26 de Septiembre de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (118) II
Año: 1994

Otros asuntos

Se debatieron también otros puntos en la Conferencia de Montreal. Se examinaron más de cerca algunas prácticas para asegurar la calidad: el sistema del examinador externo y la aprobación. Si éste no reemplaza las evaluaciones formales, se ha visto que el primero es muy útil para asegurar la comparabilidad de las pautas y la equidad, y para fomentar la calidad. Pero su utilización se ha hecho más difícil debido al aumento del número de estudiantes, la variedad de su aprovechamiento y el acrecentamiento de su movilidad. Por su parte, la acreditación sigue siendo la piedra fundamental del sistema estadounidense de garantía de la calidad. Pero varios protagonistas importantes en el campo dudan de su eficacia, si es que no desean pura y simplemente su reemplazo. Parece claro que los organismos deben revisar ciertos aspectos importantes de sus procedimientos, hacer más estrictas sus pautas y comunicar mejor los resultados de sus evaluaciones.

La enseñanza a distancia tiende a ser cada vez más importante en todas partes del mundo. Las instituciones que la ofrecen atienden a un número impresionante de estudiantes, de los cuales una parte considerable son personas que trabajan. Debido a que los medios de comunicación mejoran constantemente y a que constituye un instrumento incomparable de educación continua, la educación a distancia se desarrolla a un ritmo acelerado. Es evidente que esta forma de enseñanza plantea problemas especiales que fueron expuestos por algunos conferenciantes. Sin embargo, no se profundizó suficientemente como para poder sacar conclusiones firmes. No hay duda de que la enseñanza a distancia adquirirá cada vez más importancia durante los años venideros y que se deberán examinar sus repercusiones, particularmente en el plano internacional, como lo subrayó una conferencista que presentó por adelantado una estrategia para garantizar la calidad.

Por último, algunos conferenciantes ofrecieron experiencias interesantes encaminadas a asegurar la calidad de la enseñanza desde el punto de vista institucional.

En resumen, la Conferencia de Montreal permitió debatir los principales puntos relacionados con la calidad en la educación superior: cómo definirla, cómo garantizarla, cómo promoverla. La diversidad del origen de los participantes les hizo comprender mejor el efecto del contexto local sobre la naturaleza de los problemas y sobre la forma de afrontarlos. Las diferencias de condiciones entre los países ricos y los países pobres fueron particularmente llamativas:  los primeros utilizan medios cada vez más refinados para hacer sus sistemas de educación superior lo más eficientes posible; los segundos buscan en cambio hacer cualquier cosa para que sus instituciones llenen las pautas mínimas de calidad. Ante una situación en la cual se multiplican los intercambios internacionales, los participantes están interesados en llevarlos a cabo de  manera  que  permitan  ofrecer  enseñanza de la mayor calidad posible y que, en consecuencia, contribuyan a apoyar los esfuerzos para fomentar la calidad. En general, y gracias a la calidad de los participantes y a la diversidad de sus experiencias, se reconoció que la Conferencia fue a la vez estimulante y enriquecedora.