18 de Diciembre de 2018
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<<Biblioteca Digital del Portal<<La Educación<<La Educación (120) I, 1995 <<Artículo
Colección:
La Educación
Número: (120) I
Año: 1995

La palabra

El que oye la palabra y no la pone
práctica es como un hombre que
se mira al espejo y cuando deja de
mirarse se olvida de cómo era.
—Santiago 1, 23-24
Conviene detenerse en este tema de la “palabra” tan caro a Paulo Freire. Y puede sostenerse que hay al menos tres palabras que se diferencian cualitativamente. (La diferencia de naturaleza se repite a la vez en las regiones del conocer, de la verdad, del poder.)

Puede postularse que cuando el hombre —todo hombre— actúa, manifiesta conductas y acciones de diferenciables características que unas veces se oponen y enfrentan, otras coexisten relativamente integradas y en ocasiones una busca resolverse o superarse en la otra. Tales conductas parecen —desde antiguo— organizarse en torno de tres principios o ejes, o configurar ámbitos, reinos, dimensiones, o constituir instancias, registros o niveles. (Elija el lector el término que le resulte más pertinente o iluminante.)

El primer registro es el del impulso vital o del deseo. El orbe de la pasión, de la sensación (o de la sensibilidad), el reino de lo biológico, de lo orgánico, de las necesidades y de la búsqueda urgida de satisfacciones. El mundo de lo inconsciente, de lo reprimido, de las emociones y su expresión, del símbolo y la intuición, del pensar prelógico, de la magia, de la creatividad y de la curiosidad; de las conductas de adaptación y ajuste a las interacciones con los otros. Ámbito de la fantasía y de la imaginación (si es que se distinguen), de las fuerzas oscuras y misteriosas, del sueño y sus sueños, del “tarro de la basura”, según algunos, de la fuerza de la vida, del ímpetu y del egocentrismo, del placer, de la energía creadora y del capricho, de la fuerza capaz de animar la idea si se integran, del poder que busca imponerse y destruir al otro, del conflicto, de la competitividad y de la apropiación del mundo.

La segunda instancia es la de la racionalidad. O de la realidad explicada. Dimensión del pensamiento lógico y de la vida consciente, de la información y del lenguaje objetivable y comunicante, de la interacción intelectual, del discurso razonado y fundado, del dominio de la realidad a través de la actuación y del saber, de la acción sobre la realidad que es el trabajo. El reino de la razón se erige pretendiendo clarificar el oscuro mundo de los impulsos e introducir un orden racional (o manifestarlo) en el universo. Es el mundo del cálculo y de lo pragmático, de la previsión y de la conveniencia acordada, del conocimiento científico que busca en leyes y fórmulas reproducir o construir la racionalidad (supuesta o no) de la realidad que afronta. Es también la esfera del engaño, del fraude planeado, de la traición preparada, de la falsedad meditada, de la ignorancia soberbia y del sinceramiento cínico. Es el ámbito de las relaciones sociales articuladas, del intercambio, de la producción y de la técnica, de las instituciones contractualmente fundadas, del enfrentamiento (democrático) de los puntos de vista, de los intereses reconocidos y limitados, del posibilismo y del realismo.

El tercer nivel es el del compromiso y del testimonio. El reino de la voluntad, de la persona, de la libertad y del proyecto existencial, de la captación y realización de los valores, el mundo de la disponibilidad, del desierto, de la entrega o donación. El ámbito de la analogía y de la parábola, de la metáfora y del ejemplo, del deber y de la norma, de la realización personal y de la creación a través del arte, de la conversión de las creencias en conductas, del jugarse la vida por lo que se cree. Creer es comprometerse a que algo exista. Dimensión que sostiene el proyecto con la propia vida como materia de la existencia del mismo. Es el mundo de los sentimientos y del conflicto moral, de lo sagrado y de la paradoja, del silencio y de la oración, de la contemplación y del abandono, pero también de la intolerancia sectaria y del fanatismo. El dominio de la filosofía y la religión, de lo heroico, del sentido final del mundo y de la vida, de las visiones del profeta, del mito y de la sabiduría, de la intuición mística, de la espiritualidad, de la unión con la trascendencia, de la comunión auténtica con los otros y con Dios, de la sobreconciencia, del misterio, del amor y del milagro.7

De aceptarse la precedente distinción, cabe reconocer que en cada instancia o registro pronuncia el hombre una palabra específica. Interjecciones y exclamaciones, gritos y ruidos, la palabra entusiasmada y sonante, la expresión viva de emociones traducen el nivel 1, el del deseo. La fría aseveración, los argumentos hilvanados, el juicio que acuerda ideas y porta conceptos, la significación, la proposición lógica, el discurso fundado corresponden al nivel 2, de la razón y de la realidad. La palabra erguida en testimonio, vivida en compromiso, anunciante de un proyecto, palabra que se quiere hacer verdad con la propia existencia de quien la pronuncia con plena entrega, con sacralidad, es propia del nivel 3. Los libros sagrados, los textos de los filósofos, de los poetas y de los místicos ejemplifican esta última palabra, mientras que los científicos, los empresarios, los sabios de este mundo, los políticos, los medios de comunicación suelen expresarse con la del nivel 2. La propaganda cuando mueve apetencias se dirige al nivel 1. Cada instancia tiene un modo peculiar de conocer y de vivir su propia verdad. Ni la palabra, ni el conocer, ni la verdad son transferibles lisa y llanamente de un registro a otro. El nivel de la ciencia pugna por una única verdad que domine a sus competidoras. En el nivel 3, coexisten variados modos de manifestarse de una realidad y la verdad se multiplica sin daño y sin mengua.

Ahora bien, parece posible —hipótesis— ensayar una relación entre aquellas instancias y los tres grados de conciencia que determina Paulo Freire en su primera obra.8

La conciencia intransitiva (CI), primer modo o grado de conciencia se corresponde con el registro vital, biológico, del deseo. Se halla a nivel de la subsistencia.

Así la describe Paulo Freire:
Se caracteriza por la casi total centralización de los intereses del hombre en torno a formas vegetativas de vida. Sus preocupaciones se ciñen más a lo que hay en él de vital, biológicamente hablando.9
La conciencia transitiva ingenua (CTI) incluye una refleja percepción de la realidad y alguna interpretación de la misma. Guarda relación con el nivel 2, de la racionalidad tanto en sus aspectos positivos como negativos. Negativo: conocer alienado de un saber impuesto, cuando uno se adapta a la explicación de otro y acepta la realidad como natural e inmodificable.
Sus intereses y preocupaciones se prolongan a otras esferas, no sólo a la simple esfera vital.
Se caracteriza entre otros aspectos, por la simplicidad en la interpretación de los problemas.10
El grado de la conciencia transitiva crítica (CTC) implica, en Paulo Freire, una acción de transformación sobre el mundo producto de una reflexión guiada por valores. Tal conciencia implica la exigencia de compromiso (70) y de responsabilidad. Compromiso, testimonio, responsabilidad se ubican en el nivel 3 al superar las determinaciones del nivel de la razón y de la realidad, orientarse por valores, y jugarse por ellos.
Es exactamente por eso que la responsabilidad es un hecho existencial. De ahí que ella no pueda ser incorporada al hombre intelectualmente sino vivencialmente. Existir es más que vivir porque es más que estar en el mundo.11
Lo que es existencial —del nivel 3— no se recibe intelectual o racionalmente, se vivencia de un modo que es superior al vivir del nivel 1 y al estar en el mundo del nivel 2. De ser reconocida la vinculación entre los tres registros y los tres grados, ello permitiría precisar desde otro ángulo a qué palabra se refiere Paulo Freire cuando habla de “decir su palabra”, de liberar y concientizar. Cuando Paulo Freire reclama que la educación ha de permitir alcanzar la CTC, ello implica a la par que un recorrido o trayectoria, una superación de los estadios anteriores. Transitar del deseo, por la racionalidad, hasta el testimonio. En la CTC (o nivel 3) se manifiestan la palabra-denuncia y la palabra-proyecto que son de similar naturaleza. Si toda denuncia es un anuncio, la denuncia de la opresión y el proyecto de la esperanza son aspectos o caras de lo mismo.

Paulo Freire describe la singularidad de la palabra en cada uno de los estadios de conciencia. A la intransitiva le corresponden los aspectos negativos del nivel 1: la mudez o mutismo, el griterío, la algarabía, el sonido sin sentido, la representación sensorial, el ruido que no es palabra. En fin, una palabra que no logra salir de sí.
Sólo capaz de reaccionar por medio de la algazara que es la ‘voz’ de los que están ‘mudos’ frente al crecimiento de las comunidades.12
A la CTI corresponden en Paulo Freire los aspectos negativos del nivel 2: el discurso del otro, la polémica, la discusión infructuosa, el palabrerío, los saberes huecos, contaminados, alienados, memorizados; en suma, la palabra que viene totalmente de afuera.
Educación que se pierde en el estéril palabrerío, hueco y vacío. Palabrerío que estimula la palabra fácil. Del discurso verbal. Nuestro apego a la palabra hueca, a la verbosidad. Es verbosa. Palabrería. Es ‘sonora’.13
A la CTC, que sería el nivel 3, corresponde la palabra que comunica, el diálogo, la participación, la reflexión sobre los valores, la acción o praxis, la responsabilidad, la palabra generadora de realidad. En fin, el sujeto que sale de sí hacia los otros, el hombre que se torna entrega.
La educación es un acto de amor y por tanto de coraje.14
Diálogo, comunicación, intercomunicación. Relación de ‘simpatía’ entre los polos en busca de algo. Matriz: amor, humildad, esperanza, fe, confianza, criticidad.15
Criticidad es juicio según valores. Coraje determina jugarse por lo que se quiere que exista, que es precisamente lo que se juzga valioso.

Si la privilegiada conciencia es la del nivel 3, ésa es la palabra que Paulo Freire valoriza. Esta palabra, denuncia y anuncio. Proyecto y esperanza.16

¿Cuál es la palabra que alfabetiza?

Podría decirse que en verdad habría tres tipos de educación, y por tanto tres alfabetizaciones: 1) el adiestramiento, 2) la acumulación bancaria (depósito y repetición) y 3) la personalización, liberación o concientización.
La alfabetización es más que el simple dominio psicológico y mecánico de las técnicas de escribir y de leer.17
La imagen es la palabra de los sentidos y refleja emociones, por ello puede ser muda o algazara. La palabra del nivel 2 es significante pero no creadora, es infecunda ante la realidad, mientras que el proyecto es la palabra de la voluntad.18

Ante la importancia que Paulo Freire asigna a la palabra resulta lamentable y dramático advertir lo que ocurre en nuestros países latinoamericanos: la prostitución de la palabra, usarla para no crear, para no comprometerse, para traicionarla. Se miente el mundo que se pronunció. Se niega lo afirmado. Al prometer algo y realizar lo opuesto, uno se compromete con la palabra prostituída. Se la usa para no cumplirla. Es una palabra que se despronuncia a sí misma.