20 de Julio de 2018
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Colección: La Educación
Número: (119) III
Año: 1994

UNA PREGUNTA CLAVE:  ¿POR QUÉ PAULO FREIRE EN MALASYA?

Las posibilidades de las ideas freirianas

Sin duda, lo que Paulo Freire levantó fueron los cimientos de un nuevo imaginario pedagógico. La crítica más constante que, desde la derecha y desde la izquierda, se le ha hecho, ha sido la falta de rigurosidad categorial, el uso de términos pertenecientes al marxismo (clase social) o al funcionalismo (roles), fuera del contexto de la teoría correspondiente. Se le ha acusado de “mezclar” aspectos de un pensamiento cristiano inspirado en Manuel Mounier y Jacques Maritain4 con enunciados marxistas; de no haber abandonado el funcionalismo, de desarrollista y espiritualista. Todo ello es cierto y constituye, precisamente, lo que ha permitido que la obra de Freire perviva, cuando mucho de lo de alrededor se ha caído.

La originalidad del pensamiento freiriano consiste en las articulaciones que realiza. Es decir en aquello que fue rechazado desde posturas defensivas de las formas típicas de construcción teórica del pensamiento moderno. Este último consideraba la validez de los enunciados en relación con su pertenencia a universos conceptuales de alcance universal; buscaba la pureza de las relaciones entre los conceptos, dentro también de una globalidad teórica determinada; rechazaba la importación de nociones de un marco teórico a otro y enfrentaba con criterios de verdad y falsedad las hipótesis (planteadas como tesis) de cada teoría. Los planteos errantes entre teorías, eran definitivamente rechazados. Durante los años 60, 70 y 80, Freire fue acusado de tal cosa, aunque su forma de construcción discursiva no puede llamarse errante, sino articulatoria y su estilo sea en buena medida más literario que obediente de los cánones del ensayismo político y de la aburrida retórica pedagógica.

Decimos que Freire no cierra, afortunadamente, una teoría, sino que plantea las bases de un nuevo escenario pedagógico. Imagina como podría ser una educación no “bancaria”, es decir dialógica, es decir aquella en la cual unos y otros, docentes y alumnos, puedan trocar sus posiciones respectivas. Aquí reside uno de los elementos no esencialistas de las ideas de Freire, que le permite adquirir carácter universal. Las posiciones de educador y educando no son fijas, inmutables, otorgadas por leyes de la pedagogía, sino política, históricamente otorgadas. Ni los sectores sociales privilegiados —clasistas, urbanos, hombres, blancos, parlantes de las lenguas dominantes, adultos— serán siempre y necesariamente quienes enseñen, ni los jóvenes, negros, chicanos, indígenas, trabajadores, mujeres, hablantes de lenguas populares tradicionales, quienes aprendan pasivamente el mensaje de los otros. El mejor ejemplo contra las teorías reproductivistas (que sostienen una definición de educación que puede reducirse metafóricamente a la producción de “clones” o facsímiles), es el hecho de que hoy son los jóvenes quienes enseñan computación a los adultos, que están muy lejos de penetrar ese mundo tan ancho y ajeno de la informática.

Freire lanza también a la discusión sus tesis sobre las relaciones entre educación y política, en las cuales prima una lógica articulatoria; no se reduce a la educación ni a la economía ni a la política, y al mismo tiempo rechaza la neutralidad de lo educativo. Los sentidos políticos son constituyentes de la trama educacional, y en los procesos educativos se producen vínculos políticos particulares. Por tal razón, existe una dominación específica en el plano cultural y también puede nacer de la situación educativa una relación liberadora. El papel de la conciencia en el proceso de liberación social es muy importante en la producción de Freire.

Más que un modelo, Freire propone una estructura discursiva que es susceptible de ser llenada con contenidos distintos. A diferencia de las pedagogías modernas, el autor no realiza un diseño que pretende aplicar a cada realidad particular, como había ocurrido con el modelo socialista de educación. Lo que propone es un tipo de relación entre los sujetos, y entre la educación y la política. De allí que, en el momento de la crisis de los modelos cerrados y universalistas, la pedagogía de la liberación, en versiones varias, brote en lugares tan distantes como Malasya y Sud-África, Filipinas y Bolivia.

Pero si la geografía y los orígenes culturales nos muestran que son distintas, distantes y ajenas aquellas culturas, hay elementos que equiparan su interés por las ideas de Freire. El más importante de ellos es que estas ideas no pueden sino ser expresión de los sectores oprimidos. Solamente desde el lugar (ideológico) del dominado es posible imaginar alternativas a la pedagogía dominante. Otro elemento de importancia es que la no esencialidad de educador y educando posibilitan la constitución de nuevos sujetos que ocupen tales posiciones. Los indígenas-campesinos chiapanecos, articulando etnias distintas, influidos por el fenómeno de las migraciones políticas y sociales centroamericanas hacia el sur mexicano, burlados los programas de educación indígena, de “solidaridad”, del V Centenario, con hambre y enfermedades pero frente a Televisas5 que muestran la riqueza del mundo urbano dominante, construyeron un sujeto que ha sido reconocido por los mejores intelectuales del país como el mejor educador de todos los mexicanos. Además, los sujetos de la pedagogía freiriana no remiten a una esencia, o a una categoría inmutable a la cual se reduce el conjunto de determinaciones sociales; se trata de sujetos complejos, múltiplemente determinados, en cuyo origen hay historias y lenguajes diversos.

El homenaje a Freire fue organizado por sectores progresistas de la Universidad de Sains Malaysia —en un país en el cual un férreo reinado prohíbe las antenas parabólicas y mantiene un control estricto sobre las emisoras televisivas y la prensa— que encontraron en el universo freiriano un espacio dentro del cual desatar una revisión de viejas y nuevas teorías sobre las relaciones entre los pueblos, los procesos de dominación cultural, los caminos alternativos, y el papel que en todo ello le cabe a la educación.

La relación entre Paulo Freire y los problemas surasiáticos quedó en evidencia, mediante temas claves que se discutieron en tal encuentro: las fracturas de los discursos pedagógicos modernos, la posibilidad de construir alternativas democráticas al proyecto educativo neoliberal y la relación entre educación y política. El tiempo de la crisis quedó atrás y en el espacio educativo resultante, que está plagado de miseria, empiezan a asomar perspectivas innovadoras que demuestran el largo aliento de los procesos históricos. El nombre Freire se ha transformado, más allá de América Latina, en un significante de nuevos imaginarios pedagógicos.