21 de Septiembre de 2018
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Colección: La Educación
Número: (119) III
Año: 1994

Plan Decenal de Educación para Todos (1993-2003)

El núcleo de la revolución silenciosa es el Plan Decenal de Educación para Todos. Era de lamentar que Brasil no contase con una política educativa, articulada de la Unión, de los Estados de la Federación y de los Municipios, orientada a la recuperación de la educación básica del país. Ese paso ya fue dado de manera participativa con el claro desarrollo de la sociedad y de sus educadores. A nivel interno, los sueños se retrotraen a comienzos de siglo. La Primera Conferencia Nacional de Educación, celebrada en Curitiba, del 19 al 23 de diciembre de 1927, ya propugnaba un concepto muy caro para el Brasil de hoy: la educación sería la redentora de la sociedad brasileña.8 A pesar de una cierta dosis de mesianismo, la tesis entrañaba en el fondo la aguda percepción de que sólo era posible construir un país civilizado con una sociedad educada y preparada para enfrentar los desafíos.

Tras aquél casi remoto contexto histórico de reflexión sobre la educación nacional, muchos emprendieron la acción en este siglo, a menudo en condiciones sumamente limitadas, para valorizar la educación. La gravedad de los datos sobre analfabetismo, la universalización de la educación, la repetición y la deserción escolar movilizaron el país. Esas dificultades, que no son sólo del Brasil, preocuparon también al conjunto de las naciones. Más recientemente, fue un contexto internacional que volvió a encender la llama. El nuevo foro fue la iniciativa de la organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), del Fondo de las Naciones Unidas para Infancia (UNICEF), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Banco Mundial, al convocar, para marzo de 1990, en Jomtien, Tailandia, la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos.

El propósito de estimular los países en desarrollo con problemas en el ámbito de la educación a buscar una solución conjunta a esa crisis se aplica plenamente al caso brasileño. La Conferencia reunió cerca de 1500 participantes que representaban a 155 países, incluyendo autoridades nacionales y especialistas en educación y otros sectores, conjuntamente con técnicos y especialistas, representantes de cerca de veinte organismos intergubernamentales y de 150 organizaciones no gubernamentales (ONGs). Participaron en la Conferencia nueve países que fueron identificados por sus características peculiares: Bangladesh, Brasil, China, Egipto, Índia, Indonesia, México y Paquistán. Estos países, que todavía enfrentan problemas en materia de educación básica y que conjuntamente suman la mitad de la población del planeta, fueron exhortados a llevar adelante el compromiso de Jomtien.9

El Plan de Acción de Jomtien contiene un párrafo dedicado a la participación nacional, que merece ser citado:
El progreso en la satisfacción de las necesidades básicas de aprendizaje para todos dependerá, en última instancia, de las medidas que adopte individualmente cada país. Si bien la cooperación y la ayuda financiera continentales e intercontinentales puedan apoyar y facilitar estas medidas, las autoridades nacionales, las comunidades y las distintas contrapartes nacionales son los agentes claves de todo progreso. Los gobiernos nacionales son los principales responsables de la coordinación del uso de los recursos internos y externos. Dada la diversidad de situaciones, posibilidades, planes y objetivo de desarrollo de los países, este Plan de Acción puede apenas sugerir ciertas esferas que merecen atención prioritaria. Cada país determinará soberanamente qué medidas concretas y específicas, aparte de las ya emprendidas, son necesarias en cada una de las siguientes esferas.10
Brasil resolvió, aunque con un atraso de casi tres años, aceptar la recomendación internacional como un elemento motivador para la reorientación de su política educativa. Esa definición quedó más claramente establecida a partir del segundo cuatrimestre de 1993. Se dio prioridad a la elaboración del Plan Decenal para Todos (1993-2000). Contrariamente a lo que establecían los proyectos de tradición centralizadora, el Ministerio de Educación y Deportes procuró, en 1993, asociarse con los más diversos segmentos de la sociedad civil para elaborar un plan legítimo, respaldado en la diversidad nacional.

El Grupo Ejecutivo del Plan fue integrado por representantes de las tres esferas del gobierno, a saber: el Ministerio de Educación y Deportes, el Consejo Nacional de Secretarías Estaduales de Educación (CONSED) y la Unión Nacional de Dirigentes Municipales de Educación (UNDIME). El Comité Consultivo, aparte de las tres esferas gubernamentales mencionadas, incluía al Consejo Federal de Educación (CFE), el Consejo de Rectores de las Universidades Brasileñas (CRUB), la Confederación Nacional de Industrias (CNI), la Confederación Nacional de Trabajadores en la Educación (CNTE), la Conferencia Nacional de Obispos del Brasil (CNBB), el Foro de los Consejos Estaduales de Educación, la Confederación de Mujeres del Brasil (CMB), el Colegio de Abogados del Brasil (OAB), el Ministerio de Justicia, aparte de las representaciones en Brasil de la UNESCO y la UNICEF.

La Semana Nacional de la Educación para Todos, conmemorada en mayo de 1993, condensó los debates que se venían celebrando en el interior de estos dos grupos y culminó con el compromiso nacional de educación para todos, que establecía las pautas amplias y orientadoras de las políticas educativas para los próximos diez años. Se colocaba así la primera piedra fundamental de la revolución silenciosa que se ha emprendido: el compromiso nacional de educación para todos, lo cual pasó a ser identificado como un verdadero pacto en favor de la educación nacional y como guía para la acción futura. Brasil asumía internamente —y en forma concertada con la sociedad— el desafío que se planteó el Gobierno del Brasil hasta el año 2003 de asegurar una enseñanza de calidad a todos los niños, jóvenes y adultos.11

En junio de 1993 quedó concluida la primera versión del Plan Decenal pero eso no significó el fin de los debates en torno a sus tesis y sus directrices. El sentido participativo y el carácter democrático y descentralizado da al texto un aura de construcción colectiva y permanente de la sociedad. Se enviaron copias del Plan Decenal a los veintisiete Estados de la Federación y a los casi cinco mil municipios del país, a innumerables entidades gubernamentales y no gubernamentales, con el fin de mantener una construcción permanente y continua del texto. De julio a noviembre de 1993 se celebraron numerosas reuniones y encuentros en los Estados y Municipios para debatir el contenido de las propuestas y ya con miras a la elaboración de los planes estaduales y municipales. Hasta diciembre de ese año, más de dos mil municipios del Brasil habían enviado al Ministerio de Educación y Deportes copias de sus planes decenales, en las más variadas formas, desde aquellos elaborados con la sofisticación de la informática, hasta planes que llegaron, provenientes de pequeños municipios, en forma de manuscrito.

En diciembre de 1993, Brasil reafirmó internacionalmente su convicción en la posibilidad de cumplir los compromisos asumidos en Jomtien. El Plan Decenal, con las modificaciones presentadas a partir de las críticas y sugerencias, fue presentado en su nueva versión en la Conferencia de la Cúpula de Nueva Delhi, India, donde recibió elogios de la comunidad internacional. El Plan Decenal de Educación para Todos (1993-2003) pasó a ser así un compromiso del Brasil consigo mismo y con el mundo.