20 de Septiembre de 2018
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<<Biblioteca Digital del Portal<<La Educación<<La Educación (120) I, 1995 <<Artículo
Colección:
La Educación
Número: (120) I
Año: 1995

Genealogía

¿Es que habéis descubierto ya el
principio para que preguntéis por
el fin? Sabed que donde está el
principio, allí estará también el fin.
—Evangelio (apócrifo) de Tomás, 18.
Dos rasgos destacan prontamente en el último libro de Paulo Freire, Pedagogía de la esperanza. El primero es demasiado obvio: se trata de una narración de memorias, una explicación biográfica, la relación de una vida vivida como un proyecto. Se ha dicho antes: toda vida quiere ser leída como una biografía. Con este texto, al narrar una vida rica, al mostrar su trabazón interna, su trama, sus “ligaduras y soldaduras” —como gusta decir Paulo Freire— nos está incitando a que cada uno de nosotros “lea su propia vida”; tome conciencia de su biografía, al relatarla. Diga la palabra sobre su propia vida.

En segundo lugar, la evidente oralidad del relato; alguien —uno siente— está contando una historia antes que estar redactando un texto escrito. La oralidad (pariente del diálogo) es fuerte en Paulo Freire (La lectura —oral— del mundo precede a la lectura de la palabra —escrita—). Narrador antes que escritor, uno supondría. Si tal vez escribir le resulte oneroso (54-55), narrar le es connatural.

Interesa leer una biografía de esta índole porque uno descubre inicios, fuentes, influencias, episodios decisivos, actos fundacionales, que fueron quedando como capas sucesivas de una vida. La teoría de Paulo Freire siempre buscó estar originada y sostenida en la vida, en la experiencia, en la praxis, antes que ser sólo resultado de una elaboración intelectual, un producto de escritorio, o ideas con un puro valor pensatorio. Tomada su vida como fuente de su teoría y de su método, nos permite detectar tres componentes de su pensamiento determinados por aquélla.

1º. La comunicación en base al diálogo. Una de las primeras tareas que realiza Paulo Freire lo enfrenta —al llevar a cabo una investigación— con un cierto estilo de relaciones humanas, y por tanto de comunicación. “La investigación nada sofisticada, simplemente interrogaba a los padres y madres acerca de sus relaciones con hijos e hijas. La cuestión de los castigos, los premios, las modalidades de castigo más usadas, sus motivos más frecuentes, la reacción de los niños a los castigos...”.19 Un descubrimiento y tema originante: el castigo a los hijos como educación, o sea la evidencia de la opresión, es un primer factor que sacude a Paulo Freire. Lo lleva a postular la substitución del castigo/opresión por el diálogo. Por 1959. “Defendiendo una relación dialógica, amorosa, entre padres, madres, hijas, hijos, que fuera sustituyendo el uso de castigos violentos”.20

2º. Tomar conciencia. Otro hecho de su vida origina una consecuencia metodológica significativa. “De los 22 a los 29 años, yo acostumbraba a caer de vez en cuando en una sensación de desesperanza, de tristeza, de abatimiento, que me hacía sufrir enormemente”.21 Paulo Freire se propone darse cuenta, tomar conciencia, se empeña en descubrir la trama y el sentido de lo que le sucedía. “En último análisis empecé a tomar mi malestar como objeto de mi curiosidad. Tomaba distancia de él para aprehender su razón de ser. En el fondo, lo que precisaba era arrojar luz sobre la trama en que se generaba”.22 La hipótesis es que si logra concientizarse sobre el malestar y explicarlo, éste desaparecerá, se superará, se curará. Por lo que se dedica a analizarlo cuidadosamente. “En una tarde lluviosa, de verdor intenso, de cielo plomizo, de suelo mojado, descubrí la trama de mi dolor”.23 “En mi caso, poner al descubierto la razón de ser de mi experiencia de sufrimiento fue suficiente para superarlo”.24 En su tarea de analista luego, encuentra la conciencia y la acción de concientizar como un instrumento metodológico de superación, de liberación.

Aunque reconoce que el tomar conciencia no será suficiente en el caso de los fenómenos sociales; lo que resulta efectivo en los problemas psicológicos, no modifica la realidad social de por sí. “Lo que quiero decir es lo siguiente: mientras que en mi caso conocer la trama en que se gestaba mi sufrimiento fue suficiente para sepultarlo, en el dominio de las estructuras socioeconómicas la percepción crítica de la trama, a pesar de ser indispensable, no basta para modificar los datos del problema”.25 Algún lector asociará al psicoanálisis esta experiencia personal de “darse cuenta”, de autoanálisis de Paulo Freire. Y sin duda algún enlace habrá si, con referencia al método de Paulo Freire, le permite a Erich Fromm decir que “una práctica educativa así es una especie de psicoanálisis histórico, socio-cultural y político”.26

Nos permitiríamos agregar utilizando la terminología vista en el punto anterior sobre la palabra, que el paso del N 1 (del deseo) al N 2 (de la razón) puede ser automático (afirmación que aceptaría Paulo Freire con relación al tránsito de la CI a la CTI), pero el pasaje del N 2 al N 3 (del testimonio y compromiso) requiere de la voluntad (Paulo Freire reclama la intervención de la educación). Dicho de otro modo: del saber no se pasa al obrar, sino por el querer. O reformulado: la inteligencia, la idea, el conocer, es infértil, infecundo, no origina —per se— nada en la realidad si no es fecundado por el esfuerzo de una voluntad.

3º. La esperanza. Paulo Freire la cortejaba de antiguo. Desde su malestar. “En el fondo yo venía educando mi esperanza mientras buscaba la razón de ser más profunda de mi dolor”.27 Pero la encuentra definitivamente en la experiencia del exilio. Porque el exilio sólo se puede vivir en esperanza. Esta le da sentido. El destierro brinda la “educación de la nostalgia” y ésta nutre a la esperanza. “Mi primera noche en La Paz... [1964] reflexioné un poco sobre la educación de la nostalgia que tiene que ver con la Pedagogía de la esperanza”.28 El exilio es la experiencia que certifica con nuevas marcas en el cuerpo la ineludibilidad de la esperanza.

Conclusión provisional respecto a los componentes. El conocido método de Paulo Freire se rastrea (genealógicamente), se origina y constituye al “soldar” el castigo violento (categoría de la opresión), el darse cuenta o tomar conciencia como camino de resolución (o hilo metodológico) con el proyecto de la esperanza reforzado por el exilio. Quien tuvo quince años de destierro construyendo y sosteniendo esperanza no puede desencarnarla de su cuerpo ni desalojarla de su conciencia ni desinstalarla de su existencia.

Hay quienes son “iniciadores”, siembran la semilla, abren un horizonte, ponen en marcha y se alejan para iniciar otro proyecto; quizá como fue Sarmiento. Hay quienes no abandonan nunca el proyecto iniciado. Son constructores, “labradores”, lo fusionan con su propia existencia la que ya no se distingue de la tarea. Creo verlo en Paulo Freire. Se destaca en ambos casos un modo diferente de compromiso. Finalmente cabe descubrir en su genealogía intelectual otro elemento: la influencia del existencialismo en su pensamiento, ya detectable en las fuentes que aparecen en su obra inicial. Interesa también recordar algunos nombres que Paulo Freire citara (si bien sólo algunos son existencialistas): Max Scheler, Karl Jaspers, Erich Fromm, Hans Freyer, C. Wright Mills, E. Mounier, Karl Mannheim, Juan XXIII, Simone Weil, Gabriel Marcel, A.N. Whitehead, Jacques Maritain, John Dewey. Es oportuno señalar que la mayoría de esos autores eran también una fuente habitual en los estudios pedagógicos en la Argentina durante la década del 50 y parcialmente del 60. La impronta existencialista que vincula ideas y existencia, pensar y testimoniar, se manifiesta, con prosa atrayente y clara, en el último libro de Paulo Freire que se refiere a su trayectoria existencial.

[INDICE] [RESUMEN] [EL TIEMPO] [LA PALABRA] [GENEALOGÍA] [PROYECTO] [SUMMARY] [NOTAS]