al deseo.
  • El fracaso de la razón ¿dará paso al tiempo de la voluntad?
  • Donarse es la realidad del nivel 3.
  • Ser y dar no coinciden.
  • Voluntad, donación y amor se penetran.
  • Sólo se quiere la posibilidad de valer del otro o su destrucción. Amor, odio.
  • Dios es dar antes que ser y voluntad por sobre la razón. Decidió donarse, revelarse. Engendrando un Hijo. Este acto es paradigmático de toda existencia.
  • La voluntad protagoniza el reino de la esperanza.
  • La voluntad no se da en el tiempo. Lo origina cuando lo necesita.
  • Una pedagogía de la voluntad se enamora de la justicia.
  • La voluntad, sólo ella, puede ser heroica.
  • No hay heroísmo en el conocer o saber.
  • La fuerza necesaria para el testimonio sale de la lucha con Dios o su ángel, con lo desconocido y futuro. Jacob se transforma en Israel.
  • El auténtico querer de la voluntad es siempre compromiso.
  • La posmodernidad al parecer pretende substituir el fracaso de la razón moderna con el miedo a la voluntad.
  • La voluntad se enferma, se atrofia.
  • La verdad del N 3 es la que se torna verdad al jugar por ella la existencia. La propia vida es sostén y materia de lo que se quiere que sea realidad.
  • Pueblo será siempre el que sea sujeto de un proyecto. No se es pueblo en sí.
  • ¿Qué es el pueblo? Todos somos pueblo en lo que tenemos de excluidos y no lo somos en lo que tenemos de opresores.
  • Querer es querer la esperanza. Hacer existir la esperanza.
  • El proyecto de país es la voluntad del país. Es su cuadro de valores, su compromiso, su apuesta testimonial.
En la percepción dialéctica el futuro con el que soñamos no es inexorable. Tenemos que hacerlo, que producirlo, o no vendrá más o menos en la forma como lo queríamos.35
  • El testimonio es el vehículo de la voluntad y la constitución del proyecto.
  • Educar la voluntad es querer el futuro, es comprometerse con lo que quiero que valga, es fortificar la misma voluntad, es guardar y preservar la fragilidad de la poderosa esperanza.
  • La esperanza es tan frágil como una semilla recién brotada, una planta tierna, un pichoncito desvalido. Pero está cargada de todo el potencial de un proyecto. Está cargada de futuro. Como la poesía.
  • En toda actividad educativa o escolar, se está educando o deseducando la voluntad.
  • El currículum es el proyecto de país.
  • No es lo mismo la educación que el sistema educativo. Este es un instrumento político (al menos en la Argentina).
  • Todo plan de estudios de un sistema educativo es el boceto de lo que podrá hacer el futuro ciudadano.
  • No importa cuán pobre, desajustado, mezquino o ineficiente sea, el plan de estudios brinda el anticipo de la historia y los instrumentos para actuar.
  • Los contenidos no salen de los tratados científicos, ni de las propuestas de los tecnócratas ni de los conocimientos en boga ni de los funcionarios ni siquiera de los docentes.
  • Se derivan del proyecto de país. Los decide una voluntad política.
  • El proyecto de país es la esperanza de sí mismo del país.
  • El sistema educativo forma al sujeto de un proyecto. Para ello le anticipa el libreto a vivir, la trama de la historia futura y lo dota de los sobreentendidos para intervenir en el drama.
  • Nunca un plan de estudios es inocente.
- - - -
Terminan las reflexiones.

Y retornando a Paulo Freire entrelazamos: “La esperanza es una necesidad ontológica”, existencial. “No se es hombre sin esperanza”. No se constituye uno en sujeto sin esperanza. Se requiere una educación de la esperanza que consista en un fortalecimiento de la voluntad, que se produce cuando se elige por valores, cuando se apunta a un futuro, cuando se opta por un compromiso, cuando se vive un testimonio, cuando se obra. Porque “la esperanza necesita de la práctica”, de la acción, para no quedar en mero sueño o deseo, “para tornarse en un concreto histórico” con nuestra vida y voluntad conformando ese concreto.