23 de Abril de 2018
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Colección:
La Educación
Número: (118) II
Año: 1994

La calidad en los países industrializados

Los países desarrollados también han aportado cambios importantes en sus sistemas universitarios y han refinado sus mecanismos de evaluación de calidad, aun en muchos casos en que tales mecanismos existían desde hacía mucho tiempo. Aquí, como en otras partes, los crecientes costos de la enseñanza superior han llevado a los gobiernos a examinar la eficacia y la calidad de los establecimientos que imparten dicha enseñanza; pero debe agregarse, en la mayoría de los casos, el cuidado de velar por que los programas universitarios sean de la más alta calidad posible, produzcan diplomados que puedan ayudar al país a permanecer competitivo en el plano internacional y permitan la movilidad de los estudiantes y de los diplomados.

Varios países de Europa han hecho recientemente modificaciones importantes en sus sistemas de educación superior y en los mecanismos que tienden a garantizar la calidad de sus actividades. Los participantes señalaron los casos del Reino Unido, Dinamarca, Suecia, Finlandia y Austria. Se trató también la situación de Francia y Holanda, donde estas modificaciones tienen más tiempo. Fuera de Europa, es indudable que los cambios más profundos han tenido lugar en Australia y Nueva Zelanda. En Sudáfrica, donde existen mecanismos de evaluación para ciertos tipos de instituciones, se aprecia la necesidad de extenderlos para cubrir todo el sistema de enseñanza superior. En Canadá y los Estados Unidos los cambios han sido más graduales y han trastornado menos el sistema en conjunto, sin ser por ello menos importantes.

Al examinar la situación en los países desarrollados, se pueden observar algunas tendencias generales:

Primero, el reconocimiento cada vez más claro de que la calidad debe ser garantizada ante todo por las instituciones mismas. La mayoría de los mecanismos para garantizar la calidad que se utilizan actualmente hacen presumir que la gestión de la calidad es, en primer lugar una responsabilidad institucional. Los organismos centrales no están allí para reemplazar a las instituciones docentes, sino para garantizar que éstas cumplan bien con esa responsabilidad y, si es necesario, para ayudarlas a cumplirla mejor. Este enfoque es evidente en varios países (Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos) donde los procedimientos de verificación (“auditorías”) o de acreditación hacen que las universidades lleven el peso de la gestión de la calidad.

El recurso generalizado a los organismos centrales, las más de las veces independientes de las universidades y del gobierno, para evaluar la gestión de la calidad por medio de las instituciones, o los programas mismos, o ambas cosas al mismo tiempo, y dar público testimonio de ello. La mayor parte de los países consideran esencial que sea un organismo independiente el encargado de emitir esta clase de juicios para garantizar así su credibilidad. La cuestión de la confidencialidad es todavía motivo de debate, pero se diría que la tendencia es hacer públicos, de una manera u otra, los resultados de esas evaluaciones.

El recurso a organismos centrales para evaluar programas con el fin de asegurarse de que satisfacen las pautas reconocidas nacional o internacionalmente. Países como Holanda, Dinamarca, Francia y Australia han otorgado a los organismos centrales el mandato de proceder a la evaluación de sus programas. Así mismo, los organismos vinculados, de cerca o de lejos, a las asociaciones profesionales evalúan los programas profesionales con el objeto de determinar si satisfacen las pautas que, cada vez más, revisten un carácter internacional, como se ha podido ver en los casos de la ingeniería y la arquitectura.

El empleo de procedimientos de evaluación que requieren primero una evaluación interna por parte de la unidad responsable del programa o por la institución, seguida de un examen y de una visita de expertos externos, a menudo internacionales. Esto rige tanto para las evaluaciones de programas mencionadas en el punto anterior, como para las evaluaciones institucionales y las acreditaciones de tipo estadounidense.

La utilización cada vez más frecuente del financiamiento para fomentar o reconocer la calidad. Algunos países, como el Reino Unido, han formulado políticas de financiamiento que vinculan a éste directamente con la calidad. Otros, como Australia o algunos estados de los Estados Unidos, reservan parte de sus subvenciones para estimular a las instituciones docentes a que se preocupen por la calidad de sus servicios.

Nuevo énfasis en la verificación del impacto de los programas de educación en los estudiantes. Sin abandonar los mecanismos regulares de evaluación de los programas, fundamentalmente basados en los recursos y los procesos educativos, se observa cada vez mayor interés en su influencia sobre los estudiantes en lo que realmente aprenden. Ese aspecto de la evaluación ha sido refinado especialmente en los Estados Unidos, donde la existencia de medios para verificar el rendimiento de los estudiantes constituye a menudo un criterio para la acreditación o un requisito para obtener determinados fondos. Los progresos educacionales ocurridos recientemente en países como Australia indican que esta preocupación tiende a generalizarse.

La consolidación interna en un solo régimen para garantizar la calidad de todos los componentes del sistema de educación superior. El caso más impresionante es sin duda el de Nueva Zelanda, donde acaba de asignarse a la Administración de Calificaciones de Nueva Zelanda la responsabilidad de garantizar la calidad de todo el sector postsecundario y secundario superior. Este punto interesa también a otros países como Sudáfrica o como el Reino Unido y Australia, donde se abolió la distinción entre la universidad y el “politécnico” en el primer caso, y entre la universidad y los “Colleges de Educación Superior”, en el otro. Se comprende fácilmente que al confiar al mismo organismo la tarea de velar por la calidad de establecimientos tan diferentes, es necesario poder recurrir a procedimientos muy flexibles que tomen en cuenta la misión y los objetivos propios de cada uno. Eso es precisamente lo que se puede observar.